louvant Winifreda

Es una iglesia de romances quemados Y estoy demasiado lejos para rezar Es una canción solista Y es solo para valientes. ➤KookTae/TaeKook. ➤Escenas sexuales explícitas.


Фанфик Группы / Singers Всех возростов.

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Première Partie: Secret Love Song.

❝Es obvio que estás destinado para mí, cada parte de ti encaja perfectamente. Cada segundo, cada pensamiento. Estoy tan enamorado, pero nunca lo demuestro en mi cara. Pero nosotros sabemos esto, tenemos un amor sin hogar, ¿Por qué no puedes abrazarme en la calle?, ¿Por qué no puedo besarte en la pista de baile? Desearía que pudiera ser así, ¿Por qué no puede ser así? Porque soy tuyo.❞

-Secret Love Song, Little Mix.






Era de noche, estaban sentados a la par mientras sus manos estaban entrelazadas y el sonido de la ventisca era más fuerte que la conversación de los protagonistas de la serie en la televisión.


Hay momentos en los que Taehyung se siente como un completo niño, en los brazos de alguien que también está creciendo, aprendiendo, descubriendo.


“Quiero bailar”, Jungkook susurra cerca, Taehyung le sonríe de lado y lo observa. El menor es una hermosura, incluso cuando su edad no sobrepasa los dieciocho años y aún está en un proceso de crecimiento que es notorio. No puede comprender cuándo ni cómo, pero está enamorado, y lo sabe.


Lo sabe por la forma en que su estómago revolotea cada vez que ve al muchacho de ojos redondos y grandes observarlo como si adorara cada parte de su existencia, como si no hubiera más en el mundo que ellos.


Sus pasos son un tanto torpes. Se toman de las manos y se abrazan mientras se mecen al ritmo de sus respiraciones. No hay música, solo ellos. Adolescentes hormonales que ahora no sabían cómo reaccionar a que su mundo se había vuelto un completo caos.


La puerta se abre y los murmullos acaban, se separan al instante y sueltan sus manos mirando al piso.


“¿Qué estaban haciendo?”, Namjoon cuestiona, con el ceño fruncido. Acaricia su propio cabello y suspira, porque sabe que los menores de la banda no hacen más que quererse en silencio.


“Nada”, responde Taehyung, poniéndose delante de Jungkook. El menor se encoje en su lugar al sentirse protegido por su hyung de ojos bonitos y sonrisa cuadrada.


“Estaban abrazados mientras bailaban”, dice Namjoon, como si nadie pudiera darse cuenta de la situación.


“¿Y qué? Somos amigos, hyung”, contesta Jungkook, casi sin aliento. Sus ojos se cierran al escuchar la risa del líder.


“¿Por qué no dicen que se quieren? Y ya está”, Namjoon se carcajea y se acerca a los muchachos, palmeando sus espaldas.


Esperaban un regaño, gritos, quizás incluso un golpe. No saben si es real lo que sucede, pero el sonido de las risas del grupo de jóvenes que ahora está sentado alrededor, mientras comen y llenan sus estómagos después de un largo días, parece ser lo más genuino que han vivido fuera de su relación.


“¿Cuándo pasó?”, Jimin suelta cuando la habitación se vuelve silenciosa. “¿Por qué no me dijeron?”.


“Vamos, Jimin-ah”, Yoongi le dice riendo. “¿No te diste cuenta? Ellos eran demasiado obvios”.


“Pero quería saberlo por ellos, se supone que somos amigos”, responde el muchacho mirando a Taehyung, con sus ojos tristes enfocados en la asustada mirada del Kim menor.


“Teníamos miedo”, responde Jungkook. “Teníamos miedo de sus reacciones, pensamos que se lo tomarían mal y por eso decidimos mantenerlo en secreto, el tiempo que fuera necesario”.


“No sabes lo horrible que ha sido tener que escondernos”, Taehyung le dice dejando los palillos en la mesa. “Ojalá pudiéramos decirles a todos que nos queremos, ojalá pudiera saberlo Army”.


