samsam Samantha Hirszenberg

Min Yoon Gi está dispuesto a proteger a Jeon Jung Kook, el actor promesa del cine terrorífico. Sin embargo, alguien parece haber cambiado el guión de su historia y a su personaje principal. Por eso es que hará lo que esté en sus manos, hasta recuperar al verdadero protagonista. ፧ ੈ Categoría: Misterio | Psicológico ፧ ੈ Pareja: YoonKook ⚘YoonGi Top! ⚘JungKook Bttm! ፧ ੈ Edición: 03042021 ፧ ੈ Publicación: 08042021 ፧ ੈ Gráficos: io 💕


Фанфик Группы / Singers 13+.

#oscuro #terror #misterio #drama #bts #yoonkook
Короткий рассказ
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Único

—¿Qué les pasa a todos hoy? —pregunta Yoon Gi, con toda la intención en la quijada por ser amable. Algunos escuchan su pregunta, sin embargo, fingen que no lo han hecho, para evitar el mal augurio que traería la respuesta consigo.


El estudio de grabación está sumido en un ambiente tenso, y Yoon Gi se da cuenta de inmediato. Llama al asistente del director, y pregunta por lo que pasa. A lo lejos, Jung Kook está parado en medio de la sala, con la mirada oscura y siniestra perdida en un pequeño ramo de flores rojo.


—Alguien le dio lirios rojos a Jung Kook —exclama en un susurro, como si el simple hecho de pronunciar ese nombre, fuese a desencadenar a todos los males del mundo. Yoon Gi regresa la mirada al chico, su semblante impasible de siempre está perdido en el ramo, pero casi podría jurar que sus manos están temblando con genuino terror.


En una situación cualquiera, recibir flores es signo de que está haciendo bien su trabajo. Que el público ama su actuación y lo que está haciendo con Igarashi Juudai, el protagonista de su película.


Pero los lirios rojos tenían una connotación diferente.


Porque alguien le estaba diciendo, desde el fondo de un corazón resentido y malvado:


"Espero que te mueras muy pronto".


O, en ocasiones todavía más drásticas:


"Yo causaré tu muerte pronto".


Yoon Gi comprende la gravedad del asunto. ¿Cómo era posible que a los de seguridad se les pasara un intruso?, ¿y cómo era todavía más pensable, el hecho de que le dejaran hacer amenazas a sus anchas? La indignación llega hasta su pecho con una rapidez casi sofocante.


Es una broma de pésimo gusto —exclama Tae Hyung, mientras revuelve más papeles para entregarlos si bien pueda al director; los demás trabajadores parecen desear pasar de página lo más rápido posible, sin reparar en las emociones del joven actor—, a la gente le urge conseguirse una vida.


Yoon Gi observa al asistente perderse entre los demás empleados del estudio de grabación y hace amago de acercarse al chiquillo. Sin embargo, algo lo detiene. Quizá es la misma mirada de muerte que carga, o peor, la cobardía que llega a su propio corazón, cuando un par de cristalinas lágrimas rodaron por sus mejillas, como polizones. ¿Estaría él tan aterrado?; Para un chico joven, que se había mudado a Seúl solo, sin padres ni una familia que velara por él en los peores momentos; Supuso que la amenaza de muerte, repercutía de formas todavía más profundas. ¿Sería la incertidumbre y la inseguridad lo que le hacía temblar?


De inmediato el director Jung se indigna, diciendo que quien sea el responsable de la bromita, será castigado severamente. Habla por un par de minutos con el chico, diciéndole que él mismo le ayudará a poner una demanda hacia cualquier persona que ose acosarle. Jung Kook solo puedo asentir en silencio, apenado por la incómoda situación en la que ha metido a todo su equipo de trabajo. Yoon Gi lo observa asentir, entre hipidos, incapaz de soltar el horrible ramo de entre los dedos. La superstición es incluso tan grande y tan temible, que nadie se digna a quitarle el ramo de las manos; por eso se ha quedado allí, sosteniendo un regalo tan horrible, como si cargara con él una enorme vergüenza, con todos y cada uno de sus pecados.


Avanza entre los trabajadores como un condenado a muerte.


