myokiru r. myokiru

JungKook tiene problemas mentales y un primo muy curioso. Sea como sea, no dejes que TaeHyung se le acerque. No se aceptan copias ni adaptaciones. Todos los derechos reservados. Antiguamente publicada en Wattpad. ©


Ужасы Подростковый ужас 18+. © Todos los derechos de autor

#vkook #taekook
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I

La familia Kim era exitosa, pero como toda familia tenía sus puntos negativos. Los cuatro hermanos Kim nunca fueron unidos entre sí, incluso con sus padres en vida, es por eso que sus hijos tampoco formaron ese vínculo entre ellos. Sin embargo, se buscaban cuando estaban en aprietos, cuando necesitaban dinero o cuando tenían que presumir de su fortuna, solo en esos momentos se podían considerar una familia, porque a pesar de su mala convivencia, si uno de los cuatro hermanos necesitaba ayuda, los tres restantes lo ayudarían por tradición que sus padres le inculcaron.


Su carácter era soberbio, criaban a sus hijos de la misma forma que los habían criado a ellos, con grandes aspiraciones, anhelando la cima desde muy pequeños, diciéndoles que su familia tenía un prestigio que debían conservar, casándose con familias tan adineradas como la suya, buscando una mujer que cumpliera el esteriotipo de belleza y ubicándose en puestos de altísimo poder para así conservar el legado del apellido Kim.


El primer hermano era dueño de una compañía de telecomunicaciones, el segundo hermano era CEO de una compañía que tenía convenio en el extranjero, el tercer hermano era dueño de un bufet de abogados y el último hermano tenía una cadena de restaurantes. Era de esperar que sus hijos fueran igual o más exitosos que ellos. Kim ChanYeol y Kim TaeHyung , hijos del primer hermano, Kim ChungHa y Kim KiHyun, mellizos del segundo hermano, Kim EunSoo, único hijo del tercer hermano, y finalmente teníamos la familia del cuarto, que era quizás la más problemática para todos los demás de la familia, Kim HaeIn y Kim JungKook, dos hermanos muy diferentes entre sí, algunos dirían que por personalidades o el físico, pero la familia Kim prefería llamarle diferencia intelectual, porque JungKook era un niño de nueve años atrapado en un adoslecente de diecisiete.


— ¿Tengo que ir? —preguntó TaeHyung de mala gana desde el sofá. Su madre frunció el ceño y asintió, diciéndole con la mirada que su pregunta tenía una respuesta demasiado obvia—. ¿No basta con la presencia de ChanYeol?


— No —bramó la señora Kim rápidamente—. Es una cena familiar, TaeHyung. Tienes que asistir o tu ausencia nos traerá problemas.


— Solo dile a los tíos que me enfermé —sonrió el pelirrojo.


— ¿Igual que el año pasado? —su hermano, Kim ChanYeol, ajustó su corbata en cuanto bajó las escaleras y le dedicó su típica mirada de cuando las cosas no le parecían—. Tienes que ir, no podemos salvarte el culo otro año más o los tíos se van a enojar.


— Que a ti no te moleste la presencia de ese retrasado no significa que a mí también —le dijo TaeHyung, quien se había incorporado del sofá para desafiar a su hermano cara a cara, aunque Chanyeol lo superaba por siete centímetros.


— ¡TaeHyung! —fulminó su madre a sus espaldas.


— Mucho cuidado con lo que dices —gruñó ChanYeol, mirándolo a los ojos.


— ¿Por qué? ¿Seguirás defendiendo al discapacitado? —rio TaeHyung en su cara. ChanYeol tragó duro y lo tomó del cuello de su traje en un impulso.


— ¡Basta los dos! ¡ChanYeol, suéltalo! —exclamó su madre, yendo rápidamente hacia ellos para separarlos. ChanYeol lo soltó sin más alternativa y TaeHyung acomodó su camisa con la misma mirada desafiante que su hermano mayor le entregaba—. Kim TaeHyung, nunca más vuelvas a repetir lo que dijiste, ¿entendiste?


— ¿O qué? —provocó TaeHyung.


— O te costará tu herencia —interrumpió el señor Kim, bajando por las escaleras mientras arreglaba los pequeños detalles en la manga de su traje. Estaba tranquilo y serio, con un aura tan imponente como siempre y provocándole a ambos hijos un silencio agobiante. Su padre se interpuso entre ambos y miró específicamente a TaeHyung sin expresión alguna. Le entregó una corbata negra—. Póntela, se hace tarde.


— ¿No oíste lo que dije? —TaeHyung se mostró ofendido y su padre solo sonrió cínicamente.


— ¿Y tú oíste lo que yo dije? —TaeHyung se guardó sus palabras en un suspiro y el señor Kim tomó la oportunidad—. Andando.


