jung94v Dahia V

Para Jungkook, las emociones humanas eran un universo entero: el dolor, el miedo, el odio. ❝¿Valdría la pena una vida sin emociones?❞ Taehyung se acercó hacia él para tomar de su mejilla y, susurrando, le contestó: ❝¿Vivirías una vida sin un poco de amor?❞ Borasek es la ciudad del futuro, una de las civilizaciones más avanzadas del mundo con un clima parcialmente templado y poseedores de la tecnología más rentable de la historia. Sin embargo, su mayor atractivo es y siempre serán los androides: aparatos casi idénticos a los humanos, capaces de hablar y de moverse con autonomía propia, una nueva forma de inteligencia artificial concebidas como máquinas. Borasek: la ciudad de los androides, donde todo estaba bajo control o, al menos, por el momento. ⁕Inspiración en el videojuego de aventura gráfica: Detroit Become Human ⁕Géneros: acción, romance, ciencia ficción ⁕Pareja principal: Taekook ⁕Mención de otras parejas románticas/platónicas: Yoonmin, Jinhope


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*Capítulo 1: Mi señor.

Todos tenemos una historia que contar, un sueño que perseguir o un pasado del que queremos escapar. Los humanos, en especial, son seres completamente indescifrables, incomprendidos... extremadamente peligrosos y destructibles.


¿Cuál es el sentido de poder vivir, sentir y amar, si seguimos siendo esclavos de nuestros propios instintos? ¿Qué pecado es tan grande, o qué placer tan pequeño, para entender que vivir cae remotamente en el mundano sentimiento de la miseria? Y es que el sufrimiento, la tristeza o el odio son las emociones más dañinas y banales, capaces de gobernar en el comportamiento humano casi por inercia y apatía.


Jungkook entiende que, quizás, la misma realidad en la que ellos vivían no era más que un escudo absurdo y conservador que la humanidad había construido a su alrededor.


Toda la tecnología, toda la ciencia y el poder, eran armas eficaces para la protección de uno mismo, herramientas que servían para la satisfacción de las necesidades más primarias, más remotas, más sencillas... Los seres humanos están tan acostumbrados a sentirse vulnerables y solitarios entre sí que recurrieron a la creación de millones de instrumentos avanzados y funcionales, para la auto-satisfacción y el sentimiento consolador de tenerlo todo bajo control.


O al menos; por el momento.


Borasek era la ciudad del futuro, una de las civilizaciones más avanzadas del mundo con la mejor arquitectura futurística y adaptable a cualquier situación, con un clima parcialmente templado y enormes capas de verde natural alrededor de la urbe, árboles de colores y pajaritos cantores. El atractivo cielo despejado que siempre cubría a la ciudad -desde el charco más pequeño hasta las estrellas más lejanas- convertían a la ciudad en un emporio de ensueño y, hasta la fecha, todos los habitantes de la ciudad disfrutaban de sus días con felicidad.


Además, la tecnología de la ciudad sobrepasaba lo irreal, su transcendental atractivo provocaba la envidia justificada de las otras civilizaciones vivientes.


Sin embargo, su mayor encanto es y siempre serán los androides.


Fue en Borasek donde se crearon los primeros androides, aparatos casi idénticos a los humanos, asimilándolos potencialmente en estructura y apariencia, capaces de hablar y de moverse con autonomía propia. Una nueva forma de inteligencia artificial concebidas como máquinas y desarrolladas como herramientas esenciales a lo largo de la historia.


Borasek: la ciudad de los androides.


Hace una década atrás, los primeros androides inteligentes fueron diseñados por la corporación Big Life, empezando su producción comercial en la planta general de la ciudad de Borasek.


El uso y demanda se extendió tan rápidamente alrededor del mundo que, afortunadamente, la reducción del precio permitió que la compra de tales artefactos llegasen a un rango mayor de gente. Fue así como los androides se empezaron a usar en casi todos los sectores de servicio y vida; como personal doméstico, trabajadores de oficina, obreros, mecánicos, profesores, doctores, etc.


Tales androides poseían cerebros significativamente avanzados, siendo capaces de interaccionar con la tecnología de manera inalámbrica, hablar entre sí en silencio y compartir información de memoria mediante el tacto.


Para Big Life, el lema era lo que querían compartir con el mundo a través de sus productos:


No importa dónde estés o de dónde seas: habla por ti mismo. Diseñado por Big Life, construido en Borasek.

