chispasrojas B.R Chispasrojas

Jeongguk es una antigua luz blanca destinada a ser el guardián de un mortal que robará su corazón, y deseará más que al cielo que engendró a su raza de celestiales. Pero cielo y tierra jamás podrían estar juntos... ¿será Kim Taehyung capaz de proteger a su propio protector alado? Tal vez su amor sea más peligroso que la furia divina que desatará su relación. ⋆ Historia original escrita por Chispasrojas ⋆ Ships: Kookv principal ⋆ Géneros: Amor prohibido, ángeles guardianes, ángeles caídos, sobrenatural, romance © Quedan prohibidas copias y/o adaptaciones de mis obras.


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Prólogo

Algunas noches,

me siento y deseo que las estrellas choquen,

como las gotas de lluvia,

que se derraman sobre mi piel húmeda,

para así absorber el brillante polvo de estrellas.

Algunas noches,

iluminan mi caja torácica,

tan sufrida y saturada,

por esos sentimientos que sólo escapan a través de la luz ingrávida,

de algo tan eterno e inalcanzable.

Como esas noches

con los millones de estrellas,

del cielo nocturno,

sin tu mirada.

Versos del polvo de estrellas.


Nada. La inmensidad más oscura se siente regida por la Esfera celeste. La unión jerárquica de los astros y guardianes celestiales que se mezclan en el caldo de cultivo universal, se sumergen en la inmensidad más oscura y más recóndita del universo.


Esa pequeña pluma de luz, delicada, solitaria, es una pluma escapando a los billones de ellas insertadas en las alas invisibles del firmamento.


Gravedad, espacio, vacío, luz. Estrellas plateadas, como su alma.


Una calidez dorada acaricia a Jeongguk, llenándole paz y calma. La inagotable marea del tiempo le baña, creando su consciencia, desarrollando su presencia, abrazando su nacimiento como ser sempiterno.


Jeongguk es un celestial que no conoció otro elemento que el silencio infinito durante años, él no era el único que forjaba sus alas. Los seres celestiales, como él, eran cultivados y arados como frutos célicos en aquel espacio invisible del firmamento.


Jeongguk fue recogido y aleccionado hasta convertirse en Arcángel, un gran puesto y responsabilidad entre las jerarquías más sofisticadas de seres celestiales.


Según la intensidad de aquel brillo de su pluma, podían encajar en un lugar u otro, pero Jeongguk era un espíritu brillante, poderoso, refulgente.


Era curiosa, o eso pensaba el ángel, la forma en la que el tiempo transcurría entre los diferentes mundos y las criaturas más mortales. Les arrastraba como astros siento llevadas por la inequívoca gravedad de un agujero negro.


Pues él era eterno, y jamás tomó el tiempo como una variante. Su labor residía en equilibrar la balanza de la luz y la oscuridad, ni las sombras debían ser tan oscuras, ni la luz tan deslumbrante.


Así se regía el equilibrio orgánico que la Esfera había planeado.


Mientras tanto, cada uno de los celestiales era una criatura ingrávida, perfecta, armónica.


Pero los tras años transcurrían como río veloz, y Jeongguk deseó conocer otras labores que llevaban a cabo su raza de celestiales. Entre las jerarquías y los rangos de ángeles mayores y menores, se repartían otras como la de los misioneros, los guerreros célicos, los imperturbables, los soberanos, y… los guardianes.


Los ángeles guardianes aceptaban su oferta bajando a mundos terrenales, y se comprometían a atender las necesidades de esos seres básicos aceptando unirse a ellos mediante un nexo vinculante. Sólo les ayudaban, los orientaban, les hacían la vida más fácil y se encargaban de alejar esas sombras imborrables.


Ser un ángel guardián no sólo les exponía a criaturas de baja vibración, sino a la necesidad de adquirir un cuerpo físico. Y los celestiales odiaban las sensaciones corpóreas. Las rechazaban por razones evidentes. Deseos, placeres, ¿pecados en el pasado?


Nadie quería recordar lo que le pasó a Lucifer por volverse un degenerado.


Pero Jeongguk no supo que su labor como ángel guardián le llevaría tan lejos.


En concreto: al planeta tierra.


La tierra, un planeta azul, estaba dominada por emociones antagónicas por esa época, y por la raza humana –muy cuestionada por los suyos–. Las lenguas celestiales a veces hablaban sobre la tierra. Y no tenía muy buena fama, pues los humanos eran capaces de desplumar el alma de cualquiera.


