baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Johan, quien tuvo un accidente semanas atrás, propiciado por los bravucones que lo acosaban, se muda a Rousseau, pueblo donde su padre vivió su infancia, pensando en tener una nueva vida... Un día conoce a Cecil, una chica que aparenta todos los signos de una persona que sufre de abusos constantes, decide intervenir, descubriendo unos seres extraños, fantasmas sin rostro...


Horror Histórias de fantasmas Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#horror #misterio #muerte #asesinato #fantasmas #espectros #rituales
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Em progresso - Novo capítulo Todas as Terças-feiras
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Cicatrices

Johan intentaba no moverse, escuchó el sonido de sus huesos rompiéndose, lo que le asustó más que el dolor mismo que eso le provocaba. Respiraba poco, si insuflaba demasiado sus pulmones sentía que algo lo hería por dentro.
«Mis costillas, debo tenerlas deshechas...», pensó.
Recordaba la cara de satisfacción de los tipos que lo vapulearon. Richard y compañía, los mismo de siempre. Era una especie de ritual que habían pactado entre ellos, golpearlo luego de la escuela, cosa que no pasaba de un par de puñetazos y alguna patada, pero, esa vez se excedieron. «Estaban demasiado molestos, ¿les habrán regañado en casa?», especuló, mientras la nieve caía sobre su rostro. Se encontraba en un charco de lodo y sangre, si no moría por la paliza, el frío terminaría el trabajo.
Su padre y los vecinos que se unieron a su búsqueda lo encontraron al día siguiente. La recuperación llevó casi medio año.

Solo quedaron cicatrices.

—Hijo, deseo proponerte algo —dijo Louis, tomando asiento frente a él en la sala.

—Dime —Johan colocó un separador en la página que leía y puso el libro a un lado.

—Tu abuelo tiene una inmobiliarios en Rousseau, ¿recuerdas?

—Oh, donde te criaste antes de que la abuela, bueno...

—Así es, el viejo quiere que vaya a hacerme cargo de sus propiedades, son cuatro casas. La idea es que realice algunas reparaciones y las ponga en venta, ¿estás interesado en venir conmigo?

—Sabes que ni loco me quedaría con mamá, además...

—No quieres volver a la escuela, ¿cierto?
Johan alzó la mirada, suspiró.

—No, no quiero.
Louis colocó su mano sobre la cabeza del joven.

—Partiremos la próxima semana, iré a avisarle al viejo...
Johan volvió a suspirar. Desde el incidente, la actitud de su padre había cambiado, de ser un hombre taciturno a uno más jovial y amable. Verlo entusiasmado lo animaba. Pero, en un solo instante su mirada cambió, frunció el ceño y suspiró una vez más.

«Ahora bien, debo encargarme de otras cosas, supongo...»
Luego de ir a la cocina por un vaso de agua y una manzana, Johan se encaminó hacia el sótano. El sol empezaba a ocultarse, de pie en el primer peldaño que bajaba hasta ese lugar, el muchacho tragó grueso, para acto seguido, dar un paso hacia adelante. Debía llegar al final de dicha escalera para poder encender la luz amarillenta que iluminaba todo ahí abajo. El sótano era como cualquier otro, lleno de cajas, anaqueles con frascos, libros y demás. Aunado a ello, tenía una perpetua cortina de polvo, que hacía de aquel lugar un sitio aún más siniestro.

—Vamos, no tengo toda la noche, te traje una manzana.
Sus palabras resonaban por doquier, había demasiada reverberación.

Observó por el rabillo del ojo que algo se movió a su derecha, dirigiendo su mirada hacia ese lugar, encontró una rata que buscaba algo de comer. Su respiración agitada terminó espantando al animal. Al girar la cabeza de nuevo hacia lado contrario, dio con lo que buscaba. Aunque debió ahogar el grito que la sorpresa le intentó arrancar de la garganta. «Siempre hace lo mismo», pensó, para luego colocar la manzana que llevaba consigo en una mesa al fondo.

Frente a él, un anciano lo observaba con los ojos opacos y secos y con la cabeza notoriamente ladeada. Sosteniéndose con un bastón de madera, vistiendo con ropas del siglo pasado.