Es entonces cuando Yoon Gi ya no pude retener sus acciones, por lo que avanza a grandes zancadas para llegar hasta en donde el chico comienza a guardar sus cosas para ir a casa. Estira un brazo para llamar su atención con dos suaves golpecitos en su hombro. Eso es suficiente para hacerlo saltar en su lugar. Cuando vuelve la mirada, a Yoon Gi se le rompe el corazón, por ver a aquellos orbes brillosos de llanto, aterrorizados, indignados. Tiene la nariz roja y aún sorbe una ligera congestión de vez en cuando. Jeon Jung Kook es la imagen de la inocencia... Y Yoon Gi siente tanta pena por él en este momento.


—H- hola, hyung... —balbucea en un susurro— Ya estaba por irme. Lamento hacerle trabajar un día más debido a mí.


Exclama sus palabras con sumo respeto, genuinamente apenado por retrasar las grabaciones. Pero ahora tiene la cara hinchada y no servirá de nada rodar de esa manera. Por eso es que se tomará el día, en lo que pensaba cómo reunirá el valor para ir hasta la prefectura policial para denunciar el asunto del acoso.


—Esto no es tu culpa, Kook —exclama Yoon Gi con mucha suavidad. Como si quisiera que el confort llegara al chico solo por medio de su voz—. Son gente con un pésimo sentido del humor. —Su corazón comienza a latir muy fuerte. Para qué mentir, cuando Yoon Gi ha caído rendido ante el chico desde mucho antes de que él fuera ascendido a asistente primero. Deja caer su cuerpo en el asiento de al lado, sintiendo cómo Jung Kook se pone rígido ante la cercanía, lo cierto es que toda la situación lo está dejando cada vez más huraño. Las primeras veces, cuando solo eran notas en la puerta de su camerino, o anuncios en alguna página cutre de internet, podía fingir que nada sucedía. Pero este acosador había llegado demasiado lejos. Mientras más papeles de renombre consiguiese, más frecuentes se hacían las amenazas de este tipo. Yoon Gi había presenciado cómo en todas y cada una de las ocasiones, las bromas ponían en extremo incómodo a Jung Kook.


—La verdad, hyung... —dijo Jung Kook sin conectarle la mirada. Siempre con los ojos clavados en aquel ramo borgoña que le amenaza—. Tengo mucho miedo —admite— se supone que las bromas sean divertidas. ¿Qué he hecho de mal para que me quieran muerto?


Entonces Jung Kook se atreve con mucha timidez a conectar la mirada con Yoon Gi, quien no sabe qué contestar ante tan inminente pregunta. Hasta donde Min sabe, Jung Kook es solo un muchacho como cualquiera, no es una mala persona, y suele tratar a los demás con amabilidad, pese a su timidez fuera de las cámaras. Yoon Gi deja salir una mirada filosa, furiosa, pensando en lo injustas que podían ser las personas a veces.


—Nada, Jung Kook —asegura—, no has hecho absolutamente nada, a veces la gente disfruta ser cruel con los demás. —Entonces, sin que el chico se lo espere, le toma de la mano muy suavemente, y con un movimiento rápido, le quita el ramo de flores de las manos—. Yo llevaré estas por ti —le dice.


—¡No, hyung! Es mi mal augurio, tendrá mala suerte si las toca.


Yoon Gi ignora la incertidumbre en la mirada del joven actor. Se aproxima suavemente a su oído para susurrarle un par de palabras, que, a partir de entonces, los convertiría en verdaderos cómplices de un mal inmerecido.


—Seamos desafortunados juntos, ¿te parece?


📷

Al salir del estudio, los flashes de los paparazis les atacan intempestivamente. La mayoría intrigados por los lirios rojos que lleva uno de los acompañantes de la estrella principal de la película. De inmediato los titulares son enviados.


"¿El afamado actor promesa, Jeon Jung Kook, ha sido amenazado de muerte?".


Pese al miedo, toma sus cosas dispuesto a entrar al auto de su chofer de más grande confianza. Un solo segundo. Basta un solo segundo de Yoon Gi mirando el rostro del chofer, para saber que nada está bien, que algo se ha roto, aún si no se ha escuchado el ruido de algo romperse; y no puede evitar sentirse como un animal en alerta, dispuesto a mostrar los dientes al menor indicio de peligro.


