lihuen Lihuen

Eliana, una afamada instructora de ballet, esta feliz por su nueva alumna que promete su próxima estrella. Sin embargo, la joven oculta un gran secreto que podría poner en riesgo a su compañía y su prestigio.


Ficção científica Todo o público.

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La Replica

Antes de que la audición de ballet contemporáneo empezara, Eliana Davis repasó la fila de las postulantes tratando de identificar a cada aspirante, cuando en eso, vio por el rabillo del ojo que a la fila se le sumaba una más.

Aquel acto de impuntualidad inoportuna la sacó de quicio. Esa ráfaga de odio desquiciado seguramente transformaba algo en su expresión, pues las primeras jóvenes de la fila—adivinando la causa de su ira, y hasta su posible reacción—fueron abriéndose paso, alertadas, casi instintivamente, de una posible catástrofe.

—¡Eh tú, la impuntual!—la llamó desde el frente—. Acércate por favor.

Las demás, no queriendo estar en la mira, fueron apartando sus cuerpos delgados hasta que, ante la sorpresa de la airada instructora, apareció la bella figura de una muchacha esbelta y delicada, cuyas facciones y proporciones parecían haber sido talladas con la más sublime de las excelencias.

—¡Valla, valla!—exclamó la instructora haciendo una mueca de disgusto y admiración a la vez─. Muy bonita, pero la belleza no te ayudará si eres impuntual−dijo entre levantando la voz para que todo el mundo escuchara.

—Lo siento madam—se disculpó la joven en voz baja, sin perder la compostura.

‹‹ ¿Madam?››, pensó Eliana, extrañada; que en Buenos Aires alguien usara ese término era extraño y más cuando no recordaba haber recibido solicitudes de alumnas extranjeras.

— Muy bien—le dijo mientras escrutaba su rostro—¿Puedes decirme cómo te llamas?

—Soy Ornella Dornberger—le respondió la joven.

—Ornella Dobeger—repitió la instructora burlonamente sin hacer el más mínimo esfuerzo por pronunciar bien el apellido— ¿Puedes decirme a que se debe tu llegada tarde?

La muchacha sacudió la cabeza atribulada y explicó que ella y su padre eran extranjeros por lo que probablemente el cambio de horario debió confundir a su padre.

‹‹Con razón ese acento raro››, pensó Eliana, a la vez que intentaba recordar si había recibido solicitudes de algún extranjero. Pero la lista era tan larga que revisarla otra vez le llevaría demasiado tiempo. Y en ese momento, cada minuto, o mejor dicho cada segundo era precioso; quizá sería mejor incluir a la muchacha y luego verificar si se hallaba inscripta.

De igual modo, estaba decidida a darle una lección que no olvidaría.

—Está bien, Ornella, te daré una oportunidad, pero—agregó percibiendo la mirada de águila a las demás bailarinas ─, debes saber que en mi compañía la puntualidad es la norma de oro y en general se paga con la descalificación. Así que he decidido que solo bailarás si tus rivales no logran deslumbrarme antes, ¿entiendes? Ah y cabe recordarles a todas,—añadió lanzando una mirada maliciosa a su alrededor—que solo hay UNA vacante en mi compañía—. Y diciendo esto pegó media vuelta y bajó el escenario, mientras Ornella se acomodaba al final de la fila.

A Eliana le gustaba hacer como si escuchara otras opiniones y por esa razón se acomodó entre dos de sus asistentes que le ayudarían a decidir. ‹‹Siempre es bueno tener una segunda opinión›› le habían enseñado sus mentores, así que ella hacía el esfuerzo por trabajar en equipo. Un pequeño esfuerzo, diría, pues en realidad poco le importaban los aportes de los demás en especial si no concordaban con el suyo. Y como todos allí la conocían bien, rara vez se animaban a contradecirla.

Cuando Eliana hizo un gesto con la mano, la primera de la fila se adelantó con sus pequeños pazos de bailarina. La joven había elegido representar una de las coreografías que Justina, su ex estrella, había realizado en Norte América poco antes de morir.

Eliana sintió una punzada en el pecho cuando el tema de Adele comenzó recrear en su mente aquella función hacía ya dos años. El último show de Justina; estaba tan bella con su vestido blanco brilloso que flotaba con cada uno de sus movimientos acompañados por sus dramáticas actuaciones. Una danza fabulosa que nada se comparaba con aquella representación que de pronto se había convertido en una especie de parodia. Los errores en los giros y los desplazamientos torpes de la postulante eran tan terribles, que terminaron por obligarla a interrumpir la danza antes de saltarle a la yugular.

