Las tontas mandan Seguir história

marie-lefebvre1579017558 Marie Lefebvre

Lena es distraída, torpe y la mujer menos sexy del planeta ¿Quién podría creer que ella sería una buena secretaria?


Romance Chick-lit Todo o público.

#jefesecretaria #comediaromantica
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Em progresso - Novo capítulo Todas as Terças-feiras
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Se busca, tonta.

Lena desenvolvió un chicle y lo metió en su boca, miró el enorme vestíbulo y silbó al contemplar el tamaño de todo en ese lugar, las macetas de las palmeras eran más grandes que su cocina, una araña de cristal que formaban el dibujo de dos esferas en tres dimensiones, colgaba en el centro del altísimo techo.

Leyó en su celular las dos ofertas de trabajo en esa empresa, una era para secretaria de presidencia, la otra para cadete, decidió que la fila de mujeres era a la debía unirse, la otra estaba formada por hombres así que asumió que esa tenía que ser la suya.

—Malena Figueiroa —dijo una mujer regordeta de pómulos prominentes y lentes de marco negro, que le recordaron a un personaje de Monsters inc. —. Señorita Figueiroa, fórmese y espere a ser llamada.

Lena miró a la mujer parada delante de ella en la fila, podría ser una modelo, estaba tan bien vestida, peinada y maquillada. Ella nunca se vería así, ni en un millón de años. No bromeaban cuando pedían buena presencia, esa mujer sudaba perfume francés y seguro cuando lloraba sus lágrimas serían diamantes, si es que lloraba alguna vez.

Con los auriculares puestos y mascando chicle, cantaba "Craddles", mientras observaba alrededor. Era todo tan fino y moderno, casi se sentía una indigente con sus jeans gastados y zapatillas de lona. Unió las puntas de sus pies y chocó los talones «Sep, podría ganar unos buenos pesos pidiendo limosna sentada aquí mismo», pensó.

—¡Shhh! Señorita Figueiroa —La recepcionista le llamó la atención —. Si no deja de hacer ruido voy a tener que pedirle que se retire.

Lena, mordió sus labios y se encogió de hombros, era una mala forma de empezar.

—Perdón. No canto más.

Aparentemente, la mujer delante de ella se cansó de esperar y se fue, la siguieron otra tres mujeres. Después de casi cuatro horas, solo quedaba ella y una morena de labios abultados pintados de rojo rubí.

—Espero que valga la pena —dijo señalando con la cabeza la puerta doble de madera laqueada donde se llevaban a cabo las entrevistas.

La morena la miró por encima del hombro, creyéndose la gran cosa, y siguió haciendo caras para su móvil, estirando sus labios como un pato y guiñando un ojo. Con ese carácter tan horrible, esperaba que no la tuvieran en cuenta para el puesto.

Unos minutos después se quedó dormida sentada en el primer asiento que consiguió, roncando con la boca abierta; se despertó cuando escuchó su nombre. Miró frente a ella y la morena ya no estaba, seguramente ya había tenido su entrevista.

Alisó su remera, cruzó el morral en su pecho y dio unos pasos antes de enganchar la punta del pie en la pata de una mesita de café. Casi planeando terminó en los brazos de una mujer muy seria que sostenía una carpeta negra. Levantó la vista hasta encontrarse con sus anteojos y su fachada severa para sonreir y pedir disculpas por su torpeza.

Entró a una sala grande, en el centro una mesa larga de madera rodeada de muchas sillas, en la cabecera una cara que conocía bien de las revistas, era el dueño de la empresa, Pablo Castro. La invitó a tomar asiento y fue cuando empezó a temblar, el lugar que al principio parecía acogedor ahora se asememejaba más a una sala de operaciones, silencioso y frío.

—Tal vez ya sepa quién soy, señorita —Leyó la hoja frente a él —, Malena Figueiroa. Quisiera saber qué la impulsó a presentarse a esta entrevista.

Lena secó sus manos sudadas, en los pantalones y las puso sobre la mesa como decían los tutoriales de entrevistas de trabajo que había visto en Youtube. Con la espalda recta, mirando diréctamente a los ojos de su entrevistador, hablando pausado y sin mover frenéticamente la pierna derecha como hacía cuando estaba muy nerviosa.

—Bueno, para empezar, soy muy activa, versatil, puedo seguir órdenes, trabajar en equipo y aprendo rápido. Tengo disponibilidad horaria.

Pablo la miraba y escuchaba atentamente, estaba muy nerviosa, pero todas las mujeres que habían pasado ese día y el anterior habían estado tan nerviosas como Lena. Su pelo lacio y castaño recogido en una cola de caballo, bailaba detrás de su cabeza lo que le daba un aire aniñado.

—De pasar esta entrevista ¿Estaría dispuesta a empezar inmediatamente?

—¡Claro! Puedo empezar cuando usted diga.

«Hubiera empezado ayer para poder tener una comida decente», rugió el estómago de Lena.

Pablo miró la hoja nuevamente, su curriculum era impresionante, aunque siempre esperaba que las aspirantes mintieran un poco. Tenía buenas referencias, poca experiencia, pero nada que no se pudiera solucionar entrenamiento.

—Aquí dice que habla inglés fluído, un poco de italiano y portugués. No necesito una traductora, pero a veces ayuda tener a alguien que maneje varios idiomas.

El corazón de Lena empezó a latir en su garganta, a duras penas sabía decir "buen día", en inglés, italiano y portugués eran dos lenguas con las que si estaba muy familiarizada por sus abuelos que habían sido inmigrantes. Había mentido, solo para conseguir el puesto en esa empresa aunque, no pensó que lo necesitara para repartir la correspondencia y hacer trámites en el banco.

—¿Estaría dispuesta a cambiar su imagen? ¿Tiene disponibilidad para viajar?

«¿Cambiar de imagen» Imaginó que estaría hablando de peinarse, maquillarse y llevar un uniforme.

—Si ustedes proveen lo necesario, puedo vestirme de payaso y bailar en la entrada, en cuanto a los viajes, tengo mi propia tarjeta recargable —bromeó.

Ahogó su risa cuando se dio cuenta que el chiste no había sido gracioso.

Pablo se levantó de su silla y estiró la mano para estrechar la de Lena. Ella se quedó inmóvil unos segundos más.

—Cuando terminemos con las entrevistas, Sofía va a hacer la selección. Si requerimos de su presencia, vamos a estar llamándola. Que tenga buena tarde, Señorita Figueiroa.

Lena se levantó y se fue sin saludar. Cuando estaba llegando al elevador pensó que eso había sido un grave error, estaba casi segura que no iba a obtener el puesto de cadete, después de ver la clase de mujeres delante de ella, era obvio que buscaban otro perfil de chica para el trabajo, aunque solo fuera para repartir el correo y sacar fotocopias.

14 de Janeiro de 2020 às 16:52 0 Denunciar Insira 1
Continua… Novo capítulo Todas as Terças-feiras.

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