—Ven conmigo —exclama Min, al filo de la ventana del auto. No quiere hacer contacto visual con el conductor, por miedo a confirmar sus sospechas, pero lo único que necesita es que Jung Kook baje de ese auto en ese mismo momento, que cierre la puerta y le siga—. Olvidé hablarte de algo... es muy importante.


Jung Kook da la señal al chofer para que lo espere, pero Yoon Gi interrumpe.


—No te preocupes —exclama con una perfecta sonrisa—, yo te llevaré a casa.


No quiere verificar en el rostro del chofer el enojo, pero el tiempo que se tarda en contestar, le dan una idea de que sus sospechas no son tan infundadas como piensa. Por eso es que toma la aceptación de Jung Kook como una victoria. Basta una señal del actor, para que el chofer avance vacío, dejándole a cargo del hombre; y Yoon Gi se siente aliviado. No entiende la razón, pero era aquella parte irracional la que ahora dominaba su mente, era la incertidumbre quien atendía a sus llamados.


De pronto, todos son enemigos, todos son sospechosos, cualquier mirada mínimamente extraña, es de temer, de poco fiar. Y su corazón lo resiente, golpeando incesantemente contra sus costillas.


—Las flores me inquietan —aún las lleva en el bolsillo. Min no se ha atrevido a tirarlas, por petición del mismo Jung Kook. Todos saben que si tiras un ramo de lirios rojos, te esperará la muerte como castigo por rechazar su obsequio. El temor de Jeon se ha manifestado en orbes aterrados y amenazas de llanto a la menor oportunidad, por eso es que Yoon Gi no se atreve a tirarlas, por respeto a las creencias de Jung Kook, por una prudencia que cree innecesaria, pero que de todas maneras practica—. Me hace sentir un poco mejor que usted las lleve, ya sabe... Si una persona fuerte las tiene, quizá no...


—Son solo supersticiones, Jeon. No tienes que darle tantas vueltas —exclama Yoon Gi, mientras mira a los alrededores, como si temiese que en cualquier momento algún maleficio fuese a saltar sobre ellos—. Si aún las llevo en las manos, es porque tú me lo pediste, nada más. No quiero incomodarte.


—Eres tan bueno, hyung... Eres un hombre realmente bueno. —Min camina, cada vez un poco más relajado con la situación. De vez en cuando, no puede evitar mirar hacia ambos lados, per la compañía de Jung Kook parece hacer todo más ameno—. ¿Pero no son las flores las que cubren nuestros putrefactos cuerpos al morir? Es por eso que me mandaron flores, porque me quieren muerto. No puedo pensar en ellas sin traer a la muerte a mi mente.


—No, esa no es la idea que debes resguardar.


—¿Entonces cuál es? —cuestiona, con la indignación raspando tras su paladar—. No importa a donde vaya, siempre hay alguien que quiere arruinarme. A estas alturas... No sé si vale la pena seguir con todo esto.


—Solo fue un mal día. Eso no significa que esta sea una mala vida. Mañana, te compraré unas flores verdaderamente hermosas, unas que te hagan justicia.


—¿No es irónico? Las flores nacen en la tierra, y nosotros las arrancamos. Supongo que... por eso, ahí estarán, en nuestro entierro... por venganza. —Lo observa caminar entre los callejones, con la mirada gacha, hay una ligera frustración en sus orbes, está insatisfecho, frustrado.


—Nadie te quiere muerto, Kook —asegura Min— Mañana mismo harás lo que dijo el director, irás a poner esa demanda. Quien sea que se esté gastando las energías para molestarte, merece estar tras las rejas.


—¿Qué puede saber usted, Hyung? —De pronto Jung Kook le dedica una mirada de muerte, de desprecio, es difícil de describir, pero pareciera que el niño dulce ya no está allí, sino que ha sido reemplazado por un ser mucho más perverso; pero Yoon Gi no se deja engañar por lo que la obscuridad quiere hacer con su mente. Por eso se obliga a respirar con tranquilidad, para seguir escuchando al muchacho, sin que piense que algo raro sucede con él—. Nunca ha sido acosado. Nunca ha vivido con el miedo de ser el blanco de atrocidades a la menor oportunidad. Yo no pedí estas malditas flores, y aún así aparecen en mi puerta, diciéndome que mi vida está acabada, sin importar hacia dónde camine. ¿Cómo se supone que avance con esto?


