Moon Howling Seguir história

kuma-kuroko Kuma Kuroko

El niño que sobrevivió no es solo un mago... Es un ser que aúlla cada luna llena en la espera de una respuesta por parte de su alma gemela. Pairing: HarryMort/Tomrry [Tom Marvolo Riddle/Lord Voldemort x Harry James Potter] Advertencias: BL, gore, Lenguaje obsceno, Semi-AU, Lemon Portada hecha por: @Heisabeth


Fanfiction Livros Para maiores de 18 apenas.

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First Howls

— ¿Que se supone que quieres aho...? —el hombre pasó bruscamente a la vivienda, pasando por encima del propietario que no tardó en colorarse de iras—. ¡Potter!

—T-tu eres pocionista, siempre te chiflaron esa clase de cosas, igual que la magia negra y no se cuanta cosa más ¿verdad? T-tú puedes hacer cualquier cosa. —el tono errático, al mismo tiempo que satisfacción trajo preocupación consigo, aquello era muy extraño, tener a James Charlus Potter en su hogar con un aspecto de haber dormido hace al menos una semana.

—Por supuesto que sé que—respingó cuando James lo tomó de los hombros, casi zarandeándolo, sin tiempo a lanzarle una maldición para alejarlo.

— ¿T-tienes poción Matalobos? Debes... debes tener al menos un poco ¿verdad? Por favor Snape dime que tienes.

—por supuesto que tengo—con un pequeño manotazo logró soltarse—. La pregunta aquí es... ¿para que la quieres? —de ser posible, James se puso terriblemente pálido y sus ojeras negras resaltan aún más con el cabello desordenado y las gafas torcidas.

—Harry... Greyback... —balbuceo sin saber cómo explicarlo, posiblemente por el agotamiento que debía cargar encima. Snape abrió mínimamente los ojos con sorpresa, imaginando la escena y...

—Mor... dieron a tu hijo... —dijo con una pequeña pausa de sorpresa. Imaginando que... —. ¿Dónde está Lily? ¿¡Que fue lo que hiciste Potter!?

—Y-yo... Fui estúpido, más que nunca pero ahora no tengo tiempo para eso, Harry tiene solo dos años Snape, está sufriendo y yo no tengo idea de cómo hacer la poción, Lily no puede salir de la casa y n-no sabemos cómo ayudarlo cuando llora. T-tú puedes hacerlo ¿verdad? S-sea lo que sea que quieras a cambio te lo doy, no me interesa que deba amputarme una mano en el proceso.

—Si te pidiera que dejaras a Lily... ¿LO harías?

No podía evitar el sabor de gloria de que James estuviera ahí rogándole por ayuda contrario a los primeros años de estudios de ambos -pues no negaría que ya en los últimos dos sus encuentros se limitaron a malas miradas-. Sabía que el orgullo Gryffindor impediría que aceptara algo tan disparatado y gozaría de escucharlo balbucear una nueva alternativa para brindar su ayu-

— ¿So-solo eso quieres? —Snape terminó de abrir totalmente los ojos—. Yo... Solo no podre separar a Harry de ella, es su madre, pero si todo lo que quieres por la poción es que no separemos voy a hacerlo y-

— ¿Como puede ser que estés dispuesto a una cosa tan estúpida? —exclamo casi con alteración y pensando que sin dudas James deliraba y lo que pedía no era verdad sino una alucinación muy fuerte y crítica. Él no aceptaría dejar a Lily bajo ningún concepto, aunque le doliera... Ese amor era muy fuerte.

—Harry sufre por mi culpa y... aceptaré las consecuencias de mi error... Es mi hijo, Severus... Haría cualquier cosa por cuidar de él. —las lágrimas se habían agolpado en los ojos castaños del hombre angustiado. Severus tuvo cierto resquemor en su mente. Por un lado le gustaba verlo sufrir, pero si llegaba hasta este extremo tan jodidamente alto por el niño quería decir que lo amaba con adoración

No quería imaginarse cuanto lo querría Lily... Y lo que ella también sería capaz de hacer con tal de sanarlo...

—Está... Bien. Te daré una botella por ahora y te enseñaré a suministrarla—aceptó finalmente, viendo el rostro de James iluminarse en esperanza—. Puedo hacerla mensualmente para enviarla a tu casa... siempre y cuando me digas donde es.

—Está en... Valle Godric. —su voz salió derrotada por sus labios. Severus sonrió con aparente suficiencia, caminando con James siguiéndolo.

—Realmente estás desesperado si revelas la ubicación de tu hogar, llevas escondiéndote un buen tiempo ¿Eh? Admitiré que tengo curiosidad de cómo tu hijo acabó mordido por Greyback...

Podía ser un amargado de primera, pero encontraba horroroso que ese monstruo estuviera suelto y mordiendo niños y adultos sin parar, casi parecía formar un ejército con lo ocioso de su pasatiempo. Empezaba a sentir pena por el niño, con este padre y la condición de la licantropía su vida sería un absoluto infierno.

—Salí del Valle Godric para encontrarme con Sirius, había enviado una carta y solo las suyas, de Dumbledore y Remus han podido llegar. Lo contacte por el espejo que tenemos y me confirmó que envió una carta. la letra, comentarios... todo era exactamente como Sirius—Snape alzó una ceja, buscando en su enorme estante la poción matalobos que tiene guardada—. Ya que él no puede ir salí con Harry para que lo viera... En... Un maldito segundo apareció y yo...

— ¿tu...?

—Intente pararlo, use maleficios imperdonables e incluso pensé en matarlo pero y-ya le había cl-clavado los colmillos en el cuello—tenía las manos en la cabeza, apartando el cabello hacia atrás en gesto sufrido—. D-de Alguna manera Sirius llegó después y Greyback huyó tan feliz por...

—Menuda treta, que extraño que no la recono-

—¡¡No había forma de que pudiera hacerlo!! Todo indicaba que era Sirius, incluso la maldita lechuza, solo hay cosas que él conoce y... Por culpa mía Harry está así, ha pasado dos Lunas con Remus, pero no logra evitar que sufra y se lastime. N-no conseguía a nadie que pudiera darme la poción.

—Excepto yo. Esto sí que es justicia divina. —burló con una amplia sonrisa en su rostro.

—Esa justicia debería sufrirla yo, no un niño inocente de menos de dos años..

—Ese niño heredo tu culpa tal vez, pero no negaré que es muy injusto. Aquí está la poción, andando, mientras más rápido la tome, más rápido dejara de agonizar como el descuidado de su padre.

El problema fue que volver a su hogar en Valle Godric fue de todo menos tranquilo como debería. Que la puerta estuviese abierta hacia saber que algo iba tremendamente mal, Severus carecía de capacidad para entender del todo la asustada expresión de James, que no tardo en salir corriendo a ver que ocurrió en su casa, rezando porque eso que sus ojos ven no fuese cierto.

Lo siguió poco después, impresionado y tuvo un sobresalto cuando el grito de dolor lleno el aire, de fondo aunque no tan perceptible había un llanto infantil. Subió con cautela las escaleras y al acercarse al cuatro de donde salía el ruido el aliento y alma de escaparon de su cuerpo.

En los de brazos James -Que llora como si su vida dependiese de ello-. se encontraba la inerte Lily Evans, los ojos abiertos, sin brillo y la piel pálida por la muerte la hacían resaltar en la oscuridad parcial. Se llevó una mano a la boca, rebobinando lo que esto significaba y-

— ¿¡JAMES!? JAME- PERO QUE- ¿¡QUE ES LO QUE HICISTE!? —Sirius no tardó en lanzarse contra Severus, este no pudo esquivarlo por estar aturdido.

—N-no fui yo... cu-cuando llegamos ya.. estaba así... —afirmó con poco aire en los pulmones.

— ¡SI CREES QUE TE VOY A CREER SEMEJANTE MIERDA ESTAS...! —ya le apuntaba con la varita.

—N-no fue él Sirius —gimoteó James, en un estado peor al que estaba cuando se apersono en la vivienda del pocionista. Sirius dejó a Snape, el cual cayó al suelo por lo brusco de los movimientos, Black se agacho frente a James, que abrazaba con demasiada fuerza el cuerpo de Lily—. Lo traje conmigo po-por Harry.

— ¿Por...? Oh... Claro—enderezandose caminó hasta la cuna y tomó a su ahijado en brazos, el cual tenía rasguños en la cara y brazos, sin contar que tenía una nueva y rara herida en forma de rayo en la frente. Meciéndolo para calmarlo limpio la sangre que salía de la herida—. ¿Entonces quien fue? ¿Por qué mató a Lily y no a Harry? Están en la misma habitación.

— ¡Yo que sé! —James no estaba en condiciones para formular teorías, tenía un solo pensamiento: Dejó a su esposa e hijo solos, fueron atacados y no hizo nada por protegerlos... Es como fallarle a su pequeño por segunda vez.

— ¿Y eso de allá? —Severus, que inevitablemente estaba inmiscuido en la situación, examinó la tela negra en el suelo, dejándola caer al suelo como si esta lo quemara—. ¿Qué?

