Oliver: Inocencia maldita Подписаться

bloodrose Ivette Bellerosse

A Oliver le gustan las piruletas, las quiebra en mil piezas. Oliver tiene doce años, a veces parece mayor. Le gusta vestir formal, y usa mucho su imaginación. Lo malo de la imaginación es que si esta no tiene límites...puede tornarse un tanto oscura. Oliver es inocente, lo que dice o lo que hace no tanto. Pero... Oliver es un manipulador. Él tiene amigos imaginarios, siempre les hace caso, a veces quiera o no. "Que jodido estarás si con Oliver te atreves a jugar." Katrina esta siempre ahí para él, protegiéndolo, queriéndolo, siendo su juguete favorito.


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#misterio #amigos imaginarios #voces #niñoextraño
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Chapter one: Ella me pertenece

Narrador omnisciente


Plop, plop, plop.


Soltó un pequeño gruñido, apretando los ojos y dando vueltas en la cama, causando que las sábanas se enredaran entre sus piernas.


Plop, plop, plop.


Aquella tonta gotera estaba volviéndolo loco ¿de donde provenía? ¿Era acaso el único que la oía? ¿Porque nadie hacía nada para detenerla?


Plop, plop...


¡El colmo! Oliver se levantó fastidiado por el irritante sonido, arrastrando los pies caminó fuera de su cuarto, hasta la habitación de su progenitora, no se le ocurrió mirar la hora para saber si ella estaria despierta ya, sin embargo por el silencio que ocupaba la casa, un silencio ausente, era muy probable que no.


Sin siquiera dignarse a tocar la puerta, el niño entró en la recamara principal, caminando entre la oscuridad que le proporcionaban las cortinas cerradas más las luces apagadas. Las paredes blancas impolutas parecían resaltar, al igual que podía ver las formas de los muebles que ocupaban el lugar y en medio de la habitación, descansando sobre una cama estilo Queen Size con un antifaz de rojo oscuro sobre los ojos, se encontraba Edith Pritzker, su madre.


-Mamá - Él se acercó al borde del inmueble y movió un poco el brazo de la mujer.


Al ser de sueño liviano, no fue difícil hacerla reaccionar. Ella dejó salir un suspiro, seguido de un bostezo, colocó el antifaz sobre su cabeza sentándose y se giró hacia su único hijo, dándole una mirada algo somnolienta.


-¿Que sucede, Oli? -Preguntó la hermosa dama, utilizando aquel mote cariñoso que él detestaba pero que nunca le diría, jalando un poco al chiquillo de modo que este quedara sentado sobre sus piernas.


-Hay una gotera...No me deja dormir -Contestó, carente de expresión alguna, como solía ser el pequeño pelinegro.


Edith lo observó durante unos segundos, hasta que esbozo una pequeña sonrisa y bajó a su hijo al suelo.


-Dame cinco minutos, mi cielo, llamare a alguien que arregle eso -La mujer habló con dulzura, despeinando un poco más los cabellos negros de su bebé, porque para ella no importaba cuanto Oliver creciera, siempre seria su bebe inocente e inofensivo.


Ella se negaba a creer que había algo mal en la mente del niño, a pesar de que la misma psicóloga escolar se lo había dicho tras un incidente que él tuvo en la escuela. Por eso, ella decidió sacarlo de la escuela y ahora Oliver Pritzker recibía clases particulares en su casa, bajo el cuidado de las tantas mucamas, mayordomos y seguridad, además obviamente de Katrina, su profesora de Literatura. El saber donde se encontraba su hijo, y que estaba bien vigilado las veinticuatro horas del día, le hacía bien a la mujer que tan joven había tenido a su hijo.


El chiquillo asintió y caminó rozando la pared con los dedos al salir, para no tropezar, regresando a su habitación.


Entonces, la señorita Pritzker se levantó, puesto que estaba segura de que no podría dormir de nuevo si Oliver seguía despierto, y era obvio que él seguiría despierto.


2


Katrina Petrova sonrió al guardia del portón y como cada día, le hizo una seña a modo de saludo, mientras este abría el portón para darle paso a la joven que iba montada en su Fiat 201 plateado.


Al entrar, estacionó en el patio y bajó con su libro de poesía que utilizaría para la clase de ese día. Por impulso, alzó la vista hacia la segunda planta de la mansión, justo en la ventana estaba Oliver de pie mirándola inexpresivo. Katrina lo saludó, después de dos años ya se había acostumbrado a lo particular que podía ser ese niño.