—Hasta que al fin decidiste aparecer —dijo, tratando de ocultar su sobresalto. El anciano, golpeando el suelo con su bastón, se encaminó de forma lenta hacia la mesa, tomando la manzana para comerla de inmediato. Johan veía aquello con normalidad, no obstante, le era imposible no estar nervioso—. Sabes, debo irme. No sé si regrese alguna vez, pero dejaré algo de fruta para ti, no las termines de una sola vez, ¿entendido?

No hubo respuesta.
Sin darle la espalda, regresó sobre sus pasos. Al apagar la luz, corrió los escalones que le hacían falta para subir, poniéndose a salvo tras cerrar la puerta. Su corazón latía con fuerza, la primera vez que se encontró con el anciano tenía ocho años, fue después que su madre los abandonara a ambos.

«Debo dejar de ser amable con ellos...», caviló antes de irse a su habitación.
Esa noche soñó con un señor que recogía los frutos de un manzano, era el anciano del sótano, se veía alegre y lleno de vida. Luego de llevar sus herramientas a la bodega, recordó que debía arreglar la puerta del establo. Bajó entonces a un piso subterráneo, donde recogería una sierra. Cayendo antes del último escalón, rompiéndose el cuello en el proceso.
Johan despertó sintiendo que alguien lo observaba.


→──✦──←


Johan apretaba con fuerza sus manos, la carretera era un lugar ideal para ver cosas que no deseaba ver. Personas destrozadas caminaban a ambos lados de la calzada, visiones que le alteraban los nervios. Con los auriculares al máximo, pretendía mantener la mente ocupada en cualquier otra cosa. El viaje a Rousseau había tomado una semana entera, durmiendo en gasolineras y hoteles de paso, empezaba a sentirse enfermo.

«Quizás, hubiera sido mejor quedarme con esa mujer...»

—Johan, al superar esa colina llegaremos a nuestro destino —dijo Louis con nostalgia.

—Qué bueno papá, empezaba a cansarme.

—Va a gustarte mucho, recuerdo que era un pueblo muy animado, incluso tenía un parque de diversiones...
Tuvo que quitarse los auriculares para escuchar las anécdotas del pueblo. Justo después de la colina, Rousseau apareció, haciendo un contraste entre lo gris de su concreto, con lo verde de los bosques que le rodeaban. Johan, por primera vez desde que se planteó tal viaje, llegó a sentirse contento. El frío septentrional le resultaba agradable y, respirar ahí, aun con sus pulmones débiles luego de la golpiza, no le presentaba dificultad alguna.

—Creo que me gusta—dijo Johan asomando la cabeza por la ventana.

—Me alegra escuchar eso...
Louis sonrió.

Johan observaba una procesión de cadáveres que observaban en dirección al pueblo, aunque prefirió no prestarles más atención.
El coche se detuvo frente a una casa bastante descuidada, el hogar donde Louis vivió la primera etapa de su vida. Pintada con un color amarillo que ya hacía mucho había perdido sus mejores colores, se alzaba sobre sus dos pisos, roída y oxidada. El césped seco y un manzano a medio caer adornaban el patio delantero. Cada detalle que encontraba, Johan lo transformaba en una labor que realizar. «Al menos no veo rondando a nadie extraño», pensó al abrir el portón y entrar.

Una vez dentro de la casa, Louis se aseguró que no hubiera nadie dentro, alguna persona sin hogar podría haber tomado el lugar mientras nadie lo habitaba. Revisó con cuidado cada habitación, seguido de Johan, por razones similares, pero, en busca de otro tipo de inquilinos. Desde el sótano hasta el ático, la casa estaba vacía en todos los sentidos.

Johan suspiró aliviado. Subió hasta la que sería su habitación, donde los muebles estaban cubiertos por plástico para empacar. Retirando la cobertura de su cama y levantando un poco de polvo con ello, se lanzó a la cama con la idea de dormir un poco, estaba fatigado.

Fueron los rayos de sol que le golpeaban los ojos lo que lo despertó al día siguiente. Había dormido mucho más de lo que pensó necesitar para sentirse en forma. Luego de un desayuno rápido, se colocó un par de zapatillas deportivas y salió a caminar, el plan era conocer el pueblo de primera mano.

La calle principal se extendía por varios kilómetros en línea recta, siendo los alrededores de esta, el centro económico del lugar, bastante moderno para lo que había imaginado que sería. Al cabo de un par de horas, decidió visitar el lago, teniendo un encuentro refrescante con sus aguas azules.