La convivencia de la primera familia nunca fue agradable. La señora Kim era una modelo y actriz muy reconocida, tenía un carácter bondadoso y al mismo tiempo era dura como una piedra, una mujer que no tenía inconveniente alguno en sacrificar el amor por el dinero. Por otro lado, el señor Kim no conocía el afecto, o quizás no en gran medida, porque nunca lo había necesitado, se había criado en la grandeza y quería lo mismo para sus hijos. Cuando ChanYeol nació vieron la oportunidad de conservar la empresa, ya que ninguno de los dos quería a una niña por el antiguo pensamiento machista y se alegraron al ver el resultado, tres años más tarde, el señor Kim pensó que sería una buena idea ampliar territorio y que su empresa se destinara al extranjero, fue así como nació TaeHyung.


Nunca lograron que ambos hermanos se llevaran bien. ChanYeol era más práctico, responsable y respetuoso, y TaeHyung era rebelde, engreído y maleducado. Pese a sus diferentes personalidades, ambos compartían la inteligencia, porque ninguno era menos inteligente que el otro. Siempre destacaron en todo lo que hacían y, en este caso, no sucedió que el hermano menor se vio opacado por el mayor, simplemente no se agradaban, por más que su madre intentaba unirlos. Curioso fue que cuando el señor Kim les dijo que debían apoyarse en sus empresas, ninguno se opuso, quizás porque eran capaces de dejar de lado toda diferencia con tal de su ambición.


Cada familia del núcleo estaba compuesta por personalidades tan diferentes a otras. La familia del segundo hermano tenía a los hijos más unidos que cualquiera, los mellizos siempre fueron la alegría en cada cena o en cada reunión, se apoyaban en todo lo que hacían, incluso en el odio que tenían por el estricto de su padre y la soberbia de su madre, aún así ninguno se negó al negocio familiar y prometieron participar de él para conservar el legado. El tercer hermano era el más unido a su hijo, EunSoo creció en una familia donde el único centro de atención era él y era más la sorpresa que su carácter fuera la copia exacta de su padre, fomentando así su grata convivencia. Y por último la familia del cuarto hermano, el que más había trabajado el amor, el típico romance entre una mujer adinerada con un pensamiento totalmente opuesto al de su familia que buscaba un hombre con las mismas cualidades y lo encontró, esa historia de amor trajo el nacimiento de una hermosa niña llamada Kim HaeIn y dos años después el del niño más precioso de todos, Kim JungKook.


No obstante, notaron que JungKook era especial. A los seis años, la maestra los llamó y les dijo que JungKook no podía desenvolverse al igual que otros niños, que sus capacidades estaban limitadas y se notaba en su crecimiento y madurez, lo cual era absurdo, porque tan solo tenía seis años. Entendieron después que se refería a otros términos, que a JungKook le costaría más que al resto, pero que aquello estaba lejos de limitarlo. La señora Kim reforzó su educación con profesores privados, que supieran tratar a su hijo de la mejor manera, pero a medida que JungKook creció, se volvió más y más difícil. Nunca perdieron la esperanza y nunca la perderían, solo tomaba tiempo y trabajo.


Sabían lo estrictos que eran los Kim, su pensamiento tan llevado a la antigua, sus ideales perfectos y la estúpida preocupación por su imagen. Ninguno de ellos quiso recibir a JungKook, ni siquiera sus primos, pero tampoco había sido criticado y, de alguna forma, sus padres lo agradecían. Aquello no se debía a la compasión de los Kim, sino al poder económico del cuarto hermano y lo que sus padres les habían inculcado desde siempre, que debían respetarse y respetar su familia. Simplemente seguían las órdenes.


— ¿Por qué la reunión esta vez? —La madre de JungKook miró a su esposo, quien se vestía formalmente para la ocasión, mientras peinaba a su hijo.


— Hablarán sobre los sucesores —respondió él.


— ¿Nuestros sobrinos tomarán los cargos? —el señor Kim asintió.


— En nuestra familia, HaeIn deberá tomar mi cargo —informó—. Haremos el comunicado a la prensa apenas esté todo claro.


— ¿Por qué ahora? Creí que esperarían a que JungKook cumpliera diecinueve —dijo la señora Kim, confundida. Su esposo resopló.


— Tampoco lo sé —ambos tenían el presentimiento de que los Kim no querían que JungKook saliera en el comunicado, pero no lo dirían en voz alta—. Kim JooHo define el tiempo, no puedo oponerme. Es el mayor.


— Es obvio que lo hacen porque les molesta que en su familia exista alguien diferente a ellos —HaeIn se había entrometido en la conversación de sus padres sin previo aviso, vistiendo un hermoso vestido plateado que acentuaba su figura y accesorios tan caros como sus zapatos. Tenía una expresión enojada.