Dirigió sus pasos hacia la puerta de entrada, pero en el momento preciso que iba a tocar el timbre Edith Pritzker le abrió, encantadoramente hermosa y elegante como era siempre aquella mujer.


-Oh, Katrina, que bueno que llegas -La castaña besó ambas mejillas de la rubia como era su costumbre y habló- Necesito que te quedes hoy en la mansión, trabajare hasta tarde, no sé a qué hora llegue pero no quiero que mi Oli se quede solo hasta que regrese. -La verdad es que ella se sentía más segura dejando a la joven rusa a cargo de su hijo que dejándolo con las mucamas.


-Claro, no hay problema -Aceptó ella gustosa, con un suave acento ruso, después de todo no era un problema para ella, le tenía un inmenso cariño a ese niño.


-Prometo que te pagare las horas extra -Dijo a modo de disculpa la ex-modelo mientras se alejaba de la puerta y caminaba hacia su Ferrari negro.


-No se preocupe por eso, no importa, cuidare a Oliver con gusto -Se excusó la chica pero vio a la otra alzar una mano en símbolo de que se callara.


-Te pagare, cuida bien de mi hijo -Dicho esto, subió al automóvil para que luego Marcus, su chofer, cerrara la puerta y caminara hacia el asiento del piloto haciéndole un saludo a Katrina, subiendo al Ferrari y arrancando.


La rubia se quedó ahí de pie hasta que el automóvil desapareció de su campo de visión, luego suspiró y volviendo a sonreír entró a la casa cerrando la puerta tras ella.


-Buenos días, señorita Petrova -Ese saludo de parte de su alumno favorito le hizo sobresaltarse, no se esperaba que apareciera tan de repente ¿en qué momento había llegado hasta allí?


-Mi pequeño poeta ¡Hola! -Sin contenerse, se inclinó dándole un abrazo al chico, quien sin corresponderle en absoluto solo se quedó quieto dejándose abrazar.


-¿Mi madre le ha dicho que deberá quedarse conmigo hoy? -El niño solía hablar formal en algunas ocasiones, ella no se explicaba porque pero no importaba.


-Sí, ya me dijo -Al fin soltó a la criatura para luego despeinarlo cariñosamente, el cual no se molestó, se había acostumbrado a la personalidad de ella.


Él creía que los rusos eran personas frías o muy poco expresivas, quizá hasta amargadas, pero Katrina rompía con ese estereotipo. Ella era una chica alegre, afectuosa y amable, ella siempre lo saludaba con un abrazo o se despedía con un beso en la frente. Se pasaba mucho tiempo en su casa, prácticamente vivía allí, lo cual le hacía preguntarse a Oliver si es que ella no tenía novio, familia o siquiera mascota como para pasar tanto tiempo con él.


No es que le molestara tampoco.


-Entonces bienvenida -Apenas un leve asomo de sonrisa apareció en el rostro del, normalmente, serio niño.


Él tomó la mano de su maestra guiándola a la sala, que era donde le eran impartidas las clases.


-Bueno, Liver, hoy traje unos pequeños poemas, para que practiquemos la lírica ¿de acuerdo? -Sonrió sentándose en el sofá y dejando su bolso, junto con los libros sobre la mesa ratona.


Ella siempre le llamaba "Liver" él consideraba que era un mote más aceptable que "Oli", ya que este último sonaba como si le hablaran a un bebé y él no era un bebé, era un chico de doce años. Al principio había creído que Katrina pronunciaba mal su nombre, pero luego comprendió que simplemente era un apodo con el que la rubia lo había bautizado y no le molestaba. Es más, podría decirse que llegaba a gustarle en algún punto.


-Me parece esplendido -Argumentó el niño tomando su cuaderno de la mesita, listo para la clase.


Era tan buen alumno a pesar de no ser del todo normal.


3


Era alrededor de la medianoche, la rubia se encontraba sola en la sala puesto que Oliver se había retirado a dormir a eso de las nueve, aunque sus clases habían terminado a las cinco como cada día.


Se encontraba tomando un café, envuelta en su propio abrigo y leyendo tranquilamente unos versos que el chiquillo había escrito ese día en clases, le había parecido de lo más particular pero él no quiso dar explicaciones cuando preguntó, Edith Pritzker aún no llegaba a la casa pero no le preocupaba, esa mujer sabia cuidarse sola.


