nari_seok16 ☁️Nari Seok⁷

Afuera del castillo, un jardín florece lleno de espinas. Un príncipe sin corona es atrapado entre sus paredes y un chico de sonrisa inocente se roba sus flores. ¿Por qué lo hace? ¿Qué derecho cree tener sobre su jardín? Kim Taehyung rueda los ojos con fastidio, pero su intriga se vuelve cada vez más grande y la necesidad de hablarle a aquel dulce muchachito le hace querer salir de su encierro y enfrentarlo, sin embargo, algo lo detiene. Quizá debió amarse a sí mismo un poco más. —Pero aún te amo...


Фанфик Группы / Singers Всех возростов.

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Короткий рассказ
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el príncipe que hablaba con las flores

El jardín a las afueras del solitario castillo florecía espléndido, abarrotado con miles de flores de diferentes colores y figuras que recibían el sol del atardecer, siendo la palabramaravillosala mejor que podría describirlas en ese momento. Cada una de ellas era única y especial ante los ojos de su dueño, quien se encargaba minuciosamente de que todas, sin olvidar la más pequeña, recibieran su propio cuidado y atención, según sus necesidades.


Sin embargo, aquel cariño y dedicación que el hombre les brindaba era, sin excepciones, sólo para su jardín, pues en lo que para él mismo respectaba, no tenía nada distinto a palabras hirientes que le decían, entre susurros maliciosos, mentiras descaradas que él creería sin dudarles ni un solo instante.


Se encontraba un día dentro de una de las múltiples habitaciones de su castillo, el cual siempre permanecía vacío de no ser por él, rodeado de paredes inmensas y joyas relucientes que decoraban cada lugar al que él mirara, además de pinturas que, cuyos rostros retratados en óleo, contaban una historia que él hace mucho tiempo olvidó. Hacía varios años que se quitó la corona que sobre su cabeza se torcía y dejó que en una esquina se llenara de polvo, volviéndose semejante a su alma escondida entre la oscuridad y el olvido.


El nombre del desdichado y solitario príncipe era Kim Taehyung, quien todas las tardes sin falta, se recostaba sobre su amplia cama a observar el techo. Triste y apagado, como si los colores de su alma fueran el azul y el gris, contrastaba su melancólica aura con las resplandecientes habitaciones de un castillo que, a diferencia de él, se negaba aún a marchitar. Todo a su alrededor parecía pertenecer a un mismo mundo extraño y lejano del cual él era ajeno e ignorante, y él solía perder su mirada en los detalles del techo, el cual estaba decorado con pinturas de personas que no conocía pero que le observaban dormir cada noche, similares a las que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina hace demasiado tiempo, como para ponerse a contar.


Las observó, perdido y aburrido, preguntándose cómo las habían pintado si el techo estaba muy alto, y suspiraba tristemente a medida que las horas transcurrían y él sentía cómo la vida se le escapaba de las manos, como de costumbre. En total soledad (o abandono), giraba sobre su cama enterrando su rostro en las almohadas, mientras luchaba con el invisible pero letal enemigo dentro de su mente que le decía que su existencia era repugnante y sería mejor si estuviera muerto.


Los espejos de todas las habitaciones le mostraban a un chico horrible, y al desanimarse grandemente por ese hecho, los había cubierto con mantos tan oscuros como su mirada. No entendía cómo, de pronto, el hermoso príncipe de aquella solitaria y lejana tierra se había convertido en un sapo al cual nadie deseaba besar. Su incapacidad de socializar con las personas a su alrededor se había presentado desde hacía un par de años cuando su única compañía se escapó de su vida sin previo aviso, y progresó hasta que las puertas de su castillo fueron cerradas con la promesa de jamás abrirse nuevamente y las luces se apagaron gracias a un temeroso y triste príncipe que encontró un refugio en las penumbras. Aislado del mundo que lo rodeaba, perdió gradualmente cada pequeño gramo de amor hacia su antes radiante persona, hasta llegar a murmurar palabras que lo lastimaban como puñaladas frente a cualquier superficie que pudiera mostrarle su abatido reflejo. Y los días enteros transcurrieron sin poner un pie fuera del castillo, hasta que el silencio y la soledad se convirtieron en lo único que tenía como compañía, pues creía que era eso lo mejor. Y de ese entonces, hasta ahora.


