enoid Uxío Fervenza

1º Entrega de la serie "Fábulas Grotescas". Conflicto entre el amor y la indiferencia, entre la ternura y el miedo, entre la inocencia y la falsedad, entre el valor y la cobardía, entre los sentimientos y la ambición. Jonathan Miller conoce un secreto que oculta a sus amigos, algo excepcional que se guarda como un tesoro en las profundidades del mar, una joya que los seres humanos no son capaces de entender, un regalo que nuestra mentalidad corrupta y degenerada destroza con la misma metodología que hace con todo, catalogando, buscando el precio y la utilidad en lugar de la belleza y la pureza. Pronto descubrirán que no todo es lo que parece, ni mujer ni pez.


Фэнтези 18+.

#romanticismo #amor #amistad #Hans-Christian-Andersen #sirenas #sirena #Fábulas-Grotescas
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Jonathan Miller

Jonathan Miller es un guapo y apuesto hombre, bien parecido, apuesto, lejos quedan ya las luchas en el frente de la Segunda Guerra Mundial, en la que cumplió veinte años siendo un flacucho y raquítico muchacho que apenas podía con su fusil, si bien es cierto que las armas de la época eran pesadas, pasó mucha hambre, penuria, enfermedades… y se comportó como un hombre mucho más de lo que otros tras el fin de esa contienda e, incluso, durante ella.


Sus cabellos castaños y ojos grises brillan como si estuviera en los mejores años de su vida, ha desarrollado hombros, pectorales, musculatura en general, ha florecido, y viste un rudimentario traje de neopreno negro, antiguo, predeciblemente de los primeros fabricados, aunque está nuevo, denota que estamos en una época antigua, camina hacia adelante con la cabeza erguida y las manos apoyadas en las caderas, en una clara actitud chulesca.


- Comandante Miller, ha sido usted nombrado por el mismísimo general Douglas McArthur, está muy satisfecho con sus misiones como buzo de la Real Armada del Reino Unido. – Un hombre de origen estadounidense a juzgar por su uniforme, en forma pero mayor en edad por sus canas, que resaltan sobre su negro pelo corto y con galones de inferior categoría, los de capitán, camina a su derecha leyendo una carpeta negra que sostiene entre sus manos con sus ojos azules bien abiertos, abierta por la mitad, circula a la derecha de Miller con una altura similar a la de él, con un uniforme verde gala del que cuelgan a ambos lados de su pecho diversos tipos de medallas, medallas que no cohíbe a Miller en su réplica.


- Real Armada del Reino Unido no, Operaciones Especiales, no se equivoque.


Ni siquiera la diferencia de edad o proceder de diferentes ejércitos frena su prepotencia, caminan ambos por un pasadizo metálico, de tecles de aluminio con raros dibujos romboidales, de un metro por un metro, atornillados en el suelo, tiene unas barandillas a cada lado de ambos militares, que circulan por ese pasillo bajo enormes lámparas cónicas a cuatro metros de altura, colgando de un blanco techo de yeso, con potentes bombillas alineadas a varios metros formando una fila a lo largo del corredor.


- Bienvenido al operativo, mi nombre es Johan Callahan, teniente coronel jefe del equipo de buzos de esta base submarina secreta. – Un hombre que viste el mismo traje de neopreno sin mangas de color negro, ajustado a su cuerpo, más alto que Miller, más musculoso, de pelo blanco y ojos verdes, nariz de boxeador machacada, así como sus orejas deformadas por golpes, tiene una cicatriz en la ceja derecha, justo en medio, tiene otro corte cicatrizado en la mejilla izquierda, diagonal que no enlaza por pocos centímetros la nariz con la oreja, y otro corte presumiblemente fruto de un ajuste de cuentas, además, pese a estar de brazos cruzados, se aprecia la ausencia de los dedos anular y meñique de la mano izquierda, a parte de una amplia quemadura en el hombro derecho.


- Es un honor señor… - Cuando Callahan abandona su apoyo desde la barandilla del lado izquierdo de Miller, donde descansaba sus posaderas, con cara seria, el teniente coronel suelta sus brazos, deja el izquierdo colgar de su hombro por el costado mientras alarga la mano para estrechársela a Jonathan, ambos se dan la mano pero entonces su superior jerárquico comienza a apretar, fuerte, el valiente inglés aguanta pero el americano aprieta más fuerte, con la barandilla hecha de tubos plateados tras él, que dista cuatro metros de la otra barandilla al otro lado, distando las dos un metro de una pared de ladrillo rojo macizo cuyas juntas son de cemento, perfectamente alineados pero sin haberse molestado en terminar el acabado, el corredor tiene una clara inspiración operativa, sin cuidar las apariencias, esas no importan.


