Vacaciones en Icaro Подписаться

jj Mick J

Comienza la historia, la historia de un chico de 14 años, Jesús, y su servicio social por su país.


Подростковая Всех возростов.

#Campo #Pobreza #Amistad #Rural #Adolescencia #Vida
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Icaro

Estaba excitado, ¡contento! Casi llegábamos y las primeras vacas ya mugían un: MOOOLA AMIGOS. El sol irradiaba una rutilante sonrisa y yo me quitaba mi imaginario sombrero como señal de  reverencia. No podía aguantarme las ganas por ver a esas personas, a los pobladores. Decían que Icaro era un pueblecito muy humilde; vivían en casitas de techos de cinc desperdigadas y otros se resguardaban de las tormentas en casuchas de barro. ¿Como sera vivir un mes allí? Ni la menor idea me llegaba, pero lo que de verdad hacia que mis pies se movieran al unisono entre la maleza con entusiasmo era saber que este servicio cambiaba vidas. Mi vecina me dijo que de chica ella hizo el programa, era terca y una niña de mama; pero al vivir por un mes en lo más recóndito de la selva, tras luchar con tantas arañas super peligrosas ella comenzó a apreciar cada uno de los pequeños detalles en su vida: Su familia, la comida, el amor, la pobreza... Aun recuerda con mucha lucidez la hambruna que trastocaba los cuerpos raquíticos del poblado que le toco. Era un Horror.


Que se me pasaba. Me llamo Jesús, venia de las entrañas de la capital, y como decía mi mama: ¡Tú si que eres engreído, aprecia lo que tienes! Pues ya iba a saber que seria apreciar lo que tengo, ademas, aprendería nuevas cosas como cocinar... Que me pongo viejo y aun no se como...


La cruz del techo de una capilla destartalada y enmohecida se asomo por el montículo que subía, luego una casucha, y otro y otra y otra; era un pequeño pueblo en el corazón de la selva que palpitaba por las nuevas almas que llegaban.


Una viejecita, Carla, que llevaba unos lentes raspados, manos tremulosas y camisa rosada- aunque ya pareciese marrón por la suciedad- me indico los dormitorios. Otra casita sin pintar, con una hojalata como techo y un piso rugoso como el asfalto. Entre y encontré a un muchacho moreno de mi altura masticando unas galletas de gengibre.


-Hola, me dicen Ferp, ¿quieres una galleta?


-Nah, ¿has visto a alguien más por aquí?


Tragaba otra galleta y señalo al chico regordete acostado en un catre. Dormitaba, pero por alguna razón creía que el nos escuchaba, como si planeáramos algo en su contra.


-¿Galleta?


-Que noo...


Ferp era insistente, o mejor dicho Fernando. A pesar de ser insoportable en realidad era muy amigable, pero amigable de verdad. ¿Tenia un chocolate? Te daba la mitad ¿Te daba miedo ir a solas por el bosque? Te acompañaba y de paso te daba otra galleta. Era servicial y era desinteresado casi siempre, bueno, aunque algunas veces quedaba taciturno y se escudaba en su coraza de timidez. Esperaba que mis demás compañeros fueran así, con solo pensarlo, WOW. Unas vacaciones con gente tierna y amigable con ánimos de ayudar a los demás, perfecto, tendría más amigos de los pocos que tenia, y de paso quizás nos reuniríamos en el futuro, sensacional.


-¿Que hace una foca mirando al techo?


-¿Ah?


-Esta buscando a el foco -rió y escupió accidentalmente una parte de la galleta-. ¿Que esta bueno verdad?


El regordete se giro en el catre y las patas temblaron, se movió otra vez, y las patas de nuevo se estremecieron. Auch, ¿como se debieron de haber sentido esas patas cuando crujieron de dolor y cayeron con un estrépito? El regordete rodó como una bola de grasa que se estampo contra el suelo al igual que una canica. Allí sí se despertó con un gañido.


-¡Ay, VERGA, duele!


-Calma viejo, allí voy-corrió Ferp.


Ferp le sostenía los brazos y tiraba de sus músculos como una bestia de carga. Pensé que necesitaría de mi ayuda, pero me equivoque al ver como con sus últimos alientos el regordete se pudo poner de pie y se asió de la pared, recostando su pesada y gruesa espalda hacia la pared de ladrillos desnudos.


-Gracias-dijo secamente el regordete.


