arikeldt Arikel DT

Ninguno de los dos podía evitar decir: “esa es nuestra canción” cada vez que la oían. Se habían conocido con algo de alcohol encima, y habían llevado una relación “profunda” demasiado rápido; sin embargo, aún ahora, allí estaban, cantando juntos, durmiendo juntos y completamente hipnotizados. Había sido un caos para quienes los conocían, pero todo estaba bien. De hecho, estaba mejor que nunca. * * * [Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen a Hiroyuki Imaishi y Kazuki Nakashima, pero la historia sí es totalmente mía. No se admiten plagios ni re-publicaciones]


Фанфик Аниме/Манга 18+.

#yaoi #TheDarkness #romance #r18 #ProyectoR18 #IBelieveInAThingCalledLove #GaloxLio #fluff #promare #LioFotia #GaloThymos #galio #fanfic #alternativeuniverse #boyslove
Короткий рассказ
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Capítulo único



«Creo en una cosa llamada amor».

«Solo escucha el ritmo de mi corazón».

*The darkness – I believe in a thing called love*



Cuando Lio Fotia era pequeño, su madre le dijo que al encontrar al amor de su vida, su corazón se saltaría un latido.

Le dijo: «Sabrás que esa persona es la correcta, un “algo” desde muy adentro, te lo hará saber».

Ahora, años después, no había ni rastro de aquel supuesto amor.

La vida de Lio se basaba en pequeñas presentaciones junto a su banda, tocar en pequeños festivales, en bares, y de vez en cuando algún cliente local los contrataba para amenizar alguna reunión de amigos o familia.

La música formaba parte de su alma y hacía vibrar las cuerdas de su corazón de maneras inimaginables. Solo había sentido eso cuando paseaba con su motocicleta apretando el acelerador y casi perdiendo el control con la velocidad, sintiendo el ronroneo del metal y dejando que el viento poderoso se abra a su paso.

A veces, al mirar las estrellas por la noche, creía que su moto y la música eran «el amor de su vida», aquel que tenía la facultad de detener su corazón por un instante y elevar su mente a las nubes; y que, quizá, nunca existiría una persona de carne y hueso capaz de hacerle vibrar de esa manera.

Alguna vez en el pasado había sentido aquella vibración añorada durante su primer orgasmo con un «alguien» cuyo nombre ya no recordaba claramente.

Hubiera creído, quizá, que ese «alguien» era el amor que su madre le había predicho, pero cuando lo pensó mejor, supo que no.

Aquella persona le había llevado a la cama en una noche alcoholizada y le había desvestido a medias, concentrándose en culminar pronto y saciarse a sí mismo.

No podía ser la pareja ideal, no para Lio, quien a la mañana siguiente de aquel acto, se arregló la ropa y salió de aquel auto sin mirar atrás.

A partir de ese día, el sexo había sido relativamente bueno en comparación de la primera vez. Había dormido con dos personas distintas hasta ahora, nada especialmente serio.

Lio no pudo llamar a ninguno «amor», y es que ninguno le hacía sentir lo que su madre decía, al menos no fuera de una cama. Entre sábanas el acto era caliente, húmedo y satisfactorio; fuera de ellas, no había emoción alguna.

Si iba a tener una pareja alguna vez, Lio se juraba que la persona en cuestión debía ser asombrosamente asombrosa.

Arrasadora.

Abrasadora.

Abrumadora y encantadora.

Debía hacerle creer en el amor y debía hacerle temblar las rodillas con una sola mirada.

Era exagerado, quizá.

Era idealista y poco concreto, quizá.

Pero nunca había amado, y le gustaba imaginar que «la fuerza más poderosa del mundo» debía ser igual que un tornado poderoso, como un tifón imparable.

Lio era paciente y era joven, sabía que había tiempo de sobra para hallar a la persona que le movería el piso y que le provocaría mini-infartos dentro y fuera de una cama, así que no se desvivía buscándola.

Sin embargo, un día, su paciencia fue sorpresivamente recompensada.


«Galo Thymos».


Así se llamaba.

Allí, bajo el escenario, y en primera fila, saltando, sonriendo, riendo y enloqueciendo, gritando a todo pulmón la canción que Lio cantaba, Galo Thymos disfrutaba con todo su ser el concierto a campo abierto del festival en turno.

Y entonces, Lio supo que era cierto.

Un mini-infarto le hizo alejar el micrófono de su rostro.