📷


Jungkook abrió los ojos con rapidez y parpadeó lo esencial para reiniciar las funciones pendientes que tenía del día anterior: recoger la mesa, limpiar alrededor, regar las pequeñas y bonitas plantas que estaban en la cocina...


Su sistema operativo también recopiló las últimas noticias del momento, entre ellas: las 10 mejores recetas para preparar pan casero (fácil y sencillo), y la suspensión temporal del vicepresidente ejecutivo de Big Life, por compromisos personales.


—¿Jungkook?


Al escuchar esa voz, el androide se puso en marcha enseguida saliendo del cuarto de lavado, en donde se había auto-desconectado la noche anterior. Con la mirada en alto, Jungkook subió las escaleras hacia el segundo piso de la casa, dispuesto a contar los pasos que se sabía de memoria hacia el cuarto de su humano.


Al abrir la puerta, sus ojos se enfocaron automáticamente en el cuerpo que estaba frente al enorme ventanal del cuarto principal.


Él estaba vestido con una camisa de terciopelo azul y un short que le llegaba hasta las rodillas, completamente descalzo.


Joven y frágil.

Kim Tae-hyung.


Se acercó hasta el pelinegro y se plantó a su lado, preparado para realizar todas las órdenes que el humano le planteara. Sin embargo, tras un par de minutos, la única interrogante era la mirada perdida del pelinegro hacia lo más lejano.


La ventana estaba completamente abierta y el frío aire golpeaba contra el cuerpo de su humano. Jungkook revisó la temperatura de tan impávida mañana y una pequeña alarma frente a sus ojos le avisó que, para el cuerpo humano, unos 15 °C era exponerse demasiado.


Decidido, giró por dónde había llegado y se acercó hacia la cama del pelinegro. Tomó la manta que tenía a los pies, la estiró con brusquedad para desempolvar algunos residuos y se puso en marcha. Se acercó nuevamente hacia él, plantándose detrás suyo, elevó la manta hasta la altura de sus hombros y se echó un poco hacia adelante con ésta, cubriendo el cuerpo entero de su humano.


Ambos tenían casi la misma altura, siendo el androide quizás unos centímetros más alto.


Cuando su pecho chocó contra la espalda del pelinegro, sus fosas nasales percibieron el olor característico del humano, llenándose de él como de costumbre y de su calor corporal.


Vainilla dulce...


Taehyung dio un respingón de 3 segundos antes de reconocer las acciones del androide, sonrió bajo su aliento y sujeto la manta por el mismo, cubriéndose.


—Gracias, no me había fijado que hacía tanto frío. —susurró.

—Señor...


Taehyung se giró hacia él, con la cara cansada y el cabello desordenado.


—¿Por qué se expone al frío de esta manera?—preguntó, mientras que sus ojos contemplaron el enorme mirador.


Las vistas desde el ventanal eran espectaculares, la casa estaba ubicada a las afueras de la ciudad por lo que se podía ver un mato enorme de árboles rosas a lo lejos, el sol asomándose delicadamente con recelo y las gigantescas nubes blancas decorando con orgullo el cielo mañanero.


—Yo... —Taehyung susurró.


No tenía una respuesta clara o coherente, por lo que cambió de tema sin interés.


—¿No te parece hermoso?—le dijo, mientras que ambos observaban el paisaje madrugador.


Jungkook inclinó un poco la cabeza y frunció el ceño mientras que los rayos del sol empezaron a tocar su rostro con lentitud: primero los mechones marrones de su cabello y luego el color dorado de su piel.


—¿Hermoso?


Taehyung afirmó, sintiéndose curioso de repente, ¿en qué basaría sus ideales de belleza? ¿bajo qué condiciones calificaría los estándares de lo bonito y de lo feo?


—¿No crees que es hermosa la vista?—le sonrió, señalando con un dedo hacia el paisaje.


El androide parpadeó paulatinamente.


¿Hermoso? El término se emplea para calificar a aquel o aquello que cuenta con hermosura. La valoración de la palabra "hermoso" también se vincula al atractivo físico, asociándose a los criterios estéticos del rostro y cuerpo. Por otro lado, cuando se habla de un día hermoso, se tienen en mente condiciones meteorológicas que...


Jungkook giró la cabeza enseguida; procesando las facciones físicas de su humano al instante. Se acercó un poco de un movimiento y analizó geométricamente el espacio de sus ojos, el grosor de sus labios y la longitud de su nariz.