La chica bajó del el escenario corriendo entre sollozo.

‹‹Patética››, pensó Eliana sin prestarle atención.

Con la postulante número dos no le fue mucho mejor aunque esta vez aguantó hasta el final de la danza. Y la número tres, con sus giros sin terminar, la hizo hacer todo tipo de muecas que mostraban su indignación; y ni hablar de la número cuatro, que terminó lesionada cuando intentaba una acrobacia que obviamente no tenía bien ensayada.

Todas fueron cayendo al abismo; una por una como moldes cortados por la misma tijera.

Todas era una verdadera desilusión.

Desde la primera a la veinteava, no hubo nada prometedor. ¿Acaso era una maldita broma?, se indignó Eliana ¿Es que ya no existían las bailarinas talentosas?

Las dos coreógrafas que la acompañaban trataron de calmarla resaltando las buenas cualidades que algunas de las bailarinas, pero Eliana ni las oía. Con las competencias nacionales en puerta, no había tiempo para entrenar a una novata. Ni tiempo, ni ganas, en especial cuando todas habían sido tan mediocres. Ni si quiera la hermosa extranjera, en la cual había puesto sus esperanzas, había logrado captar su atención. Sus movimientos, algo mecanizados, le quitaban gracia y naturalidad, como si los hubiera memorizado sin poner el alma en ello.

Era evidente que la posibilidad de hallar un nuevo talento no se había concretado, por lo que deseó alejarse de aquel lugar lo más rápido posible.

Y lo hubiera logrado, si un inescrupuloso no le hubiera bloqueado la salida, forzándola a detenerse.

—Buenas tardes, fraulein—la saludó el desconocido, con tono extranjero.

La instructora lo miró sorprendida, pues pocos se animaban a acercarse a ella sin ser previamente citados o formalmente presentados. Pero este hombre parecía ignorarlo.

— ¿Y quién es usted?—demandó Eliana con expresión de pocos amigos.

—Oh, sí, disculpe. —Sonrió nerviosamente estirando su bigote prolijo que le daba un toque cómico bajo sus lentes gruesos y anticuados—. Mi nombre es Mamfred Dornberger—se presentó—, y soy el padre de una de las chicas.

‹‹¿Con que es padre de la extranjera, he?››, pensó Eliana relamiéndose, pues eran sus víctimas favoritas a la hora de humillarlas.

—La audición ha terminado y yo estoy con prisa. —Lo cortó en seco—. Si su hija tiene alguna oportunidad– agregó, tratando de suprimir una mueca de burla––, en breve lo sabrá−. Y girando sobre sus talones avanzó resuelta hacia la salida.

Afuera la esperaba un temporal que se asemejaba a la revuelta de nervios que la sacudía en su interior. Una vez en el auto, ya lejos de toda la bulla, se dejó caer sobre el volante; y se hubiera quedados así de no ser que unos molestos golpecitos sobre el ventanal la hicieron levantar la vista.

—¿Sí?—, preguntó cortante, bajando apenas el cristal polarizado. Afuera los ojos enmarcados del alemán la saludaron una vez más.

—Disculpe que la persiguiera hasta aquí, señorita Davis—dijo el hombre sonriendo amablemente e ignorando su mirada explosiva—. Seguramente me considerará un loco, pero le aseguro que no los soy, y en prueba de ello–dijo mientras abría su maletín—, me gustaría que considerara mi oferta.

Y diciendo esto le extendió un sobre:

—Este es el contrato, donde se especifican mis condiciones, y la remuneración, por supuesto.

Eliana torció la boca, gesto que hacía siempre que algo la superaba, y en demostración de ello, se abstuvo de recibir el paquete.

—Lo siento señor—le respondió con firmeza—pero no recibo contratos de desconocidos.

—No es cualquier contrato—persistió el hombre sin intenciones de moverse— ¿Por qué no lo lee y luego decide?

Ya al borde del colapso Eliana le arrancó el documento de las manos y lo arrojó despreciativa a un costado. El hombre esbozó una sonrisa nerviosa pero Eliana ya no le prestó atención. Su mirada estaba fija al frente mientras encendía el motor y aceleraba; ahora ya nada la detendría hasta llegar a su casa, y si a ese alemán se le ocurría obstaculizarle el paso, ella no dudaría en pasarle por enzima.

