myokiru r. myokiru

12 horas donde toda actividad criminal es legal. ¿Estás listo? Nota: La historia es de mi completa creación. No se aceptan copias ni adaptaciones .Todos los derechos reservados. Antiguamente publicada en Wattpad. ©


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#vkook #taekook
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I

La purga se implementó en Seúl hace doce años, el gobierno de aquél entonces decidió que era una medida necesaria, un método de catarsis, un sistema de corrección a base de la liberación de los impulsos más violentos durante un corto tiempo con el fin de encontrar la calma el resto del año, y se mantuvo vigente hasta la fecha. Cada doce de septiembre llegaban personas de todos los lugares más recónditos de Asia y América para disfrutar de esta oportunidad, algunos de ellos con los fetiches más extraños que pudieran existir y así ponerlos a prueba. La hora de inicio era exactamente a las siete de la noche y en cuanto el anuncio se diera a conocer, comenzaba la purga.


Los opositores luchaban durante todo el año para acabar con esta macabra tradición, pero por el momento ningún gobierno se vio interesado en suspenderla. Pareciera como si nadie le encontrara el problema a la Purga y cómo no hacerlo si los sectores acomodados no sentían el miedo que el pobre sí.


— Tae. —el castaño apartó la vista de su desayuno y miró a su madre frente a él. —¿Estás seguro que no quieres ir a Tokio conmigo? La próxima semana es...

— Lo sé. ­—interrumpió suavemente. —Y con mayor razón debo quedarme aquí. ¿Quién protegerá a los demás?

— Kim TaeHyung. —bramó la mujer, capturando su atención. —¿Quién te protege a ti? Eres mi único hijo, si te pasara algo yo no sé...

— Mamá, estaré bien. — susurró, en el fondo inseguro. —Debo estar aquí. Vive gente adulta y niños en nuestro sector, debo protegerlo.

— Lo sé, cariño, pero no arriesgues tu vida de esta manera. —como todas las veces su madre intentaba persuadirlo y fallaba apenas comenzaba, TaeHyung no tenía intenciones de ceder.

— Mamá, lo siento, pero me quedaré en Seúl.


La señora Kim abandonó el país hace una semana exactamente y aunque insistió una y otra vez, no consiguió su propósito, pero TaeHyung prometió que se mantendría con vida hasta que la noche acabara, era lo único que podía ofrecerle.


Conocía a toda la gente del vecindario desde que era solo un niño, la señora Hye tenía una tienda no muy lejos de su casa, el señor Min tenía una cafetería a unas cuadras más abajo y era un hombre bastante amable a pesar de su apariencia, y la señora y el señor Choi tenían unos trillizos bastante revoltosos pero muy amigables, todos aquellos no podían defenderse fácilmente de la Purga, no en las condiciones que vivía la gente a su alrededor, incluyéndolo. Agradecía enormemente a su tío por pagarle el vuelo a su madre cada año, el que su madre no estuviera en el país para la Purga lo tranquilizaba un poco y así se quitaba un peso de encima.


— TaeHyung, qué bueno verte. —saludó el señor Min en cuanto lo vio entrar a la tienda desde la caja registradora. YoonGi alzó su rostro mientras limpiaba las mesas y sonrió de la misma forma que su mejor amigo. —¿Qué te trae por aquí? Creí que aceptarías la idea de tu madre este año.

— Preferí quedarme aquí. —dijo el castaño. TaeHyung miró a YoonGi rápidamente y señaló suavemente la salida, indicándole que debían irse. El rubio asintió y desabrochó su delantal de trabajo.

— Ya me voy, papá. —YoonGi dejó el delantal sobre el mesón de su padre y esbozó media sonrisa, avanzando hasta la salida donde lo esperaba el castaño.

— Está bien, no salgan esta noche y YoonGi... —llamó su padre antes de que ambos abandonaran la cafetería, el rubio se volteó suavemente y alzó ambas cejas junto a TaeHyung. —Cuídense el uno al otro. Si alguien trata de meterse a la casa, avísennos.

— Claro, papá. —respondió YoonGi.

