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sami Samanta Martinez Lady Miriam es una joven muchacha llena de vitalidad. No es como sus hermanas, a ellas les encantaba bordar durante horas, ella prefería salir a cabalgar, practicar con su arco,... ser libre como ella decía. En una de sus escapadas sin saberlo se encontraría con Lord Brenan un apuesto caballero del que está enamorada desde que tenia uso de razón.
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#edad-media #amor #romance #erotico
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Amor y deseo

—¿Se encuentra bien MiLady?— sus miradas se encontraron de nuevo.

—Si MiLor— tosió de nuevo —solo e tragado un poco de agua, pensará que soy una patosa— sonrió.

—Una bellísima patosa— soltó en una carcajada.

—¡Oh! Entonces puede soltar a esta patosa— dijo con el cejo fruncido —mi baño se a acabado— lo miró e intentando zafarse de sus brazos que en ese momento eran como cadenas —¡suelteme!

Brenan no podía dejarla ir así sin más, sabía que si la soltaba no volvería a verla y eso lo torturaría día a día. Aquella preciosa mujer le robó su corazón desde el primer momento en que la vio.

—Perdóneme MiLady por lo que voy a hacer— acercó su boca a la suya y se fundieron en un profundo beso.

Miriam al principio forcejeó intentando zafarse de entre sus brazos, pero en unos segundos cambió por completo, paso sus brazos por su cuello y le devolvió aquel beso tan codiciado por meses, devorando aquellos carnosos y rojos labios que tantas noches soñaba con besarlos.

—¡Por san Fergus!— dijo Brenan al sentir como Miriam lo besaba de aquella manera, dejando toda su vergüenza atrás.

Miriam jamás habría vivido esto ni en sus mejores sueños, siente un cosquilleo en el estómago y el corazón le palpita de tal forma que jamás antes le había hecho. Comenzó a besarla en el cuello con verdadera devoción, la voluntad de Miriam acaba por ceder, se estremeció con cada nueva exigencia de Brenan, sus manos desean explorar sus exuberantes curvas, su bajo vientre se contraía cada vez que Brenan metía las manos debajo de la camisola, haciéndola arquear se de placer.

—¡Brenan!— la voz de Miriam era casi un susurro —creo que no debería... Creo que... — dijo cerrando los ojos con excitación.

—¿Estas segura que quieres que pare?—dijo con una sonrisa socarrona —mírame y repítelo— le miró con sus ardientes ojos.

—Ahora mismo no estoy segura de nada— le miró a los ojos —es indecente que este aquí con un hombre a solas y casi desnudos, pero me gusta demasiado lo que me haces sentir.

Percibir como sus dedos arden con el roce de su piel, sus labios carnosos y dulces como el caramelo, su largo cuello como el de un cisne al que mordisquea con cariño, mientras la aprieta contra él, piel con piel, como sus manos se pasean por su espalda acariciando de arriba a abajo siguiendo la columna vertebral hasta sus redondeadas nalgas que las oprime contra el.

Miriam siente que su cuerpo le traiciona, jamás había sentido en su bajo vientre como se humedecía y contraía de esa manera tan placentera. Sus manos tienen voluntad propia y acarician el torso tan bien esculpido de Brenan mientras se besan apasionadamente entrelazando sus lenguas al unísono. Abandonada a sus caricias a Miriam nada más le importó, sólo quería disfrutar del momento con su gran amor.

Brenan que tenía sujeta a Miriam la acercó hacia la orilla, sin dejar de besarla la tumbó con mimo en el manto de hierba verde para ponerse sobre ella sin dañarla. Una de las manos de Brenan acarició su cuello con cariño y fue bajando lentamente asta llegar a sus senos por encima de la camisola, estiró con sensualidad de aquel ligero cordón para dejar al descubierto sus senos, deseaba tener entre su mano aquel precioso pecho, acariciarlo, mimarlo y pellizcar su rosado pezón, que por el frío se había endurecido.

La respiración de Miriam se entrecorta cuando siente los calientes labios de Brenan besando y acariciando con su lengua sus pezones, un gemido ronco se escucha en el silencio, esta tan excitado que no le importa nada más que aquella bella mujer. Una de sus manos bajan por las deliciosas caderas de Miriam asta su muslo sube con cuidado la mojada tela, su mano se encuentra con unos rizos exquisitos, sus dedos separan con cuidado los pliegues de su sexo en busca de su redondeado clítoris, que como una preciosa flor florecería por primera vez.

—¡Brenan! ¿Que... Que haces?— dijo horrorizada y excitada —¡esto no debe estar bien!— era la primera vez que un hombre tocaba su parte íntima.

—¡Shhh! tranquila mi amor esto es solo el principio de los placeres que te haré sentir y disfrutar... Déjate llevar— le dijo con un susurro.

Miriam estaba tan excitada que no pudo reprimir más sus impulsos, sentía en su sexo como Brenan jugaba y acariciaba su clítoris, deslizaba los dedos hacia abajo, primero metió un dedo en su interior Miriam al sentir dentro de ella esa invasión dio un pequeño respingo pero era tal el placer que sentía que no quería que parase, metió otro dedo más, estaba tan húmeda que los dedos entraban sin dificultad alguna, Brenan sabía que estaba preparada para recibir su pene.

—No quiero que tengas miedo— tiró del cordón de sus calzones para aflojarlos —ven deseo que me toques— alcanzo la mano de Miriam, la guió y la introdujo dentro.

—¡Brenan!— al tocar aquella parte masculina se llevó una sorpresa, era duro y sedoso.

—Amor mírame— dijo Brenan con voz melosa —al principio te dolerá un poco, pero seré muy cuidadoso— la tranquilizó acariciando le la mejilla —pero veras que luego el dolor cesa y sentirás mucho placer.

Brenan se quita los calzones con celeridad mientras Miriam tumbada y excitada lo mira con curiosidad. Al descubrir su sexo con aquel manto de vello oscuro, duro y erguido en todo su esplendor, con ojos asustados por el tamaño a Miriam le venían muchísimas cosas a la mente.

"Sé por mis sirvientas que su sexo me dará placer... Pero... ¿Eso podrá entrar?

15 декабря 2019 г. 0:00:21 0 Отчет Добавить 0

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