Meis, su segundo vocal, continuó haciendo el trabajo y el público siguió en lo suyo, sin tomarle mucha importancia a que Lio se aleje un poco para tomar algo de agua.

Al pasar el mini-infarto, su corazón se convirtió en una estepa verde, fresca y virgen; y en ella, caballos salvajes galoparon frenéticamente, libres y fuertes.

El chico de mirada de cielo bajo el escenario lo estudiaba a detalle, Lio se preguntó si con solo verle a los ojos sabría lo que le había provocado. Tuvo miedo, pero no alejó la mirada, se observaron tanto y tan intensamente, que la chica junto al desconocido ladrón de corazones le dio un codazo a éste.

Lio reaccionó también con ese golpe, tomó un sorbo más de agua y siguió con la presentación.

Al finalizar, detrás del escenario otra banda esperaba su momento de brillar, así que Lio y su grupo dieron las gracias y se despidieron envueltos en aplausos y felices por su propio desempeño y por el calor del público.

Lio le dio una última mirada al desconocido antes de bajar del escenario, sus ojos se encontraron con la asombrosa vista de un pecho fuerte y hermoso. El desconocido se había quitado la camisa y los caballos salvajes en el pecho de Lio enloquecieron.

Quería verlo de cerca, tocarlo, pasar sus dedos y sus labios por aquel pecho fuerte y por aquellos abdominales de envidia, pero se contuvo y se marchó de allí para darse un baño y cambiarse la ropa.

Aquel día, Meis y Gueira, su guitarrista y su baterista, celebraban su aniversario, y eso solo significaba una cosa, Lio, como buen líder de banda y buen amigo, tendría que mantenerse fuera de la cámper.

Los chicos necesitarían algo de privacidad y seguramente serían muy ruidosos, o al menos Meis lo sería, y Lio no quería ganarse un concierto gratuito de gemidos, gruñidos y «aplausos», no los de ese tipo de aplausos provocados por el choque frenético e indecente de pieles, así que se propuso tomar algo y disfrutar de un paseo nocturno por el festival.

Tomaba una cerveza viendo a lo lejos a la muchedumbre saltar, cantar y reír, cuando esos ojos azules aparecieron en su campo de visión.

En la sección de bebidas, comprando algunas cervezas junto a un colorido grupo de amigos, el ladrón de su corazón lo miraba fijamente.

¿Desde cuándo lo había estado mirando?

Lio no lo sabía, pero quería creer que no le vio batallar con el cierre de su chaqueta de cuero al intentar quitársela hace un par de minutos.

Desvió la mirada intentando mantener la compostura, pero le fue imposible, los amigos del muchacho conversaban amenamente mientras éste se entretenía escudriñándole.

Valiente, como siempre, Lio lo llamó.

El chico pegó un brinco y se enderezó en su lugar, miró a todos lados y luego volvió a mirarlo.

Lio volvió a llamarlo con una mano, y rió al ver al chico correr hacia él.


«Me gusta un tonto».


Pensó Lio, pero no le importó. El tonto en cuestión, parecía uno divertido, alegre y fresco.

—Soy Galo Thymos… —le dijo el chico, dándole un efusivo y casi doloroso apretón de manos—. Soy guitarrista.

Lio quiso reír ante la coincidencia.

—Soy Lio Fotia… —respondió—. Y… estoy buscando un guitarrista.

Galo se sentó junto a él, su emoción era palpable.

—Lo sé, escuché algo de eso hace rato.

—¿Te interesa?

—Claro que sí. ¿Cuándo empiezo?

—Tranquilo, Galo, primero te escuchamos tocar y luego lo conversamos. ¿De acuerdo?

—Claro… —le dijo Galo, dándole un gran sorbo a la cerveza que sostenía entre sus manos.

Los ojos de Galo eran como estrellas, brillaban intensamente, por el alcohol o por la emoción, solo dios sabía.

Lio lo observaba en silencio y pudo, disimuladamente, acercarse un poco más a su cuerpo. El calor que emanaba le hizo morderse los labios.

—Yo te amo… —le dijo Galo, con palabras rápidas y con voz temblorosa—. Tus canciones, quiero decir… —sus ojos se angustiaron, como si hubiera dicho algo impensable—. Amo tus… canciones. Solo eso. Y tus… bueno… tus…

Las palabras murieron en su boca.