— Nos vemos mañana, señor Min, salude a la señora Min de mi parte. —se despidió el castaño antes de irse y seguir a su mejor amigo.

— ¡Claro, TaeHyung! ¡Fue un gusto verte!


Su mentira cada vez se volvía menos creíble, no sabían si era suerte o algo así como para que sus padres creyeran tal estupidez. La madre de TaeHyung confiaba en que su hijo estaría en la casa de YoonGi y los padres de YoonGi confiaban en que estaría donde TaeHyung, haciéndole un poco de compañía, lo cual es técnicamente estúpido porque si ese fuera el caso, su mejor amigo tendría que ir a su casa, donde había más gente y la probabilidades de morir eran mucho menor a estar completamente solo.


Ambos participaban en la Purga, TaeHyung al frente y YoonGi cubriéndole la espalda desde arriba, se cuidaban el uno al otro y no podían siquiera pestañear o perderían su rastro.


La habitación de TaeHyung escondía las armas y las máscaras, YoonGi no tenía idea cómo es que lo ocultó y lo seguía haciendo, pero el simple secreto estaba al aire sin mucho esfuerzo y es que su mejor amigo no encontró nada mejor que esconder su material dentro del colchón.


— Tengo algo que enseñarte. —YoonGi alzó ambas cejas, miró atentamente como TaeHyung sacó una enorme bolsa debajo de su cama y se la ofreció. El rubio frunció el ceño y se sorprendió en cuanto vio de qué se trataba. —Es para ti.

— Es una Barrett M82. —susurró sin creerlo. —¿Cómo la conseguiste? Valen más de lo que tú y yo tenemos.

— Utilicé nuestro dinero de la Purga y vendí el resto de las armas que teníamos. —TaeHyung soltó una risa por la reacción de su mejor amigo, YoonGi seguía sin poder creerlo y sostenía el arma con un ligero brillo en los ojos, totalmente fascinado. —Espero que no te moleste.

— ¿Bromeas? Ya quiero probar esta cosa. —exclamó.

— Me alegra oír eso. —dijo el castaño. —Encontré el lugar perfecto para tu guardia.

— ¿La azotea de la señora Kim? —YoonGi frunció el ceño y TaeHyung negó rápidamente. —Entonces, ¿cuál?

— El edificio nuevo, tiene una gran vista y es muy oscuro, además, es el más alto del lugar.

— ¿Cómo mierda quieres que entre ahí? Está cerrado. —replicó. —Es ilegal.

— ¿Y qué? En menos de seis horas no lo será.

— Mierda. Tienes razón.

La mansión Jeon era solitaria, el frío podía impregnar tus huesos y, muchas veces, el silencio no era un buen compañero para un alma tan distante como la de JungKook. Pese a ello, tenía mucha gente trabajando para él sin saber porqué exactamente más que la paga. El lugar era oscuro, decaído e inquietante, casi se podían escuchar los gritos de sus padres por las noches a pesar de su ausencia y siempre provenían del mismo lugar, el centro de la sala, el mismo sitio donde ambos se suicidaron.


— Señor Jeon. —llamó una de las criadas, la señora Hee, una mujer de cuarenta y cinco años que le hacía un poco de compañía. —La Purga comienza en una hora y sus amigos están esperándolo, ¿quiere que traiga la máscara por usted?

— No, señora Hee, iré yo mismo, solo... —JungKook inhaló profundo y sonrió con suavidad. —Déjeme hablar unos segundos con mis padres.

— Sí, señor. —la criada cerró ambas puertas de la sala después de una reverencia, en silencio y ocultando el hecho de que no había nadie más en la habitación que el señor JungKook.


El azabache arregló su corbata, bebió de la copa de vino sobre su escritorio y escogió el juguete de esta noche. En el lado izquierdo de la sala, colgadas en la pared, estaba su colección completa de armas, cada una tan especial como la otra.


— Es hora de pasear, Caetlyn. —Caetlyn, una ametralladora M60, con un calibre de 30 pulgadas y con un alcance hasta casi 900 metros, y además la favorita del señor Jeon. La sala principal tenía una gran parte del corazón de JungKook, enojo, tristeza, abandono, risa, felicidad y una gran pintura de sus padres a su espalda, la misma que se decoraba de diversos cuchillos que el azabache incrustaba en ella, incluso en el detalle más pequeño. —Ellos están muy contentos, Caetlyn.


