asteriabridget Asteria Bridget

En esta nueva aventura, Bel y Naresh viajarán desde la India hasta una desconocida Australia, donde descubrirán que, dentro del trono de Oceanía, la orden guarda secretos. Entre ellos un “tesoro” que yacé en una bóveda oculta y bien protegida. Historia participante en la copa en el reto "Aventurero".


Приключения Всех возростов.

#Spin-Off #Legado-de-Belhor #Universo-Heraldo #TheAuthorsCup #TheAdventureSeeker
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Bel


Dejar el trono de la India me parecía un poco triste, a pesar de que no había vivido mucho en él; ya estaba acostumbrado a ese lugar y por primera vez en mi vida podía decir que me llevaba bien con el personal, ya fueran colibrís, heraldos o centinelas. Lo único que me motivaba a dejar la India era que el principito se quedaría en el trono.

Desafortunadamente para mí, Sebastián me anunció a último momento que ese pedante nos acompañaría en nuestro viaje. Incluso sospeché que le había pedido a Naresh que no me dijera nada.

Era la única forma que tenía de explicar, por qué lo vi el día de ayer tan animado, como si supiera algo que yo no. Después de compartir algunas pocas misiones con él había comenzado a acostumbrarme a su presencia, pero eso no significaba que me agradará.

Su personalidad era horrible, no entendía cómo es que los adultos no habían visto a través de su fachada. ¿Ese era el famoso poder del dinero? Ahora que lo pensaba Owen era igual de rico y me causaba la misma sensación desagradable que el principito, pero con la diferencia de que ese tipo si era fuerte en verdad.

—Recuérdame, una vez mas Sebastián ¿por qué Naresh y yo tenemos que ir juntos hasta Australia? —le pregunté a Sebastián mientras empacaba algunas de mis cosas en la mochila.

—Es una cuestión de entrenamiento, Bel. Hay muchas cosas en el trono de Oceanía que nos pueden ayudar a mejorar tus habilidades.

—Entiendo que Naresh lo necesite, es un bebé llorón cuando está peleando solo, pero yo ya me desenvuelvo perfectamente como Heraldo.

—La confianza es buena, joven Heraldo, pero el mundo es un lugar grande, lleno de amenazas y enemigos diferentes, ¿O debo recordarte como terminó tu enfrentamiento anterior con el señor Cunningham?

—Touché… ¿Pero estas seguro que ir a Australia es una buena idea?

—Lo es, te falta mejorar tu técnica de combate, lo cual es necesario por si alguna vez te encuentras en la situación de que llegues a estar incapacitado para usar los nombres de Dios.

—Sí, no hace falta que me restriegues esa parte. ¿Quién nos va a entrenar? ¿Será alguien fuerte?

—Amelia aceptó entrenarlos mientras se encuentran ahí. Te aseguró que no te decepcionará, es una mujer con muchas cualidades.

No sabía si creerle, pero si eso contribuía a que logrará vencer a Owen en el futuro y que ningún demonio me tomará con la guardia baja de nuevo, lo haría.

—Supongo que mejorar mis técnicas es prioritario, aun cuando Naresh tenga que acompañarnos. Quién sabe tal vez podría darle una paliza en batalla. —Me tapé la boca cuando me di cuenta que dije aquello en voz alta, y busqué como arreglarlo ya que Sebastián levantó una ceja como si me reprendiera con la mirada.

—Con fines de entrenamiento, nada personal. Él tiene que volverse fuerte, no es bueno que dependa de mí siempre.

—Me alegra ver que comiences a preocuparte por el bienestar de tu compañero, mi joven amigo.

—No me preocupo, solo no quiero que sea una carga.

Tras escucharme, Sebastián dio un respingo y negó con la cabeza, aunque luego sonrió tenuemente, eso me indicó que no estaba realmente molesto.

Después del almuerzo aproveché para dar una última vuelta al trono. Sabía que a la 1:00 pm partiríamos, así que cuando faltaban cinco minutos fui corriendo con mi mochila hacia la entrada. Extrañado vi a una limosina negra estacionada. Naresh ya se encontraba ahí, mientras Carlos terminaba de afinar los detalles con el chofer. También podía ver como algunos colibrís llevaban el equipaje del principito. Caminé hacia donde estaba Naresh, el cual al recibirme no tardó en reclamarme.

—Llegas tarde, los heraldos debemos ser puntuales…

—Y no debemos escondernos en las faldas de nuestras madres —susurré.

—¿Que dijiste? —cuestionó Naresh frunciendo el ceño.

—Eh… nada, por cierto tengo una duda, ¿desde cuándo la orden tiene limos? —comenté con asombro al ver el auto, sería la segunda vez que tenía oportunidad de subir en un auto tan grande.

—A mi papá le gusta que cuando viajamos lo hagamos de la mejor forma —me respondió Naresh.

—Sí, pues no sé qué tan inteligente sea, si nos ataca un demonio va a quedar como un pedazo de chatarra —alegué para disimular mi interés.

—Dices eso porque estás celoso…

—No estoy celoso, solo soy realista, además hasta pueden matar al chofer por algo así, deberíamos manejar nosotros mismos.

Sebastián pareció pensar de una manera similar cuando apareció y vio el vehículo que nos iba a transportar, por lo que sin perder tiempo fue a hablar directamente con Carlos. Yo me acerqué fingiendo apreciar la limosina, cuando en realidad agudizaba mi oído para saber lo que decían.

—¿Es prudente viajar en un vehículo tan vistoso? Tal vez deberíamos optar por algo más discreto —sugirió Sebastián.

—Descuida, Sebastián, todo está controlado… —comentó Carlos en voz baja.