— Ni te atrevas a decir eso en la reunión, por más que yo también quiera hacerlo —ordenó la señora Kim a su hija, tapándole los oídos a JungKook para que no escuchara su charla.


— No lo iba a hacer, pero solo quiero que sepan que no estoy de acuerdo con anunciar mi cargo sin mi hermano —HaeIn se cruzó de brazos con una mueca en su semblante, su padre sonrió y caminó hasta ella para darle un beso en la frente.


— Lo sé —murmuró el señor Kim, acomodándole un mechón rebelde detrás de la oreja, viéndola con ternura—. Pero debemos seguir las reglas.


— ¿Eso significa que JungKook tomará el cargo y no se hará ningún anuncio? —evadió HaeIn.


— Haremos el anuncio, pero no estará junto a ustedes —agregó su padre.


Kim HaeIn rodó los ojos y su madre apartó sus manos de los oídos de JungKook, ya que suponía que el tema se había cerrado.


Desde un principio pensó en hacerlo de ese modo. Kim JooHo, padre de ChanYeol y TaeHyung, tomó la decisión de apartar a JungKook para conservar la imagen de toda su familia y ninguno de los hermanos se opuso, ni siquiera Kim ShinJae, padre de HaeIn y JungKook. El hermano mayor lo convenció diciéndole que todo Seúl hablaría de su hijo discapacitado, que se reirían de él y la familia entera caería en un juicio de moral que no podrían salvar. No podían entender que JungKook lo lograría, que era cuestión de apoyo y tiempo, porque se suponía que en casos como estos la familia se unía, no te tenía contra un cuchillo y la pared.


Eran pocos los que compartían con JungKook en las reuniones familiares. Los mellizos se encerraban en su mundo, EunSoo era tan engreído como TaeHyung y decía tener asuntos más importantes que charlar con un enfermo mental, ChanYeol era el único que, además de HaeIn, le dirigía la palabra y lo integraba, pero más allá de eso, todos preferían actuar como si no existiera.


Cuando JungKook nació la familia enloqueció, Kim JooHo se reunió con su hermano al día siguiente del nacimiento de su sobrino, le entregó una carpeta llena de información con diferentes centros de adopción y le dijo que él lo ayudaría para que la prensa no descubriera que era un Kim. Al principio pensaron que era un chiste, pero cuando notaron que Kim JooHo no reía sus rostros se llenaron de sorpresa. No podían creer lo que escuchaban. Su hijo era apenas un recién nacido, ni siquiera había sido recibido por su familia primeramente y ya querían deshacerse de él. Quisieron expulsarlo de su casa apenas descubrieron su intención, pero el padre de JungKook recién comenzaba en la empresa y no podía tener al resto de sus hermanos en contra. Afortunadamente, lograron hacerlo entrar en razón con la condición de que JungKook no le traería ningún problema a la familia.


La madre del pequeño se preguntaba que problema podría traer su hijo a su familia, si a medida que los años pasaban, descubría que JungKook era un ángel. Sonreía cuando veía el sol desde la ventana de su habitación, lloraba apenas escuchaba el viento contra el techo y guardaba silencio tristemente cuando le preguntaba a los demás niños si querían jugar con él y lo llenaban de todo tipo de comentarios hirientes. La protección de su madre llegó hasta donde se le permitía, de lo demás se encargó HaeIn, que no dudó en patearle el trasero a todo aquél que se riera de su hermano o lo mirase extraño. Se divertían juntos, JungKook saltaba de emoción cuando su hermana llegaba del instituto, porque era su única amiga y la única compañía no adulta.


HaeIn alzó ambas cejas al percatarse del extraño comportamiento del azabache en el auto. JungKook vestía un traje oscuro, dejando de lado sus cómodos suéteres de lana, sus jeans y zapatillas, su madre se había encargado de vestirlo para la ocasión y estaba tan atractivo como de costumbre, con un semblante angelical, finos labios rosados, ojos brillantes y oscuros, y pómulos ligeramente sonrojados. Estaba desesperado y HaeIn no conocía la razón, pero era como si buscara algo.


— ¿Qué ocurre, Kookie? —preguntó su hermana.


— Olvidé mi muñeco. JungKook no puede ir sin su muñeco. Necesito mi muñeco —balbuceó suavemente el azabache.


— ¿Piggy? —musitó HaeIn y JungKook asintió.


— Volver. Piggy. Necesito a Piggy —dijo apresuradamente, mirándola con aflicción.


— No te preocupes, está en la casa ¿sí? No le habría gustado estar aquí —intentó tranquilizarlo, sin embargo, no funcionó, porque JungKook seguía hiperventilado.


— ¡Quiero a Piggy!


— ¿Qué ocurre allá atrás? —preguntó el señor Kim con preocupación.


— ¿Qué pasa? —se volteó la señora Kim desde su asiento, tan preocupada como su esposo.