JungKook resopló y fue en busca de su máscara, cargando el arma.


El escenario era diferente donde TaeHyung, ya no se veía gente a estas alturas de la tarde, su barrio que usualmente lo rodeaban niños y risas se volvía tal y como una noche de Purga, incluso ellos se vestían para la ocasión. YoonGi lo miraba desde un extremo de la azota, bajo la máscara de payaso y acomodando los últimos detalles de su atiendo oscuro mientras que él, solo respiraba profundamente desde el suelo.


— Si algo me sucede, no me ayudes. Protege el sector, es lo único por lo que estamos aquí. —TaeHyung repetía lo mismo una y otra vez antes de empezar una noche de Purga y YoonGi dejó de pelear contra esa idea hace dos años, resignándose a que su mejor amigo nunca pensaría en su bienestar, de haberlo hecho no estaría aquí.

— Lo sé.

— Júralo. —su voz se escuchó fuerte, su mirada seria y su rostro comprimido lo asustaron un poco, quizás porque YoonGi no se veía a sí mismo dejándolo morir, pero el sentimiento de TaeHyung llegó a tocar el suyo de alguna forma y tragó el miedo que tenía.

— Lo juro. —pronunció finalmente.


El aviso de la Purga comenzó minutos después, el típico mensaje llegó a ellos incluso si no lo escuchaban directamente y no quedó más alternativa que soportar otras nuevas doce horas del maldito infierno. YoonGi actuó rápidamente y se posición de acuerdo al plan, la arma se acomodó entre su cuerpo tendido y dirigió la punta hacia donde se suponía que era la entrada más directa del sector. TaeHyung soltó un suspiro contra su máscara de payaso y se despidió de su mejor amigo con un ligero chasquido, si el destino era amable, lo dejaría verlo una última vez.


TaeHyung fue un amante del silencio toda su vida, sin embargo el silencio que se sentía contra la nuca en una noche de Purga no podía significar nada bueno ni era cómodo, es más, se le erizaba la piel de tan solo estar ahí unos minutos.


Estaba protegido, llevaba cuatro armas en total, una en su bolsillo, en su chaqueta, en su tobillo bajo el pantalón y otra en mano. Nunca se sabía por donde atacarían o cuántas personas buscarían divertirse con su gente esta noche, el número era variado y muchas veces le tocó lidiar con más de lo que podía soportar. No fue hasta unos segundos más tarde que escuchó un ruido a su izquierda, al parecer intencional porque cuando se volteó y empuñó el arma, el chico con máscara plateada no se inmutó, solo permaneció en silencio contra el muro, justo en el punto ciego de YoonGi, el único del sector.


— ¿Se te ofrece algo? —gruñó el castaño, pero no consiguió ninguna reacción. —Vete si no quieres que te haga daño. —el chico frente a él se acercó a paso lento, meneando sus caderas y quedándose a pocos centímetros de su rostro cubierto, miró el arma con el que TaeHyung lo apuntaba y la bajó sin ser invasivo, tomándolo por sorpresa. —¿Qué es lo que quieres?


Su conversación terminó en ese instante, el chico de máscara plateada se marchó en dirección contraria, lentamente y en completo misterio. TaeHyung observó a sus espaldas, delineando el perfecto y carísimo traje que vestía junto a una máscara bastante simple pero con estilo, lo más extraño, es que no portaba ningún arma.


¿Qué mierda le pasa a ese tipo? —dijo YoonGi por el auricular. TaeHyung se encogió de hombros.

— No sé, pero no lo pierdas de vista. —contestó de vuelta.

Ni loco. —rio su mejor amigo, haciéndolo reír también. TaeHyung siguió vigilando desde su posición y caminó unas cuantas calles más adelante hasta que YoonGi lo alertó. —Viene un grupo grande a tu izquierda, escondete en el callejón del mismo lado y así no te verán.

— ¿Cuántos son? —preguntó el castaño mientras se escabullía al callejón silenciosamente.

