mirisroro Miris Roro

En víspera de un día festivo del que se había olvidado por completo, Taehyung accedió ir de fiesta con su amigo a pesar de no tener deseos.  Cuando logra escabullirse del lugar le toca enfrentar la escasez de taxis en la ciudad de Londres. Sin embargo, un desconocido se ofrece a llevarlo hasta Canary Wharf, la zona en donde vivía, al otro lado de la capital inglesa. — Lo siento, no me subo a autos con extraños. — ¿Autos como los taxis donde no conoces al chofer o si es realmente un taxi?


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Capítulo 1

Era el tipo de fiestas que solía odiar, esas que no planeaba, en la que terminaba participando gracias a la gran persuasión que tenían sus amigos. Lo sacaban con algún pretexto supuestamente para comer en la tarde, el típico: "vamos por una copa para la digestión e iremos a casa" para terminar en un bar casi alcoholizado antes de las diez de la noche. Cuando eso no era suficiente, el siguiente paso era ir a cualquier pub relativamente decente, — si es que existía uno realmente — para bailar o simplemente continuar bebiendo.


Esa noche, no había sido muy diferente pero para variar, él no se permitió beber más de dos copas. Al día siguiente tendría una larga jornada de trabajo, llevaba pocas semanas en su nuevo puesto y la presión sobre sus hombros no le permitía relajarse aún.


Para ser un miércoles en la noche, la música era demasiado alta y el lugar estaba atestado de personas. Era homosexual pero por alguna razón odiaba los clubs gay donde todos pensaban que si estaba ahí era porque buscaba a alguien con quien follar esa noche, preferiblemente en el baño lleno de orina, escuchando a otros tantos desconocidos haciendo lo mismo.


No era santo, sí que lo había hecho al comienzo de sus veintes cuando nada parecía importar lo suficiente. Ahora, simplemente era diferente. Cuando la necesidad apretaba, aún acudía a esos encuentros casuales y esporádicos que las supuestas aplicaciones de citas brindaban. Encontrándose en algún terreno neutro por cierta precaución, un motel u hotel, después de varios mensajes con un completo extraño para unos minutos de sexo que, muchas veces lo dejaban peor que antes. Sin embargo, evitaba aquello lo más que podía porque simplemente no le agradaba.


— Ese tipo lleva media hora mirándote. — El sofá donde estaba sentado se removió y todo su cuerpo se tambaleó cuando su mejor amigo se dejó caer a su lado. — ¿Otra copa?


— He tenido suficientes copas por hoy, Jimin. — Rió ante su mueca y falso puchero. — No me lograrás convencer, mejor ve por ese chico de cabello color menta, tiene cara de regalarte esta noche una buena revolcada.


— Estás atrasado en las noticias, Tae. Si aceptaras mis llamadas más seguido, te hubieras enterado que ese chico de cabello color menta se llama Min Yoongi y llevo un mes saliendo con él. Pero tienes razón en una cosa, me ha regalado muy buenas revolcadas. Ese chico apuesto que te está mirando se llama Seokjin y el de al lado Namjoon, ambos son amigos de él. Puedes escoger, es cortesía de la casa. — Le guiñó un ojo y se levantó.


Taehyung observó como su amigo se alejaba casi corriendo mientras bailaba a su vez, provocando a aquel sujeto. Lo amaba, adoraba a su amigo pero reconocía que en materia de seducción y descaro, él se llevaría un premio en cualquier certamen. Era imposible no carcajearse ante la escena, viéndolo restregarse a su acompañante mientras este bebía de su cerveza sin apartar la mirada de su trasero.


Esperó durante algunos minutos a que este se alejara para literalmente huir de ahí sin avisarle. Si le decía, tenía la certeza que no podría irse hasta dentro de mínimo cuatro horas más y ya eran casi las once de la noche. Tomando su abrigo se fue alejando, viendo como los que serías sus supuestos platos a elegir, ya se habían elegido entre ellos y besaban de una forma tan deliciosa que por unos segundos, sintió envidia.

Era el tipo de noche de invierno donde el aire frío y helado empapaba la médula de sus huesos. En la ciudad de Londres la nieve se había acumulado como azúcar en polvo en las calles y él solamente deseaba poder tomar prontamente un taxi que lo llevase a su casa antes de helarse. Cruzó sus brazos encogiéndose un poco en su lugar, esperando que la luz del semáforo se tornara verde y, una vez que sucedió cruzó a gran velocidad hacia la senda por donde se permitía el tráfico ya que la otra estaba en construcción.


No estaba nevando en ese instante pero juraba que en su cabeza caía copos que lo mojaban, congelándolo más de lo que ya estaba. Hubiera sido buena idea pedir un taxi en vez de salir a buscar uno, no obstante, con la necesidad de huir de aquel pub que tenía, no quiso esperar más allá adentro.