Eran las tres de la tarde cuando Eliana consiguió entrar en su casa.

Además de tener un hambre voraz, se sentía demolida. La cabeza latiente parecía a punto de estallarle; la espalda le daba punzadas y las piernas parecían piedras. Ingirió algunos calmantes y luego de engullir una porción del pastel que su madre la había traído, intentó relajarse en la penumbra de su dormitorio; sin embargo los zumbidos del deber la mantenían tensa. Preocupaciones y más preocupaciones; la mayor causa de todos sus males físicos y mentales. Pero estaba decidida a que no la avasallaran. No esta vez.

Abrió la cajonera de la mesa de luz donde guardaba las pastillas para dormir; media sería más que suficiente. La tragó y se durmió casi al instante.

Al día siguiente Eliana se sintió como nueva. A pesar de la derrota del día anterior, estaba lista para lidiar con sus muñecas danzarinas de su equipo, y hacerlas relucir. Al llegar a su compañía, la esperaba su asistente con una humeante taza de café cargado y una gran sonrisa dibujada en la cara.

—Hola, Nadia—, la saludó Eliana mientras tomaba la el pocillo entre las manos—, ¿a qué se debe tanta felicidad?

—Hola, señorita, ¿no recibió mis mensajes?—le preguntó la mujer con ansiedad.

—La verdad no; no escuché nada. No tuve tiempo, así que… ¿por qué no me lo cuentas ahora?—le pidió mientras apresuraba el paso e ingería el delicioso café.

La asistente pegó unos saltitos tratando de seguirle el ritmo.

—Bueno, es sobre el alemán y su oferta.

La sola mención de ese individuo la enervó. ¡Cómo se atrevía a acosarla de ese modo!

Ante la expresión de su jefa, la asistente continuó hablando algo dubitativa.

—En fin, después de seguirla a su auto, él regreso y me pidió que le dijera…

—¡No hay nada de qué hablar Nadia!—la interrumpió con brusquedad—, ya sabes que yo soy muy selectiva y en este momento no estoy para entrenar mediocridades. ¡Y pensar que perdí tiempo en esa estúpida audición!

—Lo sé señorita Davis, solo que pensé que cambiaría de parecer.

—¿Y por qué debería hacerlo?, además ese impertinente me entregó un contrato, ¡ja! Y eso me hace pensar que, o es muy presumido y se cree que es el rey de Inglaterra, o …

—Bueno, con una oferta de un millón de euros, el hombre habrá pensado..,—se detuvo al ver la súbita expresión de desconcierto pintada en la cara de su interlocutora.

—¿Dijiste un millón de euros?

—S-sí, e-está especificado en el contrato—balbuceó la joven, ahora más confundida que antes— ¿No lo leyó?

—Creí que era un contrato común y corriente pero. ..¿un millón..?—La taza se tambaleó en sus manos por lo que la asistente la tomó antes de que terminara en el suelo.

—¿Qué más dijo.. y de quién estamos hablando? ¡Quiero que me cuentes todo lo que sepas!—ordenó Eliana con la voz aguda.

Mientras su ayudante le resumía lo hablado con el extranjero, Eliana apenas si podía permanecer sentada en la silla. De pronto, un cosquilleo le recorría todo el cuerpo, como una corriente eléctrica que no la dejaba concentrarse ni quedarse quieta, el corazón le latía y la euforia la hacia sentirse mucho más joven y enérgica. Y las palabras de su asistente le sonaban a música, una que no se puede dejar de oír.

Cuando la joven terminó solo podía recordar algunas frases como "científico alemán", "millonario", "equipo de investigación" y lo más importante, que deseaba que su hija fuera entrenada en su compañía por su gran prestigio y seriedad. En síntesis, estaba dispuesto a pagar hasta un millón de euros por su entrenamiento, si ella aceptaba, claro.

—¡Válgame dios! ¿Puede ser posible que sea así de fácil?—exclamó la instructora caminando nerviosa alrededor de la estrecha habitación.

—Supongo que lo será si usted firma el contrato, y acuerda con las condiciones estipuladas, que vaya uno a saber si no hay algo entre lineas que sea comprometedor.