—Es la... túnica del Señor Oscuro. —respondió con voz lenta, James y Sirius abrieron la boca de impresión.

—Del... Como... ¿Ah? —Sirius se veía incrédulo al cien por ciento.

—Es suya, estoy seguro y dudo muchísimo que se haya cambiado aquí o algo del estilo. Si él hizo esto-

— ¿Como lo hizo? Esta casa tiene hechizo fidelius, no pudo haberla simplemente encontrado caminando por la calle para comprarse una cerveza de mantequilla —Snape se mordió los labios, sin saber cómo decirlo.

—Bueno... el hechizo Fidelius si está, solo que su guardián...

— ¿Que paso con Peter? ¿Qué le hicieron...?

— ¿Hacerle? ¡No le paso nada a esa rata de mierda! Escuchen, él... Él es un seguidor del Señor Oscuro, hasta hace poco había revelado la ubicación de esta casa. Aunque hubiese sido obvio que tú eras el único que conocía el Fidelius, Peter ha estado haciendo pequeños favores para él, buscando unirse a su lado. —explicó, dejando al par con la marea de dudas en sus cabezas.

—Voy a... Voy a matarlo—Sirius dejó a Harry sentado en un cojín, con la clara intención de ir a buscar a la rata traidora, pues no tenía otro nombre. James lo tomó de la mano antes de que se acercara a la puerta— ¡Suéltame James!

—No puedes ir por él...

— ¿Que tanta tontería tienes en la cabeza, Potter? ¿Acaso lo estas protegiendo? ¡Ese hombre tiene esta marca en el Bra...! —Severus quedó estático mirando su antebrazo. Lo mostró con la tranquilidad de que ellos ya sabían de ella, lo que arruinó el momento es que la marca de calavera con serpiente esta ridículamente pálida, las líneas apenas se distinguen en su pálida piel.

— ¿Que significa eso?

—Está... muerto—balbuceo viendo la túnica negra en el suelo y luego viendo a Harry que se restregaba sus manos contra su cara—. L-lo mató.

—Harry apenas cumplirá dos años ¿Que va a poder hacer contra Voldemort él solo...? —aunque descabellado, Sirius lo creía y su comentario era tan solo una búsqueda de explicación.

—Como esperas que lo sepa. No estuve aquí y tampoco veo factible que un crío con problemas de licantropía pudiera hacer algo contra él.

—Si Lily está muerta... —empezó a murmurar James, que se mantuvo en silencio observando a su mujer. Le cerró los ojos con delicadeza—. Quiere decir que se interpuso entre Harry y Voldemort, se sacrificó por él.

— ¿Y eso qué?

—Lily dio su vida por él y no hay cosa más fuerte que un sacrificio de una madre por su hijo— dejo el cuerpo en el suelo y tomó a Harry, juntando su frente con él para que lo mirara. Ambos Potter tenían ojeras y ojos cansados—. Ella lo salvo de su muerte con esa magia que nosotros no entendemos y tan solo sabemos que existe. Gracias a eso Harry rebotó la muerte asesina que seguramente lanzó en su contra, regresó de donde vino y por eso ahora Voldemort está muerto.

—Papá... m-me duele la cabeza... —balbuceó Harry abrazando a James del cuello.

— ¿Sobrevivir a una maldición asesina? Eso es... espectacular. —admitió Severus.

—Si y acaba de finiquitar a tu señor, así que llegó el divertido momento de llamar a los aurores para que—Sirius tenía una feliz y retorcida mueca, Severus se puso pálido a más no poder y antes de desaparecer...

— ¡No! ¿Llamar a los Aurores? ¡¿Estás loco?! —quisquillo James.

— Eso debería preguntártelo yo a ti, por su culpa Voldemort sabia la profecía y por ello ahora Lily está muerta. —Uh... eso sono especialmente mal para Snape.

—Me vale una reverenda mierda en este momento ¿Se te olvida que Harry necesita la poción? —Sirius abrió la boca y la volvió a cerrar, Snape se sintió increíblemente acorralado en ese instante—. Lo necesitamos, solo él podría hacernos toda la poción que necesitamos en el tiempo justo.

— Pero... ¡Pero...!

—Harry importa más que cualquier otra cosa y lo sabes— Sirius dio una patada al muñeco de felpa en el suelo, frustrado por saber que esas palabras son ciertas—. Y tú, haremos un Juramento Inquebrantable.

— ¿¡AH!? No, me largo de aquí, yo no —la puerta se cerró en su ganchuda nariz. Sintió la varita de James en la nuca.

—Te protegeré de cualquier acusación del ministerio en tu contra, evitare que vayas a Azkaban aun si debo amenazar a la mitad del gabinete y el mismo ministro. Lo único que quiero es que jures proteger a Harry y brindarme la poción matalobos cada mes. —explicaba en tono siseante muy extraño en él. Severus tembló ligeramente.

—Cuidar... a ese niño...

—Es hijo de Lily también y si de verdad tuviste algún aprecio por ella en vida, hazlo, intenta remediar lo que hiciste traicionando al revelar la profecía.

Severus con una resignación y culpa llenando su pecho se dio la vuelta, tomando la mano que James le tendía. Sirius, aunque no muy feliz, comenzó a realizar el conjuro siendo el testigo. Harry dormía apoyado al hombro de James, sin la capacidad de entender que había pasado esa noche más allá de que su madre jamás lo volvería a cargar, sonreír o estar con él por culpa de esos ojos rojos que se desvanecieron en un destello de luz verde.

La derrota del Lord oscuro no pasó desapercibida, en lo más mínimo y de forma que aun James no se explica, todos se enteraron de que estuvieron involucrados, así como que Harry fue el "héroe" de la noche. Muchos mandaron regalos, dinero, cartas, de todo a Harry y él, como si en algún momento hubiera deseado que su hijo lograra tal cosa... Perdió a su esposa y todos celebraban, lo irritaba de sobremanera.

Apenas se empezó con la búsqueda y encarcelamiento de los Mortifagos se puso manos a la obra, inventando un montón de excusas bajo las cuales Snape evitó Azkaban a diferencia del resto que fue atrapado. Peter Pettigrew por otro lado, se escurrió como la rata de alcantarilla que era, no se atrevió a mostrarse por miedo a que Sirius lo matara. Esto llevo a otro juicio y es que todos achacaron la revelación del Fidelius a Sirius, todos creían que era su deber evitar que Voldemort hallara a la familia Potter. Afortunadamente esto acabó muy bien y casi con facilidad.

James se mudó a una nueva casa en un pueblo pequeño a las afueras de Inglaterra, cercano a un bosque de gran extensión y compartiendo vivienda con Sirius, Remus y Severus de vez en cuando. Harry -aunque a James le doliera-. No extrañaba demasiado a Lily, no era extraño pues apenas con casi dos años ¿Que iba a recordar? Quizá momentos difusos, pero poco más. James le hacía saber que ella lo amó, tanto que murió por él y Harry se enorgullecía de ella, también la quería a pesar de todo y con eso era suficiente.

El problema peludo por otra parte avanzaba a duras penas, Harry seguía sufriendo mucho cada luna llena a pesar de que lo acompañaran y tomara la poción matalobos, algo en su cambio lo hacía doloroso y Remus aun estando igual no podía darles una explicación de que era el tema. Durante esas noches se metían en el bosque a correr, James y Sirius en su forma animaga por supuesto. Harry era un lobo pequeño de color negro y ligeros destellos rojizos, en su frente seguía viendo esa aquella odiosa cicatriz que cada mago buscaba de ver si llegaba a toparse con ellos. Era del tamaño de un perro joven, mucho más pequeño que Sirius y Remus, ni que decir de James.

Sus jugueteos muchas veces lo llevaban a buscar cariño del gran ciervo, restregando su cabeza contra la de su padre. Severus tendía a unirse, su forma animaba era un murciélago escalofriantemente enorme -accedió a esto para no ser menos que James y Sirius, la rivalidad no Moriría nunca-.

El tiempo transcurría con relativa normalidad, correr por los bosques durante la Luna llena, criar a Harry dentro de la vivienda bajo fidelius -Donde el guardián es Sirius-. Mantenerse sin matarse unos a otros, ayudar a Remus a conseguir un trabajo donde lo no despidan al mes por descubrir su licantropía... Una rutina común y corriente sin dudas.

— ¿Tomaste ya tu poción? Que se la des a Remus sin que se entere no era válido —el infante de nueve años se dispuso a huir dado que aquello era lo que paso —. Harry... — empezó James.

—Es que... ¡Sabe horrible! — quejumbra. James negó con la cabeza riendo, acariciando el cabello de su hijo. No era particularmente fanático del cabello largo, pero Harry gustaba de mantenerlo hasta los hombros en un corte irregular. El padre no hacía otra cosa que culpar a Severus y su grasienta cabellera.