Sacaba la mano a cada taxi que veía pero todos parecían venir llenos o simplemente los choferes no tenían el deseo de recogerlo. Sinceramente estaba maldiciendo a Jimin y el momento en el que aceptó dejar su auto en aquel restaurante para irse con él a beber. Jamás conducía cuando bebía y esa fue la razono principal para hacerlo pero en ese momento, estaba casi dispuesto a romper la regla, claro, si hubiese tenido su vehículo cerca.


Avanzaba hacia una zona un tanto más céntrica, donde el tráfico de taxis fuera mayor, sin dejar de sacarle la mano a todos los que pasaban a su lado, cuando un automóvil blanco se detuvo frente a él. Resaltaba en aquella oscura noche, haciendo juego con la nieve que le estaba congelando sus sencillas botas.


Por un momento pensó que se había detenido por alguna otra razón y no por él pero a cada paso hacia adelante que daba, el auto daba marcha atrás. ¿Quién era el loco que pensaba que él se subiría a esa hora en un auto con un completo extraño? Lo ignoró, aumentando la velocidad de sus pasos, tratando de parar algún taxi sin éxito.


Exhaló incómodo cuando luego de casi cien metros el sujeto seguía siguiéndolo sin disimular. Peinó su rubio cabello con su mano cubierta por el guante y caminó en dirección a la ventanilla, dispuesto a enfrentar a cualquier viejo loco que estuviese allí. Golpeó el cristal con fuerza, encontrándose con el rostro de un joven de sonrisa ladina, quien lo miraba con diversión.


— ¿Se puede saber qué demonios quieres? Llevas varios metros siguiéndome, imposibilitándome tomar un taxi sin decir o hacer nada.


— No sé si sabes pero, mañana es día festivo y hoy todas las personas han salido a emborracharse. ¿Realmente crees que podrás encontrar un taxi a esta hora? Ni siquiera llamando a la central tendrías uno en menos de media hora.


¿Festivo? Sí, lo era y él había estado tan en su mundo que lo había olvidado completamente. Solamente estaba pensando en su trabajo al día siguiente sin recordar que sería feriado. Con razón todos los locales estaban abarrotados de personas.


— Hace unos cinco minutos pasé por aquí y te vi más adelante tratando de tomar un taxi, fue por eso que regresé, viéndote aún luchando por uno y me apiadé de ti. Puedo llevarte a donde desees.


Taehyung se carcajeó observándolo con burla. No tenía cara de psicópata pero bien decía el dicho que caras se ven pero intenciones y personalidad se desconocen. Si ese pelinegro pensaba que tendría una presa fácil esa noche, se equivocaba.


— Gracias, pero prefiero tomar un taxi, así me tarde una hora más. — Sentenció mirándolo fijamente por primera vez. Era atractivo, un hombre que exudaba masculinidad y seguridad mezclada con arrogancia detrás del volante.


— Creo que las posibilidades de que lo logres son de un diez por ciento. Si deseas, yo te daré un aventón.


— Lo siento, no me subo a autos con extraños.


— ¿Autos como los taxis donde no conoces al chofer o si es realmente un taxi? — Iba a rebatir aquello, fue por eso que abrió su boca pero terminó cerrándola luego de unos segundos sin poder decir una palabra, haciendo que el desconocido le diera una risa burlesca. — Debo agregar en mi defensa que tú y yo no somos precisamente extraños. Hemos estado hablando por más de cinco minutos, ya nos vamos conociendo.


— Muy ingenioso con tus respuesta pero tendré que negarme. ¡Buenas noches!


Dio una palmada en el techo de aquel vehículo antes de alejarse varios pasos. La ropa del sujeto y su auto le decían que para lucir ese nivel en esa ciudad, él no debía ser un simple trabajador promedio cualquiera pero, eso lo hacía aún más peligroso. Potencialmente peligroso en todos los sentidos porque se notaba por su confianza que estaba acostumbrado a salirse con la suya.


Avanzó varios pasos dejándolo atrás y esta vez no fue seguido, sin embargo, el vehículo tampoco se fue, permaneció allí, únicamente que con sus ventanillas cerradas. Casi veinte minutos pasaron y la paciencia de Taehyung se fue agotando. El frío se le estaba imprimiendo en su interior y todo lo que deseaba era llegar a su casa, prender la calefacción y meterse en su cama con una buena taza de cualquier bebida caliente.