— JungKook olvidó a su oso. No sé qué hacer. Está desesperándose, mamá —tropezó HaeIn, nerviosa. La señora Kim miró a su esposo, quien asintió suavemente, y suspiró.


— JungKook, cariño, no podemos volver a la casa. Estarás bien sin Piggy hoy —susurró la señora Kim a su hijo. JungKook negó para sí mismo y cerró los ojos mientras se tapaba los oídos.


— Kookie, estarás bien, yo estaré contigo... —agregó HaeIn, acercándose lentamente hacia su hermano para abrazarlo por los hombros. La señora Kim imitó el gesto y solo acarició su rodilla por la posición que no le permitía más.


— Hijo, lo harás bien, te lo prometo. Mamá cuidará de ti —insistió su madre en una sonrisa tímida—. Respira profundo, JungKook, lo harás bien.


JungKook cogió todo el aire que sus pulmones le permitieron y lo soltó suavemente, destapó sus oídos una vez estuvo más tranquilo y miró a su madre y su hermana como si estuviera perdido, sus ojos estaban tristes y aún así asintió, creyéndose capaz.


Y lo era.


Las reuniones familiares ocurrían en la casa de los abuelos, una lujosa mansión que nadie utilizaba, salvo los de la limpieza que iban tres veces por semana para mantenerla en buen estado. Al morir los padres dejaron todo tipo de herencias, pero la casa no estaba dentro del contrato, los hermanos asumieron que sería un punto de reunión o una casa de respaldo para quien la necesitara en un momento de crisis, y nadie se negó.


HaeIn tomó a su hermano de la mano una vez bajaron del auto y caminaron hacia la entrada de la mansión, el personal les pidió sus abrigos y ella entregó ambos, porque dudaba que JungKook despegara la vista de su videojuego en el celular y si lo interrumpían, sería un problema que quería evitar. A simple vista distinguió a ChanYeol, que bebía una copa de champán a un lado de la chimenea.


— ¿Está bueno? —saludó HaeIn con una sonrisa contagiosa, acercándose junto a su hermano. ChanYeol asintió y devolvió el gesto.


— Deberías probarlo, ya te consideran una adulta —devolvió el saludo. Ella negó en risas. ChanYeol miró a JungKook y se rio para sus adentros, el pequeño no despegó la vista de su celular hasta unos segundos después que escuchó la voz del mayor y sonrió de golpe. Le dio ternura.


— ¡ChanYeollie! —exclamó el azabache antes de darle un abrazo que Chanyeol devolvió con gusto.


— Ya estaba triste porque pensé que no me habías notado —le dijo.


— ¡Nunca! JungKook no olvida a ChanYeollie.


— Le agradas más que yo —rio HaeIn. ChanYeol se encogió de hombros y sonrió triunfante.


— ¿Y TaeTae? ¿Dónde está? —preguntó JungKook animadamente y la expresión de ChanYeol ya no fue tan amistosa.


— Creo que está afuera con papá —respondió el mayor. JungKook abultó los labios como un puchero—. No debes acercarte a él, Kook, no es una buena persona.


— ¿Pasó algo? —se preocupó HaeIn.


— Lo mismo de siempre —respondió ChanYeol con una mueca—. Solo que no es una buena influencia.


— Ya entiendo... —susurró HaeIn. La pelinegra miró a JungKook que observaba con atención todo lo que pasaba por sus ojos. Le habló a él—TaeHyug no está, Kookie.


— No debo molestar a Tae. No debo molestar a Tae. No debo molestar a Tae —repitió el azabache como todas las veces en que se lo dijeron, pero siempre lo olvidaba e insistía en jugar con TaeHyung, enseñarle sus videojuegos y los vídeos de sus programas animados favoritos.


La reunión empezó una vez las cuatro familias llegaron, los empleados sirvieron la entrada y, mientras comían, conversaron sobre el comunicado oficial. ChanYeol iría a la cabeza por ser el mayor con veinticuatro años, TaeHyung seguiría a la par con los mellizos teniendo veintiuno y HaeIn sería la cuarta con decinueve. Nadie preguntó por JungKook y su ausencia en el comunicado, al contrario, agradecieron internamente ya que así no estaría en el ojo de la prensa ni los involucraría con ellos.


En la familia de Kim JooHo, ChanYeol tomaría el cargo de la empresa en Seúl y TaeHyung se mudaría al extranjero en dos semanas, un cambio del que ninguno de los dos estaba enterado. El pelirrojo abrió los ojos sorpresivamente, ChanYeol por poco casi se atora con la noticia y los demás en la familia tampoco ocultaron el asombro. Pese a ello, el señor Kim no habló más del asunto y pospuso el tema para otro momento más privado.