Min se siente ahogar ante los reproches. No tiene con qué defenderse. Desde que llegó a Seúl desde su pequeño hogar en Daegu, había tenido la suerte de que nadie lo había molestado. Consiguió rápido un empleo en el estudio de grabación y vivió sus días con tranquilidad. ¿Por qué de pronto se siente... culpable?


De pronto la mirada dulce regresa. Jung Kook parece haber regresado de algún lugar desconocido y distante.


—Estarás bien. No dejaré que nada ni nadie te lastime.


Jung Kook no parece convencido. Avanza unos pasos, dando vuelta en un callejón, dejando atrás a Yoon. Quizá está furioso, por la idea de ser observado, custodiado. Yoon Gi se siente hervir cuando él comienza a huir tan despreocupadamente.


—¿Qué es lo que haces ahora, Jung Kook? —Al dar la vuelta, en aquel tugurio de obscuridad, llama por él, con el corazón bombeando a cada segundo. No hay nadie. El callejón está vacío—, ¿Kook?


Un sonido horrible. Como carne que choca, como dientes que rechinan, como una coraza que se rompe. Entonces todo se vuelve obscuridad, porque Yoon Gi de pronto está sumido en un terrible sueño del que no despierta pronto.


📷

Se despierta en la mañana, con la sensación de entumecimiento dominando la parte superior de su cuerpo. Imágenes borrosas. Es la sensación de que algo está mal consigo mismo o con el mundo que le rodea. Se levanta con la mente pelmaza, dispuesto a vestirse, pues es tarde y no quiere llegar retrasado al trabajo. Toma su maletín y revisa que todo esté en orden para salir. No olvida las llaves, ni la chaqueta, por si en la tarde cuando regrese hace frío. Sale de la habitación y recuerda que no lleva el teléfono en los bolsillos, la sensación pelmaza no abandona las yemas de sus dedos. Revisa el maletín y el tacto de algo suave y húmedo lo desconcierta.


Un ramo de flores.


Lirios rojos.


Están marchitos. De pronto su mente quiere recordar algo, ¿lirios rojos?, ¿cómo habían llegado ellos allí?


No sabe por qué, pero no los suelta, como si una voluntad interna le impidiera hacerlo. Como si alguien en algún lugar del mundo le hubiese encargado el no soltarlos, pero... ¿para qué?


Uno de sus compañeros, el encargado de la cámara, se da cuenta de lo que tiene en las manos y le dedica una sonrisa cómplice que Yoon Gi no comprende.


—¿A quién vas a conquistar hoy, galán? —le dice a tono de burla, con una confianza serena. El director le dedica una mirada divertida, mientras recibe un par de papeles de su asistente—, aunque deberías asegurarte de que las flores que le des a tu ser amado, no estén marchitas, no vaya a ser que mandes el mensaje equivocado.


—Yo no... —Las flores siguen entre sus manos, siente su tacto, es tan real. Pero es como si algo estuviera mal, como si algo se hubiese roto. Entonces llega un poco de lucidez a su mente amoratada de sueño... Cierto, hoy debían continuar con la grabación de "Querido Kafka", lo que significaba que el actor principal está a punto de entrar por esa puerta. Actor principal que conoce desde hace un par de años, pero del que, curiosamente, no recuerda ni el nombre...


Por la puerta entra un rubio de anchos labios, saludando a todos con cordialidad—. ¿Quién es él, Director Kim?


El hombre le mira con consternación. Arruga un poco las cejas, incrédulo de las bromas de Min.


—Muchacho... ¿Quién más va a ser? Es Ji Min... El protagonista de la película en la que has trabajado los últimos nueve meses... ¿no te suena? —dice en tono burlón—. Basta de bromas, debemos empezar a grabar en unos momentos y no quiero retrasos.


Yoon Gi se siente mareado. Es como si no coincidiera nada en su mundo. Sin embargo, guarda sus cosas en el casillero que le corresponde, al otro lado del estudio, y con la misma consternación, regresa a su sitio. En ningún momento ha podido soltar las flores, no quiere hacerlo. Siente que si lo hace, algo realmente catastrófico ocurrirá con su mente.


