svamr SVA MR

¿Alguna vez, durante tu adolescencia, has pensado en huir de casa?


#15 in Подростковая Всех возростов.

#In-the-end #padres #teen-fiction
Короткий рассказ
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Al final.

No sé cuándo encontrarán esta carta. No sé si les importará siquiera. Pero al menos les dejaré constancia de esto.

Me voy. Y nunca voy a volver.

Antes de irme, hay cosas que quisiera escribir. Tengo la sensación de que no me escucharían si estuviese frente a ustedes para decirlas. Y siempre quise que me conocieran, aunque no tuve la paciencia para esperar iniciativa de ustedes.

Ya me rendí.

Hace cinco años que pienso en irme. En salir de casa y no volver. Me preguntaba siempre si ustedes se preocuparían por mí, si me extrañarían, pero llegaba a la conclusión de que no sabría qué hacer en soledad. No sabría a dónde podía ir. La casa era más segura que vagar por las calles sin plata y sin refugio. Y en eso perdí mucho tiempo. Nunca armé un plan. O bueno, no desde el año pasado.

Fue la última porquería que soporté de ustedes. Desde entonces, pensé en serio en irme. Por eso comencé a trabajar. Por eso pasaba más tiempo fuera de casa. Por eso no me importaba si me acusaban de andar vagando. Cada grito, cada golpe, cada humillación me hacían pensar más en irme. Me motivaron en base a la violencia.

El tiempo que en no trabajaba, estaba trazando mi plan. Ahorrando. Las cosas que desaparecieron de casa, sí, las vendí. Y no me arrepiento. Lo último que les saqué para conseguir plata fueron sus objetos más preciados. Lo que ustedes más valoran en el mundo. Las cosas, no la gente. Y las apariencias.

Lo que quieran inventar de ahora en más sobre mí para parecer los padres perfectos, no me importa.

No volverán a saber de mí. Hagan de cuenta que me morí. Si quieren, vayan al cementerio y asígnenme una tumba simbólica. Si quieren. O pueden seguir con sus vidas como si nada puertas adentro. Pero su frustración la asumirán solos. Ya no estaré ahí para que me culpen a mí ni para que se desquiten conmigo.

Quédense con sus cosas, con lo que en verdad aman. Las posesiones. No tendrán lo más valioso, lo que yo me llevé. Eso no. Decidí que me desquitaría de alguna manera al final.

¿Se sienten decepcionados? Si, verdad. Supuestamente, los hice sentir así toda la vida. Pero ustedes también me decepcionaron.

Me decepcionaban cada vez que recibía un insulto en vez de un estímulo.

Me decepcionaban cada vez que buscaba un abrazo y solo obtenía golpes.

Me decepcionaban cada vez que quería cariño materno o paterno, pero me encontraba llorando en la soledad de mi habitación porque ustedes me habían dejado claro cuánto despreciaban mi existencia.

Sé que yo no estaba en sus planes. Ustedes tampoco estaban en los míos. Pero jamás los culpé de eso, ni les pegué y les grité o los humillé.

Y no es arrogancia sentir que soy mejor que ustedes.

Esa ya nunca más será mi vida. Cada línea que escribo me hace sentir más libre, como si, letra a letra, borrara cada cicatriz. Aunque en verdad no lo hace. Y nunca lo hará. Me voy a deshacer de la pesadilla de vivir con ustedes, pero no de los recuerdos.

Siempre me he preguntado con qué necesidad me trataban así, o con qué motivo se quedaron conmigo. Podrían haberme abandonado haberme dejado en un orfanato. Cualquier cosa era mejor que vivir con ustedes, y soportarlos por 17 años, teniendo la estúpida esperanza de que ustedes cambiaran. Porque yo si lo hice… ¿Por qué nunca fue suficiente para ustedes? Y sé que no me van a responder, pero quisiera que lo reflexionen. Que, cuando se encuentren solos, sin nadie a quien maltratar más que a ustedes mismos, se pregunten por qué no estoy ahí. Pero piénsenlo de verdad, indaguen qué fue lo que ustedes hicieron, sin caer en el facilismo de echarme la culpa siempre.