Lio lo miraba fijamente y notó que los ojos de Galo viajaban por su rostro, embelesados y ebrios, quería reírse un poco de él, pero solo sonrió y le dio las gracias.


«Pídele su número».


Gritaba el corazón de Lio.


«No, que él te lo pida primero».


Le decía su cabeza.

Pero, vamos.

Lio era todo, menos un cobarde.

—¿Quieres venir conmigo? —le preguntó Lio, acercándose a su oído—. A un lugar… privado.

Galo estuvo a punto de atragantarse con el aire.

—Quiero, sí, mucho… —le dijo, visiblemente emocionado.

Un segundo después, Lio sintió su mano ser tomada, y solo supo que Galo se lo llevaba al estacionamiento de las cámper.

—Está cerca, por aquí, o quizá por acá… —le decía Galo, tirando de su mano sin cuidado—. Podemos ir a tomar unas cervezas… y, no sé… tomar cervezas… y así.

—Y conocernos, quizá.

—Sí, eso también. Y muchos besos.

—¿Qué?

—Que podríamos darnos… muchos…

Galo pareció reaccionar por un instante, se detuvo frente a una cámper y se giró a verlo.

—No es que quiera besarte.

—Claro, yo tampoco… —le dijo Lio, mirando el piso y ya sin importarle sus latidos desenfrenados.

¿Eran sus latidos los que parecían tambores de guerra?

¿O eran los de Galo?

No importaba, se quedaron en silencio por un instante, y para cuando la puerta de la cámper fue abierta al fin, Galo ya besaba su cuello con desesperación.

Sus besos eran sedientos, húmedos y agresivos.

Sus manos y sus caricias eran firmes, Lio apenas tuvo el tiempo de ver bien cómo era el lugar por dentro antes de sentir el colchón hundirse bajo su espalda.

—Espera, por favor… —le pidió, pero era imposible detener a Galo, no cuando éste había descubierto algún tipo de sabor frutal y afrodisiaco en la piel de Lio—. No muerdas, Galo, no. Dientes no.

—Lo siento.

El aliento de su acompañante era todo lo que estaba bien en el mundo. Hizo que la piel de Lio se erizara y le hizo retorcerse y empujarse contra el cuerpo ajeno.

Lio podía sentir a través de su ropa la excitación de Galo restregándose contra él. Los dientes de Galo se marcaban en sus hombros, y solo entonces Lio supo que su camiseta negra, aquella que no tenía mangas, había sido rota y hecha jirones.

Galo era insaciable, recorría su cuerpo con sus manos duras, acariciaba su pecho, lamía y chupaba con fuerza, lo lastimaba y al mismo tiempo lo desarmaba.

Lio ya no pensaba, había dejado de hacerlo en cuanto sintió los labios de Galo estamparse contra los suyos.


«No pasa nada».


Se decía a sí mismo.


«Al menos sé su nombre, no es un completo desconocido. Sé su nombre y sé a qué se dedica».


Se afirmaba.

Sus pantalones bajaron por sus piernas en ese instante, y Lio terminó de quitárselos mientras veía a Galo desabrochar su propio cinturón.

—Esto no está bien… —le decía Galo, sin dejar de desvestirse—. Quiero conocerte mejor. Eres asombroso, fuerte, magnífico, imponente. Quiero conocerte.

—Yo igual, quiero…

Su voz se perdió, Galo lo estaba besando de nuevo, quitándole el aliento y envolviendo con una de sus manos su mejilla, acariciándosela para luego pasar a su nuca y evitar su huida.

Las piernas de Lio se abrieron más, Galo se acomodó entre ellas y Lio pudo sentir toda su desnudez frotándose contra la suya que estaba tan sensible.

Fue asombroso.

Jamás había sentido esa excitación y esa expectativa, quería sentirlo por completo y quería que lo destrozara.

¿Acaso tenía que pedírselo para que entrara de una buena vez?

Estaba considerando hacerlo cuando sintió los dedos de Galo frotando uno de sus pezones, su espalda se arqueó por instinto y su boca se abrió en un jadeo delicioso.

Galo alejó su rostro y lo observó con cuidado, sus ojos, nublados por el placer, parecían cuerdos y ya no ebrios, Lio temió por un instante que esa mirada profunda y comprometida significara que se había acabado, pero no fue así.

Su pezón sensible fue atrapado por la boca suave y mojada de Galo, quien succionó fuerte y jaló el pequeño trozo de carne entre sus labios.

