El ocaso de la Luz que guarece Seguir história

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VR writers sube la apuesta. Más de un docena de autores viajan a una misteriosa Cabaña. En ella, querido Lector, ya te encuentras tú. Porque querías un Halloween especial. Un terror sin nombre.



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Prólogo (por Víctor Fernández García)



Escribe VÍCTOR



La mirada pétrea de la gata parecía recorrer la estancia al compás del baile de sombras que la hoguera generaba.

Gélida, como la nevada que castigaba el exterior montañoso, la mirada del anciano escudriñaba todo y nada en particular. Repentinamente consciente de sí mismo, el castigado y único ser vivo de aquel lugar no tardó en recostarse en su gran sillón para prepararse con mimo una generosa pipa de tabaco demasiado seco.

«Cómo mi propia existencia…» Meditó, mientras la comisura de sus labios se arqueaba en una mueca de amarga diversión.


No se encontraba verdaderamente a solas.

Eso lo sabía muy bien, tanto como lo inútil de buscar evidencias de esa compañía.

Lisa y llanamente, había alguien con él.

Acostumbrado a esas tesituras, tras un dilatado periplo que había hecho de su salud mental un mosaico de personalidades hechas añicos, no tuvo problema ni reparo en dirigirse a lo invisible.

—Estás muy callado esta noche. —La primera gran nubecilla de humo irrumpió en la cabaña, emergiendo simultáneamente de la nariz y la boca de su propietario.

Como alguien que repentinamente es iluminado por una revelación, el anciano abrió los ojos de par en par mientras pronunciaba una sola palabra.

—Lector.


La vieja y rasgada voz, aguda y afilada tras lo que se le antojaban años de silencio, actuó como un resorte para sus músculos, que, acompañados de sonidos quejumbrosos, lograron ponerle en pie y dirigirle directo al mueble bar.

Sirviéndose un generoso whisky, condujo el vaso ancho y pesado para olfatear el delicioso elixir.

Exhaló de puro placer mientras, dirigiendo la mirada a las grandes llamaradas de su hoguera, sintió de pronto el júbilo previo a una de esas noches donde ciertos invitados van a amenizar la velada.

—¿Qué te trae por aquí, querido Lector?

La palabra Halloween resonó con intensidad en la mente del anciano.

—Oh… De modo que, en tus ansias por celebrar esa festividad por todo lo alto, has llegado sin saber bien cómo a este lugar, ¿No es cierto? — La risa atragantó al anciano, que apuró de un trago su copa con tal de reponerse. —Debo decir que no he preparado adecuadamente el lugar. — Palmeó sus manos y las frotó entre ellas queriendo generar expectación. —Aunque, a buen seguro, nuestros invitados de esta noche se encargarán sobradamente de ello.


El anciano dio unos pasos lentos en dirección a una biblioteca conquistada por el polvo y las telarañas. Antes de llegar a ella, su vista se topó con la del felino, despertando en él una mezcla inexplicable de sentimientos encontrados.

No obstante, siguió su camino, posicionándose enfrente de la única estantería vacía de la biblioteca.

«Hacía tiempo que no había sitio aquí…» El hilo de sus pensamientos lo condujo a recordar.

Mientras reminiscencias de su pasado dibujaban ecos en los horizontes del futuro, de pronto reparó en que la figura del Lector se encontraba algo atónita ante lo que estaba aconteciendo en el, de repente, gran salón.

Una mesa capaz de dar cabida a más de diez comensales había aparecido.


El anciano pareció sentir el desconcierto de su invitado, de modo que, luciendo la más amable de sus miradas, puso su mano sobre el hombro de éste, que sintió sin estar ahí.

—Te preguntarás qué nos depara la noche. Para empezar, como en todo comienzo, necesitamos una luz. Un nimio intento por revelarse a la nada, un espasmo temporal de vida, sentenciado y caduco… Pero aún así lleno de esperanza. — De pronto un gran candelabro iluminaba la gran mesa. Como en respuesta a ello, la hoguera pareció menguar en intensidad, derivando gran parte de la iluminación del salón a la multitud de velas encendidas.

Aquello no pareció alterar un atisbo el discurso.

—…Aunque, como bien sabrás, toda luz genera un conjunto de sombras. Sombras que quizá ya estaban allí, desde hace mucho tiempo.


El sonido seco de la puerta retumbando conquistó la estancia.

La carcajada del anciano en respuesta fue intencionadamente maquiavélica.

—¡Como nuestros invitados! ¡Quién sabe cuánto tiempo llevan congelándose ahí fuera! Lector, ¿Te importaría ir a abrir? Tengo que acabar de preparar todo esto…


—Por cierto, una cosa más.

De pronto, en la mirada del anciano, algo aconteció. Un chispazo, podría decirse, de no ser porque éste parecía cargado de lo contrario al ambiente que la cálida luz generaba. Por un momento, la calidez pareció calar la estancia de un frío proveniente de más allá del hielo de la más alta cumbre. Las sombras parecieron prometer el susurro de una oscuridad sin nombre.


Pero no había tiempo para detenerse a pensar.

La puerta sonaba con insistencia.

Los invitados querían pasar.

27 de Outubro de 2019 às 03:00 4 Denunciar Insira 10
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Dece Scott Dece Scott
Excelente comienzo!,su prosa es increíble...sigan escribiendo así
November 08, 2019, 16:35

Silvia Gual Ferré Silvia Gual Ferré
El prólogo tiene muy buena pinta. A ver cómo sigue 😊.
October 28, 2019, 00:18

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