"Dios sabe que no miento,

Dios sabe que soy sincero

¿Entonces porque me trata como un muñeco?

Un títere. Soy su creación... la más perfecta creación.


Sin embargo, aun soy humano, y tú eres humana.

Por alguna razón nos puso en el mismo camino,

Él dijo que sintiéramos lo mismo,

Y siento que te quiero, pero no como una amiga.

Sino como mi futura esposa, mi amante... aunque si te noto algo distante.


¿Qué pasa? ¿No te agradan mis sentimientos?

Los cambiaria si pudiera, pero como no puedo no lo haré.

Me encandila tu sonrisa, tus ojos.

Adoro oírte reír, tus antojos

Por comer dulce aunque no sea horario.


Por eso dime, cariño mio, ¿estarías dispuesta a todo por mí?

¿Morirías? ¿Matarías por mí?

¿Enloquecerías por amarme?

Porque yo ya lo he hecho.

Estoy loco, estoy cuerdo, no comprendo esto que siento...”


El sonido de pasos la hizo distraerse, alzando la vista de la hoja escrita para encontrarse con el mocoso en el que había estado pensando de pie frente a ella, en su pijama azul cielo.


-Katrina... ¿Podría acompañarme a la habitación? -Preguntó, con las manos enlazadas tras la espalda.


Ella se extrañó por esa pregunta tan rara, dejó los papeles y sus cosas sobre la mesita ratona.


-¿Para qué me requieres allá, Liver? -Contestó, levantándose del sofá y acercándose al pequeño.


Oliver pareció algo incómodo, desvió la vista hacia un punto indefinido, aun en la misma posición de pie, firme.


-Willy estaba contándome historias de miedo y ahora no logro dormir -Soltó en voz baja.


Katrina suspiró, así que era eso. En lugar de dormir, Oliver se había puesto a jugar con sus amigos imaginarios.


-Está bien, vamos -Tomó la pequeña mano del chico y lo acompaño hasta su cuarto- Me quedare hasta que te duermas si te hace sentir seguro -


Irremediablemente, el niño se sentía seguro con su maestra de idiomas y literatura consigo, a veces meditaba que tal vez el término "Niñera" le quedaría mejor a Katrina Petrova, pero que más daba.


El cuarto de Oliver era como una especie de mono ambiente que a la rusa dejó algo alucinada, de paredes azules como los ojos de su dueño, había uno o dos posters de Sherlock Holmes o Supernatural (esto otro debido a que al pelinegro parecía gustarle lo paranormal), la cama era enorme también y tenía doseles, había una estantería llena de libros en una esquina, a un lado estaba el armario.


Ella pensó repentinamente que podría quedarse a vivir en ese armario debido a lo espacioso que era.


-Wow... -Murmuró.


Esto captó la atención del oji-azul que volteó hacia ella, mirándola sin expresión.


-Es la primera vez que vienes a mi dormitorio ¿no es así? -Pregunto, aunque sabía perfectamente la respuesta.


Petrova asintió, siendo guiada hacia la cama con doseles por el chiquillo, el cual la soltó al estar junto a la cama y se subió a la misma, mirando fijamente a su maestra.


-Bueno... ¿Quieres hablar de algo hasta que te vuelva el sueño o...? -Ella cuestionó sentándose en el pequeño sillón que estaba junto a la cama, se imaginó que Edith lo utilizaba cuando el niño enfermaba o algo similar.


-Tal vez un poco -Contestó sin quitarle la vista de encima, parecía casi perturbador para cualquier persona... Pero la rusa no contaba entre ellos.


-Bueno ¿sobre qué quieres hablar? -Sonrió cariñosamente, acariciándole el cabello oscuro.


-¿Tú me quieres? -


-¿Qué clase de pregunta es esa? Por supuesto que te quiero, pequeño -Su sonrisa era tan calmante para el niño.


-Pero te pagan por quererme, eso no es quererme -Dijo recostado abrazando su peluche de conejo.


-No me pagan por quererte ¿de dónde sacas eso? Me pagan por enseñarte, para que pueda pagar mi alquiler y subsistir -Dejó un pequeño beso en la frente de su alumno adorado.- Te quiero porque... porque si, no se buscan motivos para querer a alguien cuando es de verdad -


-Eso suena absurdo, no puedes quererme solo porque si -Frunció el ceño.


La joven suspiró.