—¿Qué haces?—Taehyung se avergonzó débil, retrocediendo un par de pasos.

—Estoy examinando su fisionomía externa.


El pelinegro abrió los ojos en un segundo, entendiendo lo que el androide estaba haciéndole. ¿Por qué lo hacía? Se preguntó si podía negarle tal tarea, no quería descubrir si era feo o alguna mierda así.


—No, no, no—estiró sus manos hacia el androide y le tocó el pecho avergonzado. —Jungkook no, por favor no lo hagas.—se le escaparon algunas risas mientras que terminaba la oración.


Era muy temprano por la mañana y todavía no había desayunado, preferiría tomar un vaso de agua antes de ser calificado geomé...


—Proceso finalizado.


Taehyung suspiró pesado, flojo como una muñeca.


No podía luchar contra la rapidez inhumana del androide. Pensó que ya lo había dejado muy en claro cuando lo retó a un concurso de matemáticas y terminó enojado porque el androide fue 100 veces más rápido que él resolviendo los problemas... y sin pestañear.


—Es muy hermoso—susurró, dejando que las palabras floten lentamente a su alrededor.


El tono de voz del androide era blando en algunas ocasiones, pero gruesa y tosca en otras. Big Life había analizado millones de voces para encontrar los tonos más satisfactorios y placenteros para cada androide y su producción.


No todos sonaban iguales, pero el parecido humano y realista provocaban un gran impacto en la mayoría de las personas. Para este momento, Jungkook dejó salir las palabras en un susurro conciliador, ya que los humanos eran más apacibles a los cambios de voces.


Sensibles.

—Sin embargo, no puedo descifrar su principal atractivo. La forma de almendra de sus ojos y el grosor de sus labios son estéticamente...


—¡Bueno! —Taehyung se echó hacia atrás y salió de la habitación antes de que la cabeza le explote, ya tenía las mejillas rojas y los ojos chiquitos. —Necesito estar en casa de mi madre en menos de 50 minutos, por favor.


Jungkook parpadeó paulatinamente y luego de un par de segundos le siguió el paso hacia la primera planta de la enorme casa.


Y el día empezó.


—La humanidad es deprimente...


Después de leer las noticias; Taehyung dejó el panel digital contra la fría superficie y se frotó la frente con una ligera molestia.


—No hay más que avaricia y odio. —continuó con desgano.


El androide se acercó hasta la isla de la cocina, donde el pelinegro estaba sentado en una de las bancas.


—Las emociones humanas no dejan de... —parpadeó. —Intrigarme, aunque creo que jamás llegaré a entenderlas.


—Bueno, los humanos tampoco las entendemos... —él le miró despacio, con los ojos chicos y una sonrisa tibia.

—¿Valdría la pena una vida sin emociones?


Taehyung se detuvo, analizando la pregunta, miró hacia un lado y se mordió el labio. Tendría que ponerse en los zapatos de cualquier ser viviente sin sentimientos. Pensó en la inteligencia artificial, pero, cuando sus ojos cayeron sobre la figura del androide, descartó por completo la idea de que quizás sean insensibles.


—Supongo que, la vida... sería muy aburrida, menos interesante. —murmuró. —Las emociones nos controlan: el miedo, la tristeza, la ira... hacen que la existencia sea vivible.


Jungkook frunció el ceño un poco, más intrigado y confundido que antes.


—¿Y el amor?


Taehyung conectó sus ojos con los del androide.


¿El amor? Los encuentros constantes con la persona con la que uno está unido podría construir un tema universal de emociones agradables, pero...


—El amor es... yo no creo que el amor sea una emoción.


Jungkook inclinó la cabeza hacia un lado: curioso.


—Pero... durante el romance se dan los placeres sensoriales, como la lujuria y el deseo sexual. ¿No son acaso emociones humanas? —frunció el ceño ligeramente.


Taehyung se echó a reír, con una mano cubriéndose la sonrisa y la otra negando en el aire. Frágil como gelatina.


—El amor romántico es un universo aparte, Jungkook. Existe otro significado del amor que... es como una oleada momentánea de extremo placer y éxtasis que puede considerarse como una emoción. Sí. Pero las emociones suelen ser muy breves, efímeras... —sonrió despacio. —Y yo no creo que el amor sea algo de 30 segundos.