Al pasar la noche, los hijos de cada familia se disolvieron por la mansión. TaeHyung fue el primero en abandonar la mesa y ChanYeol lo siguió para vigilarlo de cerca.


— ¿Tú lo sabías? —le preguntó el pelirrojo a ChanYeol, un toque ácido en sus palabras. Estaban en el jardín trasero contra la pared junto a los demás, TaeHyung encendía un cigarrillo y EunSoo bebía champán.


— No —ChanYeol fue sincero con él y aunque TaeHyung no le creyera era cierto. No lo sabía—. Creí que me enviarían a mí para que él pudiera vigilar tus pasos.


— Da igual, me hizo un maldito favor, de todas formas —susurró TaeHyung.


— Es un alivio que no pusieran a JungKook en el comunicado —dijo EunSoo. TaeHyung rio por su comentario, haciendo que el humo escapara de su boca torpemente, y ChanYeol apretó los dientes, EunSoo notó la reacción de su primo y se sorprendió—. ¿Dije algo malo?


— ChanYeol hace caridad —rio TaeHyung.


— JungKook no tiene nada de malo —defendió.


— Hombre, ¿realmente quieres que digan que en nuestra familia hay un enfermo mental? —fulminó EunSoo, enfadándolo.


— ¿Cómo puedes hablar así de alguien que es tu familia? —preguntó ChanYeol con recelo.


TaeHyung no podía encontrar esa definición en su mente, por más inteligente que fuese, por más alabado que era, nunca consideró su familia como la suya. Se alejaba de todos y no se esforzaba en ocultarlo. Sin embargo, nunca tuvo problemas con ello, si tenía que reunirse, si debía hacer un sacrificio con tal de tener su herencia, lo hacía. La presencia de JungKook era lo que más le molestaba, no conocía el porqué y de todas las razones ninguna era tan clara como para escogerla. Era cuestión de verlo y sentir como la sangre le hervía por dentro.


Cruzaban miradas todas las veces. Los ojos brillantes de JungKook le enojaban, su piel delicada y sus labios finos. No creía el cuento de su inocencia, su torpeza o sus buenas intenciones. Le irritaba cada cosa que hacía, si hablaba de más o de lo mismo de siempre, si en medio de algo se desesperaba y se golpeaba, si era tan jodidamente cansador cuando quería algo. Le ponía los nervios de punta recordar que alguien tan estúpido era parte de su familia, que se sentaba en la misma mesa que él y comían lo mismo. El nivel de grandeza de TaeHyung se elevaba hasta las nubes, tocaba el mismo cielo y no descendía de su posición, ni en los momentos más sensibles, ni cuando su corazón se hundía por cariño. No existían tales cosas para él y JungKook solo era una piedra que había que alejar del camino.


— Iré al baño.


TaeHyung interrumpió su conversación, dejó a ChanYeol y a EunSoo atrapados en su pelea. El pelirrojo no los había tomado en cuenta y se dejó llevar por sus pensamientos que terminaron sofocándolo. Se alejó de ellos y ocultó sus manos en los bolsillos de su pantalón, botó el cigarrillo a la entrada y avanzó por el pasillo hasta el segundo piso, porque en realidad no iría al baño, sino a alejarse un poco de la realidad, a sobrellevar la larga noche que le esperaba junto a su familia.


La oscuridad del pasillo lo acogía en algún aspecto, la única luz que había era la claridad de la noche, la luna en su máximo esplendor atravesando las ventanas, dándole la iluminación que necesitaba. TaeHyung subió por las escaleras, ignoró todas las fotografías decoradas en el muro, el retrato de sus abuelos, los títulos universitarios y los recuerdos. Pensó porqué seguía ahí atrapado, moviéndose entre los Kim cuando podía olvidarse de ellos y replantear la idea de seguir formando parte de su círculo, compartiendo su fortuna y obligándose a un respeto que no poseía. Nunca se había sentido más ajeno que ahora.


Tal como un destello apareció JungKook frente a sus ojos, hecho un ovillo mientras veía vídeos en su celular. TaeHyung se preguntó qué hacía ahí sin HaeIn, siendo que su hermana lo acompañaba a donde fuera que fuese, pero recordó que la pelinegra había sido la única que no abandonó el gran salón, porque debían informarle sobre todo el comunicado siendo la menor y la menos experta. El pelirrojo resopló y pensó en irse, aunque la imagen de JungKook bajo la luz de la luna se lo impidió. Admiró cada facción que muchas veces pasó por alto, fijándose ahora en los detalles más mínimos y delicados. Y por alguna razón se llenó de ira.


— Tae —JungKook lo reconoció antes de tiempo y no consiguió escapar. Ya era tarde—, mira son perritos. A JungKook le gustan mucho los perritos, los perritos cafés, negros...


— ¿Qué haces aquí? —interrumpió de golpe, no queriendo escuchar sus palabras.