—No hay forma de darle mejor sabor, pero sabes que debes tomarla. Si no, va a doler mucho más. — recordárselo es una de las cosas que menos le gustaban, para ayudarlo debía hacerlo desgraciadamente —. Dudo que Severus lo intente. —Harry dejó ir un gemido lastimero.

— Él me dijo que no lo haría por casi morder su ala. No sabía que era él esa vez — lloriquea con el recuerdo del regaño aún fresco en su memoria —. Tío Severus es malo...

— Solo deseo mantenerme con todas mis extremidades, muchas gracias — bufa el protagonista de la plática dejando un vaso de horrible contenido. Harry hace mueca de asco al ver la poción —. Bébela ya, así nos omitimos la incertidumbre de si la tomaste o no.

La poción matalobos sabia horrible, no hay otra forma de decirlo. Desde que recuerda a debido tomarla y aunque ya es costumbre, le gustaría dejar de hacerlo, también dejar de ser una amenaza a todos durante esa noche a menos que estén en su forma animaga. Aun no era capaz de entender del todo que es lo que ocurría, pero James tampoco lo veía necesario, después de todo es pequeño y aun no sale de casa si no es con él.

Quizá no es bueno dejarlo encerrado, pero sabe que el momento de que vaya a Hogwarts llegará, que el momento de alejarse de su protección llegará y es lo que más miedo le produce. Por lo que "encerrarlo" en estos años donde es solo suyo no le causa remordimiento, Lily posiblemente no lo hubiera hecho así, sin embargo, debía vivir como él lo cree mejor, no guiarse por un fantasma. Es lo que Harry necesita y lo que él necesita.

Lo que más lo lastimaba era ver como Harry sufría al transformarse, ni siquiera Remus había sido así, parecía que algo lo quemara por dentro y lo intentara destruir al mismo tiempo que cambiaba. Una vez hecho el cambio el dolor mermaba de buena manera, no completamente, pero bastante soportable para Harry que ya se había acostumbrado. Ladraba y saltaba alrededor de James hasta pasar por debajo de él, recibiendo una caricia en la cabeza.

Lo que Remus más de una vez a denominado «Manada» comenzó su paseo por el bosque. Severus muchas veces permanecía en la cornamenta de James o el lomo de Harry, volar agotaba y era una mierda tener que buscar donde reposar. Algunas veces James odiaba su forma animaga, pues eran sus amigos con formas caninas los que podían jugar con Harry.

Tirarse de las orejas, subirse en el lomo de otro, en la panza de Sirius para recibir besos en el hocico... era malditamente injusto, pero debía conformarse. Menuda mierda.

Harry alzó las orejas y empezó a olisquear, había un olor familiar que lo incitaba a salir corriendo hasta su casa de nuevo. Se escondió bajo James, llamando la atención del ciervo, nunca lo había visto así de intimidado. Unos aullidos alertaron al grupo que de inmediato de dio la vuelta para empezar a correr, Remus cogió a Harry del pescuezo y corría con el así, asegurándose que no se quedara atrás.

El camino se les vio bloqueado por muchísimos lobos similares a Remus, James se puso al frente, con la postura erguida que caracterizaba a su forma animaga —miren nada más, dos de mis víctimas. Quien diría que ese cachorro iba a oler tan bien... ¿Me lo permites? Remus —. Harry se escondió bajo Remus, este gruñía enseñando sus colmillos al igual que Sirius a su lado.

La pelea se volvió errática y sin sentido para el más pequeño. Sus familiares se transforman y destransforman de un momento a otro para lanzar hechizos, en muchos dejaban tirados a los lobos y un olor que no conocía llegaba a su sensible nariz. Retrocedió cuando un lobo cayó y arrastró hasta quedar frente a él con los ojos desorbitados... ah... ¿huele a muerte?

Greyback es un lobo escalofriantemente grande, por lo que al verlo se dio a la fuga de inmediato, zigzagueando por todo el lugar. Fue en vano, la diferencia de tamaño jugó en su contra y para cuando se dio cuenta, tenía un dolor horrible en la pata trasera, donde Greyback lo mordía para sujetarlo. Su chillido llamó la atención, antes de poder hacer algo, Greyback se alejaba con Harry tomado del pescuezo en sus fauces.

Escuchaba a su padre, padrino y tíos persiguiendo a Greyback, el problema es que estando a ciegas y sin saber a dónde va dificulta la materia. James dio un gran salto que logro alcanzar al licántropo, golpeándolo con sus pezuñas con toda la furia que tenía, buscando matarlo como mínimo. Harry sacudió la cabeza y para cuando se dio cuenta estaba nuevamente agarrado, esta vez por una mano humana.

— ¡Peter! — Sirius lucía furioso por ese hombre con cara espantosa, se removió e intentó morderlo sin éxito por unas amarras en forma de bozal.

— Mi señor... es un lobo... — balbuceo, balanceándolo sobre un caldero hirviente y forzándolo a mantenerse quieto.

— Hazlo ya Colagusano ¡HAZLO! —La voz siseante le produjo escalofríos, más no tuvo demasiado tiempo para pensar al respecto cuando un cuchillo se enterró en el muslo de su pata trasera izquierda y su sangre goteo dentro del caldero fue tirado al suelo bruscamente y algo más fue tirado al hervidero.

No puede describir lo que paso con exactitud, tan solo que al final del extraño acto, había un hombre ahí de pie, inusualmente guapo. Este lo miro un instante, haciendo que baje las orejas por la mirada carmesí que este le dirigió.

—Ah... Potter... Realmente me extrañó no verte en tu hogar hace ocho años—su voz profunda y siseante, en su rostro figuraba una expresión impasible y ligeramente triunfante—. Supongo que su plan de escondite funcionó mejor de lo esperado.

—Harry... Harry Vámonos... —Sirius lo llamó en susurros. Con una pata se deshizo de las sogas y corrió hasta su padrino.

—Si, quien diría que el gran señor oscuro moriría por un niño de un año ¿Que tal te sienta esa información? —no pensaba permitir que viera lo culpable que se sentía. Tenía incluso la ligera impresión de que debió estar ahí aun si era para morir.

—Bonitas últimas palabras.

Peter le había entregado su varita y a medio del maleficio imperdonable Harry se puso frente a James para sorpresa de este. Voldemort calló al momento de verlo, quedarse viendo fijamente los ojos verdes a pesar de la luna llena. Remus chilló y al instante vieron a Greyback huyendo, al regresar la vista Voldemort tampoco estaba y Harry saltó sobre algo no identificado.

—Bien... esto si podía empeorar. —Sirius tenía el corazón a nada de salir disparado de su pecho por lo acelerado que estaba. James estaba igual y Severus qué no bajo de la copa del árbol también.

El señor oscuro había vuelto... Casi como si nada.

— ¿Qué tienes ahí? —Harry tenía algo en el hocico y movía la cola con ansias. Sirius se acuclilló y escucho chillidos, una sonrisa se expandió en sus labios — Harry, eres un muy buen cacharro, uno muy, MUY bueno. — felicita tomando a la rata. Harry ladró aun moviendo la cola —. Hola, Peter, rata inmunda, tiempo sin vernos...

Que decir al respecto, Peter ahora ocupaba una bonita celda en Azkaban, Harry nunca había visto a su padre y padrinos tan satisfechos y entristecidos al mismo tiempo. Puesto que vivían bajo Fidelius no tenían mucho más que hacer con respecto a la seguridad de su vivienda, el revuelo que se formó cuando aseguraron que Voldemort había retornado fue enorme, más con el tiempo fue pasando levemente por la inactividad del mago oscuro.

James no ponía mucho empeño al respecto, quería mantener a raya está vez. Era una guerra, claro, por lo mismo sabe que se enfrenta a una posible muerte y no quiere que Harry quede sin su padre también. Sería feliz por morir cuidándolo, no a un montón de gente que comenzaba a rumorear que su pequeño era la clave.

Era la mejor arma.

¿Eran tontos? Harry apenas es un niño, no se explicaba cómo podían considerar semejante barbaridad ¿Qué creían? ¿Qué de un segundo a otro movería al mano y Lord Voldemort volvería a morir? Realmente, la gente se alivia tirando sus esperanzas en causas vanas y sin fundamento. Cambiando a un tema más bonito... ¡Harry tiene once!

— E-estás espantando a Hedwig. — quejumbra Harry intentando que su lechuza blanca se tranquilizara. Había sido el regalo de Sirius por ingresar a Hogwarts. Los tres hombres iban corriendo y arrastrando a Harry con ellos.

— ¡Vamos a llegar tarde y si no llegas en tren tu primer año es porque fracasaste como estudiante de Hogwarts! — asegura Sirius. Remus tomo la enorme jaula y Sirius a Harry. Con el disimulo que podría tener un rinoceronte en medio de una tienda de trajes para caballero, pasaron la barrera para llegar a la estación Nueve tres cuartos. Harry se pasó la mano por el cabello horriblemente alborotado, igual que su padre.

Quien los viera y no adivinara el parentesco era un imbécil de primera.