Parare de decirle regordete, ni a mi me gustaría que me dijeran regordete. Se llamaba Luis, y miraba a todos con mala cara. No confiaba en nadie, ni para decir su edad ni su nombre-nos costo que nos los dijera-. Decía: “Estoy cabreado, yo no quería venir a pequeña Vietnam”. Pequeña Vietnam... Hum, Icaro sera Vietnam pero sin bombas ni metralletas, Ha que gracioso. No entendía como podía decir eso, aquí todos eran hospitalarios y que mirara a Ferp, no había queja.


-¿Porque dices eso?


Abrió nuevamente el catre, se sentó y clavo su vista como una ancla ruñosa en el suelo. A medida que decía las palabras estrujaba su camisa anaranjada que apenas le tapaba la ancha barriga.


-¿Alguno de los dos leyó el programa?


Los dos movimos la cabeza con gesto de desaprobación.


-Me lo imaginaba -dio una risa seca y falsa para si mismo-. Tenían que haberlo leído antes de venir aquí, siempre deben de leer todo. El programa incluye la construcción de una capilla, -miro mi cara estupefacta-, sí, de esas donde rezan los viejos. Habrá que batir mezcla, tirar concreto, cavar, martillar los clavos, en fin, esclavitud.


-Ehm... ¿en serio?


-¡Que no te miento!- grito exacerbado y con la cara ruborizada, deje que respirara un poco y que se le pasase-. Mira, a mi me forzaron a venir, yo no se ustedes, tontos, que vinieron por su cuenta. Si no fuera por mi mama estuviera comiéndome una pizza y viendo la nueva peli de Transformers.


Exageraba. Era imposible que nos pusiesen a trabajar como camellos debajo del sol abrasador y más en pleno auge del verano. ¿Que se podía esperar de Luis? Se la pasaba quejandose; hasta a su propia camisa la criticaba: “Estúpida camisa, cada vez se achica más”. Bah, a quien le importaba si ya el golpeteo de una cuchara contra una paila avisaba la hora de la cena.


Carla mecía una larga olla herviente, similar a el vaho que suelta un tren por la mañana. Derramo el caldo de ternera en nuestros boles de madera, y unas gotitas me atizaron la piel como trinchos de magma.

-Gracias-dije con el ceño adolorido.


-De nada mijo, come bien-y me dio una palmadita con sus dedos arrugados por la vejez-.


Luis se ahogaba con hambre dentro de la piscina del bol y Ferp se tocaba la lengua por un intento por apagar las ascuas que saltaban sobre ella. Bebí un sorbo y mordí la carne, y se me erizaron las puntas y las nauseas me apretujaron el estomago. ¿Que era eso? ¿No es ternera? Me convencía de que era pero luego al darle otro mordizco más me retractaba. Esa carne extraña era viscosa como un chicle y tras eso se te atascaba entre los dientes. Ademas del agrio sabor, ¿era carne de terodactilo?...


-Señora Carla, ¿esto es ternera?-y pinche con el tenedor aquella cosa extraña-.


-Yanta, que eso te dará fuerza.


-No, no, esto, ¿esto que es?


-Ahhh, ya se a que te referis, cola de zariguella mijito, hoy no había vaca pa´ mata´.


-Gracias señora Carla.


Vomitar, vomitar, vomitar, no paraba de pensar eso. Hice como si fuera al baño y escondí el bulto de la sopa detras mi suéter. Aunque me quemase el estomago, valía la pena el sacrificio porque ni de loco comería zariguella. Corrí a la letrina y mire el agujero negro que succionaba la luz y apestaba. Vomite el trozo que había ingerido y termine derramando el caldo al abismo de heces oscuras que lo devoraron con fervor. Regla uno: Nunca comer carne que parezca un cola de rata rostizada, si lo haces ya estas advertido.


Ya sentía miedo, la oscuridad crecía y el pobre del sol moría. Quedaba solo, allí, en el comedor, con los farolillos de gas a penas alumbrándonos. No había luz eléctrica, ni teléfonos inteligentes con los cuales guiar nuestros pasos. La oscuridad era tan abrumadora que termino por esconder la piel de Ferp hasta el punto de dejarlo casi invisible, como un camaleón ante un enemigo. Empeoro para cuando cuatro siluetas se acercaban desde lo más recóndito de ese torbellino de oscuridad. Venían, se acercaban, nos matarían y destrozarían, ¡Por dios, sálvanos!


No no no, no eran asesinos. Eran dos chicas y otros dos chicos que eran parte del campamento. No tenían cara de muchos amigos, porque al verme se sintieron repugnados por mi presencia y se taparon la cara, e imploraron al supervisor por que no les castigara por llegar tarde. Lloraron y todo, celebraron un festival de plegarias al frente de nosotros, el supervisor acepto la excusa y les advirtió de que no lo hicieran más. Pero para cuando este se giro empezaron a burlarse y a reírse, como si fuera tonto. En un principio me enoje, ellos eran quienes llegaron tarde, y tras eso el bueno del supervisor les perdona el error que cometieron; deje que se siguieran riendo, los tres emprendimos el camino de vuelta a la casa.


