enoid Uxío Fervenza

Relato con contenido clasificado como "Gore", contiene escenas altamente explícitas, no aptas para lectores sensibles. "ELIZABETH" pertenece a la saga vampírica de "HISTORIA DE LA VIOLENCIA", siempre crítica con la historia de la humanidad, genocidios, guerras, esclavismo... en esta ocasión se busca la crítica feroz a diferentes tipos de agresores sexuales así como a la sociedad que los crea. Elizabeth vive en la Inglaterra de finales del siglo XIX, es poderosa, fuerte, inteligente, hábil, alumna aventajada a la que sus amigos y mentores tratan de inculcarle la insensibillidad como requisito de su existencia. Pronto sucumbe bajo su temperamento y sentimientos anormales en un vampiro cuando debe encargarse de una cuadrilla de violadores y pedófilos que llaman la atención de Scotland Yard en su coto de caza.


Мистика вампиры 18+.

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Niebla y Nieve I



- Papá, papá, hay una chica en el bosque.


El pequeño Ben, que apenas supera el metro de altura, se acerca en la nieve hundiendo sus piernas por encima de las rodillas, torpemente, levantando sus piernecillas lo máximo posible para volver a dar una zancada hacia delante lo máximo posible y así seguir avanzando. Su semblante pálido, inocente y pecoso fija su mirada en la nieve para calcular su próximo paso mientras avanza lento pero sin detener el paso lastrado por la nieve, su ropa lo protege bien del frío, una chaqueta marrón hecha con la piel de algún animal, gruesa, lleva un pantalón del mismo material y unas botas de cuero artesanales que dejaban asomar por su borde superior un forrado interior de lana en el que se hundían sus pantalones, su vestimenta hacía suponer que la revolución industrial todavía no había llegado a este rincón de la Inglaterra Victoriana, con gruesas costuras que parecían tejidas con grueso hilo y aguja de coser sacos.


Su cabeza, sin embargo, iba desprotegida llevando unos cabellos rubios como si fuesen hilos de oro, lisos, que fluían desde su cuero cabelludo hasta tapar sus orejas y nuca, su frente en parte también hasta rozar sus pestañas, las cuales custodiaban unos ojos castaños que levantan la trayectoria atenta en la nieve hacia el frente, en dirección a su padre. Sus manos si estaban protegidas por unos guantes de tela grises y gris era también, de un tejido similar, un pañuelo que protegía su cuello asomando bajo la chaqueta, estaba claro que sus padres habían puesto cuidado en protegerlo del frío que suavemente ataca inexorable con pequeñas motas de nieve que deja caer bailando sobre el aire hasta el suelo, el cabello y los hombros de Ben, sin que corriera tan siquiera una brisa que las desplazara.


Era un frío Invierno de 1.879, había niebla, no muy densa, suficiente para tapar el Sol pero también para permitir una perfecta y blanca visión, dos hombres cortan con sus hachas un tronco en el suelo, todavía están separando sus ramas del tronco principal, habían derribado un árbol de unos veinte metros de altura de hoja caduca, pues estaba desnudo, estaba duro, su respiración estaba ya algo agitada y con cada hachazo una exhalación más amplia dibujaba en el aire una bola de humo blanco como si fuesen dragones que se diluye ráppido en el aire, la madera estaba tan dura que el trabajo les estaba haciendo entrar en calor, las ropas que visten son muy similares a las de Ben.


- Jeffrey, ese mocoso tuyo poca leña va a cargar, apenas puede caminar sobre la nieve, deberías abandonarlo en el bosque.


Dice uno de ellos, alto, delgado, con las mejillas demacradas como si de un drogadicto se tratara y con unos penetrantes y saltones ojos verdes, su cabello es más corto que el de Ben, negro, revuelto, sucio.


- Jeffrey, dile a ese bastardo que trabaje.


