Tentación Italiana Seguir história

L
Luz Karina Perez Torres


Con su sola presencia erizaba cada parte de mi cuerpo, era un hombre imponente, con una mirada que hacía desde mojar mis bragas, a hacerme temblar de puro miedo, todo de él emanaba peligro y sexo...mucho sexo. Él era el pecado hecho persona y yo solo una simple mortal que cayó en tentación, soy Nicole Davis y esta es mi historia... Obra registrada en DNDA. PROHIBIDA su adaptación y/o copia. Historia COMPLETAMENTE MÍA.


Romance Erótico Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#+18 #acción #empresario #saga #peligro #drama #italia #medicina #258 #mafia
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Sr Licciardi


¿Les ha pasado que se despiertan porqué piensan que la alarma va a sonar, así que están entre medio dormidos y despiertos, pero no lo hace, entonces miran y aún faltan 3 minutos, te duermes rápido y cuando estas a punto de caer en los brazos de Morfeo de nuevo, suena? ¿No? Bueno, a mí sí, a veces pienso que me odia solo porqué la deje con una sola pata. Es una relación odio-amor, con un objeto inerte, algo loco.

Doy un bufido cuando salgo de mi cama directo al baño, debo prepararme para otro turno más.

Si, otro turno, estudio medicina. Ya se imaginaran el grado de compromiso y las noches en vela que se maneja. Sabía desde el principio en donde me estaba introduciendo, y que no sería para nada fácil, incluso mi madre, no quería que optara por esta carrera, agregándole que tendría que irme a otro continente después de cuarto año, pero fue un sueño desde pequeña e iría por él. Siempre me gusto todo lo que se vive en el quirófano o en una sala de urgencias, las decisiones que tienes que tomar en el instante, el conocimiento que debes poner en práctica y la serenidad que se debe de manejar. El saber que pudiste salvar una vida o mejorar un estilo de vida, son sucesos los cuales amo y por los que quiero vivir. Además, voy en mi último año, no podría estar más feliz.

Salgo de mi cama modo zombie, dirigiéndome al baño donde realizo mí aseo personal, al terminar me pongo mi uniforme y corriendo bajo las escaleras, ya puedo imaginarme lo que diría mi madre si me pudiera ver.

"Detente, te puedes caer o partir una pierna, y no, no tengo tiempo para llevarte a un hospital, no precisamente hoy cuando tengo una pasarela que organizar"

Pero…cuando se está haciendo tarde y no has desayunado, te vale nada la posible fractura.

Cuando llego a la cocina, trato de hacer lo más rápido posible mi desayuno. Me preparo tostadas francesas, huevos revueltos, frutas picadas, un zumo de naranja y café.

¿Qué? ¿Acaso pensaban que haría solo cereales? No, eso no me llenaría, incluso lo que voy a comer ahora no me llenara. Debería considerarse pecado desayunar tan poquito, al terminar, agarro mi mochila y salgo de mi casa dirigiéndome a mi apreciado automóvil, donde desactivo la alarma y salgo rumbo al hospital.


[…]


—Davis, llegas tarde —escucho desde atrás, al Dr. Rizzo con esa potente voz que lo caracteriza. Ruedo los ojos mientras pienso las mil y un formas de matar a tu superior.

–Solo fue por cinco minutos, Dr. Rizzo —explico, volteándome para mirar esa hermosa cara que tiene—. No volverá a pasar.

Siempre está pendiente si llego tarde o no, podría jurar que si uno de mis colegas llegara tarde no le diría nada. Nunca he entendido ese odio que tiene contra mí.

¿Acaso una de sus ex´s se llamaba Nicole?, y si así fuera... ¿Qué culpa tengo yo?

—Esos cinco minutos en que tardó en llegar acá, podrían ser vitales para salvar una vida —indica, para después alejarse con su sexy caminado. No sé si lo hace apropósito, y es consciente de que atrae a muchas mujeres simplemente por su forma de caminar, la cual es muy elegante, suave y sereno, pero todo sin perder su hombría. Resulta todo un buen espectáculo observarlo.

El Dr. Angelo Rizzo, es uno de los hombres más atractivos y sexys que se encuentran en este hospital, por no decir el más atractivo. Tiene dos especializaciones: cardiología y pediatría, y por si fuera poco, también es el jefe de prácticas, que quiere decir, el encargado de los internos.

¿Cómo ha logrado todo esto en tampoco tiempo?

Ninguno lo sabe.