“No podemos hacer eso”, contesta Namjoon. Seokjin niega y Yoongi se encoje de hombros. “No podemos porque si lo hacemos entonces no llegaremos a ninguna parte”.


Fue complicado desde un principio. Aceptar que amarse no era un problema. Comprender que lo que sentían no era antinatural y mucho menos una aberración, porque ellos no lo eligieron, de otra forma, Taehyung estaba seguro de que la heterosexualidad era más fácil y habría ido por ese camino.


Pero allí estaba, sintiendo la respiración de Jungkook en su pecho, con el sonido de los autos afuera.


Cansado, pero sabiendo que no había mejor cosa en el mundo, que sentirse amado y amar. Sobre todo si Jungkook estaba con él.


Es el 2016 cuando ambos se sonríen el uno al otro y pueden hacerlo con una tranquilidad fingida, porque estar en el escenario es mucho más complicado de lo que pensaron.


Observarse en el escenario parece ser un problema para el equipo y sus ojos se delatan entre sí, porque esas miradas no son del todo amistosas; pues, aunque mil veces les repitieran que las interacciones debían terminar, sus cuerpos por inercia se acercaban a su hogar, al lugar en donde se sentían bien, y ciertamente, eso era en donde su amado se encontraba.


Ahora que están detrás de las bambalinas, Jungkook observa a su alrededor esperando que no haya ninguna cámara. Mira hacia el cuerpo de Taehyung y el mayor corre hacia él para abrazarlo. Ha sido un día largo.


“Sepárense”, escuchan, no saben de dónde viene, pero lo suponen, así que se sueltan y se miran con ojos tristes. “En casa pueden hacer lo que quieran, ahora no”, asienten, sumisos y callados ante lo que su corazón les indica como injusticia pura.


Es un dolor que les hace terminar con la garganta en un nudo. Quieren llorar y cuando se miran, saben que están a punto de soltar la carga que recae en sus espaldas, pero cuando logran rozar sus manos sin que nadie se dé cuenta, entonces vuelven a salir, una y otra vez, intentando no pensar en el amor que sienten, mucho menos en cuánto desean besarse frente a todos, bailar abrazados, sonreírse sin sentir que es demasiado para la gente, para ellos mismos.


Hay veces en las que son descarados el uno con el otro, y es casi gracioso ver las escenas en donde son reprendidos y se sonríen, aceptando todo por un poco de cariño público.


Hay momentos en los que deciden no hacer caso a los gruñidos enojados, a los gritos. Juntan sus frentes y sonríen, se cuidan, se miman con los ojos, logrando el calor que buscan encontrar en medio de aquel muerto paraíso.


“No quiero sentirme de esta forma”, Taehyung susurra. “Estoy cansado”.


“¿De mí?”, cuestiona Jungkook. Taehyung niega al instante, porque no desea permitir que Jungkook siquiera piense en algo como aquello.


¿Cómo podría cansarse de él? De sus manos recorriendo su espalda mientras le sonríe en medio del amor que crean juntos. De sus sonrisas ladinas y descaradas cuando ambos se encuentran separados de todo el mundo, pero juntos, a fin de cuentas. De sus labios dulces besando sus mejillas, su rostro entero.


“¿De nosotros?”, vuelve a negar, porque no se trata de ambos, y es horrible que su cansancio lo sobrepase.


“De ellos”, responde. “Amo lo que hacemos, amo cantar, amo verte cantar y bailar, sonreírle a la cámara. Amo todo esto”, observa a su alrededor. “Pero desearía poder besarte en la calle, sonreírte sin recibir un regaño. Quiero abrazarte con todas mis fuerzas, demostrarte lo que somos fuera de estas cuatro paredes”.


“No podemos, hyung”, responde el chico. “Y no hablemos de eso, no quiero llorar hoy. Hoy no, por favor”, Taehyung asiente, porque no quiere que su peso cubra a su niño también. Desea que el muchacho se mantenga concentrado en ser lo que planea, en crecer y mostrarse como el hombre maduro en el que se está convirtiendo. “A veces siento que te molesta que me acerque al resto, pero lo hago porque no puedo tenerte a ti allá afuera”.


