IV Ekat: Zweite Entführung Seguir história

u15613446511561344651 Jacqueline Q-Herrera

Continuación directa del III Ekat. En esta ocasión, Katy vuelve a salvo, pero eso no es sinónimo de indemne. ¿Qué es eso que trae en el vientre? ¿Podrá ser madre tras todo lo que le ha pasado?


Ficção científica Para maiores de 18 apenas.

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El Corazón Roto

Kato POV

Me quedé mirando la pantalla, vacío. No lo podía creer, esa lucecita roja eterna en mi pantalla había desaparecido, junto a sus biométricos. Me dolieron las entrañas, porque sabía que eso podía pasar, pero la conversación que tuvimos antes que subiera al avión, me había dejado intranquilo, y con esto se confirmaba: la perdí.

A mi mejor agente.

Mi mejor amiga. La que me había resignificado sin saberlo. La que torció el destino de un ex-yakuza para salvar al mundo.

Pocas veces te das cuenta de cuan importante se vuelven algunas personas para uno. Yo la llamaba Didi porque siempre venía, tomaba cosas, desordenaba y ahora yo me pasaría mucho tiempo con ese nudo en la garganta, cada vez que veía las cosas alineadas sin que nadie hiciera algún desastre.

La llamada fue una de esas que nadie quiere recibir de una amiga universitaria. Ella sentía escozor en sus partes, había pasado la noche fuera y no recordaba haber consentido el sexo, despertando en la habitación del susodicho. Le aconsejé calmarse, que incluso si hubiera sido consiente el senador no la dejaría por un error, pero ella estaba alterada. Sus vitales estaban extraños, y había registros de actividad muy fuera de norma, así que le dije que llegando al aeropuerto de la otra ciudad, se acercara al contador, y dijera mi nombre. Hablé con el aeropuerto y policía, tenía gente ahí también así que prepararon todo, le tomaron muestras de sangre y tejido, junto con su testimonio para poder tomar acciones legales.

Le dije al senador que debíamos esperar las 48 horas para reportarla, pero las pesquisas privadas ya estaban en pie desde que desapareció la luz y se me encendió la alerta, que es cuando las pulseras pierden contacto. Usan su última batería para avisar que dejaron de funcionar, dejando una marca donde ocurrió el fin del funcionamiento. Tuve acceso a las cámaras del aeropuerto, donde se la ve después de tomar las muestras. La oficial dijo que la vio como medio dormida, y la dejó en una silla mientras mi agente –conocido por ella- llegaba a buscarla. Ese fue el error.

El maldito error.

El imperdonable error.

Debió quedarse a su lado hasta que estuviera en manos de un conocido. El kit de violación marcó roofies en su sangre. Fue pan comido para ese hombre con capucha tomarla de la mano, y subirla a un auto, dejando su carpeta con los justificativos ahí. Las cámaras siguieron al auto, pero no entró a ninguna autopista, y aunque usamos software comparativo, no lo volvimos a ver.

Escuché el audio donde me explicaba lo que había pasado como cien veces, tratando de procesar u oir si la seguían desde nuestra ciudad, o si fue oportunismo. Quizá ya estaba marcada, y se cruzaron las cosas.

Al principio no me congelé del todo, ella tenía además ese chip que el senador (Juanjosé) me había pedido que le integrara, un indetectable extra, sólo alcanzable en condiciones extremas que sería lo que la salvaría en último lugar.

Aún veía el tema de las cámaras, no me podía convencer que se le hubiera perdido el rastro cuando hablé por primera vez con el senador. Él se congeló de inmediato. Nos juntamos a las 48 hrs para poner la denuncia, y parece que no había dormido.

—Te tengo que explicar un par de cosas.

—Hablé... -se refregaba la cara, sin afeitar con grandes ojeras —hablé con un compañero de tesis de Katy, ya me ubican como su tutor. Me dijo que hace unos días una chica japonesa fue a hablarle, y que antenoche les dijo que se juntaría con ella, "por cualquier cosa".

—¿Cómo? ¿Temía algo de ella?

—Tal vez... es Ana, la esposa del senador Omura. Fueron amigas y compañeras de clase allá, pero terminaron mal y quería retomar la amistad.