— ¿Saben que falta alrededor de media hora para que parta el tren? — pregunta con timidez y cierto temor a la reacción que pudiesen tener los agitados mayores.

— Si... igual... hay que llegar rápido... ¡Juh! Odio no poder aparecer aquí simplemente. — Sirius quería hacerse canuto y quedarse echado en el suelo pero al menos unas dos horas. Correr por toda la estación de trenes fue agotador.

— Mira el lado bueno, podrás escoger el compartimiento que gustes. — comentó Remus sonriendo. Harry asintió suavemente con la cabeza. James le tomó suavemente del hombro, logrando que fijara su atención en él.

— Quiero que tengas cuidado ¿Sí? Recuerda lo que te dijimos...

— No decirle a nadie, no morder a nadie, ir bajo el sauce boxeador en luna llena — repitió en voz baja —. ¿Qué pasa si no puedo evitar que se enteren? ¿Q-que pasa si no...?

— Harry, estoy seguro de que podrás hacer buenos amigos que te apoyen sin importar nada, ya ves a Remus — el nombrado hizo una mueca, no era el mejor ejemplo en su humilde opinión —. Eres un niño espectacular, sería tonto el que te moleste si llegan a enterarse. Igual... puedes controlarlo ahora.

Harry miró a otro lado, nervioso. Claro, desde el incidente con Voldemort tomaron la motivación de descubrir que hacer para evitar que estuviera desprotegido, acabaron en una manada de licántropos en las afueras de Bulgaria que pudieron ayudarle a manejar el asunto, tanto a él como a Remus. Aunque para su padre, Sirius y Severus fue una cosa incomprensible, ambos licántropos se encuentran bastante cómodos con la situación.

Recorrieron bosques enteros, conocieron a más con su condición impuesta a la fuerza a pesar de haber nacido como mago; haber conectado con esa bestia interior que al ser rechazada causaba dolor al momento de ser liberada en luna llena... Fue vigorizante, por ello Remus ya tenía una apariencia saludable dejando de lado el estilo demacrado que lo caracterizó la mayor parte de su vida.

Harry en si no tenía mayor cambio, pues no llegó al extremo agónico de Remus, pero era mucho más feliz estando en sincronía con su lobo interno, este suele estar activo siempre por lo que el peligro no lo tomara por sorpresa. Sus ojos naturalmente son verdes, sin embargo cuando se siente amenazado adquieren un matiz dorado, como una advertencia a quien lo mire.

— ¿Y qué pasará en la selección...? — apretujó la tela de su ropa, nervioso.

— No importa en-

— ¡Gryffindor~! — canturreó Sirius y James al mismo tiempo, Remus puso los ojos en blanco, poniendo aún más nervioso al niño.

— Severus está en Slytherin también, así que no creas que todos ahí son malos.. tal vez ahí sea un poco más complicado, pero no importa a donde vayas... No negaré que también me fascinaría que entres en Gryffindor, pero esa es tu elección. — Harry asintió, algunas veces lograba sentir más conexión con Remus, posiblemente por ser licántropo.

El tiempo pasó más rápido de lo que le gustaría y antes de darse cuenta despedía a su familia desde la ventana del último vagón del tren. Se volvió a meter en el compartimiento y quedó mirando por la ventana, sería su primera vez tan lejos de su familia y la idea se le hacía horrible... Rogaba a los dioses, merlín y a cuanta cosa se pudiera que no pasara nada malo...

— Oh, lo siento, pensé que estaba desocupado. — miró a quien abrió la puerta, encontrándose a un niño rubio platino.

— Tranquilo, no hay problema — sonrió amablemente, el contrario hizo un ligero cabeceo —. Puedes quedarte si quieres, no espero a nadie...

— Gracias, pero yo sí tengo compañía y seguramente te vamos a incomodar... ¿Tu nombre? Yo soy Draco Malfoy. — le tendió la mano.

— Soy Harry Potter... Perdón por decirlo, pero ahora entiendo porque mi padrino dijo que eras un rubiales — las mejillas de Draco se colorearon, la duda es si por molestia o vergüenza — Esperó que seamos amigos en Hogwarts.

— Claro... Eso claro, si entras en Slytherin.

— ¿Tu iras ahí?

— Toda mi familia lo ha estado desde el inicio, es más que seguro que quedare allí — afirma con orgullo en su voz —. Aunque tengo sabido que los Potter van a Gryffindor.

— Si... Aun si voy a ahí, espero que seamos amigos. — Draco dio un último cabeceo y cerró la puerta. Harry se desinfló, se supone que porta el apellido de una de las casas más importantes del Mundo mágico, pero no destila ni una pizca de la elegancia que Draco sí. Ahora tenía una vergüenza bestial de que se supiera su apellido.

Ya de por si con todo el tema de Voldemort era una pesadilla.

— Disculpa... ¿Puedo quedarme aquí? Todo el tren está lleno. — observó curioso a quien se asomaba, un niño de cabello pelirrojo y expresión contrariada. Asintió y este pasó nervioso.

Empezó a hablar con Ron Weasley... No podía decir que no fuese divertido, era un niño muy cómico y bastante hablador, con mil quinientas dudas, un hambre voraz y una capacidad nata para sorprenderse por cada cosa que dijera. Lo que arruino un poco el momento es lo seguro que se encontraba de la maldad en los Slytherin.

No lo veía factible, puesto que Severus estaba ahí y conocía al hombre desde hace mucho, podía ser un poco oscuro y toda la cosa, pero no era malo, de hecho, aquello lo hacía muy interesante. Igual que el niño de hace un rato, Draco, no debía ser malo, quizá tenía demasiados aires de grandeza por su apellido y poco más. No veía que Slytherin fuese Malo y Gryffindor bueno... La rata había salido de Gryffindor a final de cuentas.

No quiso decirlo, arruinar el primer contacto sería fatal después de todo.

...

— Harry Potter.

Todas miradas se clavaron en él, camino tembloroso hasta sentarse en el taburete donde el sombrero seleccionador le fue puesto —Um... interesante —. sobresaltado miró hacia arriba, como si aquello le permitiese ver de dónde provenía la voz.

— Tienes demasiada valentía... Demasiada astucia... Tan leal e inteligente... ¿En dónde puedo ponerte? — meditaba —. Slytherin te llevaría a la grandeza.

— Realmente no me interesa la grandeza, quiero estar donde pueda tener amigos, divertirme con ellos...

— Si eso es lo que quieres... ¡¡GRYFFINDOR!! — las exclamaciones de la mesa no se hicieron esperar. La bruja a su lado le quitó el sombrero.

— Bienvenido. — comentó ella con una sonrisa, le sonrió de vuelta y fue rápido hasta su mesa, siendo recibido por Ron. Vio fugazmente a la mesa de Slytherin, saludo a Draco con la mano, este lo miró, pero no devolvió el gesto. Bueno... Al menos lo miró y no desvió la mirada en lugar de fulminarlo con la misma.

Por algún motivo que escapa a su entendimiento, su lobo interno estaba inquieto, casi asustado, del director. Este le había mirado algunas veces con aire misterioso. Aquello aunque lo puso nervioso no quiso prestarle atención, quizá era la paranoia de estar sin su padre por primera vez... aunque claro, tenía a Severus que había aplaudido cuando anunciaron su casa, podría hablar con él después...

Su tiempo en Hogwarts era muy bueno, ajetreado, pero soportable y tener amigos de su edad lo animaba bastante. No le pregunten como, pero acabó siendo amigo de Hermione Granger, quizá tuviera que ver con haberla visto llorando en la biblioteca, sentado a su lado y hablado como un niño civilizado en lugar de burlarse de ella por cualquier cosa.

Es decir... Si, era una niña sabelotodo y sus dientes eran bastante prominentes, pero no por ello merecía ser excluida de esa manera. por lo que al acercarse con la buena intención de ser su amigo, ella respondió como si nunca le hubiera pasado y se pegaba como lapa a él. A Ron la idea no le gustó, pues según él, ella era mandona e irritante, no tuvo de otra más que aguantarlo porque Harry no pensaba alejarla, aparte de que él también la buscaba.

También había sostenido una que otra buena conversación con Draco, cuyo Slytherin interior no le permitía del todo ser su amigo, pero ahí estaban bien, hasta que llegará Ron y empezará a insultarse por cuestiones familiares que no le importaban. Las clases iban perfectamente bien, él junto a Hermione eran los favoritos de los profesores... Excepto Severus, que prácticamente aborrecía a la niña

— ¿Que brujería haces? Nunca había visto a Snape darle puntos a otra casa que no fuese Slytherin, mucho menos Gryffindor. —los gemelos Weasley se habían unido a su círculo de amistades de repente, le hacía mucha gracia la forma en que hablaban.

— No hice nada, Severus no es malo — asegura sonriendo, la mesa de Gryffindor tuvo un silencio tan prolongado que las demás se voltean a ver qué pasa —. ¿Q-que? — preguntó asustado.

— ¿Snape? ¿Bueno? — interrogó Fred con cara de espanto.

— ¿Y le llamas por su nombre? — George se abrazaba a su gemelo con la misma expresión.

