yunijm Yun ♡

En Wattpad: @YuniJM AVISO: Si no te agrada este tipo de contenido o no sigues algún shipp te pido por favor que retires, este no es el contenido que quieres leer. --------------- • Contenido homosexual • Shipp principal: KookV/KookTae • Shipps secundarios: Namjin, Yoonmin. • Contenido adulto 🔞 Sinopsis: Jeon Jungkook, heredero de Conglomerados Jeon, es un joven de 25 años reconocido en el mundo de la industria restaurantera como uno de los empresarios más importantes e influyentes de todo país, siempre reconocido por su disciplina y talento para los negocios. Kim Taehyung, de 27 años, es un joven artista y aspirante a ser un pintor reconocido; Taehyung es un alma libre, un ser apasioando por lo que hace y también es el hijo menor del dueño de Transportes Lyak, una de las empresas más importantes del país. Ambas empresas se ven en la necesidad de unir fuerzas, haciendolo de la forma tradicional. Y así es como Jungkook y Taehyung, los hijos menores de cada familia, son obligados a contraer matrimonio. ¿Podrán estos dos chicos con personalidades tan diferentes al final enamorarse? ©️ Foto edit en la portada, a quien corresponda. 🚫 No copias 🚫 No adaptaciones 🚫 No re-subir en ningún otro sitio


Фанфик Знаменитости 18+.

#kpop #boyslove #yaoi #bl #bangtan # #taehyung #jungkook #bts #vkook #kookv #taekook
37
1.0k ПРОСМОТРОВ
В процессе - Новая глава Каждое воскресенье
reading time
AA Поделиться

• 1 •

Era un miércoles temprano por la mañana, el clima era bastante caluroso para mi gusto pero parecía agradable a pesar de eso.
Detuve el auto cuando vi que el semáforo había cambiado a rojo y ocupé ese momento para relajarme; bajé la ventanilla y respiré profundo hasta que mis pulmones se llenaron de aire fresco. ¡Qué bien se sentía tener estos momentos para mí! Aunque fueran sólo unos pocos segundos. ¿Cuándo tendría tiempo para hacer esto otra vez?

A mis 25 años, ya era un reconocido empresario en el mundo de los negocios por mis aportes a la industria de alimentos. La mayoría del tiempo administraba los restaurantes élite de mi padre y, por si fuera poco, también estudiaba.

Muchos se preguntaban cómo era que no cedía ante el sinfín de trabajo y responsabilidades que cargaba en mi espalda a mi corta edad, pero siendo realistas, todo esto era bastante normal para mí: no tener tiempo para nada.

Recientemente había llegado de una larga estancia en el extranjero, había terminado una especialidad en administración de empresas porque mi padre se había empeñado en que necesitaba obtener más conocimiento sobre el negocio familiar ya que, a su criterio, yo era muy joven todavía y en algún momento, cuando la empresa cayera en mis manos, sería totalmente mi responsabilidad no llevarla a la bancarrota.

Mi padre es ese tipo de hombre que no sabía como equilibrar su vida laboral y su vida personal, es un completo adicto al trabajo. Y yo era muy parecido a él.

En casa lo veía pocas veces al mes ya que siempre estaba haciendo negocios dentro y fuera del país. Por ello, mis esfuerzos se concentraban solamente en mí, ya que mi madre tampoco era muy presente en mi vida que digamos. Siempre se encontraba en clubs con sus amigas y llevando al límite las tarjetas de crédito haciendo compras en todas las tiendas élite del mundo.
Mientras mis padres vivían sus propias vidas, yo me dedicaba a mis responsabilidades personales y a mis asuntos en la empresa, porque aunque no fuera mi pasión dirigir una corporación familiar, era lo único que sabía hacer y en lo que era demasiado bueno.

Mi padre siempre había sido un hombre duro y estricto desde que tengo memoria, nunca demostraba sus verdaderas emociones y tampoco su afecto. Más allá de darme elogios por mi buen desempeño escolar y ahora laboral, yo nunca había recibido de su parte un trato emotivo por el simple hecho de ser su hijo.

Cuando era un niño, recordaba no poder salir a jugar con los otros infantes que conocía o que vivían cerca de mi casa porque yo tenía deberes distintos a todos ellos: tenía que estudiar japonés, inglés, matemáticas, ciencias, música, historia... siempre encarcelado en las cuatro paredes de mi hogar. Tampoco recuerdo tener verdaderos amigos, porque mi padre decía que no estábamos al mismo nivel y no debía mezclarme con ellos. Y tristemente la realidad de mi vida me golpeó cuando fui adolescente. Asistí a una escuela privada y estaba muy emocionado porque por fin tenía la posibilidad de conocer a algunas personas nuevas, hacer amigos, pero me di cuenta de cuan falsa podía ser la gente, quienes sólo buscaban mi poder o mi dinero. Las pocas personas que conocí eran horribles y egoístas. Siempre buscaban un beneficio para ellos y nada más.