“No me molesta que te acerques al resto, ¿qué clase de persona sería si así fuera? Un completo idiota”, hace una pausa para respirar. “Me molesta que ellos pueden hacer contigo lo que yo no”, Jungkook asiente, comprende esa sensación llena de celos, y ni siquiera sobre su pareja, sino a base de las circunstancias que los rodean. “Soy un tonto, por ti”, le sonríe dejando un casto beso en sus labios.


La cama siempre es demasiado amplia, y hay una mitad que no es usada, porque se duermen tan abrazados, que con tal de aprovechar la cercanía que pueden tener por las noches, son capaces de soportar el calor y la sofocación, mientras sus corazones se mantengan cálidos y ardientes por el otro.

No todo es color de rosas, no.


Hay días en los que Taehyung siente que Jungkook no es del todo sincero, y que quizás esconde más cosas de las que le gustaría, pero no puede hablar mucho. Hay momentos en que siente que el menor es demasiado pequeño para ciertas cosas, como si su mente no pudiera procesar algunas ideas que le parecen absurdas en Jungkook.


Desea alcanzar la madurez, pero se cansa de enseñar y criar. A veces desea un novio, uno que lo ame en la oscuridad, uno que pueda sostenerlo cuando se derrumba, pero siente que el peso de ser el mayor en la relación recae tan duro en él, que debe guardarse sus deseos, sus necesidades, sus inquietudes para él mismo, y quizás compartirlas con Jimin.


Observa a su alrededor y los flashes lo ciegan. La presión en su cabeza es fuerte, pero sonríe porque necesita aparentar frente a todo y todos, sobre como su interior se hunde en una pena quebrantada. En un cataclismo emocional que lo llena de miedos y de inquietudes que no sabe cómo cambiar.


Los ojos de Jungkook lo observan desde el fondo. Está agotado, y suspira cuando sus miradas se encuentran. Quiere sentarse a pensar y debatir consigo mismo, sobre si es más grande el amor que siente, o le gana el dolor que está obteniendo por jugar a las escondidas con sus propias almas vagabundas.


“No sé si es que no me quiere, o simplemente no le importa mucho, no se da cuenta”, Jimin lo observa con tristeza, porque Taehyung es su amigo y lo ha visto llorar incontables veces. Estar roto por sus propios pensamientos.


El Taehyung de esa sonrisa real y rectangular ya no está, lo puede ver en sus ojos. Porque ya no existe esa chispa de vida y felicidad. Está tan apagado en sí mismo que ahora parece no poder salvarlo.


Se suponía que siendo jóvenes podrían soportarlo. Pero ahora, el frío que siente en su pecho es ciertamente algo que no tenía predispuesto. No había pensado que sería así de complicado amar a alguien.


“Llevo dos días sin hablarle, dormimos juntos, pero no estoy junto a él y él no está conmigo ahí”, suspira, observa la cámara y Jimin sonríe hacia ella. Imita la acción. “Quizás debo dejarlo así”.


“¿Esperar a que te hable él?”, Taehyung asiente. “¿No es una niñería eso también?”.


“Llevo siendo el adulto aquí desde que todo comenzó, quiero sentir que le importo lo suficiente como para buscarme”, responde con un hilo de voz. Está a punto de quebrarse en lágrimas, y Jimin lo observa como a una pequeña bolita de cristal que debe cuidar. “Sé que puede llegar a ser estúpido, pero si logro que me diga lo que siente, que entienda cuánto lo amo, y que es lo suficiente maduro para comprender cómo me siento, entonces me daré por pagado y podremos seguir. De otro modo, quizás lo mejor será dejarlo hasta aquí y ser los amigos que éramos”.


Jimin asiente, entendiendo el punto del muchacho a medias y suspira abrazándolo por los hombros.