—Ya...—recordé esa chica de uniforme que solía andar con Katy en Japón, parecían siglos, a pesar de haber sido sólo unos cuantos años.

—Le dije a Kats que lo hiciera, porque de casarse conmigo nos veríamos mucho. Dime... ¿La cagué? ¿Ellos la hicieron desaparecer?

—Tranquilo... hay una verdadera ola de secuestros ahora último.

—Pero Katy es Katy. ¿Cómo podría alguien vencerla?

—Ella no es invencible, amigo. Tú mismo la has derrotado luchando. ¿Desde ahí que no sabías nada de ella?

—Claro, al día siguiente iba a dejar los certificados de estudiante al cantón de reclutamiento, y tenía que tomar el avión, así que en un momento pensé que entre el alcohol y la prisa había olvidado llamarme.

—Ya... ella me llamó. No es bueno que te lo diga yo, pero bajo estas circunstancias no hay otra forma. Katy me llamó porque se despertó en la cama con Yamato, el senador...

—Oh... - se hundió en el asiento.

—Dijo sentirse mal e incómoda de sus genitales, por lo que aconsejé tomar un kit de violación. La oficial que la atendió la dejó sola dos minutos.

—Tuve la esperanza que me dijeras que tenía miedo. Que había huido. Que la mandabas a una misión. —Se agarró la cara con ambas manos, apoyando los codos en las rodillas. Entre su actitud y vestimenta, parecía un adolescente y un viejo a la vez. —Me da lo mismo con quien se acostó.

—¿Investigo al senador Omura?.

—Es un primo lejano. Y senador. Apoya nuestro bando, pese a lo mal que me cae que haya sido pareja de Katy. Es imperdonable.

—Mío también. —Me miró sorprendido.—Todos los que quedamos estábamos emparentados.

—Pero no creo que haya podido... es decir, sé que tenía una obsesión insana y enfermiza con Katy, pero... lo dudo mucho. Es criado en Japón.

—Llegamos. Pero entiendo su punto.

Fue uno de esos momentos molestos de la vida. Oficiales que nos miraron extraño cuando pusimos la denuncia, sosteniendo que ella sólo andaría de parranda. El senador perdiendo la paciencia, insistiendo que ella estaba a días de dar su examen de grado, que nunca desaparecería por una aventura. El oficial no nos creyó, pero tomó los datos y los ingresó al sistema, junto con su foto.

Su foto.

Durante meses, saliendo de esa oficina, la vi en frente de mi escritorio, como recordatorio, como castigo. Hice miles de impresiones. En la ciudad donde Katy tenía que entregar esos papeles tapicé de carteles de "se busca". El senador y yo hablábamos de vez en cuando, para saber algo, porque recordó algo o porque necesitaba hablar de ella. Fue especialmente duro para él, como su amante, porque para mi era cuestión de ego, de amistad, pero para él lo era todo. Fue un fantasma terrible durante esos seis meses, donde, además, tuvo toda esa presión mediática del divorcio.

Juanjo pov

Creí durante muchos años que esos fueron los peores seis meses de mi vida. Después de poner la denuncia, fui a casa a seguir trabajando. Me obligué a trabajar en mis pendientes. Los abogados iban a mi apartamento que ya no lucía tan impecable para discutir del juicio los fines de semana, porque dentro de la misma sólo me dediqué a cumplir las expectativas de mi trabajo como senador. Trataba de sepultarme en otras cosas, pero de noche, las pesadillas, su ausencia dolía...

Una vez se lo dije a Kato, cuando nos juntábamos. Que incluso al ducharme cada mañana me dolía sentir el agua caliente, porque la veía con agua congelada, la veía torturada, y no quería ni soñar, ni pensar, que fueron los primeros captores, los que hablaban español con acento extraño, los que la tenían. Que estuvieran instalando todos esos aparatos en ella, los que habían quedado inconclusos.

Que no tuviera de comer.

Que estuviera en una cama de hojas.

O sobre el cemento.

O en esa caja de plástico donde recordaba haber estado mientras la transformaban.

Que no pudiera ir al baño.

Que estuviera colgada de sus muñecas.

De sus tobillos.

Moría de miedo a cada rato.

Fue el verano más gris de mi existencia. Hasta ese momento al menos.