— Sí, es mi tío... Digo, ha estado conmigo mucho tiempo, yo le digo tío. — explica al ver la palidez en los rostros de los leones.

— ¿¡Severus Snape puede ser AMABLE con alguien!? —la mesa en general había dicho lo mismo, enorgulleciendo a quien creó los coros.

— ¿Ocurre ALGO de lo que deba preocuparme? —Se sentaron erguidos al escuchar al protagonista de su conversación. Harry negó con la cabeza y Severus le resolvió la cabeza hasta salir del gran comedor.

— ¿Ven? Es bueno. —aseguro sonriente, la mesa de Gryffindor y todas las demás sacaron la conclusión de que es simplemente la inocencia de Harry le impedía notar el demonio que tienen por profesor de Pociones.

Las cosas iban bien... quizá demasiado, pero siendo un niño que tiene amigos por primera vez y se ve rodeado del buen ambiente, no puede evitar cegarse por ello y además ¿Por qué no? Aun no es su tiempo de preocuparse por otra cosa que no sea un examen o un informe, ni siquiera su licantropía es un problema. La lleva tan controlada que Remus le ha enviado cartas de felicitación.

Su lobo interior saltaba de alegría prácticamente todos los días ante este segundo hogar.

Hablando de lobo, había considerado contarle a Hermione, Ron y Draco a pesar de que fuera desobedecer a prácticamente todas las figuras de autoridad que tiene. La idea de esconder algo tan importante a sus amigos lo hacía sentir mal, después de todo su naturaleza le impide mantenerlo en secreto cuando es una cuestión de la que se enorgullece.

Es un hombre lobo, sabe controlarse ¿Eso no haría una diferencia? No atacaría a nadie... Sin embargo, cierto resquemor de instaló en él cuando fue llamado por el director durante una clase de Encantamientos, en la cual hacia levitar a Draco por sobre toda el aula y Hermione a Ron que estaba a nada llorar.

—Harry te llame porque necesito saber algo muy importante... —no le pregunten porque, pero Dumbledore le daba una sensación de inseguridad única, aquello era contradictorio tomando en cuenta lo que su padre le ha dicho.

Él sería la contraparte de Voldemort, el bueno, la luz ¿Por qué le da más miedo que ese hombre de ojos rojos?

— ¿Qué pasó con exactitud el día en que Voldemort regresó? Tu padre no ha querido contarme. — Eso era una mentira a medias, James si había relatado que ocurrió, Sirius, Remus y Severus lo hicieron después de él, exactamente lo mismo, sin variación alguna...

— Pues... Estábamos paseando por el bosque porque era luna llena — jugaba de manera distraída con la manga de su túnica —. Muchos lobos llegaron, intentamos huir de ellos, pero uno muy grande me agarro por la pata y me arrastró. Luego encontramos a la ra- Pettigrew — tosió para corregirse —. Él me pudo alzar, hacía una poción en un caldero gigante y me corto para dejar sangre ahí.

— ¿Tu sangre?

— Sí señor.

— ¿Algo más? — aquel minúsculo detalle no lo habían mencionado los cuatro adultos testigos de lo que pasó.

— Cuando Voldemort estaba ahí, quería matar a papá, le apunto con su varita... — su vista viajó a la ventana, el cielo comenzaba a tomar un tono naranjo con lentitud —. Yo me puse en medio, pero... no atacó.

— ¿Que suponías que iba a hacer?

— Él lo quería matar, lo dijo — susurró con un aire desilusionado —. No quería que pasara. Mamá ya no está porque él la mató, no podía perder a papá por su culpa también.

La idea de sufrir algo por su culpa lo ponía nervioso, sus manos sudaban y su lobo se inquietaba. Fawkes, el fénix de Dumbledore aleteó canturreando y llamando la atención de Harry que le hace pequeñas caricias en la cabeza, con mano temblorosa.

¿Por qué se sentía tan mal? Es decir... No debería preocuparse de esa manera porque el culpable de sus desgracias sea Voldemort, debería temer por su familia, su manada. Ya el mago oscuro tenía las manos llenas de sangre.

El nudo en la garganta se apretó ante el pensamiento...

¿P-puedo retirarme? — pregunta con voz ahogada. Dumbledore asiente con levedad, Harry salió casi corriendo del despacho perteneciente al anciano director.

Dumbledore observa la ventana con aire ausente para luego suspirar, necesitaba probar algo para sacarse la teoría que tenía en mente. Su interior entró en debate, pues lo que tenía en mente no era precisamente bonito de poner en práctica.

~***~

— ¿Que quería saber el director? — Harry tragó lo que tenía en la boca y relamió sus labios llenos de salsa por el pavo.

— Solo me preguntó algunas cosas sobre Vol- Tu-sabes-quien. — suspiró exasperado, no entendía el miedo a un nombre, hasta en su hogar era así con sus familiares. En Gryffindor la cosa empeoraba demasiado y los acaba de quicio muchas veces.

— Siempre se me olvida que tu estuviste cuando regreso. — susurró Ron con incomodidad.

— No fue la gran cosa... Pudo ser mucho peor, solo se fue... Aunque sus ojos no es algo que se te olvide. — apoyo el codo en la mesa, jugando con su comida.

— ¿Como eran? — pregunto Hermione con curiosidad y prácticamente toda la mesa observó curiosa, Hogwarts es una entidad ansiosa de chismes, por lo que esto no era sorpresa.

— Son rojos... tanto como la sangre, sangre fresca... Como la que sale de un animal recién cazado y devorado... — entró en un ensimismamiento curioso, con sus ojos reluciendo levemente en tono dorado, Hermione pudo fijarse en aquello —. Eran hostiles, demasiado, pero a su vez... parecía que algo en el fondo no existiera y por ello eran así. — suspiró con aire apenado.

Guardaron silencio por unos instantes por aquella descripción. No podían imaginarse del todo a Voldemort teniendo algo más aparte de hostilidad y crueldad en su mirada, que como bien es dicho, son las puertas del alma.

— Si hablamos de ojos, los tuyos son muy curiosos también. — dice Fred.

— Hemos visto fotos de tu madre, pero los tuyos-

— -Son exageradamente-

— ¡verdes! — exclaman a la misma vez, Harry parpadeó de forma repetida.

— Papá una vez nos mostró el Avada Kedavra- —afirma George con pícara sonrisa.

— Y el verde que tiene es... — continuó Fred.

— Exactamente igual al de tus ojos. — concluyeron y las exclamaciones de la mesa no se hicieron esperar.

— Yo no creo que sea tan así... — opinó Hermione con poca seguridad en sus palabras —. Además, los ojos de Harry tienen un matiz... eh... ¿Azul? — Harry la miró de reojo, se le hizo extraño que lo meditara y más aún que lo mencionara ¿Sería que se había dado cuenta? Bueno, con lo perspicaz de la niña tampoco se le hacía muy complicado de imaginar.

— A mí me gustan, sean como sean. — con eso dio por finalizado el asunto de colores, dando una gran mordida al muslo de pavo que comía, aunque sin querer lo jalo con fuerza excesiva, con sus colmillos ligeramente sobresalientes.

Por motivos que desconoce, desde ese momento la tensión llenaba su cuerpo, estaba inquieto a cada segundo, sobre todo durante las comidas. Quería achacarlo a la luna llena próxima o la que había pasado... Pero esto jamás le sucedía y lo comenzaba a preocupar. No halló mejor solución que escribirle a Remus.

Quizá se trata del estrés que te produce tener responsabilidades reales por primera vez en tu vida, Sirius y James no te han permitido hacer mucho tu solo, al menos no que amerite tu total concentración y te preocupael resultado.

¿Alguien te molesta? ¿Algún profesor es malo contigo? Si es Severus, es su naturaleza y forma de dar "cariño", si te saca canas verdes... Intenta que sean blancas, no es como que podamos hacer algo con él.

Siempre puedes hablar con McGonagall o Dumbledore, te ayudaran en lo que sea que ocurra. Respira, relájate, pasea por el bosque prohibido durante las noches y así mantente en paz, también te ayudaráa sentirte como en casa.

Hablarécon James para que nos permitan ir a pasar la próxima luna llena contigo, pasarla solo es horrible ¿Te gustaría?

Atte. Moony.

Golpeó su cabeza contra la mesa y Hermione se sobresaltó — ¿Pasa algo malo? —preguntó preocupada, Harry negó con la cabeza. La chica intento acomodar el cabello siempre revuelto de su primer amigo.

—Últimamente me siento demasiado... Receloso. —resopla uno de los mechones de cabello negro.

—Va a finalizar el primer trimestre, iremos a casa por navidad, regalos, la época... Puede ser eso —opina sin mucha seguridad al respecto. Harry al observó por un largo rato—. ¿Q-qué?

—nada, solo creo que sabes algo y no me lo dices. —hace un puchero.

— ¿Saber sobre que...?