-Me recuerdas a mi hermanito -Confesó- Él falleció hace mucho tiempo, creo que yo tenía tu edad cuando se ahogó en aquel lago... -


-Entonces... ¿me quieres porque te recuerdo a él? -La expresión del menor se suavizo, pero aún tenía el ceño fruncido-


-Deja de buscar razones -Lo regaño ella, soltando una risita y medio inclinándose dándole un abrazo.


Él se removió, sin incomodarse, solo abrazo más fuerte su peluche.


-Está bien... Yo también te quiero, Katrina -Dijo en voz baja.


Estaba hecho, ella podía morir de ternura allí mismo ante la confesión, sin embargo él estaba de lo más tranquilo como si fuera cosa de todos los días.


-¿Tienes novio? -Fue lo que preguntó la criatura de la nada.


-No, no tengo por ahora ¿Porque? -


-Porque no quiero que tengas uno -Respondió.


A ella le dio ternura aquella respuesta, quizá porque creyó que Oliver había visto en ella una especie de amor platónico o no quería que ella se alejase si llegara a tener pareja, pero lo que no sabía es que pronto ese mocoso la haría caminar hasta el borde de su propia cordura.


4


Edith suspiró agotada cuando llegó finalmente a la mansión, miró su reloj de muñeca, ese de oro tan delicado, y se acarició la sien. Eran las tres de la madrugada, estaba cansada, había trabajado todo el día viendo que hacer, llendo de aquí para allá, viendo nuevos proyectos, campañas, estaba estresada.


Lo único que necesitaba en ese momento era entrar a su casa, subir a dejarle un beso a su bebé, descalzarse e irse a dormir. Amaba sus tacones rojos y le quedaban preciosos pero los pies estaban matándola. En cuanto entró a su hogar, se quitó los zapatos y los llevó en su mano, notando que en la sala no había nadie se extrañó un poco. Le restó importancia y subió las escaleras, caminando con elegancia a la habitación de su hijo.


Al entrar a la misma, casi no pudo contener su expresión sorprendida y molesta al ver a una dormida Katrina abrazando al pequeño, claro que la rubia estaba sobre las sabanas pero eso que importaba ¡¿Cómo se atrevía?! Ella confiaba en la chica pero ¡¿cómo se atrevía a quedarse dormida junto a su bebé en la misma cama?!


Estaba a punto de despertarla, dispuesta a sacarla de allí para cantarle las cuarenta... Pero entonces se detuvo al ver que los orbes azules de su Oli, la miraban fijamente. Estaba despierto ¿pero cómo? Si su pequeño siempre se acostaba temprano... Miró con recelo a la joven de áureo cabello que dormía tranquilamente.


-Shh, mami, no la despiertes -Susurró apenas su niño.


Ella respiró hondo para calmarse y poco a poco lo logró, se acercó, quedándose junto a la cama en cuclillas.


-No te enojes con ella, mamá, por favor. Yo tuve sueños feos y le pedí que se quedara... -Mencionó antes de que siquiera ella pudiera decir una palabra.


Edith frunció sus labios pintados de carmín por unos segundos, para luego relajar su expresión y sonreírle suavemente a su adoración.


-Oli, ella no debería dormir aquí, ella tiene una casa propia... -Dijo bajo acariciando con suavidad el cabello y rostro de Oliver.


-Lo sé, pero déjala dormir aquí hoy, por favor -Él casi le suplicó, con ojos de cachorro, sabía que su madre siempre cedía a cualquier cosa que le pidiera.

Era un niño bastante consentido ¿para qué negarlo?


La mujer suspiró, su hijo siempre había sido su debilidad, lo veía tan pequeño y tan frágil.


-De acuerdo, pero solo hoy, y tú te vendrás a dormir conmigo -Dijo decidida.


-Pero mamá...-


-Pero nada -Dicho esto se dio la vuelta caminando hacia la puerta- Te espero en cinco minutos, Oli -Habló mirándole por sobre su hombro y salió de la habitación.


Oliver por otro lado, se incorporó de a poco hasta quedar sentado, mirando fijamente a la chica junto a él.


-Ella te pertenece, Oliver -


Él miró mas allá, cerca de la esquina del cuarto, viendo como de entre las sombras salía la figura de un chico de masomenos su misma edad, solo que este le regalaba una sonrisa de dientes afilados mientras se acercaba. Así también, había otros dos que salieron de debajo de la cama.


