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Rosabel es una mujer llena de sueños y metas para ella y su mamá. Un desafortunado giro en su vida la llevará a tomar desiciones con tal de ayudar a su mamá. Una historia para el Authors Cup.


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Rosita

Cuando uno es pequeño siempre sueña cosas grandes, ser un astronauta, una princesa o presidente del país. Mientras crecemos esos sueños irreales se vuelven cada vez más factibles. Buscamos metas que creemos que podemos alcanzar para vivir dignamente y salir de vacaciones al menos una vez al año. Tener comida en la mesa y si ahorramos lo suficiente poder hacer un viaje al extranjero a alguna isla exótica o un país de primer mundo. Algo que por supuesto está muy lejos de ser real.

Soy Rosabel, Psicóloga Social de profesión e hija única de una madre soltera… Esta es mi historia.
Tenía doce años cuando mi padre nos abandonó dejándonos a nuestra suerte. Madre y yo habíamos ido a visitar a la única hermana que ella tuvo que agonizaba de cáncer de mama; el viaje de por sí fue triste pero más el regreso. Cuando llegamos a casa en el que era entonces el DF, nos encontramos con la noticia de que mi “bendito padre” había vendido nuestra casa y se había llevado las pertenencias que teníamos. Ni que decir de la ropa o algún juguete, los nuevos dueños se habían tomado por prenda todo lo que teníamos.

Recuerdo que mi madre lloró tanto esa noche luego de haber buscado a mi papá en todos los lugares donde sabíamos frecuentaba, cuál fue nuestra sorpresa cuando una vecina apiadandose de nuestra situación nos contó que él tenía desde hace un par de años otra mujer a la cual metía en casa siempre que podía. Está de más decir que la vecina era una de esas mujeres sin oficio que solo se dedica a ver todo cuanto pasa a su alrededor. Esa noche dormimos en su casa, al día siguiente volvimos a Cholula, Puebla, en donde vivía mi tía.

Dicha mujer era un pan de Dios con un marido peor que el de mi madre, quien solo tenía un vicio: Las mujeres. Sin embargo, Carlos Pérez era conocido por sus diversos vicios que iban desde una botella de alcohol hasta porros de mariguana y otras drogas.

Mi tía no vivió para seguir aguantando las estupideces de dicho espécimen, ella falleció dejándonos en un tremendo lío con los gastos fúnebres y una vez más sin un techo, ya que el “Tío Carlos” nos echó de su casa en cuanto volvimos del entierro.
Desesperada, mi madre robó unas joyas de mi difunta tía y las empeñó con el afán de irnos lejos. Viajamos a Tijuana en donde nos establecimos, mamá consiguió un empleo y rentó un cuarto en una casa de visitas. Estuvimos ahí casi un año hasta que a mamá la ascendieron en el lugar donde trabajaba y consiguió una casa de renta en los límites de la ciudad.

Cuando tuve edad suficiente para trabajar ayudé con los gastos trabajando en una tienda de ropa en el centro, con el paso de los años mi mamá compró un pequeño lote a las orillas de la ciudad y construimos una casita. Era humilde, pero la construimos a base de esfuerzo y con mucho amor.

Comencé a estudiar una licenciatura en Psicología a los veinte años, quería que mi madre dejase de trabajar algún día y poderle ayudar con todos los gastos. Mi mayor sueño era que algún día pudiéramos salir de vacaciones a una playa. Mamá trabajaba día y noche para ayudarme con los gastos de la universidad, yo trabajaba también en las noches en un oxxo para ayudar con los pagos.

Ambas nos esforzamos mucho por salir adelante, tanto que creíamos firmemente en que tendríamos nuestra recompensa, pero esta nunca llegó.

Habían pasado cuatro años, estaba a punto de terminar mi carrera profesional cuando le fue diagnosticada a mi madre una enfermedad que poco a poco fue destruyendo su cuerpo, su fuerza, su energía, sus ganas de vivir y nuestros sueños.

La artritis reumatoide fue tan degenerativa para mi madre que a los pocos meses ya estaba totalmente postrada en cama, yo tenía que seguir trabajando y estudiando, así podría conseguir un buen empleo para solventar los gastos de la enfermedad. Desgraciadamente ese mismo invierno mi mamá enfermó de neumonía y tuvo que ser hospitalizada, mi única opción era sacar los ahorros que teníamos para nuestro viaje a Cancún y pagar las facturas las cuales no hacían más que aumentar.

El dolor de ver a mi madre postrada en cama y sin ninguna otra opción más que de abandonar la universidad para buscar otro trabajo, solo provocaban en mí una creciente y lamentable desesperación que no hacía más que invitarme a fumar cada vez más.