— Perritos blancos y con manchas. Este me gusta, este tiene una línea en... —siguió balbuceando torpemente, logrando que su enojo aumentara.


— Te hice una pregunta —espetó el pelirrojo.


— Perritos y gatitos. ¿Te gustan los gatitos? A JungKook le gustan los gatitos. HaeIn le gustan los cafés con...


TaeHyung apretó los puños y chasqueó la lengua antes de que se inclinara hacia JungKook y lo cogiera por el cabello, un impulso que logró silenciar al azabache, que lo descontroló y lo alteró. El pelirrojo sonreía, divertido al ver como JungKook perdía la noción del tiempo, como su angustia lo ahogaba y como su misma torpeza lo llevó a esa situación. Desafortunado.


— No me gusta la gente estúpida y tú eres muy estúpido —le dijo, mirándolo a los ojos, divirtiéndose al intimidarlo.


— Duele, duele, duele, duele —se quejó JungKook, encogiéndose a medida TaeHyung tiraba sus mechones oscuros hacia atrás—. Duele, duele, duele mucho, no quiero, no quiero. Respira profundo, Kookie. Kookie, respira profundo —imitó lo que su madre solía decirle cuando se alteraba.


— Eres más divertido de lo que pensé —TaeHyung lo soltó bruscamente con una sonrisa en su semblante, JungKook se asustó y cubrió su cabeza rápidamente, escondiéndose entre sus piernas y mirándolo con temor—. Odio esa mirada tuya. No sabes cuánto la odio.


— Kookie solo veía perritos. Kookie solo quiere ver perritos. Kookie no quiere molestar a TaeTae —musitó el azabache, alejándose lo más que podía de TaeHyung estando contra la pared.


— Eres tan tonto que ni puedes entender algo como eso —se burló el pelirrojo, refiriéndose a que no lo molestara. JungKook evitó su mirada en tics nerviosos que no podía controlar—. Sabes, JungKook, es un lástima que seas un retrasado, porque eres muy lindo.


— Kookie quiere ir donde mamá... —musitó.


— ¿Has visto porno, JungKook? —sonrió TaeHyung, ignorando todo lo que decía.


— No, no, no, ¡no! JungKook no puede ver eso, no, no, JungKook no puede —balbuceó.


— ¿No? ¿Y te has masturbado?


JungKook no entendía de qué hablaba, creía que era una película de dibujos animados o un videojuego como los que él jugaba en el celular. TaeHyung sonreía para él como nunca antes lo había hecho, porque casi siempre lo ignoraba o lo fulminaba y eso lo ponía triste. Era la primera vez que compartían una conversación, pero le dolía donde TaeHyung había tocado anteriormente y donde estaba tocándolo ahora. El pelirrojo tenía su palma derecha sobre su entrepierna y se puso nervioso, el contacto no le gustaba y quería llorar, algo en el fondo le decía que lo que TaeHyung hacía no estaba bien, su madre y su hermana siempre le dijeron que no debía permitir que nadie tocara sus partes privadas además de él, pero no quería que TaeHyung volviera a golpearlo.


— Yo... Quiero a mamá. JungKook quiere a mamá —sollozó el menor.


Su rostro se llenó rápidamente de lágrimas mientras la firme y fría mano de TaeHyung invadía dentro de su pantalón, tocando su cuerpo sin permiso y llenándolo de nervios. JungKook tragó duro y respiró apresuradamente, sus pulmones un caos y su corazón tan palpitante que lo podía escuchar contra su tímpano.


— Tranquilo, JungKook, no haré nada que no te guste —TaeHyung sonreía de oreja a oreja y tenía una mirada diferente a todas las otras veces. JungKook se sintió atemorizado.


— Quiero ver mis vídeos, yo quiero ver mis vídeos —tropezó en sus palabras con la respiración entrecortada.


Comenzó a irritarle su voz. Si JungKook hablaba ya no era lo mismo, ya no podría tener ese hermoso rostro en su mente, ese cuerpo tan suave y esa mirada tan angelical que lo ponía duro, y no entendía porqué a pesar de todos esos motivos seguía excitándose y quería seguir corrompiéndolo.


TaeHyung tapó su boca con una de sus manos con fuerza, empujándolo hacia atrás, presionó su cuerpo contra el suyo, rozó la entrepierna de JungKook con su cadera y se acercó a su rostro, una distancia tan mínima que la respiración del azabache se mezcló con la suya, se unió como una sola y hasta podían sentir los latidos del otro. El pelirrojo se cautivó con su mirada, los ojos tan brillantes de JungKook lo domaron y fue como si hubiera perdido la batalla. Sintió el deseo de besarlo. El pene de TaeHyung despertó en cuestión de segundos y se rio de sí mismo al haberse excitado por un discapacitado.