El niño se encogió un poco, de noche Wally le daba algo de miedo pero si se lo decía, sabía que su amigo lo burlaría por el resto de su existencia. Oyó a Tucker tronarse los huesos del cuello como si estos estuvieran rotos y un escalosfrio le recorrió la espina dorsal.


-Deberías marcarla ¿no crees?- Habló nuevamente Wally, quien era su mejor amigo.


-¿Marcarla? -Oliver se mostró confundido.


Entonces el otro acarició los cabellos de Katrina, causando que Pritzker frunciera el entrecejo.


-No la toques, ella es mía -


El niño miró fijamente al chico de puntiaguda dentadura y cerró los ojos.


-Ella te pertenece -Repitieron los tres- Debes marcarla para que todos lo sepan, nadie más que tu puede acercársele.


-No quiero...-El pelinegro hizo un puchero abrazando a la chica que se encontraba profundamente dormida.


-¿Y si alguien te la roba?


-¡Márcala!


-Debes marcarla-


-¡Ella te pertenece!


-¡Ella es tuya!


Oliver apretó los ojos con fuerza, cubriéndose los oídos pero las voces de ellos se hacían cada vez más fuertes.


¡MARCALA!


Entonces, Oliver bajó de la cama, caminó hasta una de sus estanterías tomando una pequeña navaja que él siempre escondía entre sus libros y caminó de regreso, parándose junto al cuerpo inactivo de su maestra, entonces le hizo un pequeño corte debajo de la nuca con la misma, pero apenas, fue tan sutil que ella nisiquiera se despertó aunque si se removió e hizo una mueca volteándose hacia el otro lado.


El pelinegro miró en el filoso objeto unas pequeñas gotitas de sangre, y las tocó con el dedo, como si analizara el líquido carmesí.


Oyó pasos en el pasillo, por lo que se apresuró a esconder nuevamente la pequeña navaja, que era como las que llevan los sacapuntas por cierto, después caminó rápido a ponerse junto a la cama como si acabara de bajar de allí.


La puerta se abrió lentamente y el rostro de sin maquillaje de su madre se asomó.


-¿Oli? ¿Porque tardas tanto? -


El niño esbozo una sonrisa inocente.


-No encontraba mi peluche... -Fingió un puchero, que su madre obviamente se creyó.


-Vamos, yo puedo ser tu peluche -Ella bromeó extendiendo su delicada mano para tomar la pequeña de él.


Antes de salir de la habitación, la criatura miró hacia donde Katrina ni se había movido.


Y sus amigos ya habían desaparecido, de nuevo.


5

Cuando Katrina despertó, el sol ya había entrado por la ventana, dándole de lleno en la cara por lo que gruño suavemente estirándose y volteándose hacia el otro lado...


Entonces se dio cuenta de algo. Abrió los ojos apenas mirando a su lado, para darse cuenta de que Oliver no estaba allí.


-¿Cuánto dormí? -Se preguntó momentáneamente somnolienta al sentarse y bostezar.


De golpe se le fue el sueño al recordar que la señora Pritzker debería de haber vuelto ya, ¿Ella la habría visto dormida junto a su hijo?


Oh, mierda. Estaba segura de que Edith podía echarla de patitas en la calle si la descubría de tal forma con su pequeño hijo. Aunque era claro que a la rubia jamás se le pasaría por la cabeza hacerle daño a Oliver, por supuesto que no, pero sabía que Edith era una madre muy protectora con su hijo, sino fuera así quizá enviaría al niño a una escuela y no contrataría a profesores particulares para que le enseñaran en casa. Aunque secretamente agradecía eso porque si no aun continuaría buscando trabajo, y no hubiera conocido a tan peculiar chiquillo.


Al sentarse en la cama, sintió una especie de pinchazo bajo la nuca, un ligero dolor por lo que se llevó la mano a la zona y luego se miró la mano nuevamente, no había nada. Suspiró pensando que quizá habría dormido mal.


Alrededor de diez minutos después, la chica bajó cautelosamente las escaleras dirigiéndose a la cocina. Luz Cáceres, la mujer que se encargaba de cocinar le regaló una sonrisa.


-Buenos días, señorita Katrina -La saludó.


-Buenos... días...-La joven miró alrededor, notando la ausencia de los dueños de la casona.


-Madame Pritzker y el joven Oliver han salido al aeropuerto hace una hora -Informó sirviéndole un poco de café y entregándole unas tostadas.