— ¡Tengo muchísima hambre! —Harry se sobresaltó ante la repentina aparición de Ron, el estómago con mente era su apodo por las mañanas y medios días como ahora—. ¿Vamos ya al gran comedor?

—Aún es temprano.

—Tal vez ya Draco esté ahí, vamos, vamos, vamos, vamosvamosvamos—incita Harry a Hermione, tirando de ella para que deje el libro y se mueva. La niña puso los ojos en blanco y se limitó a seguirlo.

Algunas veces, pensaba que Harry tenía un fetiche con Draco, porque si no, no se explica que tiene el de gafas con él. Aunque el rubio fuese insufrible la mayor parte del tiempo -aun no podía entender la manía por llamarle mudblood-. Con ella, no negaría que Harry es el único amigo decente y que le hace bien de su entorno.

El rubio tiene una vida de lo más rara para ella, el tema de sangre pura, poder aun cuando solo tienen once años... ¿En Slytherin hay niños o adultos muy enanos? Llegaba a preocuparse enserio. Harry lograba que Draco mostrara su actitud más infantil, la natural en él.

Era la única razón por la cual no rogaba que Harry dejase de verlo, Draco lo necesitaba, tal como ella lo necesitó para no seguir llorando en el baño de las niñas ante las constantes burlas y comentarios molestos de los demás.

Harry transmitía un aire protector que lograba atraer a quienes se sentían solo. Ella y Draco sin dudas son el mejor ejemplo. Ron aparentemente no tenía la misma sensación, al menos eso percibía Hermione, quizá se equivocara, era mejor en cuestiones de estudio que las relaciones humanas.

Bueno... El rubio estaba ahí, con su séquito de Slytherin, en la mesa de Slytherin, con toda la casa de Slytherin haciéndole indirecta compañía... Peor no pudo salir el asunto. Harry arrastró los pies hasta donde suele sentarse durante las comidas. Hermione esperaba casi ansiosa que se pegara contra la mesa como cada vez que algo no le salía como quería.

—No está tan mal, andar con serpientes es horrible. —comentó Ron, Harry hizo una mueca.

— ¿Cuántas veces hay que demostrarte que no son malos? Que te lleves mal con Draco no quiere decir que sea malo, simplemente te cae de la patada y el sentimiento es mutuo.

—Su Líder de casa es Snape.

—Es mi tío. —La cara de aburrimiento predecía una larga discusión sin lógica, pero que solo así podía calmar al pelirrojo sin las ganas de hechizarlo.

—Ahí solo hay magos oscuros.

—Todos usamos magia oscura al menos una vez.

—Sus padres son Mortifagos. —Harry tomaba su comida, ignorando en buena medida a Ron a pesar de responder sus acusaciones, era mecánico.

Tomó su copa y dio un largo trago a la bebida que no sabía a absolutamente nada para su extrañeza. Tras unos segundos de fruncir el entrecejo por eso soltó bruscamente la copa, llamando la atención de inmediato. Llevó una de sus manos a su garganta con el corazón alborotado de manera repentina.

Se hizo atrás en el banco, cubriendo su boca y sufriendo violentas convulsiones. Los lentes se le cayeron, se sentía amenazado, ansioso en mayor escala de forma paulatina. Miró a todos lados, los demás alumnos lo miraban con impresión y algunos intentaban acercarse a ayudarlo. Un grito se escapó de sus labios, el dolor lo estaba llenando a más no poder, como si su magia estuviera luchando por liberarse y quemara su piel en el proceso.

—¡¡HARRY NO!! —que causo más impresión queda en duda, si Harry arqueándose de manera antinatural hacia adelante o Snape alterado y corriendo de la mesa de profesores.

Los gritos aterrorizados hicieron aparición cuando la ropa de Harry se desgarró
por completo y este acabó como un lobo de hocico chato. Sacudió la cabeza, ya no le dolía nada, pero se sentía susceptible al temor que embargaba al alumnado a su alrededor. Su vista se clavó en Hermione que estaba pálida a más no poder, un golpe lo hizo bajar las orejas y ubicando a Ron que había lanzado una copa. Los objetos arrojados empezaron a aparecer y aunque Severus intento pararlos y alcanzar a Harry, este salió corriendo despavorido, empujando la puerta de entrada con sus dos patas delanteras y huyendo por los pasillos hacia la salida del castillo.

— ¡DIRECTOR, HAGA ALGO! —exigió Minerva al notar que los alumnos en un ataque de temor suicida comenzaban a correr para seguir atacando al pobre niño de su casa.
Dumbledore permaneció en su lugar, como si nada estuviera pasando y sus pensamientos fuesen más importantes.

McGonagall salió junto a Severus que tenía la expresión de necesitarla para buscar a Harry, la profesora no pensaba pasar por alto aquel actuar tan extraño del director, menos con ese pequeño al que tanto cariño ha tomado.

~***~

—Que tan profundo ha entrado... Podrían lastimarlo. —murmura McGonagall con la varita en alto, iluminando el camino.

—Lo dudo, es un hombre lobo y no son tan tontos como para provocarlo. —asegura Hagrid, en su derecha lleva una lampara de aceite enorme y en la otra, su ballesta.

—Sigue siendo un cachorro, aun si los Centauros no lo lastiman ciertas criaturas si lo harían ¿Te suena? Hagrid. —farfulla Snape, con expresión agotada por seguir en la búsqueda de su protegido en el bosque prohibido.

Se había hecho de noche y no encontraban ni una pista de su paradero. Unos minutos más tardes empezó a escucharse un lastimero aullido, Snape se hizo camino entre los árboles para hallar a la fuente de aquel sonido, encontrándolo por poco, metido en el tronco de un árbol enorme, encogido con las orejas pegadas a su cráneo y temblando.

—Llevamos horas buscándote. Sal de ahí—Harry retrocedió, McGonagall se asomó igual—. No pasará nada malo Harry, ven aquí.

—Es peligroso aquí joven Potter, regresemos al castillo, no perderá puntos o será expulsar por esto, no tienes nada que temer. —asegura con voz tranquila. Harry se alzó y camino temeroso hacia ellos. Hagrid lo miró y sus ojos parecían brillar de alegría.

— ¡Anda! ¡Eres un lobo precioso Harry! No sé cómo pudieron hacerte daño alguno. —acaricio la cabeza de este, el cual ladró en respuesta. Severus se quitó la túnica se la puso encima, al instante Harry cambio de forma, sujetando la túnica para cubrirse.

—Y-yo...

—Hablemos dentro. Puedes estar tranquilo Harry. —Severus le acarició el cabello. Hagrid lo tomo con un solo brazo, habiéndose colgado la ballesta al hombro.

El camino de regreso fue de nula conversación y solo dentro del castillo pudo poner los pies en tierra de nuevo. Estaba acostumbrado a la sensación así que no lo molestaba estar descalzo, tampoco con una túnica ocho veces más grande. En mudo acuerdo fueron hasta el despacho de McGonagall, Harry tomo asiento, nervioso a más no poder.

—Me gustaría saber que paso. Nunca te has descontrolado de esta manera—Severus habló con la mayor calma posible, en realidad quería gritar y zarandearlo por tonto, pero sabía que así solo iba a impedirse a sí mismo una respuesta—. Menos frente a tanta gente.

—No lo pude evitar, a-algo me forzó a hacerlo, no lo podía controlar. —explicó sintiendo que no le iban a creer ni media palabra, después de todo sonaba muy tonto.

— ¿Qué cosa exactamente?

—La bebida... —comenzó a decir, Snape se mostró ofendido de inmediato.

— ¿Una poción? ¿Que no te he enseñado nada durante esos inútiles primeros nueve años de tu vida? —gruñó el pocionista con las manos en la cintura, Harry hizo una mueca: en primera por disgusto y en segunda, porque no veía nada aparte de puntos borrosos.

— Nada —Severus arqueó una ceja —. No sabía a nada... tampoco olía. —especifico, recordando la sensación. McGonagall lucía pensativa.

— ¿Algo más estuvo extraño?

—Por un momento... fue como estar ciego... no sentir nada... luego me quemaba, no podía... controlarlo. —explico con múltiples escalofríos recorriendo su columna vertebral sin detenerse, la sensación era horrible incluso de recordar.

—Puede ser que le hayan inhibido los sentidos—propuso Minerva, Snape frunció más su expresión—. dudo que alguna otra vez haya ocurrido, por ello perdió la calma, se sintió en peligro y por ello no pudo manejarlo.

—Nadie debería poder hacer eso, menos de tal manera. —bufa Snape.

—Debemos investigar que ha ocurrido entonces—finalizó la mujer. Posó la vista en Harry que se mantuvo callado—. Regresa a tu sala común, yo daré unas cuantas indicaciones más tarde.

Con duda de si contaba como buena idea obedeció. Se había arremangado hasta el codo, la túnica quedaba tan grande que parecía un vestido de cola corta en color negro. Cualquiera creería que se trata de la muerte a juzgar por sus ropas y maldiciones por lo bajo debido a la cantidad horrible de tropezones que se daba con la tela.

