samsam Samantha Hirszenberg

❝Desde que ese aroma a mantequilla inundó el palacio de Sicilia, SeokJin supo que había perdido la partida para siempre, como un desosegado que camina hacia su muerte... Pudo soportar la boda religiosa como quien soporta el hedor de la putrefacción, aguantando la respiración y ahogando los sollozos que emanaban de su garganta; pero, una vez abandonado el acto sagrado, se limitó a internarse en el Bosque Negro, como un animal que se esconde del depredador para lamerse las heridas. La palabra amor, como cicatriz que aún escuece en el alma, y la palabra vacío que se avecina como una sentencia definitiva de su deplorable estado... Eso es todo lo que le queda❞.


Фанфик Группы / Singers 18+.

#drama #reyes #kimseokjin #seokjin #jeonjungkook #jungkook #cliche #royal #jinkook
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Capítulo Único

PROPUESTA Y RESPUESTA



«[...] Coloca tu espada en mi cuello...
y acaba con la vena traidora.
Porque estoy muy cansado de los discursos fantasiosos e irreales,
en los que puedo
pintarte a mi lado[...]»


—No... por el amor a los dioses del norte —exclamó Seok Jin, preso del descontento al que lo aprisionaba el vino de Córdoba que aún saboreaba entre los labios.


Era excitante, la manera en la que una simple bebida, lo inducía al letargo y al desasosiego... Y como todo un masoquista, disfrutó de la desdicha que se deslizó por su garganta en tragos amargos —no pretendas venir a tirarme tu lástima a la cara, Jung Kook. Me ha quedado muy claro hacia qué rumbo pretendes dirigir tu vida... —sentenció, deseoso de que la enfermedad en sus ojos avanzara, para no tener que mirarle a la cara —y no te culpo.


—No me hagas esto, no me responsabilices de tu desdicha. —Se defendió el heredero de Silicia, Jung Kook Jeon II, quien había estado suplicando por una explicación que nunca llegaría, desde que salió corriendo esa noche, bajo el plenilunio, deseoso del arrepentimiento ajeno —Necesitamos avanzar... Seok Jin, he venido hasta aquí para dejar las cosas claras... no... no nos hagas esto... —suplicó el príncipe siciliano.


No estaba dispuesto a admitirlo en viva voz, pero se había escabullido en la noche de su boda, hacia el sector norte del palacio. Tan cerca de las caballerizas como nunca antes se atrevió a avanzar; Los céfiros gélidos reclamaron el terreno de coníferas, sumiendo el ambiente en una temperatura terrible que hacía tiritar los dientes. Y ahí, en medio del silencio, Jung Kook no pudo otorgar un porqué a sus acciones.


Ambos hombres, yacían de pie, uno frente al otro, entre la luz dorada de los candiles en los establos y la penumbra asfixiante del Bosque Negro, antecedido por una extensión de cipreses que, altos e imponentes, adornaban el castillo.


Jung Kook pudo observar la espada envainada de su general más devoto. ¿A dónde iba si no a la batalla? No tenía derecho alguno para retenerlo... Sin embargo, ahí estaba, con el deseo reprimido y las manos hormigueantes por rogarle que se quedara, porque lo sabía... le había llamado, para notificarle su huida.


—¡Y cómo no hacerlo! Si su majestad se ha encargado de destrozar cada aspecto en mi vida, desde que osé enamorarme de vuestra perfección —la sorna en la voz de Kim Seok Jin, el Caballero Desterrado, caló entre sus huesos como una sentencia de muerte; inundó el oxígeno, aprovechando el vaivén de la brisa, llevando entre sus esporas, un desprecio inconmensurable. Un resentimiento añejado y corrupto que amenazaba con acompañarle hasta el final de sus días—. Es evidente que no me importuna, saberlo ajeno —aseguró el caballero, dudoso de sus propias palabras—, imaginarle en los brazos de una mujer que no puede satisfacerle por más que la niña se esfuerce en hacerlo feliz. ¡Y está bien! —dijo con una contundencia abrumadora—, ¿a quién demonios le va a importar que un guardia de medio pelo muera ahogado en su propia saliva, en su propio llanto... ¿No es eso, Jung Kookie?