— Si le dices a alguien sobre esto, iré tras tu familia. ¿Entendiste? —amenazó. JungKook asintió atemorizado.


TaeHyung cargó el cuerpo de JungKook sobre su hombro, no sin antes asegurarse de que cerraría la boca. La cubrió con cinta adhesiva, al igual que sus muñecas y tobillos, solo así disfrutaría. Tenía alrededor de treinta minutos antes de que lo descubrieran, antes de que ChanYeol lo buscara cual perro de cacería o antes de que HaeIn lo hiciera. Dejó caer al pequeño bulto asustado sobre la cama de la habitación de sus abuelos, JungKook tembló y lloriqueó, sus ojos se humedecieron apenas sintió la respiración de TaeHyung contra su oreja, a su miembro erecto en su trasero o sus dientes mordisqueando su lóbulo. Una sensación asquerosa, que le causó un miedo profundo, una desesperación inmensa, un mareo exagerado. El pequeño JungKook estaba atrapado en la boca del lobo.


Tenía recuerdos siendo apenas un niño de ocho años y TaeHyung los invadía. Apesar de que el pelirrojo nunca lo tomó en cuenta, el azabache siempre lo observó desde la distancia. Podían decir que era un tonto o un retrasado, sabía que pensaban eso de él, pero prefería fingir que no. Conocía los pensamientos más impuros de los demás y la alma tan oscura de TaeHyung lo sorprendió más que otros. Un corazón tan frío, una mente tan calculadora y una personalidad insoportable, eran los síntomas a un abandono emocional, una crisis de identidad y una búsqueda desconocida. TaeHyung no sabía quién era y ese era quizás su mayor secreto. Estaba tan vacío que quería llenarse con algo o alguien. Buscaba una obsesión, una chispa o una señal que le diera la respuesta a su pregunta. Quería sentirse vivo.


Hace siete años JungKook se despertó por la madrugada mientras todos los demás Kim dormían después de una larga reunión familiar, bajó las escaleras hasta el primer piso y paró en seco cuando notó a un adolescente de catorce apuntándose con un arma en la cabeza. Algo le dijo que debía guardar silencio, que no hiciera ruido alguno o podría pagar las consecuencias. Respiró agitadamente y quiso llorar, pero contuvo el miedo, y entonces TaeHyung lo distinguió entre toda la oscuridad. JungKook pensó que lo mataría, su delicado razonamiento se lo decía y esperó un disparo que nunca llegó, al contrario, su primo bajó el arma y sonrió, y no sabía porqué.


TaeHyung bajó sus pantalones con furia, su ropa interior tuvo el mismo destino y no sacó su camisa únicamente porque le llevaría más trabajo. JungKook le enseñó su rosado trasero a la fuerza y TaeHyung no se hizo esperar más, su pene estaba causándole un gran dolor y la imagen desnuda de JungKook no facilitaba las cosas. Incrustó su pene en su entrada sin preparación previa, JungKook chilló y aunque no se escuchó claramente, su dolor era reconocible. Estaba indefenso, apretaba los puños contra su pecho mientras lloraba y recordaba a su madre, llamándola en su mente para que lo salvara, para que lo alejara de TaeHyung, porque quizás él no lo había hecho muy bien y lo molestó, que estaba pagando el costo de ser un retrasado, de ser más tonto que los demás.


Era un dolor infernal, como si alguien estuviera rasguñándolo. TaeHyung gimió cerca de su oído, su pecho cayó y se apoyó en la espalda de JungKook, penetró una y otra vez, resonó contra su trasero y robó toda pureza del azabache. Lo que buscaba no era el sexo, era JungKook para causarle tanto daño que pudiera arruinarlo, tanto como él lo estaba, creyendo en el fondo que no eran muy diferentes. Era cierto que ninguno de los dos encajaba en la familia, pero JungKook no tenía agallas para notarlo y quería seguir fingiendo que algún día los Kim estarían ahí para él. Una estúpida ilusión que TaeHyung arrancó rápidamente, que devoró en un mordisco y le enseñó la dura realidad de una forma inhumana.


Desconocía el tiempo en que llevaban teniendo sexo, JungKook prefirió ocultarse en algún recuerdo para olvidar que su interior sangraba, que su trasero dolía y sus paredes anales ardían como el fuego. TaeHyung lo obligó a estar contra la cama mientras él presionaba la parte trasera de su cabeza, JungKook lloró y su mirada se apagó como un foco de luz desgastado. La felicidad dentro de ese corazón tan puro se escapaba y no quería volver. Recordó cuando un niño del vecindario le preguntó a los once años porqué su familia no lo abandonaba y entonces pensó que sus padres nunca serían capaces de hacer algo así, pero ahora se preguntaba lo mismo y llegó a la conclusión de que de haberlo hecho le habrían ahorrado más de un problema.