El lunes siguiente a la denuncia, sus compañeros empezaron a llamarme, a preguntar por ella, y les conté. Les dije que habían perdido su rastro, y que el chip de emergencia no funcionaba aún. Eso nos daba esperanza que siguiera viva, pues de morir, el aparato exhalaría un último suspiro al universo, indicando el lugar de su cuerpo con un código diferente al que emitiría de activarlo. Pero no sonaba. Sus compañeros estaban descorazonados. No sé cómo se organizaron, y repartieron volantes por toda la nación. Los llevaron a sus familias en verano, al parecer. Kato se los llevó, pensando que los pegarían por aquí y allá, pero no.

Hicieron otros con fotos que se habían tomado ellos con Katy, y pronto el continente entero tuvo su foto en un árbol o poste. También hubo problemas administrativos, el examen de grado donde debían presentar la tesis no podía quedar pendiente. Bajo la premisa de "secuestro" se hizo una excepción y se agregó como si ella lo hubiera presentado, en parte porque dentro de las prácticas de discurso se grabó para corregirlo y tomaron eso como su parte. Sacó nota máxima y se graduó en ausencia, donde un "big boy" tomó su cara, y su gorra cuadrada, con un cartel "te esperamos". La imagen circuló en los noticiarios, como uno de los casos de secuestro que estaban tan de moda: muchas agentes jóvenes, de la edad de Katy, sanas, algunas cursando grados universitarios pero todas con experiencia militar. Era tan extraño. La policía no había encontrado ninguna. Los compañeros de Katy incluso asistían a velatones y marchas nocturnas con su rostro. Había un grupo en redes sociales donde ellos se hablaban. Yo participé en varias, pero me descorazonaba, y no quería llorar en público.

Me llegaban muchos mensajes de ánimo y agradecimiento, por escuchar esa solicitud. Pero yo mismo estuve mucho en los noticiarios, y por nada bueno. Cristina hizo mi vida de cuadritos. Durante las semanas previas a la audiencia, no recibí ningún mensaje suyo, pero al llegar intentó hacer el show de tirarse encima mío y llorar implorando perdón. Hans pidió a los gendarmes que la apartaran mostrando la orden de alejamiento. Uno o dos periodistas perdidos entraron a la sala, y yo pedí que los retiraran, así que quedaron dibujantes y "escribidores".

Empezamos exponiendo las tres causales de la solicitud, que eran infidelidad, maltrato emocional y físico, y daño patrimonial. El juez miró con la ceja arriba, y en la tribuno incluso hubo quien se rio. ¿Cómo un hombre acusa maltrato? Incluso hoy se veía... extraño.

Ella se defendió diciendo que la había abandonado, que tenía testigos, y que se había sentido sola, que eso la había arrojado a los pies de los hombres. Que en la exasperación llegó a amenazarme y levantarme la mano pero que había sido para crearme celos, y que tenía pruebas que el infiel había sido yo.

Nosotros nos miramos con Hans. Dejamos que hablara. Luego, pedí el uso de la pantalla, y exhibí videos. De seguridad, fotografías, todo con fecha. Algunos que incluso llegó a tomar Katy, donde aparecía teniendo relaciones con muchos políticos, algunos grandes industriales, mucha gente con poder. Casi nunca en la cama, siempre en escaleras, corredores. También había registros de sus aventuras con botones, con policías, garzones. El video duraba como tres minutos, a los dos el juez gritó "¡Suficiente!"

—¿Hay respaldos legales de esta información?

—Sí, su señoría. —Respondió Hans. –En la carpeta que entregamos legalmente bajo la remesa (número legal). Tengo copias autorizadas para usted y la defensa.

—La defensa no ha recibido tal copia.

—Señoría, tengo por escrito de puño y letra del abogado defensor un recibo conforme.

—acérquelo. —Se los pasó al gendarme y éste los llevó al juez y la defensa. —Entregue las copias a la defensa, y una a mi. Se da por entregada la información, a fojas (número legal) con fecha de hace un mes atrás, y otra copia con la misma información hace dos semanas. Se ingresa. ¿Qué hay de los otros cargos?

—Son constancias de lesiones, su señoría, el informe forense de lesiones, el sicológico previo al cese de convivencia, y que recibió la terapia necesaria, junto a las fotografías de los mismos.