Voy a mi locker asignado para guardar mi mochila, y algunos libros que he traído. Una vez lista, salgo a encontrarme con mis compañeros.

— ¡Nicole!, por acá —grita Antonella a lo lejos.

No veo la necesidad de gritar cuando los estoy viendo, y no, no sufro de miopía severa. Gracias a su silencioso llamado, recibo varias miradas incluida la de mi sexy doc., pero esta última me mira con rabia. Problemas a la vista.

—Dra. Ricci, no veo la necesidad de gritar cuando la Dra. Davis se encuentra cerca. Usted —me mira severamente—. Hoy realiza el turno doce a seis en urgencias conmigo, nos espera una larga y hermosa tarde juntos —sarcasmo nivel Rizzo activado—. Pero por ahora, vaya a realizar tactos rectales y después a saturación. Los demás, a los casos que les asigne.

Las ganas de matarme, aumentaban cada segundo mientras lo escuchaba. Se está desquitando por mi atraso, y que buena forma de hacerlo que enviándome a introducir mis dedos, en la cantidad de anos posibles.

“Inhala….exhala….inhala….exhala"

Me repito internamente, para no cometer un homicidio contra el delicioso pero muy maldito de Rizzo.

[…]

Después de realizar más de 10 tactos rectales, salgo por fin de aquel infierno con imágenes que ni viendo a Rizzo desnudo se me quitarían

O… ¿tal vez si? Sería mejor intentar.

Me voy riendo de mis pensamientos, cuando me encuentro con Francesca y Luca, mis otros amigos. Nuestro grupo cuenta con cuatro personas, incluyéndome.

Ciao (hola) Nico, este sábado inauguraran una nueva discoteca, estará que arde, así que te espero a las 9pm arreglada.

No había terminado de procesar la información que acaba de decirme, cuando ya se estaba yendo, quitando cualquier posibilidad que tenia de negarme.

—A mí tampoco me dejo hablar, además, no teníamos otra opción es ir o ir —comenta Luca, dándome palmadas en la espalda, en forma de consuelo—. Te dejo, tengo que volver con mi paciente. Addio.

Addio (adiós) —respondo. Sigo mi camino para dirigirme a saturar.

La tarde llego, y junto con ello mi turno con mi sexy doc. Por ahora no hay heridos, el hospital parece un desierto y si sigue así, podría darme una siesta y…

— ¡Paciente con posible traumatismo craneoencefálico! —escucho que gritan. Ya decía yo que era muy anormal tanta tranquilidad.

Salgo corriendo a recibirlos. Les pido que me pongan al corriente de todo.

—Tuvo un accidente en su motocicleta, perdió el control lo que lo llevo a estrellarse y golpear su cabeza que estaba sin protección, durante el traslado su respiración fue normal, pero estaba inconsciente. Sus signos vitales normales. Se inmovilizó su columna vertebral colocándolo sobre una tabla. Durante su traslado hasta acá el paciente comenzó a recobrar la conciencia. En el examen físico sus vías aéreas y su respiración eran normales. Los signos vitales son: frecuencia cardíaca 90 latidos/min, presión arterial 120/80 mm Hg, saturación de oxígeno del 98% en aire ambiente, temperatura 36,8°C —explica el paramédico.

Cuando me fijo bien quien es el paciente quedo en shock. Es un hombre demasiado bello, podría decir que es el más agraciado que he visto en mi vida, y he visto muchos. Sus facciones parecen esculpidas por los mismísimos ángeles, son tan duras pero a la vez delicadas que te dan ganas de acariciarlas, esos labios piden a gritos ser besados, y ese cuerpo…ohh dios, ese cuerpo te dan gana…

—Davis, Dra. Davis ¡¿Le salvara la vida o se le quedara viendo?! —me preguntan. Levanto mi vista encontrándome con Rizzo. Me doy cuenta que me quede como estúpida mirándolo y…esperen ¿en qué momento llego el sexy doc.?

—N-No, claro que no solo… estaba examinándolo para ver si tenía otra herida —Rizzo me mira con cara de ¿enserio? Y seguido empieza a dar órdenes para realizarle un examen neurológico.