Al verse reflejado en las aguas mansas del lago, observó por un momento que su rostro iba perdiendo su forma, volviéndose algo tenebroso a medida que pasaban los segundos. Cerró los ojos y retrocedió.

—Parece ser que estaba equivocado —dijo, llevándose las manos al rostro.
Cuando alzó la mirada, sus ojos se dirigieron a una chica que se encontraba sentada en el puerto. Vestía ropa holgada y un gorro negro. Llevaba una mano vendada y parecía tener una herida en una de sus mejillas. Su mirada estaba fija hacia las aguas del lago.

«Maldición, conozco esa mirada...», decidió acercarse a ella y tal vez conversar.

—¡Hola! —dijo Johan— No te vi llegar, soy nuevo y pues...

—¿Deseas algo?
Los ojos de la chica eran negros y profundos, había alzado la mirada para ver a Johan, a quien le costó mantener la compostura.

—Sí, verás... Solo me preguntaba si te encontrabas bien, parece que fuiste apaleada por alguien...

—¡Ah! ¿te refieres a esto? —dijo extendiendo su brazo, revelado que tenía vendas hasta arriba del codo— Descuida, no es nada. Caí al intentar trepar un árbol, eso es todo.

«Mentirosa».
Johan levantó su camisa para mostrar las cicatrices en sus costados, de cuando acomodaron sus costillas fracturadas.

—Unos chicos de la escuela tenían la mala rutina de golpearme cada que podían, al final quedé muy lastimado. Nunca dije que ellos hacían lo que hacían, el silencio fue la opción que elegí. Si alguien te está molestando, dilo. Esas heridas no son las de una caída. Lo sé.

—Yo no...
Johan dirigió su mirada hacia un costado, una figura emergió del agua, era un pescador con el cuerpo en avanzado estado de putrefacción. Yendo a la orilla, tomó una red de pesca y volvió a sumergirse. «Maldición, están en todas partes, mejor regreso a casa», pensó, despidiéndose apenas de la muchacha.

Acomodó su ropa y empezó a caminar lejos de ella. La chica, cruzó sus brazos, apretándolos uno contra el otro. Antes de que Johan se perdiera a lo lejos, ella corrió a alcanzarlo.

—¿Cómo te llamas?

—Johan, vivo en el vecindario Clarence. Debo irme, si me disculpas...

—Soy Cecil, vivo al otro lado del lago, por allá —señalando justo al frente—, ¿lo viste, al pescador?

Un escalofrío recorrió la espalda de Johan. «¿Debería mentir? No, mi reacción fue demasiado obvia» Apartando la mirada, balbuceó algo que ella no logró escuchar, deseabas escapar de esa incómoda situación, sin embargo, luego de suspirar para tranquilizarse, habló de forma clara.

—Lo vi, salió del agua...

—Es el señor Remi, dicen que murió en el lago hace muchos años. Aún sigue pescando con sus redes...

—No pareces asustada —dijo Johan con la garganta seca.

—¿Por qué debería? Quienes me lastimaron fueron otros.

Johan regresó a casa antes del anochecer, yendo directo a su recámara. En su mano había una dirección y una hora marcada. Planeaba ver a Cecil a medianoche, debía ver a los otros…

10 de Março de 2020 às 14:05 6 Denunciar Insira 11
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Ignacio Medina Ignacio Medina
De inicio me pareció una copia de la película “sexto sentido” de 1999, pero ahora quiero saber como es que hay dos personas que ven muertos, a seguir leyendo, espero la niña no sea un muerto también jijiji
March 27, 2020, 21:02
Zaycko Joria Zaycko Joria
Típico cliché de las nuevas películas de terror. Intuyen el peligro que un lugar representa, y allí van a su encuentro. Pero, ¿de qué me quejo? Si los amantes de lo misterioso somos así. ¿Estaremos pirados? Jaja
March 11, 2020, 17:26

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    De eso no hay duda, mi amigo! ¡Piradísimos! March 11, 2020, 17:36
Flor Aquileia Flor Aquileia
Yo que Johan no voy a ningún lado a medianoche, pero èl si lo harà. ¿Què se encontrarà allà?¿Quienes son esos otros?, ansiosa por saberlo!!!
March 10, 2020, 18:54

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Johan es bastante atrevido 😅 es un rasgo de su personalidad. March 10, 2020, 19:00
~

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