Jungkook los ve de lejos, logra entender un poco de qué se trata todo, y sabe que, aunque no puede conocer de qué están hablando, Kim Taehyung está roto, y él no desea que su único y primer amor de verdad se rompa.


Namjoon observa al menor, se acerca con cuidado y se queda cerca, presenciando su frágil semblante y la forma triste en la que se encuentra Jungkook, recargado contra la ventana, observando el cielo gris de Seúl.


“¿Qué pasa?”, cuestiona en un susurro que solo Jeon logra escuchar. “¿Pasó algo con Taehyung?”.


“No me dirige la palabra desde hace días”, responde con un hilo de voz. El sonido de las calles transitadas hace que su llanto no sea del todo audible. Se tapa la boca para que sus sollozos no lleguen a escucharse. Namjoon no sabe realmente qué hacer, por los que eleva su mano y acaricia el cuello del muchacho, con tristeza. “Creo que no estoy preparado para llevar una relación seria. Siento que no puedo cuidarlo, que no puedo darle lo que necesita”.


“¿Y no puedes cambiar eso?”, le pregunta, quizás en busca de alguna solución, porque ver a los menores de aquella forma, sentir ese dolor en el ambiente, era totalmente repentino y duro para todo el equipo.


“No quiero que se preocupe por mí, debe cuidarse a sí mismo. No me siento con la madurez suficiente, tengo tantas cosas que aprender, que aún no logro entender por qué está conmigo, o estaba, quizás”, suspira secando sus lágrimas con los dedos. “Creo que hablaré con él”.


Cuando Jungkook observa a su novio acercarse, puede recordar miles de cosas. Su primer beso, la primera vez en que su corazón le dijo lo enamorado que estaba.


Delinea con paciencia el rostro de Kim Taehyung. Sus ojos oscuros y penetrantes, pero a la vez tan dulces, como sus caricias mañaneras y los besos mientras sus piernas se mantenían enredadas.


Observa sus manos, y recuerda con amor las noches en que podían sentirse mutuamente. Llenarse de ese cariño que los atravesaba en medio de oleadas inquebrantables de placer. Sus suspiros entrecortados, los dulces abrazos y las madrugadas en que podían mantenerse despiertos, observándose y deleitándose con sus cuerpos y corazones.


Porque sabía que lo amaba, pero deseaba que Taehyung encontrara su camino, deseaba encontrarse a sí mismo, dejar de estar perdido. Necesitaba crecer, para poder volver y amarlo como se merecía. Sin niñerías, con total seriedad y con verdadera pasión.


“Pensé que me buscarías”, Taehyung suelta con un pequeño ardor en su garganta. “Quería que me buscaras y que me dijeras que te importaba”.


“Me importas, hyung”, responde con la mirada baja. “Pero esto nos está haciendo mal”.


“Me hace mal no sentir que me quieres, Jungkook”, le responde. “Se acabó”.


“Lo mejor es tomarnos un tiempo. Te amo, hyung. Pero no quiero que te sientas mal conmigo, siento que no soy lo suficiente maduro para llevar esta relación”, Taehyung asiente sin mirarlo a la cara, sabe que, de hacerlo, es capaz de echarse a llorar en un segundo, y pedirle perdón por sentirse triste, como si eso fuera algo por lo que disculparse. “Hyung, algún día seré bueno para ti, para nosotros. Creceré y te amaré con todas mis fuerzas, pero si el día en que sienta que puedo volver a intentarlo tú ya no me quieres, entonces me rendiré, ¿sí?”, Taehyung asiente.


“¿Podemos hacer el amor por última vez, Jungkook? Aunque me rompa, aunque ya no pueda besarte de la misma forma. Solo quiero sentir que no estoy del todo perdido”, le susurra en medio de lágrimas que recorren sus mejillas.


La habitación está en silencio. Jungkook observa a su hyung con tristeza, porque sabe que después de eso, existe la posibilidad de que no haya más.