Treinta. —TaeHyung abrió los ojos como dos grandes esferas cafés, totalmente sorprendido y sin poder creerlo. —Creo que son amigos del sujeto extraño. Todos llevan la misma máscara de mierda y tienen una J tatuada en el cuello.

— ¿Qué más puedes ver? —YoonGi se acercó al lente con más detalle y siguió con la mirada a cada integrante del grupo que recorrían el lugar entre risas, se fijó en un reloj de oro que cargaba uno de ellos, aunque curiosamente todos cargaban el mismo. YoonGi maldijo en cuanto se dio cuenta de qué se trataba. —Mierda, TaeHyung, es una maldita secta.

— ¿Qué? ¿Qué significa eso? —susurró contra el auricular.

Que esos imbéciles vienen a...


Un sonido agudo penetró sus oídos de golpe, aturdiéndolos a medida se seguía transmitiendo, TaeHyung afirmó su cuerpo contra la pared y fruició el ceño mientras cubría sus oídos, YoonGi maldijo y perdió suavemente el equilibrio, afortunadamente el arma seguía intacta.


— Queridos amigos, —TaeHyung miró a uno de los que él creía sería el líder y cogió su arma con más fuerza ante la diversión de lo que estaba por venir. —¡Que comience la casería!


El grupo corrió entre risas y disparó en cada entrada hasta derribar las puertas o las ventanas, TaeHyung busco desesperadamente el auricular que había caído por el callejón y así contactar a YoonGi desde arriba. Los treinta hombres secuestraron mujeres, niños y ancianos y los dejaban atados en un círculo donde se reunían los demás, cubrían sus cabezas y los ataban en una línea, tal como un juego infantil.


TaeHyung no esperó la señal de su mejor amigo, atacó sin pensarlo dos veces y salió del callejón disparando a cada imbécil se le cruzara, incluso si eran más de lo que podía controlar, pero no fue mayor problema porque su amigo cubría su espalda desde arriba y disparaba a todo aquel que quisiera lastimarlo. Pese a ello, seguían siendo más que él.


— ¡No disparen! —el líder se encontraba frente a él, detrás de toda la gente que conocía y estaba llorando o gritando por miedo de ser víctimas una noche de Purga, sus hombres lo seguían por la espalda y obedecieron sus órdenes al pie de la letra. —Una máscara de payaso, ¿eh? No es muy orginal, si soy sincero. —se burló.

— Déjalos ir. —bramó, empuñando el arma.

— ¿Eres una especie de súper héroe o algo así? —sus hombres rieron y TaeHyung apretó los dientes.

— No lo volveré a repetir. Déjalos ir. Ya. —espetó.

— Temo que eso no se podrá. —el sujeto frente a él apartó la máscara de su rostro y TaeHyung alzó ambas cejas, sin saber porqué se dejó expuesto. Tenía el cabello anaranjado y una mirada tan desquiciada como su sonrisa, sin duda era el líder o al menos eso parecía. Escuchó el chasquido de YoonGi en su oído, al parecer no era el único que encontraba algo raro en todo esto. —Escucha, tengo órdenes de llevarme a esta gente y me la llevaré con o sin tu permiso.

— ¿Qué te hace pensar que no te dispararé si lo haces? —gruñó entre dientes.

— Porque mis hombres te dispararán. —sonrió.

— No le temo a morir.

— Supuse que dirás algo así. —le dijo. —Es por eso que tu amigo intentará convencerte.

TaeHyung quedó sin habla y trató de localizarlo.

— ¿YoonGi?

TaeHyung, no cedas, no te preocupes por mí. —susurró con la respiración agitada, como si alguien estuviera presionándolo por el cuello. TaeHyung se encontró con el rostro alegre del tipo frente a sus narices, diciéndole en un gesto que había ganado y no se lo negaría.

— ¿Ya ves? Ahora si me disculpas... Tengo que irme. Mi jefe odia esperar.