Cuando dejaron la conversación a un lado, Jungkook reprogramó el tiempo en su mente, distribuyendo los minutos respectivos, por lo que dejó haciéndose la fritura en la sartén mientras que se dirigía hacia las escaleras, dispuesto a preparar algunas cosas y ordenar la cama de su humano.


Taehyung hacía casi lo mismo por las mañanas: leer las noticias, desayunar y tomar una ducha.


Algunas veces, cuando estaba extremadamente feliz, bailaba por toda la casa con una copa de vino en la mano mientras que Jungkook iba detrás del él persiguiéndole. También tarareaba cuando tomaba el sol o cantaba en voz alta mientras regaba las flores de su habitación.


Otras veces, cuando los días eran grises, se acurrucaba frente a la enorme chimenea de la sala principal solo para pensar. El androide ya sabía entonces qué bebidas prepararle o de qué temas hablarle para cambiarle el humor.


Entró a la habitación y ordenó la cama. Estiró las mantas y golpeó paulatinamente las almohadas para colocarlas en su lugar. Cerró el ventanal y cubrió la zona con las cortinas café que caían del techo.


A pesar de que Taehyung le había dicho una y miles de veces de que no tenía por qué hacer todas esas cosas por él, Jungkook jamás dejó de hacerlas. Revisó el baño y separó la ropa sucia para llevarla al cuarto de lavado. Fue cuando se puso de pie, que entonces pudo verse en el reflejo del espejo frente a él.


Big Life había diseñado las formas básicas y las pieles externas de los androides para equiparar el género, etnia, raza y edad como la de los humanos, replicando una sensación natural compasiva con el poder de asimilar una temperatura corporal estándar.


Su rostro, ojos, piel...

¿Hermoso? Pensó al instante.


Frunció el ceño e inclinó la cabeza hacia un lado. Parpadeó lento.


Jungkook no sentía nada por dentro, no tenía un corazón palpitando o sangre humana recorriendo por todo su ser. Él solo tenía el cuerpo tenso y la mirada seria todo el tiempo. Pero estaba frente a un espejo, queriendo entender dentro de su complejo sistema las preguntas que no deberían de ser cuestionadas. ¿Preguntas?


El desayuno.


Bajó con rapidez hacia el primer piso, dejó la ropa en el cuarto de lavado y se encaminó hacia la cocina. Apagó las llamas de la hornilla y vertió la fritura perfectamente cocinada sobre un plato. Sirvió jugo de mango en un vaso y cortó un plátano en pequeños cuadraditos. Colocó la comida en una bandeja, todo simétricamente ordenado y se dispuso a servirle el desayuno a su humano.


Pero Taehyung dormía plácidamente sobre la isla de la cocina, con la cabeza apoyada entre sus brazos y la respiración lenta. El mundo podría estar en llamas, pero la tranquilidad del pelinegro permanecería intacta.


Jungkook se quedó quieto, parpadeando con lentitud.


Después de aquel viaje a las Islas del Norte, su horario de sueño estaba hecho un caos y tampoco comía a sus horas. Calculó que esas 8 horas de diferencia sí que le dejaron una mala pasada.


Rodeó la isla de la cocina y se acercó hacia él, dejó la bandeja sobre la superficie con cuidado y se quedó en silencio durante un par de segundos. Parpadeó tres veces con rapidez y su vista recorrió los mechones negros que caían con elegancia sobre el rostro de su humano.


En la sien derecha del androide, con forma circular, había una pequeña luz azul palpitando visiblemente.


Jungkook mantenía, bajo carpetas encriptadas, pequeños extractos de algunos momentos que, en un lenguaje humano, eran denominados como recuerdos. Así que, mientras él memorizaba los rasgos del pelinegro, en su interfaz se perpetuaba el momento.


—¿Tae? —la luz LED azul se iba apaciguando por segundos, desapareciendo.


Taehyung se puso en marcha enseguida, suspirando exhausto en el proceso y estirando los brazos hacia arriba.


—Lo siento, me dormí. Este frío por las mañanas siempre me desmaya. —sonrió enorme cuando encontró el desayuno listo para él. —Gracias...


Mientras él comía con entusiasmo, el androide terminó las tareas que tenía pendiente. Dejó la ropa en la lavadora, regó las plantas, desempolvó algunas zonas de la casa y se cambió el uniforme por uno recién planchado.


Cuando su humano se aseó por completo, el androide ya lo estaba esperando en el recibidor.

