benedictjm L.N. Morales

Una familia italiana está rodeada de enigmas, su enorme fortuna sólo extiende más rumores sobre una supuesta maldición que envuelve a los Grasso. Pero todo quedará al descubierto cuando el joven Alessandro Rinaldi llegue la villa Paradiso y trágicos eventos se desaten contra su familia. Descubrirán el siniestro secreto de los Grasso y las bestias que deambulan en sus tierras.


Ужасы Готический ужас 18+.

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Otoño, 1912.

Capítulo I Era bien sabido que Donovan Grasso buscaba pretendientes para su hermana menor. No resultaba esto extraño puesto que la fortuna de la familia era tan grande que evidentemente necesitaba a más de un heredero.Sin embargo, pese al gran dote que se ofrecía por la mano de Vittoria Grasso, nadie, ni un solo hombre paduano se atrevía a ser partidario de dicha fortuna.A todos en Padua les resultaba inapropiado vincularse con aquella familia de la cual se creía, era víctima de una maldición. Se rumoreaba entre los habitantes que la muerte los presidía y que quien se casara con algún Grasso estaría asegurando su rotundo final.Debido a esto, los escasos pretendientes no fueron nada que Donovan Grasso no hubiese planeado. Incluso se diría que siquiera lo tomó en consideración puesto que su abuelo, antes morir, había ya ofrecido la mano de su nieta a una adinerada familia de la Serenísima República de Venecia. Quien se había osado a comprometerse con Vittoria Grasso no era otro que Alessandro Rinaldi, el tercer hijo de una familia de sobresalientes comerciantes de especias. Era, por supuesto, heredero de su propia fortuna y Martino Rinaldi no vio sino las inconmensurables riquezas que su familia obtendría por aquel compromiso.Por lo que, al cumplir Alessandro los dieciocho años se vio en la obligación de cumplir el acuerdo entre su padre y aquel desconocido. Viajó entonces en compañía de su familia hacia Padua.Pero tal parecía que nada estaba a su favor, puesto que muchos imprevistos habían retrasado su llegada a la villa de su prometida. El barco en el cual viajaron había sufrido daños en las velas, y el coche en el cual se transportaban fue víctima de otro accidente, una de las llantas traseras simplemente salió disparada haciendo que el chofer se detuviese estrepitoso.Añadido a esto también comenzaba a lloviznar, y mientras los jóvenes Rinaldi esperaban que los sirvientes solucionasen el inconveniente, Alessandro sintió que una gota cayó sobre su mejilla. Levantó la mirada celeste al firmamento plomizo que amenazaba con desplomarse sobre ellos.—Me temo, hermano, que si llegas a conocer a tu prometida es porque es tu verdadero amor, han surgido demasiados problemas para algo tan cotidiano como lo es el matrimonio, que podría compararte con uno de los caballeros de los cuentos que tanto te satisface leer—repuso Terzo Rinaldi a la derecha de su hermano.—Te equivocas, sólo son detalles que todo viaje ha de tener para ser memorable, pero no podría siquiera simular ser uno de esos caballeros, no hay bestia a la cual derrotar por complacer a la dama.—Porque esa bestia se esconde en su palacio. Los rumores no escatiman al decir que Donovan Grasso es todo un caballero, pero no presume de ser amable, mucho menos si se trata de alguien con quien ha de compartir su fortuna. —Terzo se cruzó de brazos.—Los rumores no son más que el proyecto insensato de alguien con suficiente tiempo libre.—Y como seres naturales que somos, salvajemente consideramos tales calumnias como algo hecho. Pueden servir de advertencia, y ser desechados una vez se comprueba por uno mismo.Sin embargo, ambos jóvenes detuvieron su conversación cuando a ellos se acercó la única hija de los Rinaldi. Donatella compartía los rasgos de sus hermanos, todos se caracterizaban por la llamativa mirada de azul indeciso fríamente mezclado con plata, además de la brillante cabellera rubia. Y por este detalle resultaba difícil creer que Francesco, el más joven de ellos, fuese su hermano. Esta duda surgía por el evidente color oscuro de su piel y su mirada aceitunada.Y es que Francesco había sido adoptado por la familia Rinaldi desde temprana edad, un suceso que pocas veces mencionaban.Francesco, al igual que Donatella, se acercó a sus hermanos, estaban ya en Padua y las miradas no hicieron falta puesto que era evidente que no pertenecían a la región.—Todo esto me resulta abrumador—comentó Donatella con el disimulo que su educación le permitía.—Padre comienza a preocuparse, ha tomado suficiente licor para distar de su buen juicio—dijo Francesco. Permanecían entonces en Prato della Valle, el río discurría a sus espaldas y el viento húmedo agitaba sus finas ropas. Más en ese momento unos ancianos que caminaban por ahí, se detuvieron a saludar a tan notables muchachos.—Caballeros, señorita—dijeron los ancianos ante ellos.Y los hermanos Rinaldi respondieron como era debido.—Vemos que tenéis problemas, ¿deseáis nuestra ayuda? —Agradeceríamos vuestro buen acto. Veréis, necesitamos llegar a la villa Paradiso—inició Terzo.Pero antes de siquiera continuar, los ancianos escupieron con desagrado y se santiguaron de inmediato. Esto dejó perplejos a los muchachos quienes se miraron entre sí en completo silencio.—No debéis decir ese nombre, os lo digo con franqueza. Nadie menciona a tan aberrante sitio. “El lugar detrás del río” está maldito, si vais allí os arrepentiréis—vociferó el anciano aferrándose a la imagen santa que colgaba de su cuello.—¿Maldito decís?, explicadnos—ordenó Terzo con hostilidad.—Maldito, habita allí un demonio que se alimenta de hombres, mujeres y niños. Un demonio que deambula en las noches. ¿Acaso no sabéis quienes viven ahí?, los Grasso, aquellos de dudosa fortuna, rodeados de muerte y blasfemias. No valláis al lugar detrás del río, regresaros de donde habéis venido, regresaros ahora—arguyó el segundo anciano.No permitieron que alguno de ellos refutara la reputación de los Grasso. Los paduanos se alejaron, y con ellos su oferta de ayudarlos. Quienes habían escuchado la conversación entre estos no demoraron en rumorear sobre los visitantes. Los miraban de vez en vez musitando y santiguándose con esmero.oño, 1912.