—No lo considero oportuno, menos después del incidente en Sphere… Creo que sería apropiado dividirnos. —El principito no me dejaba escuchar la conversación completa, ya que no podía resistir la idea de alardear sobre su familia.

—Bueno, si es tu deseo, no tengo quejas, nosotros partiremos primero y los veremos en el aeropuerto —dijo Carlos.

Después Sebastián se dirigió a nosotros cuando terminó de hablar con Carlos.

—Carlos y yo decidimos que lo mejor es tomar rutas diferentes para llegar al punto de partida.

—¿Entonces no iremos todos juntos? —Reprimí la emoción inicial que sentí al no tener que aguantar a Naresh por un buen rato.

—¡Oh, es una lástima! Ansiaba mucho compartir con Bel y con usted, señor Sebastián, pero sus ideas siempre son las mejores. Que tengan un buen viaje, nos veremos pronto —dijo Naresh al despedirse fingiendo ser un niño bueno.

Rápidamente agarré mis cosas y seguí a Sebastián, antes de que cambiara de opinión o algo parecido.

Naresh y Carlos partieron primero en la limusina. Yo tuve que esperar mientras Sebastián hacia los arreglos del nuevo transporte que usaríamos. Pero cuando vi un pequeño camión con una caja de transporte de animales que nos recibió junto a su carga, observé al tulpa y le reclamé de inmediato con la mirada.

—¿Estas de broma? ¿Vamos a viajar junto a un montón de chivos? 

—Esas en realidad son ovejas, Bel. Piénsalo bien, es el disfraz perfecto, ningún demonio esperaría que viajemos junto a la carga.

—No voy a subirme en eso, buena suerte, pero yo me quedo en el trono de la India.

—Alto ahí, mi joven heraldo —me detuvo sujetándome de la ropa cuando intentaba huir.

—Ya dije que no voy a subir, pide un taxi como la gente normal.

—Sabes lo que paso en tu viaje con Lizbeth, los medios de transporte tradicionales no son seguros.

Aun recordaba como esa mujer nos metió en problemas, también estaba el asunto con los demonios, pero por más razón que Sebastián tuviera no estaba dispuesto a ceder, al menos no tan fácil.

—Pero es distinto… Tú no bebes como ella. No vas a meternos en problemas por emborracharte y destrozar a todos los guardias. —Seguí intentando hacer que me soltará, pero todo fue en vano.

— El licor es un problema que... queremos que ella solucione pronto, la estamos apoyando para que lo deje. De hecho, te costará creerlo, pero antes bebía más. Ella ha mejorado.

—No entiendo como tienen trabajando a gente tan problemática en la orden.

—Ve el lado positivo, no tendrás que escuchar a Naresh por un rato.

—Veo que no tienes planes de soltarme… ¿Hay algo que pueda hacer o decir para hacerte cambiar de opinión?

—Lamento informarte de que no hay nada que puedas decir o hacer.

—Está bien, tú ganas solo que no se haga costumbre.

Al subir no pude evitar protestar por el aroma que producían los animales.

—No aguanto el olor... ¿Cómo demonios haces tú para que no te moleste?

—Cuando has vivido tanto como yo se aprende a no respirar mucho... Mi joven heraldo, ten paciencia, sé que esto es duro.

—Los tulpas no necesitaran respirar, pero los humanos sí.

—Me disculpó, la próxima vez traeré una máscara de gas para ti, recuerdo que hace siglos, en el auge de la peste negra, los médicos usaban mascaras enormes con picos que contenían flores y perfumes en su interior. Algo así podríamos implementar, aunque no tan extravagante. Así cuando volvamos a viajar de esta manera no tendrás problemas....

—Nada de eso, no va a haber una próxima vez, en la siguiente ocasión usaremos un transporte que no tenga animales. Así no tendremos que recurrir a máscaras. No me importa si no es un auto último modelo como el del principito, me basta con que sea uno que no me obligué a tomar una ducha de 20 horas.

—Solo bromeaba un poco, intento hacer el viaje más ameno.

—Ya no me hagas hablar que casi siento el aroma en mi boca también. —Me cubrí con mis manos la nariz y boca. Después de todo sería un largo viaje.

Tras una hora de viaje en la carretera llegamos al aeropuerto, una vez allí nos dirigirnos hacia el hangar donde estaba el avión privado de la familia de Naresh. Cuando nos encontramos con él, arrugó su nariz y se apartó un poco al verme llegar, como sospechaba el aroma aún permanecía en mí. Debí haberme hecho inmune tras pasar un rato, ya que casi no lo sentía, quizás contribuía el hecho de que estábamos en un lugar bien ventilado.

—Cielos, ese aroma… ¿Qué diablos te pasó? —dijo Naresh,

—Sebastián pensó que sería buena idea ir en un transporte de carga, no sé de dónde sacó esa idea. Lo que no entiendo es porque él sigue teniendo ese aroma a colonia de caballeros.

—Expandí mi aura para evitar contaminarme con la… fragancia de nuestros amigos de granja —indicó Sebastián sonriendo.

—No es justo…

—¡Ve a bañarte! —comentó Naresh casi como si fuera una orden.

—Veo que no eres muy listo… ¡No hay duchas en los aviones!

—Quizá en los aviones comerciales, pero este es uno de los aviones que mi familia donó para el trono de la india, así que está bien equipado.

—Vaya, casi me impresionas —dije irónicamente, aunque él se lo creyó.

—Eres muy afortunado de tenerme como tu aliado, ahora vete antes de que me hagas vomitar el almuerzo.

—Sí, lo que digas, solo dime donde está el baño

—Hasta el fondo, dile a Denali que te guie si te pierdes —comentó Naresh señalando hacia las escaleras que me permitirían ingresar al avión.

6 ноября 2020 г. 20:13:47 0 Отчет Добавить Подписаться
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