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¿Alguna vez has entrado a una tienda que parece...mágica? ¿Donde simplemente te sientes bien después de estar en ella? Kim Taehyung, estudiante de artes, nunca ha entendido por qué los clientes del café en el que trabaja siempre se van con una sonrisa, aún menos por qué su jefe Kim Seokjin, pareciera contener tanta sabiduría en sus ojos, y la vez, una tristeza que a cualquiera le lastimaría el corazón. Por mucho tiempo creyó que el atractivo e ingenio de su superior era la razón de que un café tan pequeño fuera reconocido en una ciudad tan grande como lo es Seúl. Nunca esperó que la razón detrás de esto fuera mucho más compleja de lo que creía. La tienda mágica no es lo que aparenta, los conejos y gatos son más listos de lo que pensaba; el amor puede ser una fuente de alegría y tristeza, ¿Pero será la solución al problema al que se enfrenta? "Quiero estar ahí hasta que ya no quieras que lo esté. No me importa si es por una semana, un mes o diez años" Jeon Jungkook podría tener las respuestas.


Фанфик Группы / Singers Всех возростов.

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Capítulo 1: El dolor del artista

Llegó agotado nuevamente ese día, realmente el trabajo en el café era más demandante de lo que parecía a simple vista.


Al inicio creía que solo tendría que preparar cafés, limpiar, lo normal... pero la realidad no podía ser igual que la ficción ¿no es cierto?


Su trabajo era mucho más complicado.

No porque le impusieran más horas de trabajo.

No porque sus compañeros fueran desagradables.

Ninguno de estos era el motivo detrás de su cansancio.


Solo había una persona que podía ser la culpable de su agotamiento: Kim Seokjin...su jefe


Ciertamente estaba muy agradecido con el mayor por contratarle a pesar de su falta de experiencia como barista, además de que la paga no estaba nada mal. Pero Kim Seokjin como tal, era otra historia. El mayor tenía una personalidad algo peculiar, tanto que Taehyung no conseguía entender por qué este atraía tanto al público femenino. Aunque negar su atractivo físico fuera imposible, su hyung tenía un sentido del humor extraño, una risa de limpia vidrios, y cierto nivel de narcisismo que era reconocible rápidamente.


A veces a Taehyung le extrañaba no ver a su superior besando su reflejo en el espejo.


Sin embargo, Kim Seokjin no era muy exigente con sus empleados; a menos que encontrara algún error en la preparación de las recetas, y ni hablar de los escasos momentos en que alguno de los camareros; o reposteros, dejaban caer algún cabello en las preparaciones que luego los clientes consumían. El mayor casi lo había amenazado de dejarlo calvo si esto se repetía de nuevo en algún momento. Tae no dudó de ello ni un poco. Uno de lo empleados lucía un recién estrenado corte militar ese mismo día.


Desde entonces corría de regreso a su apartamento cada vez que no lograba encontrar algo con lo cual sujetar su cabello, para evitar que su rizada melena castaña le fuera arrebatada.


Se dejó caer sin una pizca de energía restante sobre su cama con ambos brazos abiertos y la cara enterrada entre las almohadas, el mueble crujió levemente bajo su peso. La había conseguido a un precio bastante económico para un estudiante con el estómago lleno de café y fideos instantáneos; tristemente la condición del pedazo de madera concordaba con su bajo precio. De hecho, eso era algo que le agradecía a Seokjin, aquellos días en que se presentaba en el café, no tenía que preocuparse por el almuerzo e incluso- algunas veces- la cena, pues dependiendo de la clientela de ese día, el mayor le permitía llevarse las sobras de pasteles, galletas y sándwiches que no habían sido vendidos. Evitando que estos fueran desperdiciados.


Solo el molesto timbre de su teléfono le logró sacar de sus pensamientos y del sopor que el suave ronronear del pequeño aparato del aire acondicionado le estaba provocando. No había sido tan mala idea ahorrar en el mobiliario con tal de mantener la habitación más cálida, el invierno de Seúl era crudo, estaba seguro de que no podría soportar las noches en vela de no ser por ese bendito aparato.


Extendió a tientas su mano hasta alcanzar la fuente de ese ruido interminable.


Debería cambiar el timbre


—¡Tae! ¡Ahhh, al fin contestas! ¿Dónde estás?—la voz de su mejor amigo resonó por la silenciosa habitación. Parecía algo desesperado, lo que extrañó a Tae, quien apenas podía mantener sus párpados abiertos—¡Tierra llamando a Taehyung! Aquí el capitán Mochi, tenemos una emergencia, o bueno...mas bien tú tienes una. ¿Recuerdas a esa chica de la mañana?


—Mhmmm— se sintió estúpido por asentir como si el chico al otro lado de la línea pudiera verle. Volteó ligeramente para que su voz no fuera obstruida por la almohada— La recuerdo ¿Qué con ella?


Jimin permaneció en silencio por unos segundos que a Tae le parecieron demasiado largos, comenzaba a preguntarse por qué el rubio estaría tan alterado. Finalmente; volvió a hablar, pero las palabras que pronunció su mejor amigo le dejaron helado.