- Si no eres capaz de sofocar tu prepotencia, no entrarás por esa puerta, y si no eres capaz de cerrar el pico, tampoco saldrás por aquella otra, al menos no con vida, lo que se trata aquí es absolutamente confidencial y si tus aptitudes psicológicas son tan deplorables como faltarle el respeto a un soldado americano, que te conduce hasta aquí, siendo los Estados Unidos de América los que han puesto más presupuesto para esto, me voy a pasar por el forro de los santísimos cojones las recomendaciones del sentimental Douglas McArthur ¿Te queda claro?


Con un expresión seria, inerte, altiva, el teniente coronel le deja claro a Miller quien manda ahí, probablemente, el único motivo por el que Jonathan Miller está ahí es por su juventud cruzada con sus logros a su edad, es predecible que, pese a ser un soldado excepcional, Miller no le llega a la altura de la suela del zapato a Callahan.


Una puerta detrás, a cien metros de distancia en línea recta, puerta doble de acero reforzado, de grueso espesor, similar a las compuertas de seguridad de los bancos, que se abre hacia adentro por medio de tres gruesos brazos hidráulicos que se abren hacia adentro y ocultan su mecanismo tras las paredes, ya que unen pared y compuerta paralelas al suelo y equidistantes entre sí, brazos hidráulicos gruesos como columnas.


La puerta frente a Miller está más próxima, dos puertas que se abren, también, hacia adentro, con el mismo mecanismo de apertura, y con un cuadro en cada puerta que contra de un marco de color blanco, metálico, que ocupa el espacio de un folio, dicho espacio tiene a la derecha dentro del marco un cuadro numérico, con una pantalla pequeña en color negro, horizontal, justo encima, al centro tiene la lente de una cámara de videovigilancia y justo debajo un cuadrado digital que parece de épocas más adelantadas.


- Supongo que ya as memorizado la secuencia, pones tu clave, colocas tu ojo izquierdo frente a la cámara para el reconocimiento de tu iris, pones el pulgar de tu mano derecha en la pantalla digital y, al fin, la tarjeta que cuelga de tu cuello, tenemos que acceder de dos en dos y el equipo de vigilancia da la autorización final, en este pasillo, único acceso, existe un crematorio, es decir, si creen que te llevas algo, o traes algo, o tienes oscuras intenciones, te van a quemar vivo y yo o Jefferson o alguien más del equipo estará contigo.


Del cuello de los tres cuelga una tarjeta por medio de una cinta de color rojo, una tarjeta transparente que parece un rectángulo del tamaño de una cajetilla de tabaco recortado en metacrilato, ligeramente azulado.


- Capitán Jefferson ¿Todavía no ha leído el historial del nuevo recluta? – La voz de Callahan es gruesa, pareciera de un hombre mucho mayor, parece tener músculos hasta en su mandíbula cuadrada, o en sus pómulos destacados.


- Lo estoy repasando, impresiona, tiene varias misiones en la Guerra de Corea, en la que participó hasta su finalización hace dos años, y continuó su entrenamiento bajo la atenta tutela de McArthur y su equipo. El capitán mira ahora a los ojos al teniente coronel de muy cortos cabellos blancos y grueso cuello.


- McArthur y su equipo seleccionan gente para misiones secretas, pero no sabe que misiones son esas, se debió creer y lo iban a soltar en el Lago Baikal a espiar a los rusos.


- Ha pasado los test de inteligencia y personalidad más exigentes, ha destacado entre los mejores, y su edad de treinta años recién cumplidos es un factor a favor, en estos dos años ha aprendido a pilotar tanques, helicópteros y ha hecho de oficial en diferentes embarcaciones y submarinos, ha superado con nota la formación de Operaciones Especiales, habla cuatro idiomas, su historial durante la Segunda Guerra Mundial es impresionante, Normandía, Berlín…


- Yo también estuve en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra de Corea. Bien, muchacho, cuéntame qué haces aquí. – Callahan no quiere oír más a Jefferson, gira su mirada hacia Miller, que está serio, casi en posición firme, y en seguida comienza recitar cual robot como si fuera una de esas grabaciones automáticas de telefonía que tanto irritan a los usuarios.