Por eso, ahora prefería una vida solitaria. No me gustaba pensar en otras personas y en sus complicadas vidas comunes. Ya eran demasiado estresantes mis días para estarme preocupando por los de otros.

El semáforo por fin cambió a verde y aceleré el auto de nuevo. Después de unos minutos, doblé en la esquina y enseguida pude ver a lo lejos el gran edificio de Conglomerados Jeon, mi lugar de trabajo. O tendría que decir... ¿Mi propio infierno?

Conforme me aceraba al estacionamiento sentía como si una cuerda apretara mi cuello y me asfixiara poco a poco. Era como si dejara de ser yo, como si otro Jungkook emergiera cuando estaba en ese lugar.

Vivir con toda esa carga de trabajo, de responsabilidades, de compromisos, de sonrisas falsas y de miradas hipócritas de todos a mi alrededor, me asfixiaba. ¿De verdad quería vivir así toda mi vida? La respuesta era, no. Pero no era como que tuviera otra opción, había nacido y crecido en esta jaula de oro y estaba encarcelado en ella de por vida.

— Sr. Jeon, permítame — dijo Han-Neul para abrirme la puerta en cuanto aparqué el auto — ¿Cómo amaneció hoy, señor?

— Igual que siempre Han-Neul — salí del auto — Vivo — seguí caminando hasta el ascensor. Los dos entramos a éste y ella se adelantó a marcar el piso treinta en el tablero con números brillantes que indicaban la extensión del edificio. La miré de inmediato, temiendo que se hubiera equivocado de piso, ya que ese no era nuestro destino habitual, ahí no se encontraba mi oficina.

— Su padre está aquí, señor — ella se apresuró a decir al ver mi confuso semblante. Pude notar como Han-Neul se hizo pequeña al pronunciar esas palabras. Y no me extrañaba, esa era la clase de sensación que las personas sentían al estar cerca de mi padre. Y bueno, tampoco me sorprendería que los empleados tuvieran esa misma sensación también conmigo, ya que yo era un vivo ejemplo de él — Lo está esperando en la sala de juntas.

— ¿Mi padre? ¿Por qué está aquí? — ahora íbamos en el piso quince — Pensé que estaba de viaje con los inversionistas suizos. Estoy seguro que me dijo que llegaría hasta dentro de dos días.

— Así teníamos entendido nosotros también, señor. — me explicó — Nos tomó de sorpresa a todos cuando llegó sin previo aviso junto a su madre. Pensé que usted estaba enterado. Incluso nos ordenó preparar un banquete.

— ¿Un banquete? — exclamé extrañado.

— Sí señor. Es lo único que sé. — en eso las puertas del elevador se abrieron y yo salí inmediatamente y ella detrás mío. Han-Neul extendió sus manos hacía mí y me tendió un saco de color oscuro que hacía juego con mi poco formal atuendo. Al parecer ella me leía el pensamiento y había preparado esto para salvarme de la junta de empresarios que me esperaba sin previo aviso y en donde era obvio que no combinaba con la etiqueta de tal evento. Ella era bastante competente.

Han-Neul había sido mi secretaria durante los últimos cuatro años. Habíamos trabajado juntos bastante bien desde el principio y consideraba que hacíamos un gran equipo. Ella era una persona muy tímida. Y ambos teníamos la misma edad pero ella siempre me hablaba con honoríficos, aunque recuerdo que en alguna ocasión le había pedido que me hablara casualmente. Pero ella solo ignoró mi petición.

Han-Neul sólo hablaba cuando tenía algo que decir y me daba mi espacio si es que no la necesitaba. Era definitivamente perfecta para mí, al menos en el ámbito laboral, y en verdad le había tomado un gran cariño. Aunque claro, eso nunca se lo diría. Esperaba sinceramente que con el aumento que le daba cada año sintiera mi afecto y agradecimiento a su excelente trabajo y lealtad a mí.

Tomé el saco negro que Han-Neul había preparado para mí y me lo coloqué de un sólo movimiento, luego me aproximé a la sala de juntas.

— ¡Suerte, señor! — me animó Han-Neul.