—Estoy de camino, mamá. Por supuesto. Claro que sí...


Jungkook tomó el saco color crema del perchero y se plantó frente al pelinegro, quien hablaba por el teléfono delante del portón principal de la casa.


Se encontró con el almendra de sus ojos y el humano le leyó las intenciones, por lo que dejó que le coloque la prenda antes de salir.


—¿Dónde estás? ¿Pero qué haces ahí, mamá? Estás como a cuarenta minutos de tu casa... mejor yo te alcanzo en el restaurante del centro y comemos juntos. ¿Qué te parece? Sé que te encantan los lugares caros y bonitos, yo invito. Vale, sí, que sí... nos vemos ahí en una hora. ¡Claro que estoy en camino, pero el tráfico es tremendo! Te veo ahí. Te quiero, adiós.


Taehyung echó un suspiró agotador.

Jungkook tenía una media sonrisa en el rostro mientras le abría la puerta trasera del auto.


—Al regresar tenemos que ponernos al día con esa serie que tanto está de moda, la odio, pero quiero saber el maldito final de una vez. —él se echó hacia atrás en el asiento, con las piernas flojas, la cabeza hacia arriba y los ojos cerrados.


El androide asintió despacio mientras encendía el auto.


—¿Y pizza?

—Y diez cajas de pizza, por favor.


La ruta hacia el centro de la ciudad era una maravilla, las vistas eran completamente preciosas. Empezando por el paisaje precioso desde las afueras de la ciudad, hasta los edificios de oficinas estéticamente cimentados. El ruido de la urbe incrementaba por segundos y mientras más te adentrabas: más extravagante relucía la hermosura de Borasek.


Jungkook estacionó el auto dentro del aparcamiento del restaurante. Para ser un lugar turístico, las decoraciones occidentales predominaban en aquel lugar, quizás por eso era su establecimiento de comida más concurrido.


El androide le abrió la puerta del vehículo a su humano y juntos caminaron hacia la entrada principal. Taehyung ya había reservado con posterioridad una mesa junto a la bonita fuente artificial de la primera planta.


—Buenos días, caballero. Permítame su nombre completo, por favor. —detrás del puesto de recepción, los recibió una androide de finos rasgos y de piel clara, con una enorme sonrisa.


—Kim Taehyung.


—Perfecto. —dijo, mientras le daba un rápido escaneo a la computadora. — Mesa N° 13 de la primera planta. Por aquí, por favor. —la muchacha se puso de pie, con intenciones de guiarlos hacia su destino.


El azabache frunció el ceño, siguiéndola junto con Jungkook. La androide no les informó si ya tenían a alguien esperando por ellos.


—¿Y mi mamá? —susurró.


Taehyung tomó asiento con confusión, estaba casi seguro de que su madre le adelantaría por cuestiones de tiempo. De seguro habrá tenido algún imprevisto en la conferencia a la que estaba atendiendo, no muy lejos del lugar. El pelinegro sabía que su madre, siendo ya una mujer de negocios, jamás tenía un horario estable o algunas vacaciones extendidas sin ser interrumpidas por su jornada laboral.


Por otro lado, el androide aún estaba a su lado, de pie y con la mirada distante hacia lo desconocido.


—Ven. —le jaló de la mano, incitándole a que se siente junto con él. —No me dejes aquí solo. Supongo que nos toca esperar.


Jungkook tomó asiento, después de verificar que todo se encuentre en orden dentro del establecimiento.


—¿Por qué siempre escoge esta mesa en específico?


El pelinegro le miró, despertando de sus pensamientos.


—Me gusta el sonido del agua cayendo de la fuente. —le contestó, con el pulgar en la boca y mordiéndose una uña.


El androide se giró hacia él y le tomó de la mano con suavidad, alejándola de su rostro.


—Podría provocarse deformidades en los dedos o problemas gastrointestinales.


Taehyung chistó bajito, haciéndole una mueca.


Estaba a punto de contestarle, sino hubiese sido por las descontroladas risas de un par de ancianas en la mesa de al lado. Las dos, ya de avanzada edad, los miraban a ambos con diversión y señalaban sin discreción alguna al androide.


Jungkook escuchaba a la perfección los comentarios indóciles y fuera de contexto que las ancianas se repartían entre sí. En ocasiones, faltándole el respeto por completo a su humano.