- En la academia de la Base Submarina de Islandia, lugar del que provengo más allá de la puerta blindada, nos han enseñado en laboratorio el estudio de un humanoide que aparenta ser mitad pez, mitad ser humano, de género femenino, presenta caderas e incluso fémur atrofiado pero su columna vertebral se alarga formando una espina de pez de dos metros de longitud, los estudios demuestran que no es producto de la recombinación de ADN procedente de humanos y de alguna especie desconocida de pez, he estudiado toda la mitología del temario acerca de la concepción tradicional de la sirena, genética, anatomía del sujeto… conozco todas las teorías, la del simio acuático…


- Ya he leído tu historial chico, a cada miembro de mi equipo lo estudio a fondo, no te estoy preguntando lo que sabes, que nota tienes o de lo que eres capaz, no me cabe duda de que terminarás ocupando mi puesto cuando calmes tu egocentrismo y dejes de pensar en tus medallas, quiero saber por qué estás aquí, por qué has venido, solo hay dos respuestas, tu carrera o tu curiosidad, porque como me sueltes una verborrea sobre patriotismo, viniendo de un país cuyo imperio se descompone gobernado por aristócratas medievales a los que no podéis despedir pese a ser manifiestamente inútiles y anacrónicos, te juro por Dios que voy a dar un bofetón. – Callahan acerca su rostro al de Miller, manifiestamente irritado, casi rozando su frente con la de su nuevo aprendiz.


- Mi carrera señor, servir aquí me va a catapultar a lo más alto de mi carrera. – Miller se sincera, cree que esa la respuesta errónea pero que mentir le costará caro, entonces el hombre que lo intimida se retira un poco hacia atrás, lo mira a los ojos fijamente, sin pestañear, y Miller lo mira fijamente sin apartar la mirada.


- Bien, porque todas esas ratas de laboratorio con curiosidad científica no hacen más que poner en riesgo a mi equipo, no quieren drogarla, no quieren sacarle más muestras de las necesarias, si fuera por mi la hubiera diseccionado hace tiempo, en lugar de gastar los millones que hicieron falta para crear esto, colaborando con europeos, japoneses y con toda esa mierda comunista de la Unión Soviética. Un hombre que mira por su carrera es lo que necesito, un hombre que cuando quiero que me chupe la polla, se trague el semen.


A continuación el rudo hombre se gira y va hacia el lado izquierdo de la puerta, camina con ciudado, se sitúa frente a la pantalla, debe inclinarse un poco para colocar el ojo izquierdo frente a la cámara, así lo hace Miller también, teclean ambos sus respectivas claves pulsando sobre las teclas metálicas un código de dieciocho dígitos, a continuación colocan cada uno sus dedos pulgares sobre la pantalla y y suena un leve pitido, corto, que se repite tres veces, tras lo cual cogen los dos, como si fueran el reflejo de un espejo, las tarjetas que cuelgan de sus respectivos cuellos con la mano derecha ambos y la aproximan a la pantalla, justo donde apoyaron el dedo pulgar.


A continuación suena un pitido largo, más alto en cuanto a decibelios se refiere, y las puertas comienzan a abrirse lentamente, ambos dan entonces tres pasos hacia atrás para dejar espacio a la apertura, suena un motor eléctrico que está accionando los gruesos brazos hidráulicos, de diámetro superior a los muslos de Callahan, pese a ser estos gruesos y musculados, Miller mira entonces hacia atrás, hacia el capitán Jefferson, está allí plantado y no ha utilizado ningún código de acceso, una clara brecha de seguridad.


- No se preocupe, él no va a acceder, nos vigilan por cámara, nos prenderían fuego.

2 октября 2020 г. 16:33:25 2 Отчет Добавить Подписаться
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Uxío Fervenza Uxío Fervenza
Si pone 2 veces apuesto, temo que cargue la versión sin corregir, por eso os pido disculpas a todos. En cuanto al motivo por el que Miller está allí, va a dar un giro quizá demasiado extraño más adelante (es parte de una serie, ya aparece en dos relatos no publicados) Un punto importante es que la historia no gira solo en torno a Miller y la sirena... La base científica o "pseudocientífica" es un pilar ineludible en la obra.
Aleia Daus Aleia Daus
Por limar a nivel gramatical y ortográfico, la primera línea choca por dos razones: Miller es guapo, apuesto, bien parecido, apuesto. Los tres adjetivos significan lo mismo. Entonces, se repiten y mi consejo es que resumas. Más abajo, en el segundo párrafo ya haces referencia a su aspecto y da sensación que describes a un hombre guapo, fornido, con buen aspecto físico. El no decir diciendo a veces tiene más fuerza que cuando dices las cosas tal cual son. Puedes optar por ir al grano: <<A Jonathan Miller le quedan ya lejos las luchas en el frente…>> Y luego detenerte en la persona de Jonathan Miller: <<sus cabellos castaños y ojos grises…>> Aunque haya empezado este comentario crítico, el resto de la historia es interesante, sobretodo, cuando se desvela la razón de la trama. Y la forma que tienes de describir a una sirena de una forma tan pulcra y científica. Ya estoy deseando saber cómo se va a relacionar con la pescaito. SALUDOS
~

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