— Siempre la tengo, Han-Neul— respiré hondo antes de abrir la puerta — Siempre la tengo.

El gran salón de paredes blancas y decorado con enseres caoba oscuro, se iluminaba por los rayos de sol que entraban desde un enorme ventanal con una hermosa vista a Seúl. Una gran mesa rectangular se encontraba en el centro de éste, rebosante de platillos deliciosos y sotisficados, y yacía rodeada de ocho sillas de las cuales, sólo seis estaban ocupadas.

Reconocí a mi padre en la silla del anfitrión, de espaldas a mi dirección. A su derecha estaba mi madre, como de costumbre. Ambos parecían estar de buen humor pues se dirigían alegres y sonrientes a los cuatro invitados que estaban frente a ellos y que yo desconocía.

El primero, era un viejo tal vez un par de años más grande que mi padre. El hombre se encontraba sentado en el extremo opuesto a mi padre, destacando su autoridad y que él era la cabeza de su familia. En el rostro se le veían muchas arrugas, tenía la piel bronceada y en su cabeza predominaba su cabello canoso. Sus manos juntas sobre la mesa estaban cerradas en puños. Definitivamente era un hombre imponente y duro, igual que mi padre. Podía reconocerlo.

A su derecha, estaba una mujer mucho más joven de complexión delgada, de buena estatura, piel blanca como la leche, cabello lacio y suelto, más no desalineado, y llevaba un vestido blanco con brillos deslumbrantes muy elegante. Parecía salida de una revista de moda.

El que le seguía era un chico más joven, tal vez unos 30 años. Era un hombre serio y reservado, por lo que alcanzaba a observar. Parecía todo un hombre de negocios; joven, sí, pero competente en lo que hacía, sin duda. Éste se mantenía atento a la conversación de los mayores y sólo se limitaba a sonreír si era necesario. Mantenía la charla fluyendo y daba sus comentarios elocuentemente. En cuanto a su físico, podía observar que tenía hombros muy anchos y parecía ser muy alto, además de que era muy bien parecido.

Y por último estaba otro chico de nuevo, tal vez de mi edad. El chico tenía cabello café oscuro y ondulado que le caía hasta los ojos. Se veía de un buen físico; no era musculoso ni tenía los hombros anchos como el otro tipo, pero tenía un buen cuerpo. Era alto, calculaba que tendríamos la misma estatura; y tenía que decir que, aunque no era mi estilo, vestía bastante bien. El susodicho llevaba algo menos formal que los demás ahí presentes y lo hacía destacar del grupo. Él no usaba traje ni corbata como todos nosotros sino algo más sencillo: un pantalón casual de vestir color café y un suéter de tela delgada color amarillo tierra.

El castaño se encontraba callado y quieto en su asiento, tal vez demasiado a comparación de la conversación que estaba dándose frente a él. Éste se mantenía mirando sus pies y moviendo sus manos. Parecía simplemente estar en su mundo.

¿Qué estaría pensando? Me pregunté de pronto.

El chico misterioso cruzó los brazos a la altura de su pecho y luego dirigió su vista al gran ventanal en donde yo estaba parado desde hace un par de minutos. Acto seguido, clavó sus ojos en mí.

Tenía una cara pequeña a comparación de su cuerpo. Los cabellos tapaban su frente pero aún podía ver sus ojos cafés como el chocolate. Su piel blanca era como la de su madre, brillaba cegadora al encontrarse con la luz del sol que golpeaba su rostro perfecto. Sus facciones finas, su nariz proporcionada y sus labios tan rosas como una flor silvestre, adornaban su anatomía a la perfección.

¿Por qué este chico me había dejado sin aliento de pronto?

El castaño de ojos encantadores apartó sus ojos de mi y yo me concentré en respirar, ya que por un minuto no había entrado aire a mis pulmones.

El chico murmuró algo a los demás, pero no alcancé a entenderlo. Supuse que avisó a los otros de que había llegado. Y como sospeché, su acto hizo alertar a los demás de mi presencia y pronto todas las miradas se posaron sobre mi.

— ¡Jungkook-ah! — saludó mi madre en cuanto me vio en la habitación — Ven, siéntate. — me señaló la silla justo frente al chico de cabellos ondulados — Pensé que no llegarías nunca, hemos estado ya un tiempo esperándote.

— Lo siento, madre. — me dirigí a ocupar la silla que me había indicado ella — Me disculpo con ustedes y sus invitados. No quise hacerlos esperar pero no estaba al tanto de que vendrían hoy. De otra manera, hubiera llegado a tiempo para acompañarlos.