La luz del atardecer naranja lograba sobrepasar las claras cortinas que cubrían sus ventanales, lo que le hacía saber que aún no anochecía. La noche era su momento favorito en su pequeña rutina diaria, pues podía sentirse en completa libertad al hablarle a la luna sobre sus pensamientos, ya que ella era la única que escuchaba los lamentos de un príncipe sin corona y guardaba sus secretos y anhelos más preciados. Aquella luna alguna vez se trató de una persona, y Taehyung pensaba en su hermano Seokjin con regularidad, como alguien que había escapado de este planeta para poder aprender a amar a su propia —y desconocida— rosa. Y a pesar de que Taehyung lo comprendía, en ocasiones se sentía solo, pero podía percibir el mismo amor de su hermano cuando al anochecer, las estrellas reían con él.


Además de hablarle a la luna —la cual lucía como su hermano—, el príncipe disfrutaba de regar su jardín, pues aquello traía paz interior a su ser que vivía siempre atormentado. Así que, decidido a dedicarles tiempo antes de que el sol se ocultara, se asomó a la ventana para verlas. Cada flor se convirtió en su compañía, y él gustaba de hablarles igualmente. Ellas le escuchaban atentas como un millón de jovencitas alegres y le recordaban los momentos felices que en el pasado, durante su niñez, vivió. Y le traían tranquilidad a su corazón, la cual era siempre bien recibida.


Espiando al exterior, con la cortina de hilos de oro siendo apartada por sus manos, descubrió a su bello jardín esperándole. Podía ver los últimos rayos del sol brillando sobre los hermosos y suaves pétalos de sus flores, así como un par de mariposas que en ocasiones las visitaban revoloteando entre ellas. Sonriendo orgulloso, pues esa hermosa vista digna de un museo era gracias a su arduo trabajo y dedicación, quiso apartarse para salir y verlas de cerca, pero antes de hacer tal cosa, se topó con un chico a las afueras del jardín, merodeando. De apariencia pobre y humilde, el desconocido miraba a su alrededor en completa curiosidad, como si estuviese comprobando que nadie más estuviera con él. Con una idéntica curiosidad en su mirada, Taehyung analizó al muchachito que parecía tener su misma edad, quizás un poco más o un poco menos. Notando la ligera suciedad en sus ropas que alguna vez pudieron ser blancas así como la pura inocencia tallada en sus brillantes ojos, supuso que era del pueblo, y se preguntó cómo había llegado hasta allí, pues el castillo estaba realmente lejos de toda civilización, para tranquilidad del príncipe. Le pareció bonito a simple vista, y le hizo sonreír vagamente al notar cómo éste se quedaba embelesado en un par de mariposas que a su alrededor aleteaban.


Se preguntó de quién se trataba. Jamás lo había visto antes, pero considerando que rara vez salía del castillo, aquello no significaba nada. Tenía el cabello negro y una sonrisa contagiosa, aparentemente inocente y agradable, y por la mente de Taehyung se cruzó el pensamiento de acercase a él y conversar, si llegaba a sentirse suficientemente seguro para hacer tal cosa.


Sin embargo, todo sentimiento de ternura y calidez que dentro del príncipe apareció fue arrebatado rápidamente al notar cómo el desconocido se acercó a las flores de su jardín y, luego de ver a su alrededor una vez más, cortó un par de éstas y las guardó en una pequeña canasta que Taehyung no había notado antes.


Con una creciente indignación que convertía sus tonos grises y azules en rojo oscuro y terciopelo, quiso gritarle y pedirle que dejara a sus flores en paz, de una vez por todas, pero antes de siquiera animarse a hacerlo, el muchacho se retiró del lugar pasados un par de segundos. Molesto, Taehyung se dirigió a su cama nuevamente, preguntándose quién era aquel chiquillo y por qué cortaba sus flores con tanta calma, como si tuviese todo el derecho del mundo para hacerlo.