TaeHyung se corrió dentro de él y escuchó su jadeo de placer. Le quitó la cinta adhesiva cuando terminó de vestirse.


— Mírame —ordenó firmemente el pelirrojo. JungKook lo ignoró y TaeHyung tuvo que tomarlo desde el mentón—. Debes odiarme ahora ¿no?


JungKook lo miró a los ojos y no contestó, su mirada se encargó de decírselo.


— Así me gusta —sonrió TaeHyung, fascinado de su expresión—. He anhelado ver este rostro tuyo desde hace muchísimo tiempo.


— Quiero ir donde mi mami —fue lo único que logró salir de los labios de JungKook, sus ojos hinchados de tanto llorar y la punta de su nariz en un ligero color carmesí.


— Necesito que hagas algo por mí. Solo tú puedes hacerlo —dijo él.


— Tae... Por favor, quiero ir donde mi mami —suplicó JungKook al borde del llanto.


— Y lo harás, pero necesito que me ayudes con esto.


El azabache sorbó su nariz y miró atentamente como TaeHyung se inclinó y rebuscó entre la chaqueta de su traje. Sus ojos cansados de tanto llorar, sus ojos apagados y oscuros, los mismos que apreciaban lo oculto, se llenaron de sorpresa cuando el pelirrojo le entregó un arma y sonrió para él, como un fugaz déjàvu.


— ¿TaeTae...?


— Solo tú puedes terminar con esto.


La vida pesaba más que cualquier otro castigo, su apellido traía un duro trabajo que cargaba en la espalda y que nunca podría dejar. Una infancia tan dura, tan alejada del amor, tan construida en lo superficial que en primer lugar nunca consideró vivir más allá de lo que se permitía a sí mismo. La única razón por la cual seguía vivo era para admirar ese semblante pálido y delicado, esos labios rosados, esa sonrisa animada, esos ojos brillantes y envolventes. No se iría hasta romper cada pedazo, hasta saber que alguien lo recordaría, incluso si era de una mala manera, hasta saber que JungKook lo recordaría. El azabache había construido su tumba desde esa noche que interrumpió su suicidio y guardó silencio, llevándose su secreto entre sus manos.


— Tienes cinco minutos. ChanYeol debe estar buscándome —alertó. JungKook sostuvo el arma con miedo y tembló, no logró asimilarlo. TaeHyung bajó la vista a sus manos temblorosas y luego lo miró a los ojos—. Eres tonto, pero sabes bien cómo funciona eso.


— No... No quiero, quiero irme, no quiero estar aquí —balbuceó.


TaeHyung resopló y dirigió el arma que JungKook sostenía dentro de su boca, el azabache jadeó y su expresión de pánico dijo todo. El pelirrojo estaba dándole la señal, pero no podía hacerlo.


Escuchó pasos y murmullos fuera de la habitación, JungKook reconoció las voces, eran ChanYeol y HaeIn buscándolo y apresurándose a su habitación. Su mirada vaciló en la de TaeHyung, que estaba tranquilo, como si confiara en él. Se llenó de adrenalina, porque escuchó los pasos y las voces aún más cerca y ya cuando sintió su presencia detrás de la puerta, despertó del trance.


TaeHyung acarició su mejilla y, cuando ChanYeol y HaeIn entraron abruptamente en la habitación, apretó el gatillo sin haberlo pensado dos veces.


Lo recordaría hasta la muerte y el comunicado de la familia Kim terminó siendo una novela de terror. El segundo hijo del primer hermano murió aquella noche y el segundo hijo del cuarto hermano se suicidó una semana después.


























6 ноября 2020 г. 15:46:05 5 Отчет Добавить Подписаться
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r. myokiru poder es convertir el dolor en poesía

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Diana V Diana V
Sabes? he leído historias turbias y enfermas, pero ésta me sobrepasa a niveles cósmicos. Creo que una violación a una persona discapacitada, con un alma tan pura e inocente es la gota que derramó el vaso para mí, no desacredito tu excelente forma de narrar, la redacción, tu creatividad... Eres una escritora muy buena, pero esta historia me dejó un vacío en el pecho y un nudo en la garganta que no creo superar en un buen tiempo...
penny lane penny lane
nunka es tarde para odiar alos personajes violadores 👍 gracias x una lectura entretenida
Girl Girl
Me encantó, me quedé con ganas de mas pero igual esta re buena, excelente ✨💜
C Carla
Siempre me quedó la duda si Kook se suicidó debido a la violación? O la culpa de la muerte de tae? Y también me hubiera gustado saber la reacción de la familia antes todo lo que sucedió esa noche. Y escribes jodidamente bien. ♡

  • Diana V Diana V
    Yo creo que fueron ambas, a fin de cuentas lo destruyó con ambas acciones 2 weeks ago
~