—Te lo advertí. Yo no podría corresponderte. Mi boda con lady Min era... inevitable —un deje a lamento se filtró en los verbos del príncipe, dejando en evidencia todo arrepentimiento, entre el esfuerzo que ponía en mantener impasibles sus palabras—. No pude cancelarla, lo sabes.


—Yo no le pedí que la cancelara.


—Entonces, ¿qué pretendías?, ¿que abandonara a mi reino en medio de una guerra?, ¿que rechazara a Min sabiendo lo que pasaría con mi gente? —exclamó Jeon, entre irascible y desconcertado. Una indignación estaba creciendo en la boca de su estómago ante lo incrédulo que resultaba el discurso de Seok Jin; la frustración estaba a punto de asomar por sus lagrimales, pero el orgullo las empujó muy dentro de su alma—. ¡Por favor! Hemos jugado a la casita desde que aprendimos a caminar... Pero ya va siendo hora de madurar. General Kim, usted es el mayor, el campo de batalla no será amable con nosotros si es que se desata la guerra, ¿no cree que debería estar poniendo el ejemplo?


Kim Seok Jin, movido quizá por la indignación, o quizá por el orgullo, se atrevió a acortar los pasos que le separaban de su más grande enemigo... la cobardía encarnada en hombre: Jeon Jung Kook. Pues, ¿en qué otra cosa podría convertirse un hombre tan necio y estoico como aquel?


—Por eso mismo, me atrevo a poner el ejemplo.


Mantuvo la mente imperturbable. Entre el suspiro de la tierra que le susurraba una oración de redención. Y se atrevió, a plantarse cerca, muy cerca de su majestad; la diferencia de alturas siempre le llenó de altanería, por lo que no desaprovechó la oportunidad de mirarle desde arriba, como se le mira a un ser inferior, importándole poco que se tratara de su futuro rey.


Era difícil para él, sucumbir ante el origen divino de su poder, cuando le había tenido entre brazos, dotado de una desnudez artística y desinhibida, propia de los amantes que se entregan mutuamente en un acto de confianza plena.


Ese no era su futuro rey.


Ese era su amante.


Pero, si era suyo, entonces... ¿Por qué estaba a punto de perderlo de la noche a la mañana?


—No estás poniendo el ejemplo. Esto no se trata de una simple clase de esgrima. Dejar a Lady Min sin un esposo, hubiera sido el final de esta Tierra, nada de lo que pudiera resultar de un «nosotros» era posible desde el principio. Acept...


Seok Jin harto de la palabrería, llevó las manos al rostro, restregándose las palmas en señal de frustración. El acto casi lo hace alejarse, pero no se rindió.


Nada de lo que saliera de Jeon Jung Kook podría haber convencido al general Kim. Los pocos veranos hundidos en la clandestinidad, fueron suficientes para destrozar a Kim; para convertirlo en un perro enamorado de su dueño. Al general le habían encandilado como a ningún otro. Le habían hechizado... Y ahora el brujo no quería hacerse cargo de su error. Y es que el príncipe heredero era de todo, menos un alma benevolente, Seok Jin estaba convencido y eso solo aumenta la furia en el guardia.


Jeon Jung Kook por su parte, pudo jurar y perjurar que solo jugaba con él... Que Seok Jin no era más que la vía de escape para drenar el estrés que generaba la corona sobre su cabeza.


Y jugaron. Durante mucho tiempo. A escondidas de los reyes, la corte y el pueblo. Y fueron tan felices como dos farsantes pueden llegar a serlo, desnudándose de vez en cuando, entre las atalayas del castillo, contándose los lunares de la espalda, como quien no le teme a la muerte... Probándose el aliento hirviente de tanto en tanto, en la promesa de que incluso los momentos más insignificantes, pueden prevalecer para la eternidad como un «bello recuerdo».


Para desgracia de ambos, la piel humana fue demasiado sensible, por lo que tarde o temprano... se supieron mutuamente imprescindibles.