— Está bien, hijo. — me tomó del hombro cuando estuve sentado a su lado — Lo que importa es que ya estás aquí.

— Te presentaré a nuestros invitados. — dijo mi padre. Prosiguió a levantarse de su asiento y extendió su mano al primer hombre, el más viejo — Este es Kim Hyun Choi, dueño de Transportes Lyak. El Sr. Kim y yo, hemos sido amigos durante más de 40 años pero temo que no lo conocías porque somos hombres bastante ocupados al parecer. — sonrió breve hacía su amigo y él le devolvió el gesto.

— Es un placer conocerlo, Sr. Kim. — hice una reverencia — Mi nombre es Jeon Jungkook.

— Lo sé, muchacho. — dijo el Sr. Kim — Tu padre me ha hablado mucho de ti. Es un gran orgullo que sigas los pasos de tu padre y su magnífica trayectoria. Sé que llevaremos esta empresa hacia el éxito en el futuro.

¿Llevaremos? me pregunté mentalmente, confundido.

— Ella es mi esposa, la Sra. Kim Yang Mi. — señaló a la dama junto a él.

— Un placer conocerla, Sra. Kim. Es de verdad una mujer muy bella.

— ¡Qué joven tan encantador! — la mujer llevó sus manos al rostro emocionada al escuchar mi cumplido — Definitivamente, eres perfecto para él.— agregó.

¿Por qué todo lo que decía esta familia eran cosas sin sentido? ¿Para quién se supone que debería ser perfecto? Aunque estábamos todos presentes ahí, sólo uno tenía la expresión similar a la mía, el castaño de ojos altaneros. Los demás no se inmutaron con el comentario que acababa de escuchar, así que consideré que yo era el que estaba imaginando cosas.

— Este es mi hijo mayor, Kim SeokJin — el más viejo señaló al joven de hombros anchos — Recientemente ha tomado el cargo de CEO de mi empresa, ya que yo he tenido problemas médicos. Lo está haciendo excelente. Estoy muy orgulloso de él.

El chico sonrió a su padre en respuesta a sus palabras benevolentes. Se notaba que le gustaba ser reconocido por él.

—El honor es mío, padre. — le respondió el tal SeokJin.

El Sr. Kim le sonrió por última vez y después se dirigió otra vez a mí — Y por último, Jungkook, te presento a mi hijo menor, Kim Taehyung.

Yo inmediatamente mostré mi respeto e hice una reverencia hacia él y dije — Es un placer.

El chico castaño se levantó de su asiento y me devolvió el saludo con una reverencia corta sin siquiera mirarme a los ojos.

"Que descortés es este tipo" pensé.

Aprovechando ahora que podía verlo mejor, era algunos centímetros más alto que yo pero no había mucha diferencia. Además me percaté que había tenido un error: su piel no era tan blanquecina como la de su madre, sino que tenía un toque bronceado claro, como el de su padre. Pero no le hacía ver mal, sino todo lo contrario. Se veía bastante bien parecido ante mis ojos. Por alguna razón no podía dejar de mirarlo.

¿Quién era este chico? ¿Por qué lo encontraba tan hermoso? ¿Por qué me había dejado sin aliento al instante en que lo conocí?

¿Qué pasaba conmigo?

Bien, ahora que nos hemos presentado. Me gustaría hablarles del motivo por el que estamos aquí — continúo hablando mi padre esta vez — Sé que algunos probablemente no estarán enterados de la desafortunada crisis por la que está atravesando Transportes Lyak, pero es terriblemente grave — hizo una pequeña pausa y continuó — El Sr. Kim sabe la importancia de mantener la vida de su empresa, no sólo por su propio beneficio, sino también pensando en las miles de familias que dependen de su marca y trabajan para él. Por ello, él ha acudido a mí y solicitado mi apoyo. Pero, sabemos que alianzas como estas no son tan fáciles ya que, la intención no es comprar Transportes Lyak, sino unir ambas empresas de alguna manera.

— ¿Y ya han considerado alguna manera de unir ambas corporaciones? — preguntó SeokJin, atento a la plática.

— De hecho, sí — respondió el Sr. Kim — Lo haremos de la manera tradicional, a través del matrimonio.

¿Matrimonio, dijo? ¿Habré escuchado mal?

— Hemos decidió que el hijo menor de cada familia deberán casarse — continúo explicando mi padre — De esa manera, Transportes Lyak y Conglomerados Jeon serán familias empresariales aliadas.