Perdiendo todo tipo de voluntad, cayó rendido ante el cansancio que no sabía que cargaba en su espalda. Y, aún entre sueños, aquel muchacho aparecía entre sus flores, sonriéndole con amabilidad a pesar de que jamás se habían visto frente a frente, justificando aquel inocente pero fatal robo murmurando en repetidas ocasiones hasta desaparecer…


—Luego lo entenderás.


🍃🥀🍃


El desconocido de cabellos azabaches que robó sus flores —y parte de los pensamientos del príncipe— había llegado al día siguiente, con el mismo pantalón desgastado y la misma inocencia en su mirada la cual parecía jamás desaparecer.


Desde su habitación, Taehyung lo observó sorprendido, con una combinación de curiosidad y molestia en sus ojos, mientras intentaba luchar contra las ganas de ir y pedirle —más bien, ordenarle— que dejara su preciado jardín en paz. Quizá preguntarle por qué se robaba sus flores y qué pretendía. También, averiguar quién era y de dónde había salido.


Notó que, después de cuatro o más visitas del azabache a su jardín, éste siempre agrupaba las flores que cortaba. Como si estuviese haciendo arreglos o pequeños ramos con éstas mismas, tomaba las rosas delicadamente para no lastimarse con sus espinas y las juntaba, depositándolas dentro de su canasta con la misma delicadeza con la que Taehyung las regaba. Un día en especial, agrupó las flores en tres, y el príncipe comenzó a creer que él no las cortaba simplemente por gusto, que había algo más detrás de todo aquello.


¿Eran el regalo de alguien en especial o sólo le parecían bonitas? De igual manera, aún sin importar si eran destinadas para una persona desconocida que pertenecía al corazón del azabache o no, Taehyung insistía firmemente en que no tenía el derecho de llevárselas lejos como si fueran de su propiedad. Para cualquier otra persona, aquello podría no significar nada, pero para él, cuya única preocupación era el jardín, sí que lo era. Se llevaba sus flores, que eran como sus recuerdos, y Taehyung había comenzado a olvidar un par de cosas. Recuerdos que se escapaban como el viento dentro la canasta de un desconocido que diariamente antes de que el sol se marchara se escondía entre las flores de Taehyung y lo ponía de mal humor. Pero en el fondo le intrigaba a pesar de negarse.


—¿Quién eres? ¿Por qué haces esto?


Y nuevamente entre sueños que parecían una realidad alterna de la cual él no estaba enterado, solía escuchar un ya conocido "luego lo entenderás."


🍃🥀🍃


Al transcurrir de los días, los cuales se iban volando como pétalos al viento, en lugar de molestarse más, Taehyung comenzó a esperar al muchacho que robaba sus flores, quien siempre llegaba a la misma hora antes del anochecer, observándolo con una vívida curiosidad en sus ojos.


En ocasiones, su atención viajaba hasta el pelinegro y su apariencia. Su condición era algo preocupante, debido a que parecía frágil y que en cualquier momento podría quebrarse ante sus ojos. Cuando eso sucedía, deseaba poder cuidar de él, a pesar de no saber de dónde provenía tal deseo de protegerlo. Quizás abrir las puertas de su castillo para dejarlo pasar no sería una mala idea, sólo para asegurarse de que nada malo le ocurría y así callar sus pensamientos que le decían que aquel chico necesitaba ayuda. Sin embargo, no creía ser capaz siquiera de verlo de frente en su jardín, así que, al no poder acercarse a él, comenzó a embellecer las flores que estaban más cercanas a la calle, para que él pudiera alcanzarlas y llevárselas. No sabía qué hacía con ellas, pero al pasar de los días, comenzó a aceptar que las robara, debían ser muy importantes.


De igual forma, el no saber el paradero de sus rosas no fue duradero, pues durante una de sus escasas visitas al pueblo —también necesitaba salir del castillo de vez en cuando— finalmente comprendió hasta dónde habían viajado sus preciosas flores: el joven azabache las vendía para así poder subsistir.