El castaño no se lo impidió, bajó el arma y relajó los hombros mientras sus oídos capturaban los llantos, gritos y súplicas de la gente que era arrastrada en dirección contraria a la suya. No había otra manera, nunca se habría perdonado la muerte de YoonGi si hubiera seguido sus órdenes, ni podía siquiera imaginarlo. Su mejor amigo cayó al suelo minutos después, dos hombres lo tiraron contra sus zapatos y se marcharon sin dar explicaciones, solo siguieron al resto del grupo. TaeHyung bajó la vista y YoonGi se incorporó en rabia, tomándolo por la camisa.


— ¿¡Por qué!? —explotó contra su rostro. —¡Se suponía que protegías el sector!

— ¿Y qué iba a hacer? ¿Dejarte morir? ¡Estás loco!

— ¡Mierda, TaeHyung! ¡Si tenías que dejarme morir, hazlo! ¿¡Qué hay de todas esas personas!? ¿¡Quién los protege a ellos!?

— ¿¡Quién te protege a ti!? —exclamó con potencia.

— ¡Eso no importa! —TaeHyung no encontró palabras para definir lo que sentía en ese momento, la voz de su mejor amigo sobrepasó sus barreras e ideas, empujándolo a la realidad y el acuerdo que tenían hace unos momentos.

— No puedes pedirme algo así. —fue lo único que logró decir. YoonGi frunció el ceño y lo miró con seriedad.

— Tú lo hiciste. —recordó pesadamente. —Da igual, recuperaremos a esas personas.

— ¿Quieres volver? —se sorprendió el castaño y su amigo asintió sin pensarlo dos veces. —No tenemos idea de dónde están.

— Yo sí.


El grupo Jeon se ubicaba en el lugar más rico de la ciudad, eran los dueños de empresas con mucho poder y líneas de todo tipo, fueron el centro de atención de los reporteros hace algunos años atrás por la extraña muerte del matrimonio a la cabeza y el único hijo quedó al mando de las riquezas que su familia poseía, sin embargo, curiosamente, nadie conocía su rostro.


Habían rumores en la Purga, la gente murmuraba cosas que probablemente tenían más respaldo que cualquier otra noticia, pero nunca creyó en los secretos a voces. Se decía que habían hombres de trajes por las noches con una J tatuada en el cuello, portaban armas de toda clase y buscaban gente al azar para sacrificarlas, sin importar la edad. YoonGi no lo creía posible y resultó ser lo contrario, el grupo Jeon era más real que cualquier otro dicho.


Como todos sus planes, TaeHyung encabezó el acto y YoonGi lo cuidó desde las alturas. El rubio disparó a los guardias desde su distancia y mandó la señal para que el castaño trepara el cerco y desconectara el cableado eléctrico, TaeHyung no tardó en actuar y desató sus zapatillas con el fin de envolver el cordón sobre el cable y trepar sobre él, en el tiempo suficiente como para llegar hasta el otro lado y buscar la fuente de poder. Afortunadamente cayó de pie y sin llamar la atención, el castaño avanzó hasta la fuente y desconectó el resto de la electricidad en los cables, lo que facilitaría su escape a la hora de escapar.


— ¿Puedes ver algo desde ahí? —musitó TaeHyung mientras avanzaba por el patio delantero, ocultándose de las cámaras de seguridad.

No hay luces encendidas, deben estar en el sótano o algo así.

— ¿Qué mierda harían ahí? —se extrañó. YoonGi dudó en contestar.

Sacrificios. —dijo finalmente, asustado.


TaeHyung tragó duro y suspiró, soltando todas sus preocupaciones para cumplir con el objetivo. Entró por una ventana del primer piso que conducía hasta la cocina, se acercó en completo silencio por los pasillos, buscando el camino al sótano entre toda la oscuridad de la mansión y la curiosa tranquilidad que había en ella.


Las luces se encendieron de golpe una vez llegó a la entrada, TaeHyung quedó helado, tragó duro cuando vio todas las armas que apuntaban a su cabeza y al mismo sujeto de cabello anaranjado. Cayó en su trampa tan rápido como entró y el castaño se dijo a sí mismo que sería una larga noche.


— Te estabas tardando. —TaeHyung frunció el ceño ante su comentario y él soltó una risa como respuesta. —Entrega tus armas, sé que cargas más de una contigo.

— ¿Qué te hace pensar que lo haré? —contestó entre dientes.