— ¡¿QUÉ?! — Taehyung y yo gritamos al unísono. Ambos nos levantamos de nuestros asientos casi al mismo tiempo, sorprendidos por lo que acabábamos de escuchar.

— ¡Padre, ¿pero qué dices?! — alcé la voz — ¿Casarme con él? ¿Estás loco?

Mi padre frunció el ceño y cerró los puños sobre la mesa — No me hables en ese tono — me ordenó, molesto.

— Él tiene razón. — dijo de pronto Taehyung. Noté que de alguna manera nos habíamos convertido en una especie de equipo, ya que obvio que ninguno se quería casar con el otro — ¿Están todos locos? — ahora se dirigía a sus padres — ¡Somos hombres! ¿Cómo podríamos casarnos? — me miró fugazmente y luego de nuevo se dirigió a ellos — No lo haré. ¡Me niego rotundamente a casarme con un hombre a quien no conozco, todo por tu empresa de la que ni siquiera soy parte y no tengo la más mínima intención de serlo! — empezó a caminar hacia la salida — Me largo de aquí.

Por alguna razón quise seguirlo, pero mis pies no se movieron del piso.

— ¡Alto ahí, Taehyung! — esta vez era la Sra. Yang Mi, la madre de Taehyung. El castaño ya tenía una mano en la manija de la puerta, pero se detuvo al escuchar a su madre.

— Taehyung, si te vas por esa puerta, despídete de tu sueño de ser el mejor pintor del país — le amenazó la mujer de rasgos delicados — Si la empresa quiebra, ¿cómo esperas que continuemos financiando tus estudios de arte y tus costosos viajes por el mundo?

Taehyung apretó tan fuerte la manija de la puerta que no me hubiera sorprendido si ésta se hubiera hecho añicos.

— No pueden obligarme a hacer esto — dijo él con voz temblorosa.

— No tenemos opción. — contestó su madre de nuevo — Debes ayudar a tu familia. Tienes que hacer esto por todos nosotros. No es momento de ser egoístas.

— Yo tampoco quiero hacerlo — intervine, cuando recordé que yo era el otro implicado en el asunto, no sólo Taehyung. — No quiero casarme. No lo haré.

— Lo harás, Jungkook. Porque ya lo he decidido — habló mi padre y yo no pude responder ante eso. No podía desobedecerlo, de verdad no podía. — Uniremos a nuestras familias a través de su matrimonio y punto. No hay más que discutir.

Por un momento sentí compasión de Taehyung, quien se encaminaba derrotado y con la mirada en el piso al lugar que ocupaba frente a mi. Ambos de pronto nos habíamos visto envueltos en esta inesperada situación en donde estábamos siendo manipulados por nuestros padres para sus propios beneficios, nunca pensando en nuestros sentimientos.

Pero fue la primera vez que me di cuenta del talento qué tenía el castaño para sacarme de quicio.

— ¿Y cuándo será nuestra boda? — dijo Taehyung en modo burlón — Digo, tenemos que buscarle un lindo vestido de novia — dijo refiriéndose a mí.

— ¿Disculpa? — Lo fulminé con la mirada y susurré bajo, aunque estaba seguro que me alcanzó a escuchar — Idiota.

— La boda se llevará a cabo este fin de semana — contestó mi padre antes de que pudiera decir algo más — Será algo pequeño, íntimo entre ambas familias.

— No tienen de qué preocuparse — habló mi madre — Nosotras nos ocuparemos de todos los preparativos que sean necesarios. Ustedes no tienen que hacer nada más que asistir y firmar esos papeles.

— Así es — la Sra. Kim entró en la plática — Dejen todo en nuestras manos. Por ahora, su única preocupación deberá ser conocerse el uno al otro. Y nada más.

Taehyung y yo cruzamos miradas, sus ojos cafés se encontraron con los míos y mi respiración volvió a verse agitada. Era notable que yo no era de su agrado ya que podía sentir que su mirada llegaba hasta mí rostro cual cuchillos asesinos.

Pero sinceramente, no me importó.

Al fin al cabo, el sentimiento era mutuo. Él tampoco me agrada. O eso pensaba...


Nos leemos luego ♡...

5 февраля 2021 г. 7:25:30 0 Отчет Добавить Подписаться
3
Прочтите следующую главу • 2 •

Прокомментируйте

Отправить!
Нет комментариев. Будьте первым!
~

Вы наслаждаетесь чтением?

У вас все ещё остались 7 главы в этой истории.
Чтобы продолжить, пожалуйста, зарегистрируйтесь или войдите. Бесплатно!

Войти через Facebook Войти через Twitter

или используйте обычную регистрационную форму