Caminábamos por los estrechos senderos, cuyos lados eran arrasados por un monte que podría esconder todo tipo de animal salvaje. Podía ser un TIGRE, o un LEÓN, ah esperen que en Marantina no hay esos animales. ¿Pero y las SERPIENTES? ¿Que dicen de ellas? La biblia ya lo decía, la serpiente original, cualquier diablillo podía estar entre esa maleza, lo temía. Pero ni Luis ni Ferp les interesaba.


Me opuse a ellos, querían que durmiéramos a fuera ¡Ni loco! Pero dos son más que uno, perdí. Al final la verdad valió la pena dormir afuera a pesar de la resistencia que oponía. 


El cielo por la noche era hermoso, de verdad. En la capital me la pasaba en mi computadora jugando [Insertar videojuego] pero aquí las estrellas eran las que querían jugar conmigo. Se veía clarito, y una suave ventisca servia como aire acondicionado para el calor que nos sometió el día. ¿Cuantas noches no me había perdido de algo así? Estas pequeñas esferitas que se quedan esperando a uno pero uno nunca llega. Olvide el temor por algún animal salvaje o alguna dentellada de alguna serpiente que me quisiera envenenar, me deje llevar por la yerba moviente.


-Eh, mira Jesús, una enana-apunto Ferp a un un punto redondo y pequeño que destellaba en el cielo.


-¿Como sabes eso?


-Quiero ser astrónomo, ¿sabes? Encontrar mundos escondidos, bichos y vacas alienígenas...


Se mantuvo unos minutos contemplando las estrellas desde su pequeñez.


- Y tú, Jesús ¿que quieres ser?


-Bueh, quería ser científico pero se me da mal todo eso... Quizás sea un gigolo.


Rompimos los tres el silencio y colmamos la selva a carcajadas. Ni pensaba que Luis se reiría, puesto que estaba por allá roncando como foca.


De la oscuridad vi lo que parecía ser una lucecita amarilla moviente, me aterre en un principio, pero vi que era tan diminuta, microscopica que se acerco y se poso sobre el dedo indice de mi mano.


-¿Que es esto?


-Una libélula-dijo Luis-. No la mates, son inofensivas.


Moví mi dedo en forma de circulo y rompió en un vuelo minúsculo, disipando la oscuridad con su hálito de luz.


-¿Esos bichos son nuevos?


-Nah, supongo que tienen más años de existencia que la raza humana-dijo Luis.


-Que extraños que son... ¿Otros animales pueden hacer luz?-dije.


-Sí no me equivoco, creo que hay unos peces en el fondo del mar que usa su propia luz para cazar sus presas.


-¡Que barbaro!-dijimos yo y Ferp a la vez.


-Este mundo si que es raro, imagínense ahora como sera cuando conquistemos el espacio exterior en el futuro... Sera como Star Trek, o Star Wars, o, o..-dije.


-O como Cowboy Bebop-respondió Ferp-. Si Dios nos lo permite.


Luis frunció el ceño y lanzo un pequeño gruñido de desaprobación.


-¿Que pasa no crees en Dios?-dije.


-Creía-dijo Luis.


-¿Que paso?


-Larga historia... Quería ser padre, me leí la biblia y vi que se equivocaba. Se lo dije a mis hermanos y me llamaron ateo y...


Por primera vez vimos que a Luis se le humedecían los ojos, y si no fuera porque me vio directamente lo más probable es que hubiera soltado unas cuantas lagrimas.


-Esta bien, puedes dejarlo allí. Creo que ya deberíamos dormirnos que ya se hace tarde.


Los tres asentimos y dejamos de lado nuestras pequeñas historias para caer ante la hipnosis del sueño. Nunca antes había dormido afuera, y creo que lo volveré a hacer otra vez. Con una sola noche olvidas el aire acondicionado y con un saco para dormir te las ingenias para improvisar una cómodos colcones de tierra y rocas detrás de tu espalda ¿Miedo a los insectos? Nah, los insectos y culebrones se morirán de miedo al ver un titan como tú roncando en el suelo; ¡que jugosa podía llegar a ser la vida en el campo! Para cuando ya mis cejas caían podía sentir el mes que vendría, la buena vida y la amistad que forjaría, una nueva etapa dentro de mí comenzaría.

22 августа 2017 г. 23:48:25 0 Отчет Добавить 0
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