—¡¿El contrato, dices?!—Eliana se llevó la mano a la boca antes de exclamar con horror—:Dios mío, ¡lo arrojé a la basura!

—Bueno, él dejó otra copia en un sobre cerrado—dijo la asistente—, y me remarcó bastante que el documento solo debía leerlo usted. Se ve que es muy desconfiado. Así que lo guardé en la caja fuerte.

—Muy bien lo leeré ahora mismo—decidió sin poder dejar de sonreír—. Mientras, busca a una entrenadora que me remplace para que comience con el entrenamiento y diles que nadie me moleste por unas cuantas horas—añadió cuando destrabó la cerradura para que su asistente se marchara.

Cuando se quedó a solas en el despacho, Eliana tomó el documento con manos temblorosas. De la emoción que tenía, apenas leía. Lo que decían las primeras hojas era similar a cualquier otro contrato, en donde se le pedía que entrenara a la joven, de nombre Ornella, como a cualquier otra integrante de su equipo; en otras palabras, con las mismas exigencias y los mismos privilegios. Luego se le pedía que, si acorde a su criterio, se lograran avances, se incluyera a dicha alumna en las competiciones dándole las mismas oportunidades que a las demás.

A Eliana le gustó la flexibilidad del contrato, pues se respetaban sus normas y sus métodos. Así como también su buen juicio.

Continuó leyendo. Ahora el contrato se enfocaba en el perfil de su futura alumna. Nada extraño. Describía en detalle sus talentos y virtudes. Leyó entre líneas, saltando alguno que otro párrafo, deteniéndose en las frases que más le interesaban como “buena para aprender y acatar órdenes”, “cuerpo sumamente flexible y elástico”, “excelente actitud”, “prometedora”...etc.

‹‹Bien, eso dicen muchos de su hija››, pensó la instructora divertida. No era la primera vez que se encontraba ante la versión idílica de un padre hacia su hija, que en su opinión experimentada, tenía muy poco que ver con la realidad. Pero en este caso, con tanta plata de por medio, y sin ninguna cláusula que la condicionara en su metodología, estaba todo resuelto; especialmente porque habiéndola visto en la audición sabía que al menos podía bailar.

Al día siguiente, Eliana saludó fríamente a Ornella con lo que pensaba dejarle en claro que no habría tratos especiales. La joven, sin embargo, no parecía esperar nada de ella. Su mirada ausente y su total inexpresión confundían a Eliana; no era la típica chica adinerada arrogante y malcriada con la que había esperado encontrarse, ni tampoco se parecía a ninguna de las chica con la había tratado durante su carrera. Y quizá era ese halo de misterio, aunque no deseaba reconocerlo, lo que la atraía como un imán.

Eliana llevó a su nueva alumna al salón principal para comenzar con los estiramientos.

‹‹Al menos en algunas virtudes, el contrato no mintió››, pensó la entrenadora al ver con qué facilidad la muchacha elongaba.

Luego de esto, comenzaron los ensayos de las coreografías. Al principio, Eliana notó la inseguridad en la muchacha. Acataba las órdenes con lentitud mientras imitaba cuidadosamente a una de las coreógrafas tratando de copiar sus movimientos con exactitud, desde la forma de las manos y pies hasta los gestos faciales. Eliana no podía quitarle la mirada. Y era extraño porque normalmente los primeros pasos de una bailarina novata solían irritarla. Sin embargo, el progreso de Ornella era veloz: siempre obediente y siempre atenta; imitando dócilmente, como lo hace una marioneta a la sombra de la mano de su instructor, hasta que ya en un tercer repaso, los movimientos comenzaron a adquirir esa energía y naturalidad que solo las bailarinas profesionales podían dar.

Eliana suspiró complacida. En su mente ya brotaba la esperanza y aunque cualquiera diría que era demasiado pronto para dar un veredicto, para ella no lo era. Tenía muy buen ojo para casar los talentos y rara vez se equivocaba.

Al pasar los días, Eliana se congratuló por tener una vez más la razón. A admirable como la atención que la muchacha le ponía a cada una de sus observaciones comenzó a dar su fruto. Ornella, comprendía exactamente lo que ella quería. Y en ocasiones, hasta se le adelantaba a sus pensamientos, dándole justo lo que pasaba por su mente. La técnica era impecable. Y la confianza adquirida comenzaba a transformarla en una talentosa bailarina. Había dolor y fiereza en sus ojos cuando dramatizaba la muerte de Julieta, y picardía cuando se convertía en una duende traviesa del bosque. Podía transformarse en un zombi aterrador, o volar sublime como una garza. Era increíblemente camaleónica. Pasando velozmente de blanco al negro, y en el medio, por todos colores del arcoíris.