Sus ojos se encuentran en medio de la oscuridad, se sonríen como la primera vez y suspiran en la boca del otro. Sus besos son como el azúcar, tan dulces, pero tan fáciles de disolver en medio de esos gemidos que salen por inercia.


La ropa de ambos se desliza, cayendo al piso junto a el dolor que desean olvidar, como el símbolo humeante de una llama que quizás se apague luego del caluroso encuentro. Es silencioso, casi imperceptible, pero Jungkook ama cuando Taehyung gime, porque sólo él puede sentirlo así, tan deshecho en sus brazos.


Sus besos recorren el cuerpo de su hyung, desde su cabeza, sus cabellos sedosos y el sudor en su frente. Desde su pecho, que sube y baja con aquellas respiraciones furiosas que lo hacen desfallecer de amor.


Taehyung lo mira a los ojos, pidiéndole un poco de tiempo para acostumbrarse a todo. Deteniéndose, mientras piensa en todos los momentos bellos que vivieron, en que sus dudas se disipan cuando las manos de Jungkook lo sostienen, tan duramente que no puede callar.


Tiembla, cuando ya no puede más y su mente se nubla. Solo puede sentir al muchacho encima de él, que con sus ojos cerrados le mira, tan desesperado y lleno, a su vez, completamente entregado.


Sus respiraciones se mezclan en cuanto Jungkook cae sobre su pecho. Es silencioso, pero las sábanas reciben toda la fuerza que no logra transmitir con sus labios. Se besan, una vez más.


Es de noche, la madrugada ha llegado y solo pueden observarse, tan lejanos. Sus corazones se miman en sincronía, pero no pueden saberlo cuando lloran en silencio, con sus rostros cerca, y sus suspiros robándose el momento pleno que antes habían tenido.


Los dedos de Jungkook acarician la piel canela del mayor, cada poro y cada vello, parece ser hecho para él. Tan perfecto, completamente inhumano. Es como si no hubiera otra cosa en el mundo más increíble que poder acariciarlo.


Pero la realidad lo golpea, mientras lloran abrazados, como si fuera la última vez.


Se miran a los ojos, y se sonríen con nostalgia, como si ya estuvieran separados.


Dejan de sentir el latido de sus corazones por sobre sus respiraciones. Ahora solo pueden oír sus risas, a la par. Carcajadas que flotan por la habitación. Dos locos huyendo de sí mismos.


“¿Recuerdas la cara de los hyungs cuando les dijimos que estábamos juntos?”, pregunta Taehyung. Jungkook asiente mientras muestra sus dientes en una risa completamente real. Está disfrutando del momento, sin pensar nuevamente en su término. “Mi mamá me golpeó con su cartera, cuando le dije que estaba contigo”.


“Es que te demoraste mucho, primero le dijiste a tu papá”, Jungkook se rio besando su mejilla. “¿Qué pasará si algún día te enamoras de alguien más?”.


“No lo sé”, niega el mayor. Jeon Jungkook parece perderse en el techo de la habitación. Volviéndose callado y ensimismado. “Pero no creo que ocurra, Jungkook”, responde con aquella expresión triste en sus ojos. “Cuando me enamoré de ti, cuando supe lo mucho que te amaba y que te amo, entendí que ya no había vuelta atrás”, se encoge de hombros. Toma las sábanas y cubre su cuerpo cuando el frío lo golpea. “Te miré, y entendí que no necesito más, que si me prometes las estrellas te voy a creer. Que, si dices que puedo ir a la luna caminando, entonces yo puedo ir a la luna caminando”, su tono es como si se cuestionara a sí mismo. “Y a veces me siento tan patético, porque no importa lo mucho que intente dejar de mirarte, de pensar en ti, simplemente vuelvo a observarte en todos lados, y veo mi futuro en tus ojos. No quiero sentirme triste por esto, porque me haces feliz, pero quizás no es el momento, quizás en un futuro podremos ser realmente nosotros. Mis ojos siempre están y estarán en ti”.