Intentó varias veces llamar a la central pero las líneas parecían estar congestionadas y cuando lograba comunicarse, aquel contestador le decía que su tiempo aproximado de espera excedía los diez minutos. Colgaba pero, cada vez que volvía a intentarlo, aquello se repetía. No fue hasta casi quince minutos después de que se decidiera a esperar que una mujer con voz de estar cansada le respondió, diciéndole que en media hora tendría un taxi en la dirección que le indicara.


¿Media hora más en ese frío?


Tenían que estar bromeando.


Terminó la llamada, guardando acto y seguido su teléfono en el bolsillo de su abrigo. ¿En verdad le estaba ocurriendo eso? Sus pies dolía, sus orejas parecían querer partirse y su nariz segregaba por el frío. Sus labios ardían y su cabeza dolía en demasía. Se volteó para observar que aquel Mercedes blanco aún seguía ahí, burlándose de él porque veía como aquella escupida que lanzó hacia arriba, bajaba a gran velocidad para caer sobre él.


Caminó lentamente bordeando el vehículo, tocando con gran vergüenza la ventanilla de este. No tuvo que esperar mucho, la puerta se abrió y él se sentó en el interior sin poder mirar al conductor. En ese momento, lo único que sentía era el alivio de sentir la calefacción abrazarlo.


— ¿Dirección? — Podía sentir como aquel desconocido intentaba no reírse pero decidió ignorarlo.


— Canary Wharf, cuando lleguemos a esa zona de la ciudad te diré dónde dejarme.

Necesitaba tiempo para pensar en qué lugar no muy lejos podía dejarlo pero, sin darle pistas de donde realmente vivía. No le diría su verdadera dirección a un completo extraño. Sin embargo, tampoco quería caminar demasiado, sus pies parecían querer sangrar si no los metía pronto en agua caliente.


— ¡Wow!


— ¿Wow? — Enarcó una ceja volteándose por primera vez para verlo.


— Me gusta esa zona, incluso trabajo allá. Sí que estás lejos de casa, Isla de los Perros que viven al otro extremo de la ciudad.


— No tienes que llevarme hasta allá, simplemente déjame lo más cerca que puedas. — El pelinegro sonrió dedicándole una extraña mirada.


¿Ese era el momento en donde corría?


— Tranquilo, te dije que te llevaría. — Echó andar el vehículo. — Me queda de paso. — Añadió sonriente.


Tardarían aproximadamente veinticinco minutos en llegar a barrio donde vivía. Canary Wharf era más que un gran complejo de negocios situado en la Isla de los Perros. Allí se encontraban los edificios más altos de Londres, con buenos puertos y algunas zonas turísticas. Era moderno, casi todo fue comenzó a remodelarse al comienzo de la década de los ochenta, terminándose en el nuevo milenio.


No podía negar que tenía un distintivo atractivo y que no era un mal lugar para vivir. Pocos sabían que el nombre del barrio se derivaba al pasado comercio que sostenían con las Islas Canarias, de hecho, pocos lo pensarían viendo el enero centro de negocios que era hoy en día. Sin embargo, era demasiado caro y, de no ser porque su trabajo lo requería y el tráfico en la ciudad londinense se hacía insoportable cada maldito día, él no estuviese viviendo allí.


No es que tuviera el apartamento más grande, era uno sencillo en el noveno piso de un edificio, moderno, sí, pero por el precio que pagaba allí quizás podía buscar algo más barato en alguna otra parte de la ciudad. Londres en sí era caro en cualquier lugar que se mirase pero, algo se podría ahorra. Aún así, no todo se podía tener y por eso debía seguir viviendo allá, lejos de todas sus amistades.


— ¿Puedo preguntar qué te hace querer ir a casa tan temprano cuando mañana no se trabaja? — El chofer rompió aquel intenso silencio, mirándole de vez en cuando con una sonrisa que era jodidamente sexy


— ¿Qué te hacía a ti querer ir ya para tu casa tan temprano?— No le gustaba responder preguntas con otras pero simples y llanamente no tenía deseos se cubrir su curiosidad.


— No lo hacía. No iba para mi casa, de hecho, recién venía de ella cuando te vi la primera vez. Quería tomar algo lejos de casa, ver que me traía la noche y quizás encontrar algún interesante y lindo chico con quien tener eso esta noche. Pero te vi tan desamparado y quise acudir a tu rescate.


Solía reconocer a un hombre gay por muy masculino y macho que pudiesen aparentar algunos. Si bien con el interés mostrado por ese sujeto sospechó que andaba en busca de sexo ocasional con algún hombre, tenía más pinta de ser heteroflexible. Un hombre aparentemente heterosexual para el mundo pero que de vez en cuando se deshacía de su disfraz e iba a buscar algún hombre para entretenerse.


— Así que me viste y pensaste que ya tenías hecha la noche. Que pena me da tu caso, amigo, no creo que se te dé. Así que si por eso planeas llevarme a mi casa, puedes retractarte de tu ofrecimiento y dejarme en el primer lugar en el que puedas estacionarte.


