Un día en las trincheras Seguir história

sergi-rodo Sergi Rodo

Día 13 de Diciembre del año 1916. Me encontraba situado en la doceava trinchera del flanco izquierdo de Verdún, una hora y poco, más o menos, después de que cayese un bombardeo masivo de artillería alemana.


De Época Impróprio para crianças menores de 13 anos.

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Un día en las trincheras

Era el día 13 de Diciembre del año 1916. Al menos eso creía, llevaba tantos días en las trincheras que creo que no recodaba ni la edad de mi esposa, ni el nombre de mi madre. Me encontraba situado en la doceava trinchera del flanco izquierdo de Verdún, una hora y poco, más o menos, después de que cayese un bombardeo masivo de artillería alemana, que acabó con la vida de mi amigo y compañero, Phillips. Nosotros intentamos responder al ataque, pero solo quedaban dos cañones pesados, y se encontraban asediados por los germanos. Apunté con el fusil de cerrojo Lebel, a través de la mira de francotirador oxidada y embarrada.

Tenía a tiro a una patrulla alemana que se aventuró a salir fuera de su trinchera. Dos segundos para que disparase, los dos segundos más largos de mi vida. Tenía seis balas en el cargador, tenía seis alemanes delante. No podía permitirme un error. Se encontraban a unos trescientos metros, eran un blanco fácil, abrí los ojos, mantuve la respiración… dispare. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis disparos efectuados. No tenía munición, no podía seguir cargando con el fusil, por lo que desencajé la bayoneta y salí de la trinchera arrastrándome.

Por fin dejaba el hoyo. Lleno de cadáveres mutilados, ratas, comida podrida y sangre. El hedor me hizo vomitar más de una vez. Recuerdo cuando llegué, hace tres noches. A Phil y a mí nos cogieron con ilusión, estaban sin comida, nosotros teníamos lo suficiente como para no morir.

Recuerdo las duchas de barro, el tener que matar a las ratas para poder comer… Era insoportable. El médico del grupo decidió quitarse la vida con la M1911 que le regaló su padre, un coronel muy amigo de las tropas inglesas. Armado con mí revolver Lebel, busqué el cadáver del médico y cogí su pistola americana, muchísimo mejor que mi arma, ya oxidada.

Equipado con la pistola de la empresa Colt, dos granadas F1, una de gas, la pala y la bayoneta, solo me quedaba buscar agua para llenar la cantimplora. Recuerdo que hace dos noches estuvo lloviendo, en algún cráter debería quedar agua. Me aventuré a buscar el agua, a causa de mi deshidratación no duraría mucho más. Anochecía ya cuando encontré un charco. Llené la cantimplora y vi un cadáver al lado. Un soldado francés, con agujeros de bala en el pecho, sostenía una ametralladora Chauchat. Seguramente Dios me condenaría por robar a los muertos, pero tenía que sobrevivir. Cogí la Chauchat, con unas quince balas y una máscara protectora del gas. Estaba terminando de beber cuando escuche el grito “Ils ne passeront pas!” y miré hacia el compatriota que me ayudaría a vivir. A unos doscientos metros un soldado francés corría a una trinchera con dos bolas en la mano. Corrí a por él temiendo lo peor.

-¡Nein bitte! ¡Hilfe!- el francés cayó en la trinchera y un humo anaranjado empezó a ascender. Gritos agónicos en alemán, sonidos de disparos, seguramente de los soldados que no querían ser víctimas del gas mostaza.

Me puse mi máscara y entré en la humareda empuñando el fusil automático y disparé a los alemanes que sufrían. Uno de ellos, con máscara puesta, corrió a por mí con una maza. Disparé, pero el barro había hecho que se encasquillase el martillo y no pudiese accionarse el sistema de recarga. Tire el arma, me gritó algo en alemán mientras se acercaba agitando la maza. Se paró únicamente cuando le apunté con la pistola. Me volvió a gritar algo en alemán, que sustituyó por un pañuelo blanco cuando vio que no le entendía. Quería que no nos atacásemos, que saliésemos de este infierno juntos. Me guardé la Les Baer y él se acercó, aun sabiendo que le podía acuchillar en cualquier momento. Dijo algo extraño que entendí como “stalhem”. Cogió el casco de uno de sus amigos caídos y me lo dio. ¿Quería que me protegiese o que me camuflase como uno de los suyos? Durante toda la noche intentamos dormir algo, nos comunicábamos dibujando en el lodo y compartíamos las ratas que podíamos cazar. Por la mañana, me hizo gestos que identifique como que tenía que ir al baño, por lo que salió de la trinchera antes de un bombardeo. No pude hacer nada, vi como uno de los proyectiles atravesaban el cuerpo de mi amigo germano, desintegrándolo. No tuve tiempo para lamentarme. Cogí su máuser con munición de escopeta y una bayoneta y salí corriendo de la trinchera.

A media mañana, llegué a las ruinas de uno de los pueblos objetivo de la artillería alemana. No se distinguía si el barro era carne o la carne era barro. Había cadáveres humanos cortados, seguramente como parte del alimento de los soldados atrincherados aquí. La orden de mi pelotón era reunirme con la compañía del general Robert Nivelle. En las ruinas me salió un alemán con un máuser. Tuve suerte y llegué antes. Le clave la bayoneta en la boca del estómago y disparé. Acabó partido por la mitad, los intestinos desparramados por el suelo y la mitad superior del soldado debatiéndose por vivir. Cogí la pala y le atesté un golpe en la cabeza, quitando su sufrimiento. Robé la granada antitanque que tenía y avancé entre las ruinas.

Escuché un silbido y me aparté. Estaba a tiro de un francotirador alemán que me hizo correr. Sorteé varios disparos hasta que me encontré de frente con una masa metálica encañonándome.

Un carro de combate alemán. Saqué la granada antitanque, até la de gas y las lancé. El tanque explotó, los tripulantes salieron ardiendo y gaseados cuando escuché el ruido de la fricción. Me giré y vi otro tanque alemán apuntándome. Escuché un último silbido, mucho más fuerte.

24 de Agosto de 2019 às 18:04 0 Denunciar Insira 0
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