Ni siquiera se percató de cuando se levantó y se colocó su abrigo o los zapatos, tampoco de cuando bajaba las empapadas escaleras a toda velocidad, ni de la lluvia o el frío, lo único que poseía su cabeza eran esas nueve palabras.


—Creo que están destruyendo tus pinturas.


Fueron meses de trabajo en esas pinturas, horas y horas de esfuerzo que nunca permitiría se fueran a la basura. Esos cuadros no solo eran para ser calificados por un grupo de críticos y profesores, para Tae eran más que eso, contenían sus sueños, temores, pasiones, esperanzas e incluso su desesperación a lo largo del semestre.


Su corazón latía agitado, mantenía los dientes apretados mientras seguía corriendo; su teléfono comenzó a sonar nuevamente cuando ya se acercaba a la entrada principal de la facultad; lo ignoró y continuó, solo permitiéndose detenerse para tomar aliento cuando logró subir las múltiples escaleras, llegando frente al salón donde se suponía estarían los cuadros para la exhibición.


Se acercó al pomo de la puerta con el corazón en la garganta.


Estaba abierta.


Se suponía que los cuadros debían estar bajo llave hasta el día siguiente para asegurarse de que nadie saboteara el trabajo de otros. A pesar de sus buenas intensiones, los maestros eran ilusos al creer que nadie encontraría una forma de entrar... mucho menos si esas personas tenían el dinero suficiente. No le sorprendió escuchar las risas de un grupo de personas no muy lejos de allí, las había percibido demasiadas veces a lo largo de ese año como para no identificarlas.


Con los pies hechos de plomo, consiguió dirigir sus pasos al origen de las carcajadas. Un par de ojos maliciosos se dirigieron hacia él, no fue capaz de mirar sus rostros; ni tampoco quería hacerlo, ya sabía de quienes se trataba. Lo único que captaban sus ojos eran sus pinturas... destruidas. El retrato de su abuela estaba rayado con marcador negro, mientras que el paisaje de su ciudad natal lo habían roto, incluso algunos trozos estaban esparcidos por el suelo.


— ¿Qué pasa? Taehyung—preguntó uno de los chicos con una sonrisa cínica, sostenía una navaja—Ah—exclamó poniéndose de pie—¿Te gustan? Necesitaban unos arreglos ¿No crees?


—El retrato era demasiado plano, ese toque de marcador lo hace resaltar más —dijo Hye entre risas—De todos modos nunca habrías ganado. Te hacemos un favor.


Taehyung no podía respirar; no lograba decir palabra alguna, a pesar de que su mente le rogaba que explotara en ese mismo instante, liberando toda la ira y dolor que sentía. Pero, simplemente no podía. Tal fue su nivel de respuesta, que después de un minuto en silencio aquel grupo de ojos y sonrisas diabólicas ya se habían ido entre risas, dejándole solo frente al desastre que habían creado.


¿Todo su esfuerzo había sido en vano?

¿Esas noches eternas sin dormir?

¿Las horas extras en el café para conseguir reponer sus materiales?


Sus piernas ya no consiguieron aguantar más y cayó de rodillas al suelo; le tiritaban las manos, su garganta ardía al retener las lágrimas. Estaba cansado; agotado de las burlas de las mismas personas de siempre y la constante presión de esforzarse al máximo con tal de demostrar que merecía estar allí, que no le habían permitido ingresar a esa academia solo por lastima. Tenía potencial, y el derecho de desarrollarlo como cualquier otro. Estaba dispuesto a dar todo de sí para probarlo; sin embargo, él no era un héroe invencible sacado de la literatura.


No.


Él era humano y como tal en algún punto se derrumbaría o explotaría.


Le aterraba alcanzar ese estado.


Aún así, allí estaba, llorando en silencio; abrazando sus cuadros destrozados como un niño pequeño. El agua que cubría su abrigo se traspasaba a los restos de sus pinturas. Ya ni siquiera tenía sentido preocuparse por eso, ni por el frío que le congelaba los huesos.


—¡Tae!—una voz familiar se hizo audible entre todo el silencio y oscuridad que lo rodeaba. Jimin se le acercó a paso apresurado; llevaba un bolso deportivo en una de sus manos y el cabello rubio algo revuelto. Seguramente se había quedado hasta tarde practicando de nuevo —¿Por qué no me esperaste!


Sonaba molesto, pero la preocupación en su voz era aún más notoria. Jimin se percató de inmediato de que el castaño estaba empapado, sudoroso y era un total desastre emocional en ese momento. Por su parte, Jimin no estaba tan lejos de aquello, que Taehyung no respondiera sus llamadas le había alterado, pues nunca conseguía predecir del todo las acciones de su mejor amigo. Soltó un suspiro antes de dejarse caer a su lado, abrió su bolso rebuscando entre las prendas hasta encontrar una toalla con la que comenzó a secar un poco el cabello del castaño; al menos lo suficiente para que las gotas de agua no le resbalaran por la frente y el cuello. Luego lo envolvió con una bufanda intentando mantenerlo caliente, no era mucho lo que podía hacer, pero no quería que atrapara un resfriado.