—¡Oye tú! —una de ellas llamó la atención del pelinegro. —¿No te han enseñado cómo es que se tratan a los androides?


A cada lado de la mesa, dos androides femeninas estaban paradas y con la mirada perdida. Tenían las manos cruzadas y la espalda recta. Al parecer, dedujo Jungkook, eran las cuidadoras de las señoras, quienes estaban acabando su merienda.


—¡Son máquinas! —le dijo la otra, echándose unas risas.


Jungkook parpadeó con elegancia y se giró hacia el pelinegro, decidido en ignorar a las señoras. Entendía que era la edad y que por eso hablaban fuera de juicio.


—Bueno, cuando sus vidas no dependan de los androides y ustedes puedan limpiarse el culo por sí mismas, quizás pueda reconsiderar su opinión. Hasta el momento, estaré disfrutando de la compañía de mi androide como me plazca, gracias. —y con una sonrisa; Taehyung dejó de prestarles atención.


—¡Pero si serás maleducado!


Una de las androides de las ancianas sonrió con discreción, aún con la mirada fija hacia la nada.


—Parecía que iba a ser una buena mañana fuera de casa... —Jungkook sonrió de lado conciliador, enfrentando a su humano.


—No quería tartamudear mientras lo decía... —Taehyung resopló, negando con la cabeza.


—¡Mi hijo!


Detrás de ellos ya se iba acercando una mujer con los brazos extendidos y una sonrisa de tres metros, iba envuelta en un precioso vestido color vino y calzando un par de tacones negros.


Siempre pulcra, fina y deslumbrante.


—¡Te he extrañado tanto, mi hijo precioso! —tomó del rostro del pelinegro y le depositó dos enormes besos en cada una de sus mejillas, dejándole marcas rojizas en éstas. —Mira lo bello que estás, ¿te estás alimentando bien, cariño?


Taehyung asintió abrumado y le dio un abrazo antes de tomar asiento nuevamente.


Su madre era un remolino andante, decía esto y elogiaba aquello, siempre tenía algo que decir y de su mente relucían muchas extravagancias. Quizás por eso la extrañaba casi a menudo.


—¡Pero si trajiste a tu bombón! —ella se estiró por encima del pelinegro para poder alcanzar al androide y envolverlo entre sus brazos, también le tomó de las mejillas y le dejó un beso chillón a Jungkook. —Dios mío, cada día los hacen más hermosos. No puedo creer cómo se esmera Big Life para producir tanta perfección.


—Me aplastas...


—Uy, discúlpame cariño. —la mujer se sentó frente a ellos y les sonrió con una ilusión gigantesca.


—¿Estás sola? ¿Y Sihyuk?


Ella rodó los ojos.


—Ese androide tonto estará paseando por ahí, hoy no traje el auto porque ya no hay espacios disponibles en los estacionamientos. El lugar es muy bonito y caro, pero tienen un estacionamiento tan pequeño que... que me recuerda mucho a tu padre.


Taehyung soltó una risa. —¡Mamá!


Jungkook sacó de su camisa un pañuelo blanco con gentileza, se estiró hacia adelante y, sin cuestionamientos, procedió a limpiar las zonas rojizas de labial que su humano tenía en las mejillas. Tenía un par de manchas coloridas en los pómulos, así que frotó con calma el pedazo de tela contra su piel.


Taehyung se quedó quieto y sonriente mientras que el androide cuidaba de él. Estaba casi acostumbrado a que reaccione en ocasiones por su bien, incluso sin que él tuviera que pedírselo.


Como si le agradara la idea de cuidarlo como un cristal.


—Él es tan bueno contigo. —su madre suspiró entristecida. —Jungkook...


—¿Mmm? —el androide finalizó sus movimientos y se dispuso a guardar el pañuelo.


—Estás cuidando de él, ¿no es así? —la mujer estiró las manos sobre la mesa, tomando desprevenido al androide, quien ya tenía las extremidades de la mujer sobre sus dedos.


Él sonrió, tranquilizador.

—Siempre.


—¿Ambos saben que dejé de ser un niño hace como... 10 años? —Taehyung se estiró hacia atrás, con las manos en la nuca y una sonrisa tonta.


—Silencio niño, los adultos estamos conversando aquí. —su madre le tocó la mejilla al androide y también le limpió los restos de labial con el pulgar.


Jungkook sonrió.


—Bueno... —ella exhaló y miró hacia los lados. —¿Ordenaste algo, hijo?


