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Vapor

El sol, testigo de la sequía, derrite el hielo y el agua desborda en las copas. La corriente lava los trazos de birome en una servilleta que acarrea hacia el borde del mantel. La mesa esta desnivelada y el mantel es de esos de plástico que se te pegan en el antebrazo. No hay un repasador a mano, nunca hay un repasador a mano. Tragedia: es importante lo que yo había escrito en esa servilleta. Además, los platos sucios desparramados en la mesa me incomodan, pero ya me ofrecí a lavarlos algunas veces y rechazaron mi oferta como quien deniega una petición urgente. – Pero, ni se te ocurra, yo después los lavo… en serio, dejá esos platos ahí, no se habla más -

Toda excusa para levantarme de la silla naufraga como la servilleta, y solo resta quedarme ahí, fingir que me interesa el tema de conversación. El clima general nos utiliza de instrumento para decir cosas relativas a la humedad, el calor, los mosquitos, las propiedades de la citronela.

No sé si es producto de la sugestión pero empiezo a sentir que me pica la cara. Preguntan por una manchita que tengo. Será una picadura, les digo. Todos acordamos. Es necesario debatir nimiedades, agotando la palabra. Si hasta las palabras se evaporan, con este calor.

Todos se quejan del calor pero nadie abandona el lado soleado del jardín. El vaivén de las sombras de las ramas sobre mis parpados cerrados, podría aliviarme, pero cuando cierro los ojos siento que me inspecciona. Me recuerda que soy su objeto de estudio, como si observara algún cambio en mi conducta según la variación de la luz. Tal vez ya haya recolectado en su mente como evidencia la manchita en la cara. Santiago decide que hace falta música, mientras Amanda se sume en la siesta y prende la radio. - Hacia el hondo bajo fondo, donde el barro se subleva…- En ese momento giro mi cuerpo hacia un lado, prefiero el riesgo de dar la espalda, a la visión ininterrumpida y pretendo fingir que me abandono a la siesta. Pero él sabe bien que yo no estoy dormida, aunque este de espalda y no este escudriñándome para ver si encuentra algún gesto nuevo en un rostro ya conocido. Con los ojos cerrados y en silencio, solo queda pensar. - Ya sé, no me digas tenes razón, La vida es una herida absurda- Todavía no descubrí su método, tiene que tener uno, porque sino no sería una ciencia revelarme. No sé cuál fue el momento en que caí en ese vacío en que él ensaya, en el cual me nombra, define y archiva fragmentada en un fichero mental. Quizá él me condujo con palabras, se fue acercando, sigiloso como el trayecto de una lágrima - Y es todo, todo tan fugaz que es una curda, nada más, mi confesión - Ya hace mucho tiempo me puso bajo el microscopio. Todos los demás me ven pasar, pero no se acercan. Es como si les sorbiera la voz cuando intentan decir algo. Como si fuera un fantasma, o una presencia de mineral detrás de la vitrina, que observan curiosos y distantes. Yo ya aprendí la diferencia entre la mirada pura de asombro ante el infinito particular que es un humano y la de quien se acerca como si fueses un enigma a descifrar, como un arqueólogo que gira alrededor de tus heridas, no para sanarlas, sino para encontrar algo que no sabe qué es. Espera que le des La Respuesta. - Contame tu condena, decime tu fracaso, no ves la pena que me ha herido?-

Recostada en la silla, con los ojos cerrados, escucho su conversación, es distintivo el tono que usan cuando saben que son los únicos despiertos - cerrame el ventanal, que arrastra el sol, su lento caracol de sueño- En algún momento dormirme antes que el resto, me daba una sensación de protección. No sé bien en que momento eso cambió, porque hoy para mi dormir es estar indefensa. Santiago y él, están hablando sobre los beneficios y perjuicios de perder la conciencia - ¿no ves que vengo de un país que está de olvido, siempre gris, tras el alcohol?- Tarareando la melodía, finjo despertarme y me desperezo en la silla. Me pierdo un poco mirando las luces de la arboleda. Giro la cabeza y me encuentro con su mirada, que anticipa una pregunta. Sé que toda respuesta es mensurada. - ¿vos pensás que la gente muestra su verdadera cara cuando toma demás? , quiero decir… pensás que el alcohol pone en evidencia algo que no se ve a simple vista? – Yo pienso que pocas cosas se ven a simple vista, ebrio o no – respondo, tratando de evitar la repregunta, el rito del interrogatorio existencial y su periplo psíquico. Bajo el volumen de la radio, un gesto de consideración para quien sí duerme. Él y Santiago intercambian un gesto cómplice que no alcanzo a comprender, y ensayan otra pregunta y ya no sé si me sonríen o me muestran los dientes, yo me desentiendo y me levanto de la silla. Esos platos ya no pueden estar sobre la mesa, ni las gotas de vino, las migas y la pasta de servilletas acumuladas sobre el mantel pegajoso. Apilo los platos, los cubiertos. Cruzo el patio, evitando hacer ruido pero veo que Amanda, ya se está despertando, así que apuro el paso para que no insista en que permanezca ese caos en la mesa.

Me alivia la frescura de la casa cuando entro, guarda un silencio único, casi palpable. La cocina es amplia y tiene un ventanal que da al jardín. Reviso los cajones buscando un repasador, encuentro cajas de fósforos, tickets, bolsas, velas. Pienso en qué difícil es encontrar los objetos más cotidianos en casas ajenas, cada casa tiene una cosmogonía propia alrededor de la que giran sus habitantes. Encuentro un repasador sobre la mesada y miro a través de la ventana, veo que ya todos están despiertos sentados alrededor de la mesa. De vez en cuando miran para este lado y se ríen. Me pregunto de qué estarán hablando.

11 de Setembro de 2019 às 23:09 1 Denunciar Insira 1
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Helena Kamenov Helena Kamenov
Esto es música para mis ojos si es que eso es posible. Me encanta!!! Trabajás muy bien lo visual, la percepción, el sonido... tiene un ritmo que te mece como en una cuna. Un gusto leerte, seguí subiendo cosillas :D
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