Taehyung no opuso resistencia ante los intentos de cuidado de Jimin, quien esperó pacientemente a que este se decidiera a hablarle. Pasaron varios minutos para que finalmente le explicara lo sucedido; al inicio entre sollozos, mientras Jimin le abrazaba.


Solo se atrevió a preguntar al respecto una vez ambos se alejaron de aquella escena desoladora.


—¿Qué harás?... —preguntó cautelosamente mientras caminaban hacia la salida del recinto. Como no parecía dejar de llover pronto, insistió en que se dirigieran al café en el cual trabajaba Taehyung, pues este estaba cerca y podrían entrar en calor.


Taehyung rió desganadamente antes de responder.


—¿Acaso hay algo que hacer? Se acabó Jimin... con algo de suerte me dejaran presentar de nuevo en el siguiente curso.


Si es que avanzo al siguiente curso...


—Deberías irte a casa, ya es tarde. Si sigues pegándote a mi terminarás igual de empapado—levantó ligeramente la mirada hacia el paraguas que Jimin sostenía; una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al percatarse de los tiernos pajaritos amarillos que cubrían el interior, ocultos por la tela negra sobre el armazón.


Park Jimin tenía una debilidad por ese tipo de detalles y figuras adorables; aunque Tae sabía que se esforzaba por ocultarlo ante sus compañeros de clases.


—Claro, ¿Para que después andes lloriqueando solo o deambulando por ahí y termines con un resfriado?—dijo con tono burlón y algo exasperado—Lo siento mucho, pero tendrás que soportar mi compañía hasta mañana. No pienso dejarte solo—cuando Tae iba a intentar responder, le interrumpió nuevamente levantando su mano libre—Y no está a discusión.


Taehyung sacudió su cabeza, divertido, causando que algunas gotitas le cayeran en la cabeza a Jimin, quien no pareció inmutarse por ello.


Tardaron un par de minutos en llegar; el café parecía ya haber cerrado, pero las luces continuaban encendidas, así que Seokjin aún debería estar adentro.


Llamaron a la puerta varias veces, hasta que al fin, el mayor les abrió. Listo para replicar que ya habían cerrado. Sin embargo, al ver el estado de Taehyung la confusión invadió el rostro de Seokjin.


Fruncía levemente el ceño, como si intentara descifrar por qué el chico parecía salido de un río.


— ¿Nos vas a seguir mirando como si viniéramos de Marte o nos dejarás entrar hyung? —preguntó Jimin. Corría bastante viento y realmente necesitaba un café en esos momentos. Al menos sus palabras consiguieron sacar de su trance a Seokjin, quien quitó el seguro de la puerta para permitirles entrar.


El café era pequeño, cálido y acogedor; por lo que su fama se debía a ser un lugar donde las personas podían acudir para sentirse mejor. Taehyung nunca comprendió del todo por qué algunos clientes parecían irse siempre con una sonrisa o un pequeño brillo en su mirada; pero cuando su jefe les sirvió una sencilla taza de café a él y Jimin, lo entendió por unos momentos.


Su dolor y la desesperación vivida parecían detenerse por unos minutos con cada pequeño sorbo.


Ambos le explicaron lo sucedido al mayor, quien escuchó atentamente a ambos chicos mientras disfrutaban sus bebidas. Al terminar, se levantó por un momento regresando con su cartera entre las manos; ambos le miraron extrañados al ver que dejaba un par de billetes sobre la mesa.


—Compra materiales nuevos antes de que la tienda de la esquina cierre. Dile al vendedor que vas de mi parte.


—¡Pero hyung!... —Tae miró atónito el dinero sobre la mesa, Seokjin no tenía la responsabilidad de preocuparse por él; que los recibiera en el café ya era suficiente.


—Considéralo como un pago adelantado--se encogió de hombros, intentando restarle importancia ante la mirada incrédula de los menores— O si te hace sentir mejor; hazme el favor de sacar al gato que se sube a las mesas de la terraza.


Tae solo asintió un poco, lo que pedía su Hyung era demasiado poco en comparación a lo que le estaba ofreciendo. El mayor solo le dio una pequeña sonrisa de boca cerrada intentando animarlo; seguramente el menor estaría pensando en que no tendría sentido intentar hacer un nuevo cuadro a esas alturas.


—Es mejor intentarlo y fallar, a no hacerlo. Todo saldrá bien Taehyung-ah—pausó por unos segundos. Solo se escuchaban las gotas de lluvia golpeando contra los cristales de las ventanas —Te lo prometo.


Y por algún extraño motivo, que no consiguió comprender; sabía que Seokjin no le estaba mintiendo.

26 января 2021 г. 17:29:36 0 Отчет Добавить Подписаться
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Прочтите следующую главу Capítulo 2: Cafeína y fideos.

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