—No dientes, Galo, no… —le pidió Lio una vez más, con la voz entrecortada y aferrando sus manos a la sábana.

Estaba delirando por completo y su cabeza no hacía otra cosa que desearlo más.

Casi podía sentir sus caderas elevándose, rogando por un poco de lo que Galo tenía entre sus piernas, aquel trozo caliente que provocaba escalofríos y salivación en Lio.

Quería tocarlo, quería tenerlo y lo quería ahora. De lo contrario, sabía que enloquecería.

Sin embargo, Galo se tomó su tiempo para saborearlo y comérselo.

Sus labios húmedos chuparon sus pezones hasta dejarlos extremadamente sensibles y mojados, luego, bajó entre húmedos besos hacia sus costillas, deleitándose con la suavidad, con los latidos que retumbaban incluso en el tórax pálido y pequeño de Lio, y con la curva deliciosa que formaban sus huesos dando paso a su vientre.

Dio un beso aquí, y allá, mientras Lio estrujaba la sábana, luego tomó aquellas piernas hermosas entre sus manos y las abrió aún más.

Lio quiso detenerlo, quiso decirle que no era necesario, que él quería tomar la batuta, recostarlo, probarlo con su boca y hacerle sentir bien, pero la boca de Galo envolviéndolo allí abajo le hizo echar el cuello hacia atrás y jadear con fuerza.

Era terriblemente caliente, rápido, rudo y dulce. Aquella boca era tan húmeda, que Lio sintió que lo derretía y que convertía su intimidad en fluidos viscosos que al contacto con su piel solo hacían que se emocionara más.

La succión era asombrosa, la lengua de Galo envolviéndose en su intimidad le hizo delirar e imaginar todo lo que podría hacer esa maravillosa lengua en otros lugares, incluida su boca.

La velocidad aumentó y la fuerza también, Lio jadeaba y luchaba por atrapar algo de aire para sus pulmones, sentía que se asfixiaba y la sensación lo excitaba.

—Por favor… —logró decirle, pero Galo chupó fuerte, provocando sonidos indecentes y haciéndole gimotear—. Por favor… —le rogó—. Vas a matarme.

Galo sonrió, su velocidad aminoró y pasó lenta y húmedamente a darle un beso maravilloso a la suave forma del hueso de la cadera izquierda de Lio. Un beso pegajoso y dulce, mezcla de labios y dientes que mordieron fuerte y que le hicieron derretirse aún más allí abajo.

Lo siguiente fue el clímax.

Dedos adentrándose en su piel y boca chupando su carne, Galo volvió a chupar y lamer mientras colaba sus dedos en su interior y preparaba la sensible zona de Lio con esmero y casi obsesión.

Lio no lo soportó.

Sus músculos se tensaron y su placer se liberó entre gemidos y vibraciones, era como una moto ronroneando.

Sus dedos acariciaron las estrellas por un instante bello, y gritó el nombre de Galo, mientras éste deleitaba su vista con la semilla de Lio adornando aquellas caderas estrechas, aquel vientre suave y aquel pecho de pezones sensiblemente despiertos.

Con esa visión magnífica, Galo no se detuvo, de hecho, avivó sus fuerzas y sus ansias al tope, e hizo que su acompañante le suplicara más y que llorara al hacerlo por largos y deliciosos minutos, hasta cansarse, hasta que la excitación y el hambre le dolieron.

—Eres tan malo… —le recriminó Lio, al verse liberado de las múltiples atenciones de pronto—. Por favor… ya… dame…

Galo le sonrió, acercó su boca a la suya y le dio un beso duro y asfixiante, Lio lo empujó con brusquedad, no quería besos, quería tocar estrellas una vez más, y las quería ya.

No tuvo que esperar más, luego de un beso mojado a uno de sus pezones, Galo se enderezó, jaló hacia él las caderas de Lio, acomodó su deseo en dirección al hambriento agujero y se adentró por completo hasta el fondo, hasta sacarle jadeos y hacerle temblar.

No le dio respiro, Lio había disfrutado, ahora era su turno. Atacó sin contemplaciones y casi sin cuidado, se hundía por completo rápido, duro y violento hasta verse completamente engullido y hasta ver fluidos salpicando por doquier.

—No… basta…

Lio le suplicaba, sin embargo, sus manos abrían más sus propias piernas, ofreciéndole su humedad caliente con una grata bienvenida.