Pronto, Ornella comenzó a robarse el corazón del público con sus dramatizaciones y los votos de de los jueces con su técnica impecable. Las competencias locales ya le quedaban chicas, a ella y a Eliana que ya deseaba verla en competencias mayores como las internacionales.

Por suerte los meses pasaron como un soplo y las competiciones anheladas llegaron agitando la bandera de las expectativas. Para Eliana, el momento de pasar la prueba había llegado; era el momento de ver si en realidad Ornella era la estrella que parecía ser.

Aquel día Una vez en el escenario, la joven no la defraudó. Si bien, Ornella se destacaba más como solista, también había conectado bien con su pareja en el Grand pas de deux donde los giros fueron impecables. En verdad, no tenía nada que reprocharle. Ella lo había dado todo.

‹‹Si lo ángeles pudieran bajar del cielo y bailar, lo harían como ella››, pensó la instructora con gran satisfacción.

Los anuncios de los ganadores brotaron como fuegos artificiales. Ornella fue nombrada como ganadora del primer puesto no solo como solista juvenil en su interpretación de la bella durmiente, sino también en el dúo y la coreografía grupal.

Los aplausos marcaron el inicio de un nuevo estrellato. Y como era de esperarse, a las nacionales le siguieron más triunfos internacionales. Pronto, los diarios no dejaban de hablar de la talentosa bailarina de la compañía Davis que había conmovido al público y seducido a los jueces. En las noticias televisivas ya se hacía referencia a Ornella como a la más talentosa bailarina, asociada a la famosa bailarina Marta Graham, por su entrega emocional, y la bella Isadora Duncan, cuyos movimientos corporales armonizaban con los ritmos de la naturaleza, como si de ella aflorara el fuego y se mezclara con el agua y el viento en un torbellino de magia y arte.

Naturalmente, con el éxito llegaron las especulaciones y los rumores de sus rivales. En los concursos de los años posteriores, las habladurías se desparramaron como inyecciones de veneno contaminando el aire del mundo entero. Algunas compañías sostenían que Ornella no era el producto exclusivo de la compañía Davis, pues era obvio que nadie podía formar a una bailarina con esa excelencia en un par de años, y los medios, apoyando esta versión, comenzaron a preguntarse quienes habrían sido los “otros” instructores de la bailarina.

A Eliana le tenían sin cuidado las versiones mediáticas, a los que veía como aves de rapiña que se alimentaban de las sobras. No obstante, y solo para demostrar que ella no tenía nada que ocultar, le pidió al padre de la chica que diera alguna que otra conferencia para satisfacer la sed insaciable de los curiosos y fanáticos de la recientemente afamada artista. El hombre la complació, pero fue demasiado breve en sus comentarios, lo cual encarnizó más a los medios en contra de Eliana, alegando que seguramente no le permitía expresarse. Esto la indignó en extremo, por lo que los concursos posteriores, decidió cancelar las conferencias y dejar que sacaran sus propias conclusiones.

Al año siguiente, el concurso internacional de ballet clásico de Tolouse trajo nuevos desafíos. Eliana reunió al grupo selecto para ensayar en el salón principal de su compañía y como siempre puso a Ornella para que liderara a sus compañeras. La joven se adelantó bien dispuesta, siguiendo cada una de sus instrucciones. Los movimientos suaves de brazos y manos parecían alas flotando al viento, luego vino el giro, el salto y finalmente, ante el horror de sus compañeras, la caída, que seguida de un inesperado traspié, la lanzó contra el espejo. La escena se resquebrajó en un millón de astillas filosas y trasparentes, que estallaron en el aire, y luego cayeron como dagas sobre el cuerpo caído de la muchacha.

Eliana reaccionó con más rapidez de lo que hubiera imaginado. Y es que en esos instantes de tragedia, cada segundo cuenta, y cada reacción decide por la vida del otro. En poco tiempo, repartió órdenes a quienes la rodeaban.

—Nadia ve al botiquín y tráeme gasas, alcohol, y vendas lo más rápido que puedas. Karen llama a los médicos y Tara lleva a las chicas fuera del salón y examínalas por si se han lastimado.