Lo había visto desde lejos, pues su rostro había sido lo único que Taehyung recordaba del mundo exterior. Era la primera persona que veía en años, y al encontrarlo diariamente en su jardín, reconocería al muchacho en donde fuera. Lo había visto con varios arreglos de diferentes tamaños y colores, saludando con orgullo a las rosas de su jardín que danzaban entre el resto. Y junto al desconocido pero conocido jovencito, una señora de apariencia similar a la suya le acompañaba.


Entonces, finalmente la frase que en sus sueños se repetía comenzó a cobrar sentido.


Luego lo entenderás.


Una idea cruzó su mente y, no queriendo perder el tiempo, regresó al castillo con una sonrisa en su rostro, con aquel pensamiento revolucionario que se había instalado en su mente acompañándolo y el deseo de que todo saliera como lo planeaba también haciéndose presente.


🍃🥀🍃


El príncipe trabajó durante toda la tarde y parte de la noche sin descanso, hasta haber llenado por completo el jardín con una flor distinta a las que ya tenía. Jamás había visto las flores azules, y esperaba que el chico se sorprendiera tanto al verlas así como él. Esperaba que las llevara para así venderlas a un precio más alto, siendo ésta la ayuda que podía hacer por él. Ellas, relucientes tomando el sol, se habían convertido en recuerdos también, con el rostro tierno del muchacho y sus brillantes ojos reflejándose en sus pétalos. Era una imagen maravillosa y estaba realmente satisfecho por lo que había hecho, así que, regresando al castillo, suspiró aliviado.


Desde adentro, se acercó a la ventana y observó su jardín desde ahí, soltando una carcajada al verse a sí mismo en aquella situación: plantando flores para que aquel chico las vendiera, aunque hacía un par de días deseaba gritarle para que se marchara. Se preguntó por el nombre de aquel muchacho, quien lo tenía bastante mal, y pensó que si lograba sentirse lo suficientemente seguro, se acercaría a él y le hablaría al día siguiente.


¿Cómo se llamaría? ¿De dónde venía, tenía dónde quedarse? ¿Cómo sonaría su voz, su risa? ¿Cómo sería hablar con él? Lo imaginó dentro de su castillo, el cual comenzaba a sentirse bastante abandonado. Quizá podría ser una agradable compañía, pues en su rostro podía observarlo. Veía vida en su mirada a pesar de todo y creyó que aquella chispa podría ser buena para él. Estaba algo solo y, aunque al inicio fue eso lo que deseó, en ocasiones sus flores no estaban dispuestas a escucharlo y la luna no le recordaba a su hermano. Él necesitaba a alguien, y el muchacho venía a su mente cada día sin falta.


Se sorprendió al descubrirse a sí mismo sonriendo al pensar en el chico de las flores, como lo había apodado al no conocer su nombre. Y pensando en él, esperando a que le gustaran las flores que plantó sólo para él, se acercó al espejo, por inercia, y la suave sonrisa que había dibujado en su rostro se desvaneció rápidamente.


¿Era acaso lo suficientemente bueno para aquel chico? Todos los días que se acercaba a su jardín podía admirar la belleza de aquel muchacho, deleitarse con sus brillantes ojos que lucían como las estrellas que lo acompañaban, su cabello castaño le recordaba al café que Seokjin le preparó alguna vez y su sonrisa delicada y adorable le recordaba a él mismo y lo que alguna vez fue. Era debido a esto que el chico se le hacía tan hermoso y auténtico, como si no fuese real y en cambio aquel chico fuese producto de su imaginación al estar realmente solo. Sin embargo, no era una alucinación, y Taehyung había comenzado a sentirse mal pues no creía ser suficiente.


Se preguntó si al chico le gustaría su voz, aquella que se había vuelto ronca y profunda con el paso de los años y de la cual incluso había olvidado su sonido al no haberla escuchado en mucho tiempo. Quizás al chiquillo no le gustaría su cabello, podría creer que no le iba a agradar la forma de sus ojos, que su presencia no sería agradable para él.