El doctor me comentó que mi mamá iba a ocupar una enfermera en casa si es que yo no podía cuidarla como se debía, darle de comer, cambiarle el pañal, bañarla y medicarla; aunque yo creí que si podía sabía que para pagar las factura que se acumulaban debía trabajar más.

Entraba a una tortillería cerca de mi casa a las cuatro de la mañana y salía a las diez, ayudaba a cargar la tortillera con la masa. Era un trabajo pesado, ya que desde temprano ponía amasar la harina, el agua y el nixtamal. Después de eso salía corriendo a limpiar unos departamentos a media hora de camino de ahí, salía a la cinco exhausta y me iba a la universidad, luego trabajaba en el oxxo, se suponía que salía a las siete pero uno de los chicos me hacía el favor y me cubría, esto fue así por tres meses.

Prácticamente dormía en los camiones mientras me trasladaba de un lugar a otro, sentía que las fuerzas me faltaban, pero era más mi empeño de ver a mi mamá en buenas condiciones que no me importaba todo el cansancio.

Fue en una de esas veces que sentí que no podía con mi vida, mi compañero del oxxo me ofreció un poco de droga para aguantar la jornada, y aunque me resistí, al final del turno tomé el sobrecito y me marché con él… no sabía si lo consumiría pero si llegaba el punto en el que no soportaría lo haría sin dudar.

Ese mismo día cuando entré a mi turno mi jefe me informó que estaba despedida, las cámaras del lugar grabaron cuando yo abandonaba mi turno antes de tiempo y a mi compañero drogándose ahí hasta quedar muerto. Un paro cardíaco provocado por el abuso de sustancias tóxicas… llámese cristal.

Caminé preocupada a casa, ese trabajo era el que me proveía del seguro médico para ambas, sin él no sabía cómo es que sobreviviría mi madre. Fue en ese trayecto que pasé por una zona en la que normalmente pasaba de día, bares, burdeles de mala muerte y puestos de comida callejera para los alcohólicos y transeúntes nocturnos que vagaban sin rumbo como yo. Me detuve en uno de esos puestos a sabiendas de que acababa de perder mi trabajo, pero con el estómago vacío desde hace más de un día. Es increíble cómo es que uno olvida comer cuando vive de esta manera.

Pedí una orden de taquitos al pastor y me alejé un poco de la multitud maloliente que cenaba parados alrededor de la carreta. Había un que otro oficinista que seguramente había mentido a su esposa diciendo que tenía mucho trabajo en su oficina pero que en realidad su único propósito era unas horas más lejos del hogar.

—¡Hola! —saludó una chica de cabello rubio, maquillaje exagerado y vestido exageradamente corto.

—Hola —respondí cortante esperando que se alejara.

—¿Eres nueva, no es así? —preguntó como si yo supiera a qué diablos se refiere—. Déjame adivinar, trabajas en el Foxxy´s.

No sé si fue mi cara de pocos amigos o el hecho de que yo buscara a mi alrededor un lugar llamado Foxxy´s. Cuando ví que era un burdel me molesté. ¿Acaso me veo de la misma forma que ella?

—No sé qué te ha hecho pensar que soy una de ustedes —respondo despectiva.

—Oye, lo lamento. Tranquila, es solo que te ví preocupada y pensé que era por ser tu primer día —se acerca a mí con más confianza a pesar de mi actitud hosca—. Yo hasta vomité dos veces en mi primer día, pero uno se acostumbra con el tiempo.

—Lo siento —digo y muerdo mi último taquito.

—No lo hagas, es la vida que decidí para mí. Además, gano muy bien y pago las facturas que es lo importante.

Ella no espero que yo dijese algo más y siguió comiendo, eso último que dijo que ganaba bien llamó mi atención y me hizo preguntarme cuánto es lo que gana. Estaba pensando en las posibilidades cuando la chica se despidió.

—Bueno “Rosita” —dice mientras toma la orilla de mi blusa rosa pastel y la mira con burla-, es hora de que entre, ándate con cuidado por estos rumbos. No son seguros.

Me regala una sonrisa de medio lado y se dispone a marcharse cuando la detengo

—¡Espera! —La chica me mira con una sonrisa socarrona en el rostro—. ¿Cuánto es lo que ganas, y qué es lo que haces exactamente?

La chica me miró con curiosidad y regresó sus pasos hacía mi. Enganchó su brazo con el mío invitándome a caminar con ella.

—¡Pancho! —llama al taquero sin dejar de caminar—. Anota todo a mi cuenta.

El taquero hace una seña de que escuchó la petición y yo sigo a la chica desconocida rumbo a un lugar desconocido, pero que seguro me dará el dinero que necesito para ayudar a mi mamá.

17 ноября 2020 г. 2:38:07 1 Отчет Добавить Подписаться
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Gabriel Mazzaro Gabriel Mazzaro
Me identifiqué con el personaje, lo de psicología, muy bueno
~

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