“También me siento patético”, asiente el menor. “Me di cuenta antes que tú”, se rio, mirándolo de frente ahora. Sus ojos se hicieron pequeños cuando sonrió con tantas ganas. “Fue cuando te conocí, supe que me atraías. Y luego estaba mirándote cuando estabas distraído, pensé que era normal, pero pensaba -este hyung es tan lindo- y no sabía que en realidad te estaba viendo con otros ojos”, se carcajeó tapándose el rostro. “Fue vergonzoso, porque tú me pillaste observándote mientras ensayábamos, y me dijiste que si quería podía tomarte una foto, que duraría más. Fue la típica frase. Siempre has estado más allá de lo que puedo imaginar, hyung”.


“Fue muy estúpido”, Kim se ríe con diversión mientras recuerda aquellos momentos. “Y luego me dijiste que tenía un moco”.


“Sí, y de verdad creíste que lo tenías, te pusiste muy rojo, y comenzaste a gritar mientras te acercabas al espejo”, le acaricia el rostro, sus dedos pasan por debajo de sus ojos, con ternura paseándose por sus pómulos. “Y siempre pensé que era normal querer verte a cada instante, en todo momento”, se encogió de hombros. “Pero luego tuve esos ataques de celos, y cuando besaste a Hobi hyung, yo sentí que deseaba ser quien te diera un beso, aunque fuera por unos segundos. Comprendí que no era normal que, siendo tu amigo, quisiera verte tan de cerca y probar tus labios de la forma en que lo deseaba”, se acerca a su rostro. “Mi vida ha sido mucho mejor desde que te conocí, hyung. Y no me arrepiento de nada, porque todo me trajo hasta aquí”, se tapa con las sábanas, acercándose en medio de su desnudez al cuerpo de Taehyung. “Y te amo, tanto que no puedo imaginar ser tu amigo, es como si fuera irreal. No sé cómo podré acostumbrarme”, se cuestiona mirando a la nada. “No verte así, sudado, rojo, tranquilo, con esta paz que nos llega luego de sentirnos. Te amo, hyung. De verdad lo hago, y perdón si te he hecho daño, es solo que aún no sé amarte como se debe”.


“Perdón por no poder ayudarte a comprenderme, pero es que ni yo lo hago, Jungkookie”, le susurra cerrando sus ojos. “Desde mañana, volveremos a cuando éramos esos simples chicos, ¿sí? Esos amigos que tenían vergüenza incluso de besarse en la mejilla”, Jungkook asiente. “Abrázame una vez más, Kookie. Por favor”.


Se sostienen el uno al otro, hasta quedar dormidos, y a la mañana siguiente, hay cajones vacíos y estantes que ya no parecen repletos de la esencia de Kim Taehyung.


Jungkook observa la lluvia desde el ventanal de la sala de estar.


Está solo, lo sabe por la calma que hay en los pasillos. Sabe que cuando Yoongi está encerrado, nadie logrará sacarlo de allí. Sabe también que Taehyung ya no sale de su habitación, y que Namjoon no se aparece cuando está en medio de un VLive. Las risas en la habitación de Jin le hacen suponer que Jimin y Hoseok también están allí. Suspira, mientras se sienta en el sillón observando el vapor que sale del hervidor en un extremo. Se levanta para apagarlo y se sienta nuevamente.


Toma su celular, observa su pantalla de bloqueo. Suspira, por quinta vez en diez minutos y sus ojos se empañan.


Es un dolor en el pecho que no lo deja respirar bien, necesita llorar, y sabe que cuando eso ocurre, es porque el peso en sus hombros es demasiado para sobrevivir con tranquilidad.


Muchas veces su madre le dijo que nunca iba a haber más peso que el que pudiera soportar.


Pero ahora que está allí, sumido en la soledad que normalmente disfruta. Sus ojos ya no pueden soltar más lágrimas, y su garganta duele, como si estuvieran rasgando su pecho desde adentro y llevándose consigo todo lo que hay a su paso.