Una mujer de rudos modales contesta así a ese comentario, vestida con una gruesa chaqueta de lana con un remiendo negro cuadrado en el codo derecho, mal cosida, sucia, lleva una bufanda verde alrededor del cuello y un vestido de color ocre que le llega hasta el suelo, sucio en su parte más baja de llevarlo a rastras, tiembla de frío con su pelo castaño revuelo y roñoso, más semejante a la hierba seca y muerta que al cabello humano, el momento en el que abrió su boca mostró sus caries avanzadas fruto de la falta de higiene de la época, sus labios están cuarteados y sus ojos grises parecen mostrar el hartazgo de esa vida tan dura que debía de llevar, enmarcados en unas ojeras propias de quien no duerme ni para en todo el día, entre grisáceas y moradas. Pese a no ser muy mayor, podría tener veintiséis, veintisiete o veintiocho años, con el vestido y bajo la chaqueta lleva un mandil de cocina de color blanco, bordado, sucio, que se desliza por delante sobre el vestido hasta la altura de las rodillas, seguramente, lo llevaba para que le tapara un poco más del frío, ya que estaba temblando. Está agachada, buscando entre la nieve ramas que va juntando en un montículo, a la espera unos metros más atrás de que ambos varones produzcan con su trabajo algo más contundente que echar al fuego. Las motas de nieve en su precipitación son implacables con su jersey negro de cuello alto, que destacan sobre su espalda y hombros como las manchas de un dálmata.


- Ven aquí Ben, no sé qué haces jugando por el bosque, un día te comerá un lobo, aunque así serás una carga menos.


Ahora habla Jeffrey, un hombre grande, líder indiscutible de este grupo por su tamaño, fuerte, musculoso, algo más alto que su amigo pero con el doble de espalda, con unas manos grandes como las de un oso, tiene una cicatriz bajo su ojo izquierdo, en la mejilla, producto de algún desgarro, con una forma similar a una media luna invertida, que se antoja frontera de su barba, sus labios están cuarteados del frío igual que las de sus otros amigos. Se queda unos segundos esperando a que Ben le alcance, este se para a dos metros frente a él, con el árbol derribado de por medio, se gira y señala a las profundidades del boque con su manita derecha.


- Hay una chica en el bosque.


Esas palabras llamaron la atención de los adultos. Nadie se perdería sola por el bosque, o, al menos, la hubieran visto antes, no hay más pasos en la nieve que los que ellos dejan detrás, del lado contrario al niño, para llegar hasta allí.


- ¿Quién coño andará por aquí con el frío que hace?


La mujer está temblando de frío y parecía evidente que no podría permanecer allí por mucho tiempo, aunque el trabajo de recoger leña parecía tener para rato. El sufrimiento es el precio de la supervivencia y solo espera que, si realmente hay una mujer en el bosque, no necesite su ayuda, ya tiene bastante con ayudar a su familia.


Más atrás de esa mujer aparece una niña, vestida también con harapos, porta unos guantes en las manos, pero estos están rotos en sus dedos pulgar, índice y meñique de la mano derecha, y anular, índice y corazón de la izquierda, unos mugrientos guantes que le quedaban manifiestamente grandes, de un sucio color marrón, color que adquirió seguramente trabajando en el campo, lleva un fino pañuelo rojo en la cabeza, que se ata bajo la barbilla, seguramente, para protegerse las orejas, su vestido, plagado de parches, llega hasta el suelo aunque la suciedad de la parte más baja no se le nota, al ser este de color negro, su chaqueta es de lana de oveja, se ve que esta gente debía tener una cantidad de ovejas suficiente como para vestirse, sus ojos son verdes y su pelo castaño, también el de ella sucio, revuelto, seco como la paja, con una blanca cara poblada de pecas bajo los ojos, su aspecto daba buena muestra de su paupérrimo estatus social, y su edad no debía de ser superior a los once años de edad, extremadamente flaca se acerca a su madre despojándose de la niebla que la envolvía hasta hacerse visible portando en sus brazos una generosa cantidad de ramas que usaría como leña para no morir congelada.