Capítulo I

Era bien sabido que Donovan Grasso buscaba pretendientes para su hermana menor. No resultaba esto extraño puesto que la fortuna de la familia era tan grande que evidentemente necesitaba a más de un heredero.

Sin embargo, pese al gran dote que se ofrecía por la mano de Vittoria Grasso, nadie, ni un solo hombre paduano se atrevía a ser partidario de dicha fortuna.

A todos en Padua les resultaba inapropiado vincularse con aquella familia de la cual se creía, era víctima de una maldición. Se rumoreaba entre los habitantes que la muerte los presidía y que quien se casara con algún Grasso estaría asegurando su rotundo final.

Debido a esto, los escasos pretendientes no fueron nada que Donovan Grasso no hubiese planeado. Incluso se diría que siquiera lo tomó en consideración puesto que su abuelo, antes morir, había ya ofrecido la mano de su nieta a una adinerada familia de la Serenísima República de Venecia.

Quien se había osado a comprometerse con Vittoria Grasso no era otro que Alessandro Rinaldi, el tercer hijo de una familia de sobresalientes comerciantes de especias. Era, por supuesto, heredero de su propia fortuna y Martino Rinaldi no vio sino las inconmensurables riquezas que su familia obtendría por aquel compromiso.

Por lo que, al cumplir Alessandro los dieciocho años se vio en la obligación de cumplir el acuerdo entre su padre y aquel desconocido. Viajó entonces en compañía de su familia hacia Padua.

Pero tal parecía que nada estaba a su favor, puesto que muchos imprevistos habían retrasado su llegada a la villa de su prometida. El barco en el cual viajaron había sufrido daños en las velas, y el coche en el cual se transportaban fue víctima de otro accidente, una de las llantas traseras simplemente salió disparada haciendo que el chofer se detuviese estrepitoso.