Yo me hice esas preguntas hace mucho, mientras iba y venía, viendo como mis amigos y amigas eran hijos irresponsables y sus padres los amaban igual, hablaban de ellos con orgullo, los consentían… les festejaban los cumpleaños. Los veía y me preguntaba porque no tenía nada de eso, si siempre me esforcé por complacerlos, aunque para ustedes, nada era suficiente. Y me hicieron pensar durante mucho tiempo, que jamás iba a merecer nada, que hiciera lo que hiciera, nunca iba a alcanzar.

Me costó darme cuenta de que no era así. Incluso ahora, me cuestiono cosas sobre mí. Pero es la voz de ustedes en mi cabeza.

Hace tiempo, las cosas han cambiado. He conocido a alguien. No en el sentido romántico, sino parental.

Hace casi dos años, voy a visitar a una mujer que vive sola. Ella nunca tuvo hijos, pero tiene madera para eso. Más que ustedes.

Ella me demostró que, sea como uno sea, todos merecemos amor. Y ella es la madre que siempre quise.

Ella me dio el valor que necesitaba para trazar un plan e irme.

Ella me animó a creer que merezco cosas mejores.

Ella, en solo dos años, me ha demostrado más cariño que ustedes en toda mi vida.

¿Ustedes me quisieron alguna vez? Yo siento que no, que nunca lo hicieron, por todas las cosas que dijeron e hicieron en estos años.

Pero ya no importa. No sé porqué lo pregunto. Tal vez son mis tontas ilusiones moribundas dando su última bocanada de aire antes de fallecer.

Si lo hicieron, no importa. Ya es tarde. Nunca volverán a verme. Si se arrepienten de algo, no podrán remediarlo nunca más.

Adiós para siempre. Y les deseo que tengan en esta vida todo lo que merezcan.

PD: En realidad, no es un adiós para siempre. Los estaré vigilando desde algún lugar donde no puedan verme. Y aguardaré el tiempo que sea necesario. Así sean treinta años o más. No estaré demasiado lejos.

Los años pasarán, y ustedes van a envejecer, dejarán de ser fuertes y temibles para mí. Se volverán más frágiles, como yo cuando tenía cuatro años. Y entonces regresaré. Pero no será bueno, al menos no para ustedes. Su vejez será como mi infancia. Y si eso los inquieta, los incomoda o les da un poco de miedo, ya es tarde para arrepentirse o rectificar. No hay nada más que hacer que esperar.

Pueden intentar escaparse, pero no lo lograrán. Y si creen que en algún momento lo olvidaré, les recuerdo que ustedes me dejaron suficientes cicatrices, físicas y mentales, como para que los perpetúe en mi memoria hasta el fin de mis días.

Ahora sí, los quiero tanto como ustedes me han querido a mí, Y no veo la hora de que sean viejos para demostrarlo.


Si llegaste a esta parte, muchas gracias por leer mi cuento. Te invito a comentar, dejar un voto o reseña también, que serán muy apreciados.

Si quieren seguir leyendo historias de mi autoría, los invito a pasar por mi perfil, donde encontrarán mis otros cuentos:

Un metro de piedras: Cuento corto de misterio, sobre dos hermanos y una vecina, que encuentran algo espeluznante en la vereda de la casa.

La barca: un cuento corto de aventuras, lleno de oscuridad y drama absurdo.

To (bi): Cuento corto sobre dos amigas que hablan de amores y terminan descubriendo cosas sobre ellas mismas.

También los invito a seguirme en L de Lectora, mi canal de Youtube. O mis otras novelas en esta plataforma.

¡¡¡Muchas gracias!!!

11 января 2022 г. 1:36:31 2 Отчет Добавить Подписаться
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Об авторе

SVA MR No vivo en una burbuja. Creo que, de hecho, soy demasiado consciente de la realidad. Al menos de la mía. Soy profesora de japonés, escritora por vocación, futura Licenciada en Letras, blogger eventual, petmadre por siempre, jlover (amante de la música del país del sol naciente), tejedora, lectora y conversadora compulsiva.

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AM Allk Me
Wow, pensé que era contada x experiencia propia jsjs... ¡Me encantó tu historia!
Roberto Darío Roberto Darío
La vida es triste... y envejecer preocupa... me gusto mucho, un abrazo.
~