Jeffrey se queda mirando hacia las profundidades del bosque en el sentido opuesto a la cría, que tiene a sus espaldas, entre los árboles, con sus ojos color miel y su pelo idéntico al de Ben, una barba rubia, corta, similar a la negra de su amigo, denota que no disponen de utensilios aptos para un correcto afeitado. De pronto, entre los árboles, a lo lejos, se pasea caminando tranquilamente una forma femenina, pelirroja, ha sido el color de su pelo en contraste con el blanco de la nieve y la niebla lo que ha llamado su atención, se ha dejado ver llevando un camisón blanco, con apenas unos tirantes que cuelgan entre el hombro y el cuello hasta el escote, el camisón le llega hasta las rodillas y termina con un delicado bordado, va descalza y lleva los brazos desnudos, pálida aunque lo normal dado las temperaturas, camina lentamente de derecha a izquierda a una buena distancia de ellos hasta perderse detrás de un arbusto cubierto de nieve.


- ¡Es ella!


El hombre moreno deja escapar esa frase de su boca, estaba a la izquierda de Jeffrey y este gira su cabeza hacia él con mirada de reprobación, Jeffrey podía contar con unos treinta años mientras que su amigo debía tener en torno a veinticinco, Jeffrey no solo era más grande, también era mayor, no le dio tiempo a decir nada.


- ¿Conocéis a esa mujer?


A una docena de metros detrás de Jeffrey ella también consiguió ver a esa mujer gracias a sus cabellos rojizos alborotados, ondulados, rizos, encrespados. Les ha increpado, pero también está asustada, lo que vio parecía más un fantasma que un ser humano, iba caminando por la nieve, pero mientras la mujer del grupo que recogía leña iba tapada y, aun así, temblaba de frío, la chica iba medio desnuca caminando descalza sin inmutarse, parecía ser la única alarmada del grupo. Ahora se gira hacia la cría que, por fin, los había alcanzado.


- Lucy quédate ahí.


Puede que para Jeffrey y Josh aquella fuera una hermosa visión, pero para la madre de Ben y Lucy lo que acababa de ver es un fantasma, nadie andaría por ahí vestido de esa forma sin acurrucarse, temblar y cruzar las manos frente al pecho para agarrarse los hombros, sin ni siquiera echar vaho por la boca.


- Alice, llévate a Ben y a Lucy, Josh, coge el hacha.


La tal Alice se apresura a coger a Ben saltando por encima del tronco, lo coge en brazos, pasando sus manos bajo las axilas del muchacho, que los coloca en cruz para facilitar la maniobra de forma instintiva y lo abraza fuerte contra el pecho pues en aquel instante era el que estaba más expuesto a aquella visión, Ben se sujeta casi por instinto al cuello de su madre, situando sus cortas piernas bajo sus brazos de su madre y ella se da inmediatamente la vuelta para volver a superar el obstáculo del árbol, corre a retirarse tras Jeffrey.


- Vete a casa Alice, nosotros volvemos en un momento.


Jeffrey no aparta la vista ni un momento, pero Josh no para de mirar hacia todos lados, presa del nerviosismo, al igual que Alice que mira alrededor y tras de sí, está asustada.


- ¿Quién es esa mujer?


Alice todavía se protegía tras la espalda de Jeffrey, agarra fuerte a Ben, que tiene la cabeza apoyada en su hombro izquierdo mirando hacia atrás, hacia su hermana Lucy, mientras la mano del mismo lado de su madre se apoya en su cabecita para protegerlo de todavía no sabe qué, y al no recibir respuesta gesticula con la boca medio abierta, supone lo peor y le dice con un evidente tono de desprecio.


- Me das asco, eres un pervertido, como toques a Lucy te juro que te mato.

23 мая 2020 г. 23:34:29 0 Отчет Добавить Подписаться
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