Dijo la contraseña en un susurro, no podía evitar estar inquieto. Hasta hace unas horas le habían lanzado cada plato, vaso y cubierto que hubiera en las mesas, le gritaron y persiguieron... Nunca pensó que podía causar tanto miedo a la gente, esa no era su intensión. Al dar unos cuantos pasos la atención de todos en la sala común se clavó en él.

—Bornas noches... —murmuró cohibido. Podía ver a cada uno de los alumnos ahí, solo faltaba Hermione.

— ¿Van a permitirte quedarte aquí? ¿Vas a dormir en NUESTRO dormitorio? —Harry dio un paso atrás por la cercanía de Ron.

—El director ya sabía esto...

— ¡Eso no tiene sentido! No nos pondría en peligro por un solo estudiante como tú. Aunque esto explica porque te gusta andar con las serpientes, eres un ser oscuro. —lo señalo y los murmullos comenzaron a escucharse.

—Eso no es así, simplemente me llevó bien con ellos i-igual que contigo.

— Si enseñan sobre hombres lobos en Defensa contra las artes oscuras es porque son peligrosos y oscuros. No puedes seguir aquí.

— ¿Eh? ¿Por qué? — comenzaba a ponerse nervioso y controlarse estando así costaba demasiado —. Jam-Jamás he herido a nadie y-

— ¿Y eso qué? ¡Podrías contagiar a alguien en cualquier momento!

—Yo no quiero ser un licántropo.

— ¿Que pasa si nos mata?

— No podemos tenerlo aquí, debe irse.

— ¡Yo no lastimaría a nadie! —alzó la voz, la hostilidad y temor de los leones lo estaba alterando, sus ojos contaban con aquella estela dorada, advirtiendo que podría cambiar en cualquier momento—. Ron... Soy tu amigo, no te-

— ¡Yo no soy amigo de un asqueroso hombre lobo! de haberlo sabido no hubiera entrado a tu compartimiento para empezar. Lárgate de aquí, en Gryffindor no hay lugar para criaturas como tu ¡Fuera!

Lo peor, es que todos lo siguieron y ante la situación, en la cual no quería causar más alboroto cambiando por la ansiedad que le provocaban, salió de la sala común y escucho exclamaciones victoriosas por eso. Suspiró temblando, ya entendía porque le dijeron que no podía saberse, de porque debía reprimir su lobo y era... tan injusto.

No hacia daño a nadie, si ninguno lo supiera sería igual. Los ojos comenzaron a picarle y aunque no quiso llorar, acabo haciéndolo. Agradecía no ver bien, quizá así no tuviera aun una idea de cómo lo verían de ahora en adelante, pero bien que hoy no necesitaba sentirse peor... Que su lobo aullara exigiendo salir para que este seguro.

Pasado mucho rato intento pasar a la sala común, podría dormir en uno de los sillones e irse antes de que nadie despertara, el problema es que el cuadro jamás se abrió, la contraseña había sido cambiada y ya que todo Gryffindor estuvo dentro menos él, quedaba claro que fue lo que hicieron. Bajó las escaleras, transitó los largos pasillos y una vez fuera de la edificación soltó las mangas de la túnica y se transformó.

La prenda era muy grande, así que no se rompió, camino con paso lento y pesado hasta el bosque, manteniéndose lejos del nido de las Acromantulas y asegurándose de no acercarse a los centauros encontró un pequeño lugar con una gran cantidad de árboles conglomerados, echándose ahí. Un aullido demasiado fuerte lo hizo alzar las orejas.

El recuerdo de Greyback vino a su memoria y no hizo más que encogerse en su sitio. Quien le iba a decir que iba a sentirse tan horrible por revelar -accidentalmente-. La naturaleza que lo hace tan feliz.

...

Snape analiza con ojo crítico todo el Gran comedor y ni rastro de su protegido. El fidelius era una molestia, pero no podía decir que Harry fuese molesto como James, quizá su presencia ayudo a que no se volviera un pretencioso acaparador de atención. No encontrarlo lo preocupa, en un cincuenta por ciento por el juramento mágico que lo obliga a cuidar de él y por el otro, porque sencillamente y aunque no lo dijera en voz alta, le tenía un cariño pequeño, algo ahí, no más que a su propio ahijado, pero existía.

Cuando por fin apareció, como si hubiera corrido más de diez metros planos, lo sorprendió su apariencia. Desaliñado se queda corto, parecía que un tornado se lo hubiese llevado por en medio, el cabello lleno de tierra, vestigios de la nieve que empieza a caer, hojas y ramas, ropa sucia y terriblemente mal puesta. Frunció el entrecejo ¿Por qué parecía haber salido del bosque y no de su habitación?

Harry camino azorado por toda la mesa, no encontraba lugar y todos se juntaban impidiendo que pudiera sentarse. El día empezó fatal, consiguió todas sus cosas tiradas al comienzo del bosque prohibido, incluso la jaula de Hedwig estaba doblada. Toda su ropa tirada en el suelo, llenándose de mugre, varios de sus libros rotos y algunos escritos que pertenecían al "monstruo lobo" de primer año. Todas las cartas que tenía fueron rotas también.

Arregló como pudo su baúl, se vistió y aceleró el paso para llegar al desayuno. Cohibido es la palabra que mejor calificar como está. Finalmente y a la punta de la mesa logró sentarse, conservando una distancia exagerada con todas. Tragó el nudo en la garganta que le provocaba todo, limitándose a tomar lo que pudiera para comer.

Después de un rato las lechuzas llegaron y con ella el periódico que leyó de a poco, había una noticia muy resaltante ahí...

— ¿Voldemort atacó?

—Nadie más pondría esa marca en el cielo dejando tantas muertes atrás.

—Qué raro... No había pasado nada así antes.

Harry miró a Severus, que aprieta su antebrazo por debajo de la mesa. No había dicho nada con respecto a que la noche anterior la marca estuvo ardiendo, casi avisándolo de que algo iba a ocurrir. Miró a Dumbledore un instante y se sorprendió de ver su expresión tan seria y determinada a quien sabe qué.

...

— ¿Quién lo hizo? —Harry bajo la cabeza.

—No lo sé, ya estaba en el bosque cuando vi...

— Me gustaría saber que hacia fuera del castillo tan temprano. —comento Minerva con tono severo.

— ¡Cambiaron la contraseña ayer! No quería dormir en los pasillos de aquí, es muy frío y duro... No me iban a dejar pasar. —respondió ofuscado.

— ¿Te echaron de la sala común? —asintió—. ¿Por qué no fue a buscarme para arreglarlo?

—Y-yo no quiero que sea peor... Ninguno me quería ahí.

—Eres un Gryffindor y ningún Gryffindor sera echado de su sala común por su sangre para dormir en el bosque prohibido. Arreglaremos este asunto con la señora gorda para que no vuelva a ocurrir y espero que de ese modo no vuelva a aparecer así—Harry asintió suavemente—. Con permiso, Severus.

El hombre los vio alejarse con el baúl de Harry levitando a un lado. Dio un prolongado suspiro, dudaba que Harry escribiera algo así que no quedaba más que informarle a James el mismo.

~***~

Jamás había sentido días tan largos, una Luna llena más insoportable y las ganas de volver a casa tan fuertes. Su vida en un chasquido y a pesar de ser por esos pocos días que quedaban antes de vacaciones navideñas. Para empezar, en Gryffindor la mayoría del tiempo lo echaban de la sala común, no le permitían subir a su dormitorio y cantidad de veces lo han tumbado de la mesa -perdiendo puntos de casa ya que estamos-.

El acoso por otras casas tampoco quedo precisamente corto, por algún motivo que desconoce todos pensaban que quería morderlos, que quería la maldición de la licantropía por todo Hogwarts y más alejado de la realidad no podía ser. Hablaba con Severus, con Minerva, con Hagrid... Pero ningún alumno se le acercaba.

El rechazo tentaba al conflicto consigo mismo, pero se negaba a despreciar su lobo interno. Es parte de él, podían odiarlo más no hacer que odiaran esa parte de su ser. Siendo como había demostrado ser, bastante social, el aislamiento lo hace sentirse decaído, deprimido y las noticias de Voldemort atacando se hacían constantes junto a la ansiedad que lo ataca repentinamente.

— ¿Puedo sentarme? —alzo la vista, usualmente se sentaba frente al lago negro, ya que en el castillo se hacía imposible estar un rato tranquilo. Asintió e hizo lugar para el Rubio de Slytherin, Draco se quejó un poco por el frío que hacía—. Así que... hombre lobo.

—Uhum...

— ¿Desde cuándo?

—Papá dice que Greyback me mordió cuando tenía un año. —respondió abrazándose las rodillas.

—Ya... Bueno... Creo que es genial—Harry lo miró como si una segunda cabeza hubiera salido de su cuello—. Solo sabía de qué Greyback cambiaba a voluntad, pero tu también puedes y nunca había visto a uno siendo tan... civilizado.

—Remus también es como yo.