Se preguntó si un bonito brillo iluminaría el rostro del muchacho de una forma espléndida y especial al verlo, así como a Taehyung le sucedía cuando los papeles se invertían. Se preguntó también si Taehyung llegaría a ser tan importante para el chico, así como él lo era para el príncipe.


Sentado sobre su cama, se permitió suspirar con tristeza y llegó a la conclusión de que lo único que podía hacer era admirar a aquel chico desde su ventana, en donde no pudiera verlo, guardándose sus pensamientos únicamente para él y resignándose a guardar para él mismo ese sentimiento que en su interior florecía.


Creyó que sólo debía adorar al muchacho en silencio y quizá demostrarle una pequeña parte de sus sentimientos simbólicamente a través de aquellas flores azules.


🍃🥀🍃


Al llegar la mañana, después de conversar en sueños con Seokjin, despertó y realizó su rutina con normalidad, esperando que el tiempo transcurriera con rapidez para así ver al chico de las flores por su ventana.


Esperó paciente, durante varias horas, perdiendo su mirada entre las flores que aún continuaban intactas y recibían gustosas la luz del sol.


Sin embargo, las estrellas aparecieron eventualmente y desearon reír con él, pero Taehyung no compartía el mismo sentimiento pues el chico no había llegado. Podía mirarse a sí mismo tan azul como las flores de su jardín y tan gris como el polvo que cubría los mantos sobre sus espejos. ¿Cómo era posible que aquel puntual chico no hubiese llegado ese día? Incluso las mariposas esperaron por él para volar a su alrededor como ya acostumbraban y tanto el príncipe como su hermano mayor, quien desde la luz de la luna observaba todo, no eran capaces de entender.


—Quizá… —murmuró Seokjin, haciendo que su dulce voz viajara por el viento para ser sólo escuchada por el príncipe —vendrá mañana. Quizá sí.


Sin embargo una vez la tarde siguiente se presentó, el chico tampoco llegó. Taehyung nuevamente dejó pasar aquel detalle por alto, creyendo que tal vez él tenía algo más que hacer. Y en lugar de desanimarse, se prometió plantar más flores de diferentes colores para esperar su regreso y que así pudiera llevárselas. Si habían más flores, más mariposas llegarían y jugarían con el chiquillo. Y Taehyung sería más feliz.


Pero con el pasar de los días, la ausencia del desconocido comenzó a crear una extraña ansiedad en Taehyung. ¿Era posible que aquel chicho hubiera abandonado la rutina de robarle sus flores tan pronto? ¿Tan rápido se había ido, justo cuando el príncipe preparó el jardín únicamente para él…?


—Dejaré que te lleves todas mis flores… no voy a quedarme con ninguna, pero por favor, vuelve.


Ni siquiera la luna sabía qué responderle y había mandado a callar a sus estrellas, quienes no querían reír más y ahora esperaban una noticia. Las rosas, comenzando a marchitarse, aguardaban su regreso y miraban con tristeza al príncipe que se teñía de azul, no por encantador, si no, porque la melancolía lo estaba atormentando. Necesitaba una respuesta inmediata, no podía soportar ni un minuto más no saber sobre el paradero de aquel desconocido que así como robó parte de su jardín, se llevó el corazón de Taehyung dentro de su canasta.


—No sé ni siquiera su nombre… no sé adónde ha ido… no sé si va a regresar algún día…


Cansado de esperar por él, salió del castillo. El jardín que alguna vez fue reluciente ahora se encontraba tan apagado como él, y le observó marcharse esperando verlo volver junto al chico. Las puertas estarían felices de abrirse para ambos, los pasillos esperaban llenarse de la risa del muchachito y cada joya y gema del lugar cedería el lugar del objeto más brillante del castillo a los ojos del chico. Cada mariposa aguardaba escondida y el castillo en su totalidad esperaba ver a su solitario príncipe regresar con él.


Llegó al pueblo y, desesperado por toparse con aquella inocente mirada cargada de sueños, y finalmente encontró el puesto de las flores. Sin embargo, no esperaba verlo vacío.