—Pueden ser falsas —Aventuró el defensor.

—No, son de diferentes ciudades incluso. ¿También alegará no haber recibido la carpeta?

—Así es.

—¿Tiene copias?

—Por supuesto. -Hans sacó una caja de bajo la mesa. —Tengo copias para todos en la sala. Incluso los periodistas.

Cristina me miraba con mucho odio. Yo trataba de no dirigirme a ella. Esa mañana, Hans me había dicho que estaba adelgazando demasiado, que me veía muy desmejorado. Trataba de subirme el ánimo, pero él mismo había dicho jocosamente un día en el senado que estaba enamorado de ella. Era él quien me llevaba a las velatones, y quien mantuvo los periodistas lejos de mi esos días.

—No gracias. Entregue sólo para mi y a la defensa. Y el recibo. —Se los envió. —El daño también por favor. Se ingresa todo como enterado. ¿Qué pide el demandante?

—Restitución total de los activos y pasivos declarados en su contrato prenupcial, que la demandada renuncie a todo ingreso o pensión futura, según lo pactado en el contrato, y una orden de alejamiento contra la misma, por amenazas.

—¿Existe ya denuncia de amenazas? ¿Con pruebas?

—Tenemos registros telefónicos, audios y videos. El demandado sostiene acoso verbal de la acusada, por lo que procedió a grabar cada posible encuentro, en los que declara verbalmente estar grabando con fines preventivos ante un juicio. Si gusta se los muestro junto con las transcripciones.

—¿Ingresado?

—Por supuesto. —Pasó las copias correspondientes al gendarme.

—Revisaré todo el archivo y daré mi veredicto junto con el jurado la próxima semana. ¡Se levanta la sesión!

Los periodistas se me abalanzaron. Lo sentí como el principio de una pesadilla. Me sentí tan humillado, que todos supieran que era el gorreado, el golpeado. Nunca devolví el golpe porque mi dignidad me lo gritaba, pero aún estaba impreso que no podía dejarla impune.

Tuve que decir unas palabras antes de subir al auto.

—Sólo diré que esto no es tan poco frecuente. Le puede pasar a cualquiera, sólo que cuando te das cuenta que no es una broma, que es grave, ya estás tan dentro que cuesta mucho salir. Tuve la suerte de tener a mi familia, pero esto no es fácil para mi, ni para nadie, y es algo que puede pasar en cualquier pareja, de cualquier edad. Los próximos días estaré trabajando en el senado, como siempre. Pero necesitaba esto. —les sonreí con bastante dificultad— Gracias. Apoyen a sus amigos y no se rian si les dicen que son maltratados, no es fácil hablar de esto, menos siendo hombres.

Me subí al auto y Hans me miró con los ojos abiertos.

—Eso fue fantástico. No te pones como víctima, y no la pones como bruja.

Recibí varias felicitaciones en el senado, fue como una salida de closet. No podía sonreir realmente, sino dar esa mueca triste. Desde que ella no estaba que no sonreia.

Unos días mas tardes, Yamato se acercó a hablarme, a preguntarme por Katy. Se atrevió. Recordé los roofies en su sangre, y le di madre de bofetada. Cayó al suelo, y mi miró herido, preguntándose porqué.

—Porque es tu culpa que ella no esté aquí.

—Yo no la secuestré. No la tengo encerrada.

—Nunca hubiera pasado si no le das tragos con droga.

—yo...

—Le insistí tanto que te viera. Que hablaran y volvieran a ser amigos.

—¡Lo siento mucho! —Se puso en 90 grados, haciendo una reverencia profunda.

—No vuelvas a preguntarme por ella. —Le dije mientras me iba. Hans luego me dijo que podría haberme denunciado, y ahí acababa todo.

Toda esa semana, se me suspendía de funciones en el senado. Era crucial que diera votos en algunas leyes, así que el veredicto debía ser el lunes sí o sí. Me dediqué a estudiar los asuntos de ambas leyes, y pensar en mis propuestas nuevas para este periodo, cuando me llamaron de la universidad de Katy, que debía sacar sus cosas.

Ir a su departamento y llevarme sus cosas.