— Eres alguien que no le teme a morir, pero eres alguien con debilidades. Tu amigo, esas personas o tu familia, son tu debilidad. —comenzó a decir, TaeHyung apretó los dientes y lo miró fijamente. —Es por eso que lo harás.

TaeHyung cedió después de unos minutos, bajando su arma lentamente y dejándola en el suelo, junto a las demás. El líder sonrió con satisfacción y asintió hacia sus hombres detrás de él.

— Sáquenle la máscara y llévenlo con el jefe. —ordenó firmemente y abandonó la habitación.


Lo tomaron por los brazos antes de que reaccionara, cubrieron su cabeza con una bolsa y lo ataron de muñecas, no sin antes revisarlo una vez más por si cargaba otra arma. TaeHyung jadeó en desesperación, pero sin importar cuanto intentó zafarse no funcionó, solo lo arrastraron unos minutos hasta que lo sentaron en una silla, todavía vendado y aterrado.


Apartaron la bolsa de su cabeza unos segundos después, TaeHyung parpadeó lentamente, algo aturdido por el contraste y en cuanto volvió a la normalidad observó con más detalle la habitación. La decoración era tan elegante como un castillo antiguo, bastante lejano a los años en que estaban, y tenía un enorme cuadro colgado en la pared, una pareja en un retrato que pensó que serían los dueños de la mansión. Sus ojos capturaron a un hombre de traje con el mismo tatuaje y máscara que los demás, fue entonces donde pensó que se había equivocado, que el líder nunca fue el tipo de cabellos naranjas, sino que su líder estaba frente a él, en el otro extremo de la extensa mesa, mirándolo y analizándolo sin bochorno bajo una máscara.


Y algo más, esa persona sostenía su máscara de payaso.


— Pueden retirarse. —su voz sonó rasposa, pero bastante clara y suave, incluso si una máscara raspaba en el tono. Los hombres abandonaron la habitación en una reverencia y TaeHyung soltó un suspiro. El líder esta vez se dirigió a él, clavando su atención en el más mínimo detalle de la posición del castaño. —Pido disculpas por el recibo, mis hombres son algo... Precavidos.

— Me encuentro bien. —murmuró apenas.

— Es un alivio. —dijo. —Espero que no te importe pero desconecté tu auricular, soy alguien que disfruta mucho de su privacidad y si tu amigo nos escucha, temo que perderé el control.

— ¿Cómo lo sabía? —alzó ambas cejas, sorprendido.

— ¿Qué clase de líder sería si no tengo conocimiento de lo que sucede en mi mansión? —TaeHyung guardó silencio y lo escuchó suspirar. —¿O de verdad pensaste que entrar a mi casa es tan sencillo? Eres más ingenuo de lo que pensé.

— ¿De qué habla? —dijo el castaño, extrañado.

— De tu osadía. —espetó. TaeHyung apretó la mandíbula, la tranquilidad del sujeto frente a él estaba sacándolo de quicio. —Te atreves a confrontar a mis hombres, irrumpir y faltarme el respeto en mi propia casa.

— Vine porque hombres como ustedes son los que atacan a la gente que aprecio y si no estuviera atado ahora mismo lo...

— ¿Me matarías? —interrumpió, tomándolo por sorpresa. —No tienes las agallas para eso.

— Libéreme y compruébelo. —gruñó entre dientes. El jefe sonrió satisfecho.

— No tengo que comprobar nada, no después de lo que acabo de ver. —le dijo. —Hiciste todo como creí que lo harías, seguiste a mis hombres, desconectaste el cableado, entraste por la ventana que dejé abierta y llegaste al lugar donde te esperábamos.

— ¿De qué está...?

— El objetivo nunca fueron esas personas, —TaeHyung parpadeó sin poder creerlo, su sangre se heló y quedó seco, sin palabras mientras el tipo apartaba la máscara de su rostro desde el otro extremo de la mesa y le sonreía como una presa, una sensación tan espeluznante que trepó por su nuca. —eras tú. Siempre fuiste tú.

6 ноября 2020 г. 15:57:14 1 Отчет Добавить Подписаться
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