—No, yo-


De repente, el caos los alarmó a todos los presentes cuando un androide, al parecer camarero, estrelló la bandeja entera llena de platos de comida contra el suelo, después de tropezarse con quién sabe qué. El pánico en la mirada del androide desembocó un río de gritos por parte de algunas mesas ubicadas a su alrededor.


Jungkook de un movimiento ya estaba de pie, con una mano puesta en el hombro del pelinegro y la otra en el bolsillo trasero de su pantalón, alarmado y preparado para lo que sea.


El androide, muy inconsciente, intentó retroceder en dos pasos, chocando contra otro androide que iba a mucha velocidad con más platillos en las manos.


—¿Qué es todo este escándalo? —un señor, con pulcro aspecto y traje de chef, se acercó hacia la escena.


La visión de Jungkook registró con rapidez la etiqueta a un lado de su traje.


—Pero, ¿qué crees que haces? Recojan todo, limpien el lugar y tú. —señaló al androide que ocasionó todo. —Sígueme, ahora.


—Señor, fue sin querer, por favor. —el androide era alto y delgado, de hombros anchos y con una nariz chiquita y redonda.

—¡Silencio! —el chef se giró hacia las mesas siguientes, fingiendo normalidad —No se preocupen, todo está perfectamente bien...


—Señor...


—Nada de esto se volverá a repetir...


—Señor-


—En nombre de todo el restaurante les pedimos nuestras sinceras disculpas...


—Pero, señor...


—Ya saben cómo son los androides de torpes...


El androide le arrojó una taza a la cabeza y recogió algo del suelo con una rapidez impresionante.


Jungkook sacó el arma que tenía en la espalda y apuntó -con ambas manos en alto- hacia el androide.


El robot estaba sujetando uno de los cubiertos con fuerza, era un cuchillo filoso, y amenazaba con lanzarse sobre la espalda del chef.


—Baja el cuchillo. —le dijo directamente, llamando su atención.


Taehyung registró la escena y se acercó a su madre para protegerla. La primera planta del restaurante estaba parcialmente llena, ya que eran al menos unas 20 mesas distribuidas. Las personas miraron expectantes y con miedo, mientras que algunos androides, que estaban acompañándoles, solo atinaron a proteger a los niños y/o dueños con sus cuerpos.


El androide miró a Jungkook en un movimiento furioso. Tenía las cejas delgadas y los ojos marrones.


Silencio.


—Me desactivará. —escupió. —Lo sabes, y todo por culpa de un niño que me empujó antes de- yo, no fue un error mío, yo no-


Jungkook avanzó un paso, apuntándole.


—Mírate, androide. Tienes un arma blanca en las manos y estás amenazado a un humano. ¿Qué haces?


—¡Cállate!


—Sé que estás asustado. —le dijo. —Lo sé, pero mira a tu alrededor... hay niños, ellos...


El androide dudó por un segundo, mirando a sus costados. Temió por su bienestar, así que tembló ligeramente.


—Yo-


—¡Suelta el cuchillo! —el grito del chef rompió la concentración de todos, el androide aprovechó la distracción y salió huyendo del lugar.


Jungkook podría haber disparado, una bala y fin del cuento. Pero se abstuvo.


Guardó el arma enseguida y se acercó hacia su humano. Las sirenas de la policía se empezaron a escuchar a lo lejos, capaz alguno de los androides presentes alertó a las autoridades de lo sucedido justo al momento. Ahora, era cuestión de tiempo para que atrapasen al androide y se encarguen finalmente de corregir su comportamiento o, por consiguiente, desactivarlo.


—Creo que es preferible que nos retiremos. —les dijo.


Taehyung miró a su madre, con el miedo en sus bonitas facciones.


—Llévate mi auto. —el azabache ayudó a su madre a levantarse de su asiento. —Llama a Sihyuk y que te lleve a casa, llévate mi auto. Es más seguro así.


Ella negó. —Está todo bien, no va a pasar nada más.


—Perdón, pero no creo que sea el momento más oportuno para pasear por la ciudad, sabiendo que hay un androide sin control corriendo por las calles aledañas. —habló Jungkook. —El auto del señor Kim está protegido y blindado, yo sé que él no dejará que usted tome un taxi.


—Vamos, mamá. Ya habrá otro día para tomar el té. —Taehyung insistió.


