coffeandlove_07 Claudia Arroyo

Bill decide adoptar a un perro sin saber que antes, ha sido modificado en un laboratorio para convertirlo en una potente arma. Sin saber el peligro al que está expuesto, invita a un compañero de trabajo a pasar el fin de semana en su casa de la montaña acompañado de su hijo de doce años y esposa. Sin embargo, cuando la familia llega, Bill ya no respira y el perro se convierte en una terrible amenaza.


Ужасы 13+.

#misterio #familia #sangre #295 #perro
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La llegada a la cabaña

Aquel fin de semana tenía planeado ir a jugar con Willie-Will (así le llamábamos) con su nuevo videojuego. Mi madre siempre me compra pijamas para mi cumpleaños y su argumento siempre es que me hacen falta. Desearía que me comprara algo más costoso y más a mi gusto, pero como ella dice siempre: la vida es injusta.

Mis planes fueron arruinados cuando mi padre llegó a casa del trabajo, con una sonrisa estampada en la cara. Es una suerte verlo contento. Normalmente siempre está ocupado, porque su trabajo le roba demasiadas horas. Cuando llega a casa de mal humor, madre aprovecha para repetirme que la vida es injusta.

Pero aquel viernes los hechos se narraron de una forma diferente.

-¡Tengo una gran noticia! - bramó levantándome por los aires. - Saca el vino, cariño.

Mi madre volvió con una botella de vino que por supuesto yo no podría beber. Sabía que se moría de la curiosidad, pero esperó pacientemente a que mi padre empezara su relato.

-He tenido un día horrible. Hace una hora me ha llamado mi amigo...

-¿Bill? - preguntó mamá.

-Si, ese mismo. - respondió mi padre, un poco molesto por la interrupción-. Tiene una cabaña en la montaña y nos la deja este fin de semana. ¡Por fin podremos tener unas pequeñas vacaciones bien merecidas!

Los dos bebieron de su copa, visiblemente contentos, pero yo no compartí con ellos esa felicidad. ¿Qué habría de Willie-Will y su nuevo videojuego?

-Yo tengo planes, así que no iré. - murmuré no muy seguro de si iban a dejarme en casa solo durante dos días.

-¿Por qué? - inquirió saber mi padre, con un tono que me pareció bastante amenazador.

-Tengo planes con Willie-Will.

Mi padre era un hombre serio. Cuando quería (y le apetecía) soltaba algún chiste y mamá se reía como si hubiera dicho la cosa más graciosa del mundo. La mayoría de las veces, yo no lo entendía y tampoco me esforzaba mucho para pillarle la gracia. Y mi padre... quería que las cosas salieran a su manera.

-Nicholas, vas a venir con nosotros te guste o no. Así que le tendrás que decir a Williams que no podrá ser.

A mi padre no le gustaba Willie-Will y siempre le llamaba por su nombre real. Sabía que a mi eso me molestaba, al igual que cuando me llamaba Nicholas.

-Vale.- respondí entre dientes.

Ojalá me hubieran dejado quedarme en casa, porque ir a la cabaña fue un verdadero infierno que nunca olvidaré.

→*←

Llamé esa misma tarde, después de hacer mis deberes, a Willie-Will. Se mostró decepcionado de que no pudiera ir a su casa a jugar, pero lo entendió. Teníamos doce años, no éramos bobos. Los dos estábamos al corriente de que es mejor seguir las órdenes de mi padre si quieres que todo vaya sobre ruedas.

-No pasa nada, Nick. Cuando vengas te lo enseñaré, no va a desaparecer. - me consoló desde el teléfono.

-Ya lo sé, tonto. Pero me hubiera gustado hacerlo mañana, eso es todo.

Al tercer grito de mamá colgué el teléfono y haciendo bastantes esfuerzos saqué la maleta del armario. Usé mi silla de escritorio para poder cogerla. Dicen que seguro que este verano creceré y los chicos más grandes del colegio ya no se burlarán de mi. Eso espero, porque no estoy disfrutando la experiencia de ser el más pequeño de mi curso.

-Hará frío. Cógete varias sudaderas y pantalones. Esa chaqueta azul que te regaló tú abuela servirá para abrigarte. ¿Por qué no te la pones nunca?

Sin hacerle mucho caso a mi madre, silbé varias canciones en voz baja mientras sacaba todas la ropa de mis cajones. No olvidé de meterme el cómic del Increíble Hulk que no había tenido la oportunidad de leer.

-¡Nick! ¿Me estás escuchando? - chilló mi madre dando una pequeña patada en el suelo, cosa que resultó ser bastante cómica para mi.

-Si. Has dicho que hay una bicicleta en el garaje de la cabaña que seguro que me gusta.

-Muy bien. Bill, el amigo de tu padre, nos estará esperando allí a primera hora.

En la cena, papá no paró de explicar como había ido su día. No me interesaba el tema, así que me adentré en mis propios pensamientos, rozando la comida con el tenedor sin probarla. Me imaginé montando la bicicleta que mamá había dicho que habría, investigando por las montañas y pillando algún que otro conejo si tenía suerte.