Es quizás un poco masoquista. Busca en su celular los álbumes de fotos y suspira, jamás podría borrar tantos recuerdos con el ser que amaba, pero no sabía si era malo para su orgullo y sus sentimientos mantenerlo allí como fondo de pantalla. Podría incluso ser el primer paso para comenzar una nueva vida.


Se ríe de sus pensamientos cuando a su mente llegan los ojos de Kim Taehyung, tan sonrientes y delicados que no sabe si su estómago está en algún tipo de estreñimiento, pues parece revolotear en su interior.


No puede más y comienza a llorar. Sus sollozos son fuertes, pero no tanto como para que sus mayores lo oigan, y lo agradece, porque no puede y no quiere dar explicaciones.


¿Cómo podría decir que ya no era novio del chico más maravilloso del mundo? Porque así se veía para él.

Sus labios de corazón lo llamaban a dejar su vida por las caricias que podían propinar, incluso más allá de su cuerpo. Era como si su alma lo llamara en medio de una desesperación.


Observa nuevamente la pantalla de su celular y leyó los miles de mensajes que nunca contestaba. Ve también los contactos y se dispone a cambiarlos. Quizás de esa forma pueda sentirse menos patético, más tranquilo dentro de su mente.


Deja el celular a un lado y recoge sus piernas para hacerse pequeño en el sillón. Se seca las lágrimas cuando siente los pasos de alguien más en el pasillo. Es entonces que Jimin se acerca, con los ojos preocupados que solía mostrar cuando alguno de ellos parecía triste.


El sonido de las sandalias cesa cuando el muchacho está a su lado, arrodillado mientras lo abraza, y no puede más. Vuelve a llorar en su hombro. Sabe que será complicado quitar la hinchazón de sus ojos, pero no importa demasiado cuando siente sus heridas tan visibles, tan palpables. Es incluso como si sus dedos pudieran tocar las llagas que le deja el final de su relación.


“¿Qué ocurrió?”, cuestiona Jimin. Su dulce voz es baja, y Jungkook lo agradece, porque sigue sin querer hablar con el resto. “Nunca has llorado así”.


“Terminamos”, responde el menor, encogiéndose de hombros. “¿No soy bueno para él, hyung?”, pregunta sorbiendo su nariz.


“No digas eso, Jungkook”, le susurra con cercanía mientras lo envuelve con sus brazos y le entrega el calor que su frío corazón necesita. “Él te ama, tanto como tú lo amas”.


“Pero no pude hacerlo feliz”, lo mira de frente separándose un poco. Jimin niega. “¿Qué? Es cierto, me comporté como un niño siempre. Debí ponerle más atención, tanta como él se merece”.


“A nuestra edad, dos años son notorios, Kookie. No puedes exigirte demasiado”, le niega con una media sonrisa. “Viniste a nosotros siendo un pequeño niño, nosotros de cierta forma también lo éramos, pero tú nos hiciste madurar mucho, teníamos que cuidarte”, sonríe. “Pero tú, tú aprendiste de nosotros, eres un poco de cada uno, y eso hace que incluso tus errores sean propios de tu edad”.


“¿Cómo lo recupero?”, se cuestiona a sí mismo. “Es que ni siquiera sé si quiero que me espere. Porque quizás allá afuera alguien puede amarlo, amarlo bien, amarlo con madurez”, aprieta sus manos. “Hyung, mi corazón está roto, y jamás pensé que se sintiera así de feo”.


“Duele, Jungkookie. Habrá días en que ni siquiera querrás salir de tu habitación. Habrá días en que todo será color de rosa hasta que él se aparezca en tu mente. Pero se acaba, un día termina, y puedes volver a sonreír por ti”, Jungkook se ríe casi con ironía. Porque lo ve imposible. “Y si eso jamás pasa, entonces podrás algún día volver a él y enmendar todos tus fallos. Podrás decirle cuanto lo amas y demostrarlo”.


“Quizás ya perdí mi oportunidad”, suspira. “Pero no quiero resignarme, porque él es todo lo que quiero, hyung”.