Eran cambiantes, capaces de sentir ira, hundidos entre las tinieblas negativas donde rechazaban a su propia especie, entre las emociones paradójicas y sensaciones físicas que los celestiales nunca sentían… y estaban condenados por mucho que lo intentasen.


Jeongguk no rechazó la oferta, no obstante. La tierra estaba subyugada por el hombre, pero había visto cosas peores. Océanos discordantes que desolaban a seres desamparados, mareas del mal, y planetas profundamente endemoniados, malditos desde las raíces de sus rocas, hasta las hojas de los árboles.


Los humanos eran… pasables. Y ellos sólo ayudaban a los Nefilim, a quienes los consideraban como sus parientes lejanos y pobres descendientes perdidos en aquel mundo.


Jeongguk se sentía conectado al todo. El sol, las estrellas, la naturaleza celeste, sus alas formadas por constelaciones. Sólo él y toda la armonía que abrazaba su ser.


Pero la primera vez le sintió a él… Jeongguk jamás pensó que se sentiría tan débil.


El día que se prestó a ser vinculado, el tirón de energía atravesó su pecho como una lanza capaz de matarle.


Y aquello fue impresionante, le dejó casi sin aliento, jadeante, aunque él nunca jadease. Aunque él no hubiese aún respirado el aire, ni utilizado pulmones.


La presión sobre su pecho, el hilo conductor que le conducía a aquel humano.


La marea de vibraciones humanas le hizo estremecerse, sentirse confundido, perdido, caer a un suelo inexistente, intentando mantenerse cuerdo antes de acostumbrarse a sus sentidos.


Su cuerpo físico fue concedido más tarde, aunque lo único que sentía en ese momento era a él.


Taehyung. Sólo podía sentir a Taehyung. Sin estrellas, sin mareas. Sin nada más que el chico. Un humano tan pequeño, tan diminuto. Un bebé recién nacido que no paraba de llorar, y se clavaba en su ser, perforándole la cabeza.


La caída desde el cielo le hizo sentirse extraviado, sin capa estelar, con un fuerte vértigo que le acompaña hasta que logra tocar el suelo terrestre.


Jeongguk sintió miedo por primera vez en toda su vida. Miedo de él. Miedo de haberse prestado a hacer algo como eso.


¿Y si no era un buen ángel guardián? ¿Y si no podía serlo?


¿Y si el curso de su existencia… cambiaba irremediablemente?


Su miedo se deshizo cuando pudo verle de cerca.


Taehyung es un bebé que llora muchísimo desde el momento de su nacimiento, regordete y rosado, aún cubierto de sangre, su madre rechaza recibirlo entre sus brazos, y el médico encargado se hace cargo de preparar el documento de adopción.


Lo único que le dejó, fue el nombre.


Y el alma de Jeongguk se resintió al verlo, pero lo que más le dolía, eran sus brazos deseando envolverle. Porque su madre le rechaza, y Taehyung pasa la noche en una cuna aislada, mientras preparan los documentos.


No puede dormir, sólo llora, y llora, y llora. E incluso tiene hambre.


Así que Jeongguk se arriesgó a su primera materialización. Tiró del nexo energético entre ambos, y Taehyung dejó de llorar unos instantes sintiendo el extraño tirón de su pecho.


No había nadie más en la sala. Y ambos se miraron entonces. Un ser tan grande e infinito, con alas plegadas en la espalda, sobre un pequeño bebé mortal que apenas comprendería los entresijos de su primer encuentro.


Jeongguk se inclinó y lo levantó entre sus brazos, sin temores.


Y cuando lo hizo, y le sujetó cerca de su pecho, acallándole, se alegró como nunca de que nadie de la Esfera pudiera mirar dentro de él mismo.


Porque ningún maldito ser celestial estaba preparado para sentirlo. Y aún menos, cuando se trataba de amar algo más rápido que a las estrellas que hasta entonces hubo conocido.

17 мая 2020 г. 20:59:00 2 Отчет Добавить Подписаться
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moonie stars moonie stars
aquí releyendo porque esta obra de arte ya no está en wattpad y aún no me acostumbro a esta plataforma. Te mando mucho amor uwu
𝐂𝐚𝐦𝐢𝐥𝐚 𝐂𝐚𝐦𝐢𝐥𝐚
heavenly tiene mi corazón entero
~

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