—a mi padre no le gusta que me junte contigo, menos ahora, pero creo que es genial y si Gryffindor lo rechaza es tonto... como la mayoría de los leones, pero ese no es el punto—frunció el entrecejo. Si Harry tuviera su cola en este instante, la movería de un lado a otro con feliz energía—. Es como ser un animago ¿¡Como puede no gustarle!? Debiste ir a Slytherin.

—No lo creo, conociéndolos, hubieran armado un escándalo por ser un mestizo lobo, que horror. —ambos giraron la cabeza encontrando a Hermione con un libro bajo el brazo -nada raro-.

—Mione...

—Necesitaba asimilarlo, lo sospechaba, pero no creía que fuese así, después de todo no parecías fatigado como dice en los libros de la biblioteca—Draco resoplo, siempre los libros.... —. Además, quería estar segura de que realmente eres como lo que vi y no una máscara para ocultar tu licantropía.

—Weasel puede joderse. —sonrió con suficiencia, Hermione lo miro reprochante por la palabra y Harry se rió.

Pasaron la tarde hablando y ya que a ellos no les molestaba, cambio de forma para hacerse mimar, tal como James y Sirius hacían muchas veces. Cuando ya era hora del almuerzo fueron hablando al comedor, ganándose miradas curiosas por la "osadía" del par al hablarle a Harry. Comía con Hermione sentada a su lado, explicándole un poco de lo que había vivido con la manada en Bulgaria.

— ¿Aprendiste búlgaro?

—Lo intente, apenas entiendo una que otra palabra, pero estoy aun en eso. Se parece un poco al ruso y supuestamente mi voz es muy fina para eso. —hizo un puchero. Hermione negó con la cabeza.

—Yo he estado aprendiendo Francés, no es muy complicado, podría enseñarte. —Harry asintió con ganas. Ser apretujados a modo de sándwich de un segundo a otro los sobresalto.

—Así que nuestro lobo favorito-

— -Está de buen humor de nuevo.

—Y no nos avisó, que falta de respeto ¿No, George?

—Coincido, mi querido Fred—Harry no podía evitar reírse cuando hablaban así, simplemente lo adoraba —. He-hey~ No da nada de miedo, es un adorable perrito necesito de amor y atención. —que lo acariciaran en la cabeza era un golpe bajo.

—Oye, lamentamos lo del otro día, la sorpresa-

— -un poco el miedo irracional como tontos seres humanos-

—Nos hizo ponernos igual de estúpido que Ron. —Fred se llevó una mano al pecho, viéndose realmente ofendido por su actuar.

—Sin llegar a serlo. Él no tiene comparación, Percy tampoco. Pero ¡Eh! Que ya nos vengamos por ti y esperamos que lo aceptes como una disculpa por eso.

Un escándalo lo hizo levantarse y al ver que pasaba, encontró a Ron con la cara cubierta de murciélagos y a Percy con una estela de humo verde encima, se tapó la nariz, desde su lugar podía sentir el aroma nauseabundo.

—Los adoro. —concluyó sonriendo, ganándose un abrazo de los gemelos y Hermione viéndolos con reproche. Desde su lugar podía oír las carcajadas de Draco y varios Slytherin.

El momento valió los quince puntos que McGonagall les quitó, igual los podían ganar de nuevo en alguna clase.

Finalmente, el día de regreso a casa por las vacaciones navideñas llegó. Aunque intento convencer a Draco, Hermione, Fred y George de ir con él a casa pues ya James lo había aceptado, ninguno de ellos acepto, más por obligación con sus propias familias que por carecer de ganas.

Tuvo la oportunidad de conocer a los Weasley -aunque la hermana menor se le hizo muy extraña-, al padre de Draco que dicho sea de paso, parece tenerle un asco terrible o al menos eso decía su mirada; los padres de Hermione que dudaban un poco de cómo tratarlo, como si deberían hacer algo en especial.

— ¿Pero en donde están tus...? —La pregunta de Hermione murió cuando un perro casi tumba a Harry, lamiéndole la cara—. ¿Es tuyo?

—Bu-bueno, es de si mismo en realidad. Te presento a Sirius... Debía venir como humano, pero parece que seré escoltado por un perro de mi tamaño. —hizo un puchero y Sirius chilló bajando las orejas.

— ¿Un animago? —los ojos de Hermione brillaron emocionados, Sirius ladró y se sentó frente a ella, permitiendo que le acariciara—. Aunque no está registrado según pudo ver... Tampoco se sabe que eres un Licántropo, asumo que los animales son información confidencial con ustedes.

—A-algo así. —sonrió tembloroso, Draco veía fijamente a Sirius y luego a su padre.

— ¿Puedo ir? Por favor, llegare antes de año nuevo. —insistió, Lucius puso los ojos en blanco.

—No, Draco. Andando, tu madre nos está esperando. —la desilusión pinto los ojos del rubio, que con mueca fastidiada miró a Harry.

—Hasta el inicio de clase. —farfullo siguiendo a su padre. Harry se rió, Hermione se rasco la cabeza y suspiró.

—Supongo que su padre no debe estar, muy feliz con esto...

— ¿Qué importa? Nuestro amigo es Draco, no su padre... Gracias a Merlín. Bueno, te veo en el reinicio de clases. —despidió. Hermione movió la mano y Harry se fue corriendo con Sirius a su lado.

...

— ¿Qué pasó con todos los demás? —James miraba con tristeza a su hijo que jugaba de manera distraída con su bufanda.

—Es que... creen que los voy a morder y hacer hombres lobo. Solo Draco, Hermione, Fred y George me hablan. —respondió en un murmullo, Remus se restregó la cara con las manos.

No pensaron que la gente se enteraría tan pronto, rezaban porque fuese igual a Remus, quien no se vio descubierto sino muchísimo tiempo después. Que Harry dijera que, de tener a prácticamente todos los Gryffindor como amigos, solo tuviera a cuatro personas los entristecía.

Aparentemente no todo sobre ser licántropo podía ser bueno...

— ¿No te hacen anda? Puedes decirme si eso pasa.

—Para nada, solo no me hablan. —mintió con ligereza ¿para que decirle que no dejaban de insultarlo? O que lo dejaban fuera del dormitorio, aquello debía resolverlo el solo. Si se hacía más fuerte, lo consideraría.

—Ah... —Sirius hizo una mueca—. Al menos son buenas personas, la chica por alguna razón me recuerda a Lily de solo verla... ¿Es un ratón de biblioteca? —Harry asintió divertido y Sirius comenzó a carcajear—. Eso lo explica.

— ¿Por qué justo un Malfoy? No creo ser capaz de tragar a Lucius. —gimió James.

—Eso decías de mi y por desgracia acabamos donde estamos. —farfullo Snape que tenía apenas unos minutos de haber llegado.

— ¡Eso es distinto!

Harry sonrió ante la imagen de Severus y James peleando, según Remus, siempre habían sido así y algunas veces no lo molesta. Miro el enorme árbol navideño de la casa, natural y que se mantendría así gracias a la magia. Había un montón de regalos bajo este, James tenía una manía rarísima por celebrar Yule y Navidad al mismo tiempo, por lo que tener ahí tantos regalos fuese posible debía ser obra suya.

— ¿Y esto? —había uno con un olor muy peculiar, se le hacía conocido, pero no sabía de dónde. Era pequeño y forrado de papel negro con un listón plateado. James lo tomó y lo examinó.

—No sé, no es mio y Snivellus lo marca todo. —Snape entrecerró los ojos viéndolo con fastidio.

— ¿Lo puedo abrir?

—Siendo de un desconocido, eres libre de hacerlo, no hay a quién agradecer a final de cuentas —Antes de darse cuenta, ya Harry no estaba ahí sino encerrado en su habitación—. Muy bien... —parpadeo rápidamente, Remus no se aguantó la risa por la cara de James.

La desilusión lo marco con ligereza al ver que era: Un simple y casi vulgar diario, esperaba algo más sorprendente para ser anónimo. Todas las hojas estaban en blanco -o amarillo, ese pequeño libro parecía de hace muchos años-. Dio algunos toques de varita, no tenía nada raro aparte del aroma conocido y la sensación familiar.

Algo lo impulso a tomar una pluma, tinta y hacer un par de rayones en la primera hoja, no paso nada. Escribió su nombre y tras unos segundos, el papel lo absorbió. Algo apareció bajo su sorprendida mirada.

«¿Quién...?»

No sabía si la curiosidad o la impresión lo predominó para poner su nombre completo, presentándose. Podía ser que alguien hechizo el diario para simular estar vivo, debería enseñárselo o contarles a los gemelos, de seguro lo adorarían. Sus palabras desaparecieron a los pocos segundos.

«Mucho gusto, soy Tom M. Ryddle.»

Y de forma fugaz, el recuerdo de aquellos brillantes ojos rojos invadió su mente.

8 de Agosto de 2019 às 04:17 1 Denunciar Insira 1
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Jâckson Ädams Jâckson Ädams
Ahh!,me encanto UuU,sigue así ;3
12 de Agosto de 2019 às 13:10
~

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