— Interesante. — Rió aumentando levemente la velocidad. — Sí, definitivamente pensé meterme dentro de tus piernas esta noche pero, en cuanto vi que no eras presa fácil...


— Ahora me vas a decir que te enamoraste a primera vista. Que soy el hombre más increíble e interesante que te has encontrado en el último tiempo. Me pedirás que te permita a subir por un trago a mi casa para follar incluso antes de lograr destapar la botella y marcharte luego de tu eyaculación precoz.


— Wow, ¿incluso tengo cara de tener poca resistencia en la cama? No sé si ofenderme o sentirme halagado porque hayas imaginado en tu cabeza todo ese escenario. Eso quiere decir que brevemente me imaginaste en tu cama. Acabas de sopesar la idea de tener sexo con este extraño.


— No, es simplemente la exposición de los hechos y pensamientos que pasan por tu cabeza. — Se defendió, intentando desviar el tema porque tal y como aquel hombre de cabello azabache dijo, sí sopesó la idea de llevarlo a su cama.


— Pues sacaste mal tus conjeturas. No, no me enamoré a primera vista, si te soy sincero solamente me imaginé perdiendo mi pene en esa hermosa boca que se rehusaba a venir conmigo. Supuse que no serías fácil de convencer pero definitivamente valías la pena porque al igual que tú también te imaginé en una cama, pero no en la tuya. No utilizaría ese truco de pedirte una bebida, soy un fornicador galante elegante.


No sabía si su sinceridad lo molestaba o no, quizás no porque aquello simplemente hizo que estallara en una sonora carcajada.


— ¿Un fornicador galante y elegante?


— Así es, cuando alguien capta mi atención aunque sea para sexo casual, me tomo el tiempo para cortejarlo. Dependiendo del día y la hora lo invito a una cena, a un buen lugar por una buena copa para luego llevarlo a un excelente hotel donde por esa noche pueda relajarse a gusto. Lo follo fuerte y salvajemente sin dejar de lado su goce y disfrute porque ambos merecemos gozar por igual. Le hago a mi acompañante experimentar los mejores orgasmos de su vida, lo hago vivir la noche más intensa entre sábanas de un lugar al que nunca volveré y, aunque jamás lo vuelva a ver, lo trato como nunca nadie lo volverá a tratar. Eso me hace ser un fornicador galante y elegante?


¿Era normal que su entrepierna hubiese palpitado al escuchar esas palabras?


No estaba necesitado, no le urgía tener sexo con nadie y definitivamente en sus planes no estaba tenerlo esa noche, menos con ese hombre. Pero no podía mentirse, aquellas simples palabras lo habían provocado e instalado la duda en su cabeza. ¿Era tan excelente amante como predicaba?


— Cuanta arrogancia sentí en tus palabras.


— ¿De verdad? Realmente pensé que captarías seguridad y no arrogancia, sé perfectamente lo que soy capaz de hacer. Eso no me hace un ser arrogante, sino seguro de mí mismo y mis capacidades.


— Sí, esa también es una bonita forma de decirlo. — Aceptó centrando su vista en el urbano paisaje que veía.


— ¿Si te invitara a un hotel conmigo esta noche, vendrías? — Interrogó con seguridad, humectando suavemente sus labios, viendo como el contrario en un acto de reflejo hizo lo mismo. — Me gustaría que comprobáramos juntos cuán precoz puedo llegar a ser.


— Ese comentario parece que hirió tu ego.


— No sabes cuánto. — Admitió sin dejar de sonreír, buscando aquellos ojos color miel que lo miraban algo dudosos. ¿Estaba considerando la invitación? — Quiero que me permitas regalarnos una noche inolvidable.


— Lo siento pero no seré tu "St. Stephens Day" personal. Si aún quieres llevarme te lo agradeceré pero no pienso tener sexo contigo, no estaba en mis planes y pienso apegarme a ello.


— Serías en estos momentos mi Christmas no mi "Boxing Day". Me gustas físicamente pero también lo poco que tu personalidad me ha dejado ver en los pocos minutos que llevamos de conocidos.


Ese hombre debía ser un as en los negocios porque sinceramente su lengua trabajaba tan veloz como su mente. Ere inteligente, atractivo y de gran personalidad. Seguramente era un hijo de puta cualquiera pero eso sí, galante y elegante como él mismo se describió. Parecía no recibir negativas muy seguido, cosa que entendía perfectamente porque, siendo sinceros, hasta él comenzaba a desear catar ese licor disfrazado de saliva en su boca.

6 октября 2020 г. 13:43:06 0 Отчет Добавить Подписаться
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