Taehyung se tapa la boca desde la puerta y camina despacio hacia atrás, para pronto entrar en su habitación y romper en llanto.


Minutos más tarde, puede escuchar a Jimin caminar hacia él. Lo sabe porque no hay nadie más en el lugar que ellos.


Park Jimin lo observa con tristeza desde la puerta cuando la abre sin tocar. Siente su corazón estrujarse por la imagen de Taehyung en un estado casi de miseria.


“¿Cómo estás?”, le pregunta acercándose mientras la abraza por la espalda, besando sus cabellos con ternura. “Mi bebé”, le besa la cabeza por unos segundos y luego acaricia sus brazos. Desde siempre ha sido tan cálido, que en sus brazos Taehyung puede encontrar un poco de calma.


“No lo sé”, niega sollozando. “Quizás estoy siendo demasiado egoísta. Mi niño está sufriendo tanto”, cierra sus ojos y se tapa la cara mientras llora encima de su almohada. “Le estoy haciendo daño, Jiminnie”.


“Tienes que pensar en ti, él lo sabe”, le responde. “Y él sabe que puede luchar por ti, porque te ama. Y lo demostrará cuando se sienta listo”.


“¿Y si jamás deja de ser mi niñito?, ¿y si simplemente es así y yo no lo amo como debería amarlo? Se supone que cuando amas a alguien puedes querer todo”, Jimin niega rápidamente. “¿No?”.


“Lo primero es el amor propio, TaeTae”, le responde. “Y si tú no puedes sentirte cómodo, entonces no estás obligado a quedarte, ¿Cómo piensas amarlo si no puedes amarte a ti mismo?”.


“No lo sé”, responde negando nuevamente. “Quiero que me abrace y que me diga que volveremos a lo que éramos. Que jamás va a olvidar nuestro primer beso, nuestros abrazos, esos que significaron algo más desde siempre”, susurra y un sollozo se le escapa. Se siente un poco ahogado y su rostro está hecho un desastre. Jimin se ríe, porque Jungkook y Taehyung se ven exactamente igual. Con mocos esparcidos por sus narices y con ojos rojos. “Que jamás va a olvidar que estoy para él en cualquier situación, que jamás dejaré de amarlo. Que jamás dejará de ser mi Jungkookie, el chico de esos dientecitos que me enamoraron tanto, Jiminnie, tanto. Es que no puedo explicarlo porque cuando lo veo siento que fallezco, es como una adoración que ni siquiera puedo entender yo”, Jimin asiente. “Lo amo tanto, no tienes idea”.


“Lo sé, TaeTae. Él te ama mucho también, pero va a ser un tiempo, ya verás que será corto y que en un abrir y cerrar de ojos estarán juntos otra vez”, Taehyung se encoge de hombros y se da una vuelta para mirar a Jimin y sonreírle de lado. “Descansa un poco, a él lo dejé durmiendo en mi habitación, sabes que nunca duerme solo”, Taehyung asiente, pero sus ojos se vuelven acuosos nuevamente.


“Ya no vendrá a decirme que no puede dormir”, vuelve a llorar de la misma forma que antes. “Ya no va a entrar sin permiso, no me va a abrazar en medio de la oscuridad”.


Y es cierto, porque los próximos meses, Jimin recibe al muchacho en su habitación cuando la noche es demasiado tortuosa para el dolor de su corazón. Cuando el chico entre sueños susurra su amor por Taehyung.


Pero hay un día, un día de verano, en que Jungkook no vuelve a su habitación, y crece un poco en estatura, y su voz es un poco más gruesa, aunque igual de cálida que antes.


Y entonces, Jungkook ya no es tan pequeño, y puede sentir en su corazón una paz gigante, porque ya no se siente insuficiente, y el tiempo es el mejor regalo que en medio del dolor le fue dado.

2 февраля 2021 г. 20:38:38 0 Отчет Добавить Подписаться
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Прочтите следующую главу Deuxième Partie: Make It Right.

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