Koln. El octavo hogar Подписаться

ducrettmatt M. Ducret

El ser humano ha cumplido su sueño de alcanzar las estrellas, y comenzo un rapido proceso de expansion por el cosmos. Pero ¿que ocurrirá cuando la corrupción, el choque de intereses y el amor a lo material se extiendan junto a nosotros? ¿Podra lo mejor de cada uno sobresalir en pro de un futuro mejor para toda la humanidad? Sigue la historia de un grupo de visionarios, a quienes el mundo les ha arrebatado (o pronto lo hara) lo mas preciado que tienen, y su lucha por que nadie mas tenga que enfrentar las penurias a las que ellos cada dia deben mirar a los ojos.


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Solitario

3 de marzo de 2170, 1455 horas, planeta NSC 096, sistema Meridio


El suelo era como gravilla, el cielo cubierto de nubarrones amenazantes, a lo lejos se podía divisar la cadena montañosa que recorría el planeta de norte a sur, creando una división muy marcada de oriente y occidente, en ese único continente que poseía como solitaria superficie posiblemente habitable. A quién intentaba engañar, solo desde fuera aquel mundo parecía tener lo necesario para albergar nuestra especie. A donde fuera que mirara, no había ni una sola señal de vegetación, ni siquiera una pequeña mancha verde de la cual pudiera cuidar para poder expandirlo sobre ese estéril terreno; en el fondo sabía que aquellas nubes que se cernían sobre su cabeza no traían más que azufre y algo de cenizas provenientes de los volcanes que se encontraban en el centro de ese Panguea. Por culpa de esos infelices la acidez del planeta era demasiado alta y no permitía siquiera levantarse el visor de su casco sin que la atmosfera empezara a intoxicarlo y asfixiarle – nivel de oxígeno al 13%. Aun así, para Marcus era difícil de digerir el haber tenido que viajar a 50 años luz de su hogar a través de distorsiones del espacio para llegar a un mundo que estaba lleno de piedras, montañas y en el cual abundaba un aire irrespirable. Los protocolos que estaban establecidos a la hora de llevar a cabo exploraciones en estos planetas requerían que se realizara un examen exhaustivo de la posible flora y fauna que se hallara para su evaluación en la Tierra, pero por más que busco no hayo nada que fuera digo de mención o de investigación. Esto reducía dos meses su trabajo en ese mundo, una desgracia que, si le veía el lado positivo, significaría poder estar en casa antes de lo previsto – nivel de oxígeno al 12%. Realizó una última revisión de los alrededores y tomó algunas muestras del rocoso pero granulado terreno. Los escáneres mostraban una alta concentración de litio, por lo menos podría haber futuras explotaciones mineras. La lluvia ácida ya venía, y aunque el casco de la nave era lo suficientemente denso como para resistir el embate del clima, su traje no iría a soportarla, ya era hora de que volviera. Había dejado al “Danubio” establecido como base sobre una pequeña meseta cercana para facilitar su exploración, aunque solo le había tomado 56 horas de trabajo efectivo notar que no valía la pena quedarse más en ese estúpido desierto estéril. Era realmente extraño el sentimiento que lo embargaba, estaba molesto con el planeta, por no darle lo que creyó que le ofrecía, por haberle sacado de su cómodo hogar, por haberle hecho perder el tiempo, haberlo alejado de las personas que quería. Quedó pensando por un momento, su mirada se perdió; metió su mano en el bolsillo que había sobre su brazo izquierdo y sacó de él una lámina de vidrio muy delgada pero firme, con el borde metálico, no más grande que su palma. Sobre ella se proyecto la imagen de una mujer joven que se reclinaba sobre unos jazmines, de unos 23 años, cabello castaño y ojos marrones, que no importaba que fueran los más comunes, era lo que él más deseaba mirar. Se quedó un buen rato, contemplándola, olvidando por unos instantes lo que había a su alrededor, repasando en su mente aquella sorpresa que le daría cuando llevara a ella ese anillo forjado en oro con un pequeño diamante incrustado, el cual hace meses no se decidía entregarle. De pronto, la imagen de la joven se vio opacada por una luz roja que salía desde su visor – nivel de oxígeno al 9%. Pensó, que si quería volver con ella, morir asfixiado no le ayudaría de mucho. Raudamente volvió a la nave, parecida a un Blackbird SR-71 de los años 80, pero con una cubierta mucho más amplia, las alas más pronunciadas y una cabina con la vista mucho más panorámica, toda cubierta de ese profundo negro mate con unos detalles rojos por el exterior. Subió por la rampa, la selló; se despojo de su traje, procedió a hacerle la revisión, lo limpió y guardo. Se sentó frente a la consola de mando y escribió el informe de prospecto NSC 096, el cuál iría directamente a los cerebritos de la fragata “Imperturbable”. Mientras escribía, veía por la ventana frontal cómo empezaban a caer las primeras gotas de la lluvia. Una vez terminado esa labor de oficina, se recostó por un momento, bajo aquel ruido tan familiar y tranquilizador de las gotas cayendo sobre las placas de titanio. Al cabo de una hora se levantó y se ubicó en el asiento del piloto. El suelo se estremeció levemente, los propulsores rugieron, volviendo a la vida, alejándose velozmente a través de las nubes y regresando a la inmensidad del espacio, a través de la cual navegaría para volver al único lugar que podía sentir realmente suyo.

17 октября 2017 г. 19:05:24 0 Отчет Добавить 2
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