uncronopio Frank Verlaine

La vida de un jovencito inglés cambiará por completo, cuando una extraña pesadilla lo empuje a cometer horripilantes actos.


Ужасы Готический ужас 18+.

#347 #343 #295
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El Suspiro Eterno.

Sucedió durante la noche.

Me encontraba yo en la víspera de un sueño tranquilo y reparador luego de un día francamente terrible. Todavía me acompañaban los fantasmas de la muerte de mi querida madre y mi mente navegaba espesa y confusa.

Es verdad que había pasado más de un mes desde aquello, pero no es tan sencillo olvidarse de algunas cosas. Mucho menos cuando aquel recuerdo estaba siempre fresco y visible, empotrado en el patio de nuestra casa.

Pero bien, continúo: me desvestí con pereza, apagué las lámparas y me dejé caer dentro de la cama. Dormía yo profundamente cuando me asaltó un sueño espantoso.

Es imposible describirlo con precisión, pero intentaré hacerlo de un modo claro. Recomiendo usar un poco la imaginación, puesto que muchos de los pasajes de este sueño fueron delirios de una naturaleza tan extraña y onírica que no podrían ser descritos con palabras: aunque espantoso es el sinónimo más apropiado.

El sueño fue, de hecho, tan intenso que todavía siento el sudor frío sobre las llanuras de mi espalda.

En esta fantasía, corría como un desquiciado por los amplios pasillos de nuestra gigantesca casa. Huía aturdido atravesando los umbrales de mi mente, los umbrales de esta casa fúnebre.

Una voz se internaba en mi cabeza. Su eco me tronaba dentro como un alarido en una cueva.

¿De quién era esa voz en mi cabeza?

Érase suave y bella, como un poema ardiente y apasionado. Como una llama. Una llama que no lo calcinaba a uno. Lo bendecía.

Atravesaba la puerta custodiada por nuestro guardián de ébano y me desplomaba en el patio de la casa. El mismo patio que puedo vislumbrar desde las bahías de mi propia cama mediante el impío cristal de la ventana.

El patio. ¡Ese patio!

Me bañaba el sudor y mis ojos no podían, o no querían; no podían abrirse. Mis ojos no veían la realidad tangible. No eran capaces.

Mis ojos se hallaban nublados con la inacabable película del horror y el sufrimiento. Pero de un momento a otro podía abrirlos. Estaba nuevamente libre.

Cuando esto sucedía, la voz extraña me invadía de nuevo. La exaltación ya no me afectaba, no podía perturbarme. Y la voz hablaba de nuevo, esta vez en un idioma familiar.

Era cándida y no me abordaba en ráfagas. Era una súplica acompañada del extraño y tribal sonido de un tambor. Una voz ritual y sopesada, tranquila, pura.

Sus inflexiones me recordaban a un corazón. Era como el latido de un corazón, dilatada y fluctuante, como un eco reverberando en cúpulas interminables.

Verdaderamente espeluznante.

Y parecía reclamarme algo ¿Qué cosa?

Por momentos se mecía entre el fervor de mi locura y dejaba de oírla. Se ocultaba tras la niebla de un pensamiento inconcebible por una mente sana.

¿Qué decía? ¿Qué hiciera que cosa? ¡Entonces fue reconocible!

Pero no podía ser ella. Era improbable.

Y deseaba un favor extraño. Me pedía que usara mis manos. Insistente, me obligaba a cumplir sus extraños designios.

¡Sorpresa!

De repente, y sin aviso, me encontraba cavando sin descanso, atravesando piedra y húmeda tierra. Poseído por un impulso más fuerte y más grande que la vida misma.

Pronto…

Cada vez más cerca…

Por fin tocaba madera.

La voz persistía con su empeño y me arrastraba hacia el confín de un ataúd.

Entonces la tapa se deslizaba con un graznido estremecedor. Y el corazón me galopaba con tanta brutalidad que parecía salirse en cualquier instante de mi pecho.

Llegaba por fin al destino que esa voz misteriosamente familiar me tenía preparado.

El silencio.

La voz me abandonaba al mismo tiempo que recogía aquel cuerpo.

Ahora caminaba. Arrastraba ese cadáver por el patio y nos dirigíamos al grandioso árbol de ciruelas, aquel ciruelo.

Caminaba hacia el ciruelo.

Bebíamos del arroyo que recorre las verdes tierras del rey. Como dos pares, como madre e hijo. Y de sopetón ¡La mañana!

Era de día y estaba despierto. Y el cuerpo me pesaba. Y los ojos me dolían y el aliento apenas acudía a mis pulmones para suspirar pesadamente.

Las manos me ardían. Y el sueño seguía allí, como una imagen suspendida en un recuerdo de lo inmediato.

Entonces una voz. Un grito increíble. Varios gritos y puertas abriéndose y cerrándose.

Gritos y más gritos. Un llanto.

¿Pero qué era esto? ¿Por qué oía ese llanto?

Era Cathy, era su voz de terciopelo.

Algo terrible había sucedido.

La voz recorría la casa incrementando su desesperada campana. No tardaría en llegar donde mi afligido cuerpo descansaba. —¿Qué ha sucedido, Cathy?—le dije. Pero mi querida hermana no respondió.

Su piel estaba demasiado pálida.

Me miraba con terror, con la mirada del ratón que se figura devorado por el gato. Sus ojos bailaban y rebotaban como dos esferas. Dos esferas blancas y brillantes, relampagueantes.

El cuerpo le temblaba.

—¡Mi Catherine! ¿Qué ha sucedido?

—Se trata de Mamá, William. Ha desaparecido.




16 февраля 2021 г. 5:24:06 0 Отчет Добавить Подписаться
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Об авторе

Frank Verlaine En este perfil amamos los gatos ❤🐱 Pseudo escritor de ficción, horrores y próximamente fantasía. Mis autores favoritos: • George Orwell • H.G. Wells • Charles Dickens • Emily Brontë • Mary Shelley • Ernesto Sabato • John William Polidori • William Burroughs • James Herbert • Bioy Casares Mis bandas preferidas: • The Clash • Carpenters • The Cars • Pulp • Velvet Underground • Stereolab

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