"¿Qué he hecho de mal para que me quieran muerto?"


La voz llega a sus memorias de improvisto. Pero esa voz solo lo hace sentirse confundido. ¿El conoce a alguien con esa voz?, ¿por qué aquellas ornamentaciones resultan tan familiares?


El actor principal se le acerca con alegría y le dedica una sonrisa, como si le conociera de toda la vida, pero no puede reconocerle, por más que se esfuerza.


—¡Yoon Gi hyung! Trabajemos duro hoy —exclama Park Ji Min, el... ¿protagonista de la película?, mientras le extiende una mano a modo de saludo. Min toma su mano y devuelve el saludo, sin salir nunca de su estupefacción.


"Estarás bien, no dejaré que nada ni nadie te lastime"


Ahora es su propia voz la que escucha, como en un recuerdo.


El equipo procede a la grabación de la película. El protagonista es un inocente muchacho que vive en las calles de Tokyo, huérfano, abandonado, manda una carta a alguien que admira, pero esta persona nunca le responde... Es como esa persona en sus recuerdos difusos, que le intenta dar un mensaje, pero por más que lo intenta, no logra recibir el mensaje. La película salió de un libro, un libro que leyó en su adolescencia. Un libro que no había pedido, pero que había llegado como un regalo de cumpleaños no deseado...


Yoon Gi recuerda haber leído ese libro a inicios de su adolescencia, cuando se sentía demasiado solo en las grandes calles de Seúl... Había un protagonista, Igarashi Juudai, —hasta el nombre le resulta insulso como si no le perteneciera al actor que se acaba de retirar, sacudiendo la mano en modo de despedida—, un chico de labios pequeños, con grandes ojos de cordero que encandilaban a todo aquel que le mirara. Él mismo estaba enamorado del personaje principal; Para ser honestos, Park Ji Min no se parece en nada al protagonista. Y aunque no logra recordar aquello que lucha tanto por recordar, decide que Ji Min no es digno de ser el protagonista para "Querido Kafka". Ji Min no es, ni nunca será Igarashi Juudai.


Por eso maquila un plan perfecto, en el que ese impostor desaparecerá para siempre.


Quizá de esa manera, le devuelvan al verdadero protagonista de la historia.


Al terminar las grabaciones del día, día en que todo se ha sentido como incorrecto, como erróneo, se sube al auto, y lo único que tiene que hacer, es esperar a que el chico aborde en él. Entonces Yoon Gi podrá hacer justicia por todo aquello que siente, le han robado. Igarashi Juudai no es Park Ji Min.


Pero uno de los acompañantes, una persona al lado del pequeño actor, le mira a los ojos y reconoce ese terror como si lo hubiese vivido en carne propia. Ha sospechado de sus planes.


—Ven conmigo —escucha decir al chico desconocido, quien le habla al actor impostor con mucha urgencia—, necesito decirte algo, es muy importante.


Entonces el impostor le dice que siga adelante, que no subirá al coche. Y Yoon Gi se siente rabiar. Ha fallado. Los mira alejarse entre los callejones de la ciudad, malnacidos, se han escapado.


"¿No es irónico? Las flores nacen en la tierra, y nosotros las arrancamos. Supongo que... por eso, ahí estarán, en nuestro entierro... por venganza".


Esa vocecilla... ¿Cómo podía ignorarla cuando estaba presenciando una inminente injusticia? El robo de una identidad que merecía ser castigado.


—No te preocupes, Jung Kook... —dice al volante, victorioso de saborear su nombre entre los labios; mira las flores que lleva aún entre las manos y las asienta en el lugar del copiloto. Arranca, sin perder nunca de vista el lugar exacto en que el actor falso y su acompañante han doblado—, solo tengo que intentar otra vez, hasta encontrar el final correcto.


Un final en el que las flores que nunca pedimos... No lleguen a nosotros.






16062021 | Love, Sam.

📷
16 июня 2021 г. 21:33:07 0 Отчет Добавить Подписаться
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Samantha Hirszenberg ♥️ Soy Sam Hirszenberg, es un gusto conocerte.

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