Que lo necesitaban pronto para otro estudiante, pero que entenderían si decidía no ir y me dejaban hasta el final del verano.

—Iré. —Respondí antes de colgar.

Fue... uno de los días más tristes de mi vida. Esme vino a acompañarme, estaba de paso solamente. Con la ausencia de Joaquín, su esposo y mi hermano, le tocaba hacer todas las labores administrativas de las que él se había hecho cargo. Ya no tenía tiempo de hacer galletas, su sonrisa no estaba tan grande. Lo habían llamado, igual que a Katy, para desplegarlo en alguna frontera, en su caso estaba mas o menos cerca, pero no por eso podía verlo más. Ella se dio el tiempo de juntarse conmigo cerca de las diez, con sus botas café a la rodilla, jeans, y su larga trenza de lado. Caminó con cajas y algunas maletas vacías.

El cuarto de Katy no estaba tan pulcro como debería. Sus compañeros habían tenido que entrar a sacar algunas pertenencias propias, pero la cama estaba hecha, y había algo de ropa tirada por ahí. Maquillaje abierto en el baño. Loza lavada. Esme recogió en cajas las cosas de cocina, y yo me ocupé de su ropa, de doblarla como a ella le gustaba: tal como en un ejército. Dejé todo en las maletas, las toallas, las sábanas. Me detuve a oler su camiseta, de la canasta en el baño: aún tenía su olor.

Recogimos todo, cuando llegó el conserje fue para ayudarnos a bajar las cosas. A punto de salir, llegó una chica corriendo, casi asfixiada.

—Ví movimiento, pensé que era Katy. ¿Supieron algo de ella?

Movimos la cabeza en forma negativa.

—Lo siento, nos pidieron venir por sus cosas.

Yo no la conocía, pero su cara estaba tan triste, y aún así se demudó y se largó a llorar frente a nosotros. Nos quedamos unos segundos mirándola sin saber qué hacer.

—Ella volverá. Está viva en algún lado. No llores. —Esme le sonrió, con una tremenda caja en sus brazos.

Volví a tener aire. Esme era medio bruja, cada vez que decía cosas así, pasaban y me sentí muy bien, incluso le sonrei a la chica, por primera vez en meses.

Con las cosas en mi apartamento, los abogados llegaron repentinamente. Yo no tenía las cosas ordenadas, así que empujé todo a un rincón, pero la computadora y los electrónicos de Katy estaban en el suelo, esparcidos. No sabía cómo guardarlos, y se acomodaron como siempre en torno a la mesa.

—Creemos que el abogado de Cristina presentará una serie de testigos en torno a ti. Recién liberaron que una de las chicas fue compañera de Katy.

—¿De cuarto?

—sí.

—No hay problema entonces. —Miré a Hans. —Atacará a Katy. —Los abogados se sorprendieron.

—Magnífico. Ni siquiera necesitamos hacer una estrategia. Está en todas las calles y diarios, hablaremos de ella como un ángel. Y por último, diremos que ella era libre.

—Aparte, ella salíó con la amiga de una de esas compañeras, como en su segundo año. Podremos decir que terminó la relación cuando se enteró del cáncer.

—Dale. ¿Recuerdas el nombre?

—Por aquí... tengo sus cosas.. hay unas fotos incluso.

Al lunes siguiente, el jurado estaba listo. Leyeron una serie de osas referente a los números de fojas y pruebas, y el código penal, y leyes. Fue muy confuso, me perdía a cada rato. Finalmente, el veredicto sobre el divorcio: aprobado.

Respiré. La causal de infidelidad venía ahora.

—¡Espere! Tenemos nueva evidencia de que el senador también sostuvo relaciones ilícitas durante su matrimonio.

—¿También tienen un video digno de playboy?

—No... pero tenemos un testigo.

—Ah, un testigo, hágalo pasar.

La pobre chica era la de ayer. Temblaba.

—Buenos días, cuentenos. Nos dijeron que usted sabe algo sobre una relación ilícita del senador con una mujer.

—Sí, el... salió varias veces con mi compañera de cuarto... Katy Duvers.

—¿Usted los vio en una situación comprometedora?

—Sí, saliendo del cuarto con el cabello húmedo ambos.

—¿Eso fue muy seguido?

—Sólo una vez. Pero aparecieron juntos en el campus varias veces.