Por más que Jeon Jung Kook quisiera negarlo, la trampa les había atrapado a ambos y eso el general lo supo.


—Se está muriendo por mí —confesó a la luna—. Me desea tanto que no puede ocultarlo... Por eso se ha escabullido en medio de la noche —sentenció, altanero. El susurro seductor que salía de sus belfos provocó una electricidad en el cuerpo del príncipe. Estaba siendo desenmascarado—. Una simple nota dentro de una botella de vino fue suficiente para tenerle aquí, bajo la luna... Luchando contra sus propios impulsos. Dudando de seguir portando esa estúpida máscara de héroe que se ha autoimpuesto para no decepcionar a sus muertos. ¿No le parece hilarante, su alteza?


—Me parece hilarante el que pienses que vine por ti —mintió Jeon.


—¿Qué es lo que le impide admitir la verdad?


La proximidad de sus cuerpos estaba convirtiendo a ambos hombres en cenizas. Seok Jin suspiró cerca de las mejillas del heredero, disfrutando del tenue temblor que sus juegos provocaban. Sintió como una victoria, el hecho de que no se volviera sobre sus pasos, o le empujara hacia los pinos, llamando a los guardias por faltarle al respeto. Seok Jin pudo confirmarlo: Jeon Jung Kook simplemente se estaba reteniendo.


—El deber.


—¿El deber?


Entonces Seok Jin no pudo evitar tocar con los labios las comisuras del heredero. Le sintió suspirar también. Le sintió temblar, como a un niño, como a un inexperto que teme hacer mal sus hazañas y recibir un castigo por ello.


—Sí. Quizá... En otra vida. Una en la que la elección de mi compañía eterna, no involucre la muerte de las personas bajo mi cargo.


La palabra «hipócrita» surcó su mente como una burla.


En ese momento de rabia y deseo, bebió de sus labios en un trago largo, tendido y demandante; no pudieron evitar atraerse mutuamente, intentado como desesperados tomarse de los ropajes y la propia piel. Y cuando la calidez se volvió sofocante y el bombeo en sus corazones se tornó lastimero, se separaron solo un poco, luchando por tomar las bocanadas de aire que les fueran necesarias para subsistir.


Continuaron en la cercanía. Jung Kook palpó la empuñadura de la espada, y con una ligera rabia que se saboreaba entre los dientes... Desenvainó el arma para amenazar al general, posicionando la hoja muy cerca de su cuello.


Jung Kook gruñó. Por más que hubiese intentado montar una farsa con su ahora esposa, aquí estaba, mirando a los ojos a la verdadera persona que quería dentro de su habitación en la noche de bodas...


Le amenazaba, con los orbes a punto de estallar en mil cascadas. Por lo menos la espada impedía que se le acercara con esa mirada suplicante que le destrozaba la moral en milésimas de segundos. Lo necesitaba lejos para poder pensar con claridad.


El silencio apremiante y la amenaza en su garganta, junto al canto de los pájaros nocturnos, obligaron a Seok Jin a exteriorizar sus pensamientos en una ráfaga de fugaz valentía:


—Te propongo desaparecer.


—Hum... —Jung Kook le miró con la respiración congelada, dudosa. Entendiendo muy poco lo que salía de sus labios —Te burlas de mí —aseguró, profundamente dolido y con las cejas montadas en un deje de incredulidad.


—Vivir lejos...—Seok Jin se plantó como todo un guerrero dispuesto a conquistar, sin inmutarse al verse desarmado frente a un espadachín de la alcurnia del joven heredero. Pero, entre sus pupilas, se encontraban danzando las mil de derrotas que había sufrido a su causa. Derrotas que se impregnaban en una tristeza inflexible y espesa y que le aprisionaban la garganta entre puros sollozos no pronunciados —; Al otro lado del océano. Una tierra en la que el deber se disuelva como la sal en el mar...