Añadido a esto también comenzaba a lloviznar, y mientras los jóvenes Rinaldi esperaban que los sirvientes solucionasen el inconveniente, Alessandro sintió que una gota cayó sobre su mejilla. Levantó la mirada celeste al firmamento plomizo que amenazaba con desplomarse sobre ellos.

—Me temo, hermano, que si llegas a conocer a tu prometida es porque es tu verdadero amor, han surgido demasiados problemas para algo tan cotidiano como lo es el matrimonio, que podría compararte con uno de los caballeros de los cuentos que tanto te satisface leer—repuso Terzo Rinaldi a la derecha de su hermano.

—Te equivocas, sólo son detalles que todo viaje ha de tener para ser memorable, pero no podría siquiera simular ser uno de esos caballeros, no hay bestia a la cual derrotar por complacer a la dama.

—Porque esa bestia se esconde en su palacio. Los rumores no escatiman al decir que Donovan Grasso es todo un caballero, pero no presume de ser amable, mucho menos si se trata de alguien con quien ha de compartir su fortuna. —Terzo se cruzó de brazos.

—Los rumores no son más que el proyecto insensato de alguien con suficiente tiempo libre.

—Y como seres naturales que somos, salvajemente consideramos tales calumnias como algo hecho. Pueden servir de advertencia, y ser desechados una vez se comprueba por uno mismo.

Sin embargo, ambos jóvenes detuvieron su conversación cuando a ellos se acercó la única hija de los Rinaldi. Donatella compartía los rasgos de sus hermanos, todos se caracterizaban por la llamativa mirada de azul indeciso fríamente mezclado con plata, además de la brillante cabellera rubia. Y por este detalle resultaba difícil creer que Francesco, el más joven de ellos, fuese su hermano. Esta duda surgía por el evidente color oscuro de su piel y su mirada aceitunada.

Y es que Francesco había sido adoptado por la familia Rinaldi desde temprana edad, un suceso que pocas veces mencionaban.

Francesco, al igual que Donatella, se acercó a sus hermanos, estaban ya en Padua y las miradas no hicieron falta puesto que era evidente que no pertenecían a la región.

—Todo esto me resulta abrumador—comentó Donatella con el disimulo que su educación le permitía.

—Padre comienza a preocuparse, ha tomado suficiente licor para distar de su buen juicio—dijo Francesco.

Permanecían entonces en Prato della Valle, el río discurría a sus espaldas y el viento húmedo agitaba sus finas ropas. Más en ese momento unos ancianos que caminaban por ahí, se detuvieron a saludar a tan notables muchachos.

—Caballeros, señorita—dijeron los ancianos ante ellos.

Y los hermanos Rinaldi respondieron como era debido.

—Vemos que tenéis problemas, ¿deseáis nuestra ayuda?

—Agradeceríamos vuestro buen acto. Veréis, necesitamos llegar a la villa Paradiso—inició Terzo.

Pero antes de siquiera continuar, los ancianos escupieron con desagrado y se santiguaron de inmediato. Esto dejó perplejos a los muchachos quienes se miraron entre sí en completo silencio.

—No debéis decir ese nombre, os lo digo con franqueza. Nadie menciona a tan aberrante sitio. “El lugar detrás del río” está maldito, si vais allí os arrepentiréis—vociferó el anciano aferrándose a la imagen santa que colgaba de su cuello.

—¿Maldito decís?, explicadnos—ordenó Terzo con hostilidad.

—Maldito, habita allí un demonio que se alimenta de hombres, mujeres y niños. Un demonio que deambula en las noches. ¿Acaso no sabéis quienes viven ahí?, los Grasso, aquellos de dudosa fortuna, rodeados de muerte y blasfemias. No valláis al lugar detrás del río, regresaros de donde habéis venido, regresaros ahora—arguyó el segundo anciano.

No permitieron que alguno de ellos refutara la reputación de los Grasso. Los paduanos se alejaron, y con ellos su oferta de ayudarlos. Quienes habían escuchado la conversación entre estos no demoraron en rumorear sobre los visitantes. Los miraban de vez en vez musitando y santiguándose con esmero.

25 мая 2020 г. 4:46:38 0 Отчет Добавить Подписаться
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