Luego se acercó a la lesionada. Le extrañó la calma con la que la joven la miraba a pesar de la gravedad de la situación.

‹‹Seguramente no reacciona por el shock››, pensó, Eliana, mientras examinaba a la accidentada.

—Tranquila—le susurró a la niña mientras estiraba la mano lentamente hacia uno de los pedazos de vidrio que estaba ensartado en la pierna—Ornella—le susurró pausadamente, para no alterarla– dime cómo te sientes. ¿Te duele mucho?

La joven sacudió la cabeza en forma negativa mientras se examinaba la pierna.

—No se preocupe señorita, me he examinado y solo tengo algunos cortes—, dijo la muchacha sin emoción, y ante la sorpresa de Eliana, se arrancó de una sola vez el cristal que tenía incrustado en la pierna.

Nadia chilló horrorizada señalando la herida que supuraba sangre por doquier por lo que Eliana le arrebató una de las vendas y el alcohol y le pidió que se marchara. Después se acercó para desinfectar y bloquear la hemorragia. Pero al aplicar el alcohol sobre el corte, notó una pequeña mancha de metal, que, a pesar de la sangre, brillaba. Eliana, titubeó por un momento, entre la sorpresa y el temor, luego giró la cabeza con lentitud hacia la muchacha, que ya no la miraba. Mientras contemplaba aquel rostro sereno, derramó el alcohol sobre la carne abierta sin obtener reacción alguna por parte de la adolescente que permanecía como una estatua de piedra.

—Ornella, ¿estas consiente?—dijo la instructora, tiritando por los nervios.

La muchacha volvió la cabeza, inmediatamente.

—¿Sientes dolor?—le volvió a preguntar

Ella le sonrió con extraña calma.

— No sé qué es el dolor—le respondió—aunque algo no debe funcionar en mi pues no puedo moverme.—Y para sorpresa de Eliana la joven comenzó a a abrirse más la herida.

Eliana trató de detenerla sosteniéndole la mano pero entonces algo extraño le llamó la atención; ¿era acaso metal lo que sobresalía?, pensó alarmada. Miró nuevamente a Ornella y la vio tan tranquila, que comprendió que algo estaba tremendamente mal y sin dudarlo se coloco los lentes para examinar mejor la herida; la porción color plata que brillaba se estaba recubriendo por la sangre de modo que no tuvo opción que hundir los dedos en la suave y tibia carne hasta que las puntas de sus dedos palparon una superficie metálica. Luego, al ver que Ornella ni se inmutaba, continuó hacia los costados, despegando suavemente la capa de carne, y descubriendo horrorizada una pierna de metal.

De pronto, los pasos de un tropel de gente la obligó a sacar la mano con rapidez. Eran los paramedicos que su asistente había llamado; Eliana, aun en shock, se quedó a un costado mirando como dos hombres envolvían a la muchacha con vendas y luego subiéndola a una camilla.

Camino al hospital, la imagen de la pierna de metal regresó a su mente. Aquella niña no era normal. No solo por el acero, también por su expresión. No había habido ni un signo de dolor ni de sufrimiento en aquel rostro de ángel. ¿Pero cómo no se había dado cuenta de esto antes? Aun no sabía que pensar. Tenía tantas preguntas que hacerle al hombre que la había traído. ‹‹Ese maldito había jugado conmigo››. Le tiraría el contrato en la cara, y luego lo demandaría por haberla metido en esta situación. Miró a los médicos con desesperación.

‹‹¿Qué pasará cuando todo el mundo se entere lo de la pierna?, ¿Y si el metal no cubre solo una pierna?, ¿y si es un ..una ...una..?››, se detuvo horrorizada. Era imposible. ¿Lo era?. La tecnología se perfeccionaba día a día. Y los alemanes así como los japoneses llevaban la puntera. ‹›No puede serlo››, se dijo calmándose. Esa muchacha era demasiada perfecta para ser un androide. Su destreza natural y sus expresiones sentimentales reflejaban su humanidad. Trató de rememorar las lecciones. Cada vez que ella le había pedido que expresara tristeza lo había hecho, o alegría, o miedo, ella lo había ejecutado a la perfección, siempre…copiándola. ¡Claro, como no se le había ocurrido antes! Desde el principio, aquella chica la había sorprendido con su habilidad para escuchar, y obedecer cada una de sus instrucciones. Y no solo eso, sino su capacidad para reproducir todas las demostraciones de las coreógrafas. Tal como ella misma lo había dicho todo este tiempo: su estrella era la instrucción hecha acción. Cada orden, cada deseo, cada observación, habían sido puestas en práctica con tanta minuciosidad que daba escalofríos, quizá porque era la precisión de una máquina. ¡Una maldita maquina! ‹‹Me estoy volviendo loca››, sollozó Eliana, boicoteando los razonamientos de su mente. Pero aunque intentara olvidarlo todo, el recuerdo del roce de sus dedos en aquella dureza glacial la volvió a la realidad.