—gracias señoría.—Se retiró muy satisfecho.

—La parte acusadora tiene derecho a contrainterrogar a la testigo ahora —Dijo el juez.

Hans se puso de pie muy satisfecho, con una cara de tiburón... gozando cada segundo de protagonismo y expectación.

—Primero que todo, buenos días. Quisiera saber, ¿Es esta Katy Duvers la que fue tu compañera de cuarto? —Sostuvo un cartel de "desaparecida" de los que estaban por todos lados. Lo mostró al jurado, juez y público, que había repletado la sala.

—Sí.

—Entonces sabemos que estamos hablando de la misma Katy duvers que cumplirá seis meses de desaparición, junto con otras treinta y nueve mujeres y cuyo caso ni la policía ni agencias privadas han podido resolver.

—Sí, la misma.

—¿Está usted consiente de la amistad que los une desde hace años?

—No...

—Como antecedente, ellos se conocieron durante la guerra de Eurasia, donde ambos dimitieron de sus ejércitos y caminaron por siberia junto con muchos otros soldados, entre ellos la cuñada y hermano del senador. ¿Lo sabía?

—No.

—Supongo que tampoco sabría que el senador quedó como contacto en su campus, porque Katy no tiene familia. Y que fue apoyo durante el tratamiento para cáncer que sobrevivó hace menos de un año.

—No, señor abogado.

—¿Usted recuerda la fecha que los vio salir del cuarto de Katy?

—Sí, fue el año pasado, antes de salir de vacaciones.

—Exacto. ¿Recuerda algo más de ese dia?

—No...

—Ese día, señoría, fue cuando Katy dejaba el campus para internarse, iba a tener una operación a cerebro abierto. En mitad de la noche se sintió enferma, y triste, y tenía que dejar la habitación desocupada. Creo que cualquiera de nosotros hubiera llamado al único amigo que tenía cerca.

—¡Pero ellos estaban juntos! ¡Cada verano! —Interrumpió Cristina.

—¡Orden en la sala! Si desea testificar, pase al estrado.

Eso fue inesperado.

—Además, señoría, tengo esta foto. ¿Usted reconoce a las personas de esta foto? —La mostró alrededor— Estaba en el escritorio de Katy en el campus.

—Sí, son Katy e Iris.

—¿Usted podría compartirnos la relación que ambas tenían?

—Salieron un tiempo.

—Además de ese pequeño detalle, señoría, me encantaría decir que Katy es una mujer libre, y que no es esta relación el motivo del divorcio, sino las infinitas infidelidades de la señora Cristina.

—Admitido. No se puede probar una relación de Katy con el senador. Los cargos de violencia intrafamiliar.

—Admitidos. —gritó el jurado.

—¿Los cargos sobre el patrimonio?

—Rechazados. —Bueno, dos de tres. No era malo, pero sí un golpe contra mi economía. Igual los habíamos puesto sin mucho interés, de darle un mayor subrayado, podríamos atraer la atención a los manejos ilegales del padre de Cristina y ahí si que nos secuestran a todos. —Se admite la renuncia irremisible de la demandada a cualquier posible pensión o ingreso con relación al senador desde este momento, así como la imposibilidad del demandante de solicitar o pedir pensión a la demandada, o parte en las empresas que esta tuviera... —La voz de nuevo se volvió confusa. Pero estaba feliz: finalmente, era un hombre divorciado.

Salimos del tribunal entre flashes, celebramos en mi departamento con los abogados, y el desorden de las cosas de Katy. Al día siguiente asistí al senado, había trabajo y leyes que votar. Aún no había ordenado nada, y les conté un montón de anécdotas de ella. Hans dijo "esa chica nos dejó a todos enamorados".

Aún no acababa esa semana, y estaba en el lobby del senado, lo recuerdo bien, cuando recibí esa llamada.

—¡Tengo a Katy en el radar! —Gritó Kato en mi oido, totalmente fuera de sí. —¡Está viva y voy por ella ahora! –y me colgó.

En ese momento, sentí un gran dolor en mi pecho. Todo se volvía negro, y reconocí la sensación: mi mutación había cedido.

2 de Agosto de 2019 às 17:32 0 Denunciar Insira 0
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