Cada persona a su alrededor recibió la misma pregunta y nadie era capaz de creer que el joven príncipe del que casi no se sabía nada estuviese perdiendo la paciencia al no saber dónde se encontraba el pobre muchacho que vendía flores para poder sobrevivir. Con un mal presentimiento colocando un peso sobre sus hombros, se decidió a preguntar una última vez.


—¿A dónde ha ido el chico de las flores…?


Esa noche, Seokjin no se atrevió a aparecer. Las estrellas se habían escondido y el castillo dejó de resplanceder por primera vez en muchos años.


—¿Habla de Jeon Jungkook? Él se ha ido, hace una semana. Ha muerto, príncipe Kim. ¿Lo conocía?


¿Que si lo conocía?


¿Conocía él a Jeon Jungkook?


Taehyung conocía al muchachito de sonrisa contagiosa que se robaba sus flores. Conocía al indefenso niño que no sabía de dónde provenía ni hacia dónde iba. Conocía al chico que vendía las flores que él con tanta dedicación había cuidado. Conocía el chico que le hizo plantar mil flores azules sólo para él, al chico que esperaba ver correr por los pasillos de su solitario castillo, al muchacho que lo hacía suspirar, a la persona que le hizo sonreír por primera vez.


¿Lo conocía? No realmente, pero a él le hubiera encantado.


El chico, ahora llamado Jungkook, de gestos delicados y belleza extraordinaria que había robado infinidad de sus flores había fallecido la misma noche en la que Taehyung plantó todas las flores azules para que él las pudiera vender. Aquel chico había muerto y Taehyung jamás logró escuchar cómo sonaba su voz, nunca conoció su risa, no fue capaz de decirle que lo quería.


Las mariposas se marcharon al anochecer y las flores, las jovencitas que escuchaban a Taehyung no tardaron en ponerse a sollozar cuando observaron al devastado príncipe que no hacía mayor esfuerzo por recoger los pedazos de su roto corazón. Las puertas se cerraron, quedándose con las ganas de ver pasar al joven Jeon y las gemas cesaron su brillo debido a su desilusión.


Arrepentido, teñido de azul y gris, se permitió llorar acompañado por la odiosa soledad que se negaba a abandonarlo. ¿Cómo fue capaz de no acercarse a él y hablarle cuando tuvo la oportunidad? Él había llegado sin falta e incluso en su último día de vida visitó el jardín de Taehyung, y éste lo vio marcharse convencido de que, al siguiente atardecer, lo tendría nuevamente allí. Creyó que de haberse armado de valor, pudo haber al menos movido su mano a través de su ventana y saludarlo, hacerle saber de su silenciosa existencia e invitarlo a su pequeño mundo. Pudo haberse quedado en el jardín por un poco más de tiempo y esperar por su llegada, para así conocer su nombre saliendo de sus propios labios y escuchar en primera fila la risa que tanto añoraba. Debió haberse quitado la máscara que no le permitía ser quien era y presentarse ante Jeon Jungkook con la verdad en su frente, haciéndole saber de lo que era capaz de ofrecerle.


Restaba ahora llorar, sin mucha esperanza, pues debido a no confiar en sí mismo, jamás se dio cuenta de que a Jungkook le hubiera encantado escucharlo hablar. Que él hubiera amado al príncipe de pies a cabeza aunque éste fuera callado y serio, que su existencia sería maravillosa ante sus ojos y que cada minuto juntos sería atesorado dentro de su tierno corazón. Que Jeon Jungkook pudo haber amado a Kim Taehyung de la misma forma en la que el príncipe azul y gris amaba al chico de las flores.


Sin embargo, la historia que su desesperada alma deseaba con ansias se volviera realidad para ambos, se resumió a un deseo que no pudo cumplirse. El príncipe estaba seguro de amar al chico de las flores, a pesar de que él ya no se encontraba a su alrededor.


Y era ésta, la verdad no contada.

14 июля 2021 г. 4:22:53 0 Отчет Добавить Подписаться
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☁️Nari Seok⁷ me gusta la poesía y bts <3

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