Quería con todas sus fuerzas que la huida también fuera una opción para Jung Kook. Por eso se atrevió a vaciar la botella de licor, para introducir un pequeño papel con la nota de "tuyo", mandándola como regalo de bodas a su príncipe. Supo que entendería el mensaje.


¿Y qué si era descubierto?


¡A quién demonios le importaba!


De cualquier manera, si Jung Kook se negaba a seguirle en su estupidez con forma de barco turco rumbo a América, podría utilizar el poco oro que le quedaba para irse muy al demonio; de hecho, por un enorme lapso de tiempo, desde que había abandonado la boda, pensó que todo estaba perdido, que Jeon había decidido iniciar de nuevo con su esposa, dejándole atrás a él y a su amor; y que ahora debía iniciar de nuevo, con el corazón destrozado y las ganas de vivir enterradas junto las raíces de los pinos.


Pero...


De un momento a otro, apareció el hombrecillo, con la respiración entrecortada y el cabello pegado a la frente parloteando estupideces sobre el amor y el deber.


Tenía aún el traje de bodas y la insignia que lo distinguía como aliado del país vecino. Una pieza de oro muy bonita que no podía ser más grande que un pulgar. Casi quiso reir, por la ironía de la vida...


¿Eso era lo que valía su cariño?


¿Una mustia pieza de metal que podía ser enterrada en un santiamén?


Seok Jin tomó la hoja de la espada con la palma abierta, permitiendo que el filo le causara un pequeño corte... Supo que Jung Kook no tendría el valor de matarle... y lo confirmó cuando se le acercó de nuevo a los labios, antes de trazar el camino rumbo al lóbulo de su oreja, decidido a jugar sus cartas... Entonces tragó saliva antes de clamar su osadía.


—Largarnos... muy al demonio. Para cuando el pueblo esté cayendo en las llamas del infierno, tú y yo estaremos lejos... muy lejos —exclamó en un susurro—: En el fondo de un barco que...


—¡Basta!, ¡deja de decir estupideces, Seok Jin!


El general nunca bajó la mirada como en ocasiones anteriores. Muy al contrario, le tomó de la nuca, para impedir que el príncipe clavara la mirada en el suelo, como cuando evitaba sus responsabilidades. La espada provocó un pequeño sonido, amortiguado por el pasto envuelto en rocío... al tiempo en que los cabellos del príncipe Jeon se impregnaron de la espesa sangre en la palma del general.


—Este será el último "no" que voy a tolerar, Jung Kook.


Jeon se limitó a observar a Seok Jin... a su querido Seok Jin. Podía olisquear su desesperación. Pudo sentir el temblor en su amor imposible incrédulo de lo que estaba a punto de pronunciar:


—Me alivia saber que ya no tengo porqué seguir lastimando a mi alma gemela —susurró, con el dolor intrínseco creciendo en cada sílaba que pronunciaba— espero... tengas un buen viaje, general.


—¿Es esta tu respuesta, Jeon?


—Quizá en otra vida... los dioses sean más benevolentes con nosotros.



📷


Publicación: 24042020

Republicación: 05122020


Love, Sam 🌷

6 декабря 2020 г. 5:32:17 3 Отчет Добавить Подписаться
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Об авторе

Samantha Hirszenberg ♥️ ¡Hey, aquí Sam! Escribo desde el 2018 para el fandom de BTS al que pertenezco, pero he amado la literatura desde que era bastante pequeña. Me gustaría estudiar una Licenciatura en Literatura algún día, pero por lo pronto, estoy muy bien compartiendo mis ideas de manera virtual. Últimamente he estado leyendo algo de Le Fanu y Kipling, para entrar en ambiente con la temporada terrorífica, ¿Qué estás leyendo tú? Love, Sam.

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aBaepsae aBaepsae
Que doloroso y bello todo, amo como escribes 💜
hon hon
Woooo me encanta como escribes. Y lo q pasó al final ah q frío Jeon. Jsjs

  • Samantha Hirszenberg Samantha Hirszenberg
    Qué alegría que te gustara :3 Y sí, Jeon bien resignado. Jajaja. ¡Gracias por leer! December 11, 2020, 22:34
~