Al tener los resultados la puntuación en la Escala de coma de Glasgow (Glasgow Coma Scale, GCS) fue 13, debido a que mostró confusión acerca de la fecha y el lugar, y abría los ojos sólo cuando se le ordenaba. El examen físico posterior no reveló lesiones, tampoco traumatismo de cráneo aparente. El paciente sufrió una pérdida de la conciencia menor de 30 minutos y tenía una puntuación GCS de 13 al llegar al hospital, por lo que veo recuperó una puntuación GCS de 15 dentro de las 2 horas y no sufrió amnesia, vómitos, cefalea ni convulsiones. Así que está bien pero lo dejaremos un par de horas más en observación.

Estoy en camino, al cuarto donde tenemos a él Sr Leandro Licciardi, sí, así se llama aquel hombre que me dejo embelesada con tanta hermosura, hasta su nombre es sexy y delicado, estoy a punto de pasar cuando escucho voces y una de ellas no es la voz si no LA VOZ: ronca, profunda, sexy, escalofriante. No me molestaría que esa voz fuera la que me despertara todos los días, creo que con ello dejaría de llegar tarde casi siempre.

Respiro profundo y entro.

Buona será (buenas tardes) Sr Licciardi —hablo apenas ingreso. Se encuentra sentado, despaldas a mí—. No es muy bueno que este sentado, por favor le pido que se acueste de nuevo.

—Tengo muchas cosas que hacer como para quedarme acá —estando cerca de él, su voz se escucha demasiado fuerte e imponente. Es intimidante—. Máximo, ven ayúdame nos vamos —Le dice, al hombre con traje que se encuentra parado en una esquina. Segundos después se voltea, y es justo, en ese momento, donde nuestras miradas se encuentran.

Todos mis bellos se erizan, siento como un escalofrió me recorre por toda mi espina dorsal. Sus ojos, son azules como el mismísimo cielo, podría pasar horas admirando tal belleza y no me cansaría, pero, esa mirada…su mirada, es vacía y fría, tan fría que te causa miedo pero a su vez tiene ese toque de calentura que te da excitación. El Sr. Licciardi promete grandes cosas, y cada una de ellas pecaminosas.

Aclaro mi garganta un poco y respondo.

—Sr Licciardi, mucho gusto, soy la doctora Davis. Usted está bajo mi cargo en el día de hoy, por favor vuelva acostarse. Esperará unas horas más, debido a que tenemos que ver su evolución y dependiendo de cómo sea, decidiremos si le daremos el alta o no —explico como toda una profesional.

Él poco a poco se acerca, deteniéndose solamente cuando su pecho choca con el mío, su aliento cálido golpea mi rostro dándome esa sensación de cosquilleo. Aun, con mis 1.79, siento que me hago chiquita a su lado.

—Srta. Davis —jamás mi apellido había sonado tan sensual, lo que provoco que me estremeciera—. Nadie, y escúcheme bien. Nadie me dice que hacer, así que si quiero irme ahora mismo de este maldito hospital lo hare, y ni usted, ni nadie lo impedirá. Quítese, estorba —lenta y seriamente salió cada palabra de esos tentativos labios, su tono de voz fue tan sofrió a tal punto de quemar, mientras el miedo se filtraba en mi ser—. Máximo, nos vamos.

Me acaba de decir que estorbo…

Que estorbo…

Estorbo.

No sabes con quien tratas estúpido Licciardi.

—Sr Licciardi —lo llamo, enviando fuera de mi cuerpo el miedo—. Puede que no esté acostumbrado a que le ordenen, pero en este momento, usted es un paciente, mi paciente. Hará lo que yo le ordene, porque no dejare que por alguien con aires de grandeza como usted, me llamen la atención y me reporten, así que acueste en la maldita camilla a esperar 2 horas para que después se largue de este maldito hospital —termino, logrando hablar firme y me felicito por ello.

Él detiene su andar, se voltea y queda viéndome incrédulo, incluso el tal máximo me está viendo con cara de miedo. Abre su boca para hablar pero la cierra nuevamente, parece que alguien no está acostumbrado a que lo contradigan. Y si, es lo que pensé, se quedó sin saber que decir.

— ¿Qué? —es lo único que sale de esos sexys labios.

—Lo que escucho. No me gusta repetir nada Sr. Licciardi.

Iba hablar, pero salí lo más rápido posible de aquel cuarto. Lo último que escuche, fue su disgustada voz, exigiéndome a que regresara.

—Que desperdicio de hombre dios mío —refunfuño, un poco molesta. Tanta hermosura para nada.

25 de Novembro de 2019 às 02:22 0 Denunciar Insira 1
Leia o próximo capítulo Estúpido Licciardi.

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