No tendría que llevarme ningún libro de la escuela para hacer deberes, cosa que siempre se agradecía. Tan solo serían dos días, pero deseé con todas mis fuerzas que la cama fuera cómoda. Normalmente me cuesta mucho dormir en otro sitio que no sea en mi habitación y si a eso le sumamos un mal colchón, lo más probable es que me pase la noche en vela. Y no quería levantarme con ojeras a la mañana siguiente.

-Lávate los dientes antes de acostarte. Ya sabes lo que dijo el dentista... - me recordó papá señalándome con un dedo.

-Descuida.

Quería acelerar el proceso de acostarme, porque aunque en un principio no me emocionaba la idea por perderme la tarde con Willie-Will, empezaba a gustarme la prespectiva de desconectar un poco de como era la vida aquí en la ciudad.

No recuerdo en que soñé exactamente esa noche, pero me desperté sudoroso y con la respiración acelerada.

Dientes. Eso era lo único que me venía a la cabeza cuando pensaba en ello. Unos dientes grandes y afilados con ganas de morder.

→*←

-¿Estás emocionado, Nick?

Vi los labios de mi padre moverse por el espejo retrovisor y pausé la canción, quitándome los cascos con rápidez.

-¿Qué has dicho?

-La maldita música y esos aparatos...

Continuó murmurando cosas que mis oídos no lograron escuchar así que volví a ponerme la canción de Miss You, de los Rolling Stones y cerré los ojos para disfrutar de la buena música.

Estoy seguro de que me dormí. Eran dos horas de viaje en coche y yo terminaba por hartarme con veinte minutos de camino recorridos así que podría jurar que me adentré en el país de los sueños enseguida. Soñé de nuevo en esos dientes, pero ya no le di mucha importancia.

Yo no era una de esas personas que intentaban buscarle el significado a los sueños. Los soñaba y punto.

-¡Ya estamos aquí!

Mi madre tenía razón. A lo lejos se veía una cabaña grande de madera con un viejo columpio oxidado. Sonreí con entusiasmo.

-Tenemos suerte. Un poco más y nos quedamos sin gasolina.

-¿Qué vamos a hacer cuando queramos regresar? - le preguntó mi madre preocupada a mi padre.

-No lo sé. Llamaremos a algun camión grua.

-¡No tenemos conexión! - se lamentó ella mirándome con puchero.

-Bill nos ayudará. - concluyó mi padre, bajando del coche.

Yo seguí sus pasos sin preocuparme por el coche ni la conexión. Aspiré el aire fresco de las muntañas y dando pequeños brincos me acerqué a la cabaña. Mamá dijo que Bill nos estaría esperando pero yo no vi a nadie.

-¿Hola? - grité esperando una respuesta.

Sin embargo, nadie me la dio.

Papá se sacó unas llaves del bolsillo de su chaqueta y abrió la gran y robusta puerta. Dentro de la casa hacía olor a flores y algún perfume parecido y a algo más bastante desagradable.

-Huele mal. - susurré.

Mi padre se encogió de hombros y dejó las llaves en el mueble de la entrada. Estaba oscuro y hice lo que cualquiera hubiera hecho. Me dirigí hacia la ventana para que entrara un poco de luz natural.

No conocía la casa y es por eso que me tropecé con algo blando.

-¿Nick? ¿Estás bien?

-Si mamá.

Con una mano toqué aquello con lo que había tropezado y juro que mi respiración se cortó. Toqué una mano.

Ahogué un gritó justo en el momento en que subieron las ventanas.

-¡Mamá!

Había visto a Bill tres veces contadas y fue fácil para mi identificarlo. Lo rodeaba un charco de sangre y ahora toda mi ropa estaba manchada de ella. Alguien o algo... le había esgarrado el estómago y sus tripas estaban escampadas por el suelo.

Mi madre al verlo emitió un chillido que hizo que tuviera que taparme las orejas. Me agarró el brazo y de un tirón me sacó de allí.

Los dos tenían los ojos desorbitados y yo no terminaba de procesar lo que acababa de pasar.

Había un hombre muerto en el salón. Yo lo había visto. Yo había tropezado con él. Yo estaba ahora lleno de su sangre.

Me metió dentro del baño y cerró la puerta.

-Ahora... traigo ropa limpia. Cámbiate. - me ordenó casi sin hablar con claridad.

Hice lo que mi pidió pero no pude parar de pensar en lo que había ocurrido. Quería irme de allí. ¿Pero como? No quedaba gasolina en el coche, no había conexión y Bill ya no podría ayudarnos.

Pero sobre todo, quería saber que cosa había asesinado al amigo de papá. ¿Íbamos a sufrir nosotros la misma suerte?

-¿Qué demonios ha pasado aquí? - susurré mirándome en el espejo con expresión apagada.

→*←

En los libros, los malos nunca ganan. Al menos, en la mayoría de las veces. Pero en la vida real, se cambiaban las reglas. A veces, sufrían los buenos y los malos gozaban de una vida que ni siquiera tendrían que merecer. ¿Por qué? Pues porque la vida es injusta.

Y existe la oscuridad que quiere oírte gritar, sufrir y llorar. Quiere ver como tú vida se tiñe de negro, como tus ilusiones se rompen en pedazos. Y dejas de ser alguien. Dejas de tener voluntad propia, porque ahora le perteneces a la oscuridad.

Y ella... decidirá tu destino.






12 октября 2020 г. 14:28:35 0 Отчет Добавить Подписаться
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