Galo atacó sin misericordia y dejó que su deseo explotara dentro de Lio y lo llenara de su semilla espesa.

Lio se retorció, sus caderas no dejaban de moverse, quería más, quería que Galo lo partiera, quería tocarse y quería tomar con su boca aquella gran y poderosa arma que lo había dejado extasiado sobre la cama.

Galo lo observaba desde su privilegiado lugar, enderezado y con una vista asombrosa del cuerpo precioso y vibrante bajo él. Pudo ver a Lio acariciándose a sí mismo con lentitud y fuerza, pudo verle masturbarse un poco y pudo ver sus bellas pestañas adornando sus ojos cerrados.

Su paciencia se acabó al ver a Lio morderse los labios y echar el cuello hacia atrás mientras sus manos hacían círculos en sus pezones despiertos y ansiosos que rogaban besos.

Tomó sus caderas y volvió a meterse hasta su alma misma, le hizo gritar y le hizo maldecir. Le cubrió la boca con la mano y le vio casi morir.


«El corazón se salta un latido cuando se conoce a la persona amada».


Escuchó alguna vez.

Ahora podía decir que había hecho que Lio se saltara latidos y enloqueciera y se derritiera por dentro.

Sabía que estaba mal, por supuesto que sí.

Él quería ser para Lio alguien en quien confiar, alguien importante. Algo más que solo un amigo o una calentura.

Y, sin embargo, allí estaba ahora, a la mañana siguiente, abrazando el frágil y exquisito cuerpo de su pequeño Lio y esperando que ese momento nunca acabara.

—No tienes que abrazarme tan fuerte… —le dijo Lio, con los ojos cerrados y con una pequeña sonrisa adornando sus labios maltratados—. No voy a irme a ningún sitio.

—Lo siento… —se disculpó Galo—. Quiero decirte, que esto… eso que pasó anoche… no es… no significa que tengamos un… algo… es decir, no es un compromiso, no es…

Lio lo miró fijamente.

Sabía que Galo estaba asustado y nervioso, su pecho fuerte, que ahora él usaba como almohada, parecía un tambor poderoso y gigante.

—Lo mismo digo… —le susurró—. Escucha, Galo. Durmamos un poco más, luego… no sé, podemos comer algo, y después… no sé… no tengo planes para hoy.

—Tampoco yo… —le dijo Galo, emocionado y sonriente—. Por qué… ¿Por qué no salimos? Juntos, quiero decir, un rato, no sé… un paseo… por el pueblo, o algo. Sé que te gustan las motos, tengo una moto… te la enseño… solo si quieres…

—Me encantaría.

La sonrisa de Galo a partir de ese día se volvió más que solo familiar para Lio y sus mañanas, sus tardes y sus noches.

Galo era demoledor, abrumador y radiante. Era como un sol fuerte que llenaba de vida, de calor y de semen el cuerpo de Lio.

Poco a poco, o quizá velozmente, se dijeron aquello.


«Creo en una cosa llamada amor».


Quizá solo era porque esa noche escuchaban juntos en el techo del cámper aquella canción, o quizá era por la tranquilidad nocturna y las estrellas perfectas titilando a lo lejos.

Justin Hawkins, el vocalista de «The darkness» decía: «No puedo explicar todos los sentimientos que me haces sentir», y Galo sonreía, porque Lio era lo más hermoso y lo más perfecto que había visto en su vida, y porque era inexplicablemente grandioso pasar sus días y sus noches con él.


«Mi corazón está a toda marcha, y tú estás al volante».


Decía la canción, y Lio se enderezaba, se acomodaba sobre él, casi recostándose sobre su pecho, y le robaba un beso.

—Solo escucha el ritmo de mi corazón… —le susurraba, y Galo profundizaba el beso.

Porque esos caballos galopantes y ese tambor poderoso, esos dos corazones que latían desenfrenados y enloquecidos, tenían una sincronización preciosa. Eran un equipo ahora, uno inseparable.






Fin.



* * * * * * * * * *

Hola~

¡Gracias por leer!

Pd: Éste one-shot fue partícipe del Proyecto R18 organizado por la página Promare Latinoamérica en Facebook. Fue un placer poder participar y aportar mi flamita de Promare al fandom.

* * * * * * * * * *



21 июня 2021 г. 22:10:45 0 Отчет Добавить Подписаться
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Arikel DT * 1-6-96 * Multishipper

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