Caminó por detrás de los médicos como una sonámbula. De pronto, entre una multitud de blanco, vislumbró al padre de la chica, que corría al encuentro de los paramédicos. Detrás él, lo seguía un séquito de médicos que intentaron arrebatar a la muchacha de las manos de los enfermeros. Entre negativas y zarandeos, el científico finalmente se interpuso entre ambos grupos, y explicándole algo encargado del hospital, logró finalmente que los nuevos especialistas se llevaran a la paciente.

‹‹No quieren que descubran su fraude››, pensó Eliana disgustada.

Quizá su plata y sus formas persuasivas hacían que este hombre manejara a las personas a su antojo, pero no a ella. A ella ese maldito la iba a escuchar.

Antes que ella pudiera comenzar a insultarlo, el alemán se le adelantó.

—Señorita Eliana, creí que teníamos un acuerdo, ¿Por qué no me ha llamado cuando ocurrió esta emergencia?—empezó a decir el hombre con tono de reproche.

—Usted y yo, ya no tenemos nada de qué hablar—le respondió ella indignada—. Es usted el peor farsante, mentiroso que haya existido jamás.

—¿De qué está usted hablando?, tenemos un contrato…

—¿Cómo se atrevió a engañarme?—le gritó Eliana roja como el granate—, yo acepté a una alumna.. a una mujer de carne y hueso.

—¿Por qué no se calma, señorita Davis? Creí que teníamos un trato. Además todo está especificado en el documento, que según tengo entendido usted ya leyó y firmó.

Ante la seguridad del hombre, Eliana dudó. ¿Acaso se le había pasado algo por alto?, se preguntó para sus adentros, recordando que había leído el documento demasiado rápido, sin consultarle a un abogado, y sin compartirlo ni siquiera con sus asistente. ¡Maldita sea!, debió ser más precavida, pero con esa plata hasta hubiera hecho un trato con el diablo. Enrojeció de vergüenza al percatarse de lo débil que era. ¿Y quien no? La plata y el poder eran probablemente los únicos males de este mundo. Titubeó. ¿Y si este embaucador tenía razón? ¿Y si la remuneración la había cegado?

Se alejó de prisa y no se detuvo a esta llegar a su casa donde buscó el condenado documento. Empezó releyendo las líneas de prisa con gran ansiedad, pero recordó que esa no era la forma. Respiró profundamente y trató de relajarse. Comenzó de nuevo con mayor lentitud. Entonces empezó a reparar en las frases que antes no había visto y que se leían así: “Ornella”, es el nombre del experimento... Ornella, la androide, ha sido diseñada para probarle al mundo que una maquina puede ser tan buena, y quizá mejor, que una bailarina humana, siempre y cuando se la guíe con instrucciones cortas y precisas, en todo lo que debe. hacerse.

Y luego de esta corta introducción, se detallaba las habilidades de “Ornella”. Las frases “alumna obediente y disciplinada”, “perfeccionista”, “de aprendizaje rápido”, “flexible y elástica”, le fueron despertaron la memoria. Al parecer, con la emoción de la paga se le había pasado la introducción, y obviamente había leído solo lo que más le interesaba: el perfil de la “muchacha”. Además, de no haber ignorado el adjunto del documento, se habría enterado de la confidencialidad que requería una vez aceptado. Entonces el alemán tenía razón, allí estaba todo y ella había firmado.