-¿Al aeropuerto? - Expresó confundida mientras le daba un mordisco a una tostada.


-Hoy llega el señor Adrien, el hermano del difunto esposo de la señora Edith -Explicó, aunque la rubia notó el ligero tono de disgusto de la mujer, mientras le dejaba mermelada de fresa sobre la mesa


-Ah, no sabía que hoy vendría -La rusa hizo una mueca- ¿Edith se veía molesta o algo así?


-No, de hecho la señora se encontraba radiante ¿Porque la pregunta? -Le dio una mirada extrañada a la joven frente a ella.


-No, por nada -Contesto rápidamente, tomando la taza de café y bebiendo para callar.


"¿Se habrá dado cuenta u Oliver se marchó de la habitación en cuanto me dormí? Por dios, que vergüenza, se suponía que el que iba a dormir era él" Pensó avergonzada, mientras continuaba desayunando.


Hoy era sábado, por lo que sabía que Edith Pritzker tenía el día libre y seguramente lo pasaría con Oliver... y con su cuñado ahora que llegaría.


Ella se quedó pensativa unos minutos, estaba segura de que a Adrien Pritzker solo lo conocía por una que otra foto que había por la casa, pero jamás lo había visto en persona. ¿Cómo sería? Miró de reojo a Luz, quien ahora lavaba unas cucharillas que había usado para las mermeladas del desayuno de señora y señorito de la casa, parecía que el hombre no le caía bien a Luz, y eso le pareció raro porque Katrina consideraba que a la mujer le agradaba cualquier persona.


Suspiró y decidió no taladrarse tanto la cabeza, terminaría su desayuno, esperaría a los señores de la casa para despedirse y se iría muy dignamente a su apartamento para ver sus "dibujitos chinos", como les llama Liver. Estaba muy intrigada con que pasaría en el siguiente capítulo de Durarara.


6


Había pasado casi una hora y media cuando se oyó aquel Mercedes estacionarse en el patio de la mansión.


Katrina pegó un salto levantándose del sofá en el que se había dejado caer y cerrando la aplicación de anime de su móvil, aunque quería seguir viendo porque le había dejado con intriga el misterio de la espada Saika.


Momentos después vio entrar a Edith riendo tan elegante y coqueta con un hombre de traje pero que se cargaba un aura de seducción que hizo entrecerrar los ojos a la rubia.


Tras ellos apareció su alumno favorito, con su típico rostro inexpresivo aunque Katrina pudo notar fastidio en su mirada azul, cosa que no dejo pasar.


-¡Oh, Katrina! Sigues aquí -Sonrió la señora Pritzker, no se veía en lo absoluto enfadada, eso fue lo primero que destacó la rusa, de hecho hasta parecía radiante, más de lo normal.


-Sí, Ehm... No podía irme sin despedirme antes -Se excusó la chica distraídamente.

El hombre de inmediato dirigió su mirada hacia la joven, recorriéndola con la mirada de forma disimulada.


-Ya veo... -La mujer notó la mirada de su cuñado sobre la joven y se sintió molesta repentinamente- Katrina, él es Adrien Pritzker, el hermano menor de mi difunto marido. Adrien, querido, ella es Katrina Petrova, la maestra particular literatura e idiomas de Oliver.


-¿Idiomas? -Adrien se mostró interesado al tiempo que le tendía la mano, cosa que ella no rechazó, sino que la estrecho a modo de saludo- ¿Que idiomas manejas? Dime, Katrina.


La joven se sintió algo incomoda por la intensa mirada azul del hombre puesta sobre ella.


-Manejo Portugués, italiano, inglés, Francés, y el Ruso como lengua materna. -Respondió en voz baja.


Oliver miró la unión de las manos de ambos, su tío no parecía dispuesto a soltarla por el momento así que carraspeó llamando su atención y así la rubia pudo liberar su mano.


Katrina no comprendió del todo porque su Liver parecía molesto, pero Adrien notó en el muchachito una nota de frialdad dirigida hacia él, además de que le dirigía una mirada a la veinteañera, una mirada de posesión.


Adrien no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa divertida al descifrar el mensaje que su sobrino trataba de darle sin palabras.


"Ella me pertenece"


Y sabia lo peligroso que era jugar con ese mocoso, pero él era un maldito curioso y estaría encantado de ver que salía de aquel atrevimiento entre él y Oliver.






5 июля 2018 г. 0:00:16 0 Отчет Добавить 0
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