Su madre terminó accediendo, con una sensación extraña en el pecho por la situación y con miles de pensamientos en la cabeza.

¿Qué acababa de ocurrir?


No podía ser un simple fallo en el sistema, nunca había visto a un androide con un comportamiento impulsivo, llegando a un límite tan desbocado. Estaba claro que significaba un peligro exponencial, el poder y la fuerza de un solo androide sin control podría provocar mucha destrucción si no era detenido a tiempo. O eso es lo que se tenía entendido.


—Llámame si necesitas algo, ¿está bien? —Taehyung se acercó hacia la ventana del co-piloto y le dejó un beso en la frente a su madre. —No te preocupes por el auto, ya lo recogerá Jungkook cuando esté disponible.


—¿Tomarás un taxi?


—Estaré bien, no te preocupes. Aunque me apena no haber podido comer contigo, habríamos pasado un buen momento juntos, ¿no es así? Pero ahora Jungkook está en posición de ataque y no se calmará hasta que lleguemos a la casa. —le sonrió tibio.


Su madre se echó a reír, mirando al androide detrás de su hijo, quien parecía estar analizando hacia todos lados, manteniendo el ceño fruncido.


—Vale, pero prométeme que iremos de vacaciones a esas islas preciosas del norte.


—Yo como que... —le enseñó los dientes blancos a su madre y le hizo ojitos. —Como que me adelanté a eso...


—¡Oh! —ella le apuntó con un dedo acusador. —¿¡Serás hijo de tu padre!?


El sistema de Jungkook inició un registro en la red local de los casos más recientes de androides defectuosos, estaba intentando buscar algún indicio del por qué pasó lo que pasó y por qué no obtenía resultado alguno en su búsqueda.

Sin casos relacionados con anterioridad.


Tomaron el taxi a unas cuantas cuadras del restaurante, el establecimiento también había decidido cerrar por seguridad, al menos por ese día y por recomendación de la policía. El androide iba sentado y pendiente de la ruta, mientras que su humano iba balanceándose con suavidad hacia los lados, casi dormido.


Parecía muy cansado...


Jungkook tomó de su cabeza y terminó acomodándolo sobre su propio hombro, descuidándose por un segundo y perdiendo el hilo de su concentración.


Fue cuando doblaron una esquina que el sensor operativo del androide detectó a un auto negro con lunas polarizadas detrás de ellos que, particularmente, seguía la misma ruta desde hace 10 minutos. Se giró hacia atrás de un soplo y registró la matricula en caso de emergencia.


—Acelere, por favor. Y siga con mis instrucciones antes de tomar la ruta principal.


El conductor le miró extrañado, pero cumplió con sus requerimientos. Doblaron otra esquina y el mismo auto seguía sus pasos... como si danzaran. Jungkook acarició con gentileza los cabellos de su humano, haciéndole despertar de su somnolencia.


—¿Qué pasa? —él preguntó, restregándose el ojo izquierdo.


—Estoy un 94.6% seguro de que nos está siguiendo un auto, hace 4 minutos le pedí al conductor que rodeara esta calle. Estuvimos yendo en círculos por un buen rato y el auto seguía detrás nuestra.


—¿Estás seguro? —Taehyung se giró con sutileza, fingiendo estirarse para poder mirar desde la ventana trasera. —¿Y si solo es alguien que no conoce la ciudad?


Jungkook parpadeó paulatinamente, mirándole serio.


—No quisiera arriesgar su bienestar por una conclusión tan pobre.


De un momento a otro, el auto negro aceleró con rapidez, con todas las intenciones claras y posibles de querer acariciar gentilmente al taxi en el que iban.


—¡¿Jungkook?! — el pelinegro soltó alarmado, viendo como el vehículo se aproximaba a lo lejos con una violencia desencadenada.


El conductor se asustó por el sonido del auto acercándose y entro en pánico cuando parecía no querer detenerse.


Jungkook se movió con velocidad, rodeó el cuerpo del pelinegro entre los brazos y lo hundió en su pecho cuando el impacto golpeó la parte trasera del taxi, el auto se movió unos cuantos metros por el golpe, pero seguía en funcionamiento.

Esos bastardos.


El conductor del taxi sintió su hombro arder al ser tocado por el androide.


—Muévete, yo conduzco.

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13 января 2021 г. 8:49:39 0 Отчет Добавить Подписаться
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Прочтите следующую главу *Capítulo 2: El secreto.

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