Caminó hasta el living y se dejó caer en los cojines del sillón. La tele estaba encendida, y el nombre de Ornella apareció en la amplia pantalla. Un periodista informaba al público del lamentable accidente de la famosa bailarina, quien se hallaba a estas horas en las manos de los mejores especialistas. Eliana apagó el aparato y comenzó a pensar. Por lo que se veía, nadie sabía la verdad. Para el mundo, Ornella seguía siendo la agraciada bailarina que tenía al público en la palma de su mano. Seguía siendo la insuperable, la que con un solo movimiento o expresión podía hacer llorar a la audiencia y maravillar a los jueces. Aún era única entre las únicas, un verdadero fenómeno, y como tal, era su fantasía hecha realidad.

Y mirándose en el espejo, Eliana comprendió por qué, desde ya hacía un tiempo, Ornella le resultaba tan exquisitamente familiar: aquel androide era su vivo reflejo. En ella se reencontraban su juventud perdida y su experiencia adquirida, que al final de cuentas, habían hecho de aquella maquina una verdadera obra de arte. La suya.

18 de Abril de 2020 às 16:21 9 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

Conheça o autor

Lihuen Me gusta escribir novelas de misterio, fantas�a y ciencia ficci�n tambi�n me encanta escribir cuentos. Leo todo tipo de g�neros. Me fascinan los cuentos de misterio y terror.

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Nataly Calderón Nataly Calderón
Hola, me gustò mucho tu historia, es muy buena. Saludos.

Ivan Ramirez Ivan Ramirez
Buen trabajo. Gracias
May 08, 2020, 16:37
Dece Scott Dece Scott
Es impresionante la capacidad de imaginación,me encantan la cantidad de detalles en las historias y la tuya la tiene a montones.Por momentos recordaba las historias del señor isaac asimov con tintes del maravilloso Bradbury. Felicitaciones por tan maravilloso relato,veo que pronto armaras un libro.
May 01, 2020, 20:53

  • Lihuen Lihuen
    muchas gracias por pasarte y que bueno que te gusten, la verdad esta serie son mis primeros relatos claro que lo fui editando; a i también me encantan las historias con muchos detalles y un halo de misterio como las tuyas, May 02, 2020, 01:17
Carlos Jimenez Duarte Carlos Jimenez Duarte
Que relato tan interesante. Me gusto mucho. Veo en primer lugar que tienes un conocimiento amplio sobre lo que es el universo de la danza y el ballet. O eres bailarina profesional o estudiaste muy a fondo el tema para darle una veracidad total al cuento. El tema es fascinante porque se sale de lo tradicional y nos permite que el relato tenga un excelente matiz de ciencia ficción. Tiene una estructura muy bien plasmada que hace creíble todo el contenido, lo que además te atrapa para seguir línea a línea la biografía que se traza de Eliana, con todas sus emociones y su rígida formación profesional. Lo único que considero que necesita el cuento, en materia de redacción es perfeccionar algunos errores ortográficos. Yo personalmente también suelo cometerlos, como lo es la repetición de palabras o artículos. El cuento se deja leer y dichos errores ortográficos son perdonables debido al modo en que captas la atención del lector. Tienes buen talento para la narrativa Lihuen y seguiré dándole un vistazo a tus historias. Muchas gracias.
April 29, 2020, 18:32

  • Lihuen Lihuen
    Muchas gracias por leer y por tan agradable comentario; la verdad no soy bailarina pero por mucho tiempo miré un reality show que trataba sobre esta clase de competencias y tenia una instructora muy ambiciosa que le dio vida i protagonista; en fin me alegra mucho que te haya gustado-, tu también ya me has atrapado con la guerra solar April 30, 2020, 00:19
Ayatan Mestre Ayatan Mestre
Vaya genial! cuanto talento! la verdad describes muy bien el caracter energumeno e histerico con que se suele esteriotipar a esta clase de personajes perfeccionistas y poco solidarios. Aunque por el titulo sabia bien a donde conduciria la historia, el desarrollo fue brillante y el final si tuvo una pequeña sorpresa; tienes una gran imaginación y te felicito por ello. en el parrafo final luego de decir que se juntaba su juventud con su experiencia dice al final de cuantas (estoy seguro que buscabas decir al final de cuentas) y el la parte cuando comienzan a entrenar a Ornella hay una parte que dice: energia y naturalidad que solo las bailarinas profesionales podian d (falta agregar la a y la r ya que imagino que querias decir "podian dar") un saludo!
April 18, 2020, 18:21

  • Lihuen Lihuen
    ¡Que alegría que te haya gustado! y gracias por las observaciones que me ayudan a mejorar. April 18, 2020, 20:51
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