Inconsciente Colectivo (Relatos LGBT+) Seguir história

tobeefornottobeef Tsuyu Emi Dto.Esmeralda

Antología de relatos LGBT+. Me basaré o mencionaré levemente canciones de Charly García. Les agradecería el apoyo. (Uso leve del español rioplatense) (Glosario) Arte: Aiza // Instagram: @artista_transtornada


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#gay #relatos #lgbt #trans #lesbico #queer
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1. Alguien en el mundo (G)

Santino salió del colegio despidiendo a algunos compañeros y atravesó la plaza de allí en frente por pura costumbre. En el mástil, justo en el centro de la plaza, estaban dos personas particularmente vestidas llamando la atención de la gente, por sus coloridos atuendos, sus exuberantes maquillajes, sus tacones altos y peinados. Esas dos personas ya eran bastante conocidas en el barrio, perseguidas por algunas miradas que las desaprobaban generalmente, o charlando con personas interesadas en sus aspectos y que a la larga ya se hacían amigas de alguna manera.

Esta vez, esas dos personas queer estaban repartiendo folletos. Santino, curioso, pasó por al lado para recibir uno de esos papeles y saludar.

—Hola chicas, ¿cómo están?

—¡Santi, hola! —dijo la primera, Ruth, acercándose a darle un beso en la mejilla.

—Hola, lindo, ¿cómo te fue en el cole? —saludó Azul, la segunda de cabello trenzado y su flequillo elevado como copete.

—Bien, por suerte, todo tranquilo. ¿En qué andan hoy? —preguntó el adolescente curioso.

Ruth le extendió uno de los folletos para que el chico lo agarrara. Ahí leyó "La calle de la Sensación; primer encuentro oficial de la agrupación". Sonrió mientras continuaba leyendo los demás detalles, aun sí Azul se había puesto a contar lo mismo.

—Estamos organizando un primer encuentro público acá en la plaza el sábado por la Marcha del Orgullo. Vamos a matear* y a charlar un poco sobre la agrupación y los distintos talleres que hacemos, y después vamos a arrancar con los que quieran acompañar para Plaza de Mayo. Si querés venir estás más que invitado.

—Avísale a tu amigo, ¿no vino hoy? —preguntó Ruth.

—No, pero estoy por ir para su casa. Le voy a avisar, seguro que lo acompaño —dijo Santino guardando el folleto en su bolsillo.

—Hacen falta más chicos como vos —Azul deslizó por su mejilla una lágrima imaginaria haciendo reír a los otros dos.

Luego de despedirse, Santino se dirigió a la casa de su amigo. Llegó y fue atendido por Joaquín, que, una vez abierta la puerta, lo saludó con un seco movimiento de mano desde su lugar sin decir nada y volvió a su habitación. Santino cerró la puerta de entrada, después fue tras su amigo para encontrarlo nuevamente con su videojuego.

—Che, ¿por qué no fuiste al colegio? —preguntó Santino echándose sobre la cama contraria luego de revolear la mochila en el piso.

—Me quedé dormido —aclaró Joaquín sin despegar los ojos de la pantalla.

—Así te vas a quedar libre, pibe —Sin embargo, el regaño de Santino no le hizo mella a su amigo.

Santino suspiró a punto de levantarse para tomar el segundo control del juego, pero entonces recordó el folleto en su bolsillo y lo sacó para mostrárselo entusiasmado a Joaquín, que tuvo que poner nuevamente pausa para atender al otro.

—¿Qué es eso?

—Me lo dieron Ruth y Azul, ¿vamos?

Joaquín tomó el papel ya arrugado leyendo. Abrió grande sus ojos y sonrió ladino. Santino notó aquello, estaba seguro de que eso le había hecho feliz a su amigo de alguna manera.

—Este sábado es la marcha...

—¿Y? ¡Vamos! Yo nunca fui, pero me gustaría acompañarte, ¡va estar copado seguro! —animó Santino sonriendo de oreja a oreja.

—Yo tampoco fui a una... —suspiró—. Pero me pondría nervioso ir a la plaza con la agrupación, siendo que muchos de los chicos de la escuela viven ahí cerca.

—No te preocupes, no va a pasar nada —Santino lo empujó despacio por el hombro.

Pero entonces la mirada de Joaquín decayó de un segundo a otro, y, dejando el papel a un lado, tomó su control otra vez continuando la partida.

—Mejor no, por las dudas...

—¿Eh? ¿Por las dudas de qué? —Santino no entendía, se suponía que hace unos segundos a Joaquín se lo notaba interesado, ¿por qué había cambiado de opinión de repente?

—Por nada —sentenció.

Tuvo un mal presentimiento. Santino se sentó en el suelo alfombrado a su lado. Le quitó el control de un tirón y, antes de que Joaquín objetara algo, le tapó la boca con la mano extendiendo la otra hacia el lado opuesto del otro.

Joaquín frunció el ceño notoriamente y con su mano sacó la de su amigo de su cara. Bufó.

—Decíme qué pasó —El tono de Santino se había hecho serio tal como su expresión. Lo observaba fijamente, aun si Joaquín no tenía el valor de hacer lo mismo—. Faltaste por otra cosa, ¿no? Decíme.

El de cabello castaño suspiró rendido esta vez, y quedó cabizbajo unos segundos antes de responder.

—Unos pelotudos de quinto me vieron charlar con Ruth antes de entrar a la hora de gimnasia. Entonces empezaron a molestarme cuando ya estaba entrando al colegio. O sea, me decían boludeces y... no tenía ganas de verlos hoy, ni tampoco tengo ganas de, por esas casualidades de la vida, llegarlos a ver el sábado.

Santino frunció el ceño soplando su negro flequillo hacia un costado.

—Entiendo... Será la próxima.

Tomó el otro control y se quedó jugando con Joaquín hasta que su mamá lo llamó por celular para que regresara a casa.

Mientras estaba en la mesa comiendo con su hermana y su mamá, Santino se mantuvo pensando en lo que había ocurrido. Era muy injusto para su amigo el no poder vincularse con gente de un entorno que lo comprendería bien, solo porque unas personas que no tenían nada mejor qué hacer que criticar y juzgar lo molestaban. Ah, ya quería saber quiénes eran esos chicos, Santino no era nada pacífico cuando se enojaba, y menos cuando se metían con su mejor amigo por su sexualidad... Aunque, hasta el momento era algo que Joaquín no se animaba mencionar a nadie, solo unos pocos sabían oficialmente: Sus padres y Santino.

Cuchareó el guiso de lentejas a medio comer y nunca llevó ningún otro bocado a la boca. Su cara se caía de lo molesto que se había puesto fantaseando con miles de maneras de discutir o pelear con esos chicos y cerrarles el orto o cagarlos a trompadas merecidamente.

—Hijo, comé que se enfría —Su madre le llamó la atención con seriedad. Santino se percató de su "viaje mental" y retomó la cena.

—Así que, nada, me regalaron esos dos enteritos blancos, para que yo use en el taller cuando pinte, ¿viste? Pero a mí no me entran ni a palos —Su hermana mayor seguía comentándole a su madre.

—¿Son muy chiquitos? —preguntó la otra mujer.

—Más o menos, onda , a mí no me cierran por la panza —dijo refiriéndose a su obesidad—. Pero, ponéle que sea del talle de Santi.

—¿Me los mostrás? —dijo él, terminando al fin su plato.

—Sí, los dejé en la mesa del taller, fijáte si te gustan y agarrátelos —autorizó la mayor sonriéndole.

—Dale —Santino levantó su plato mientras su madre y su hermana continuaban charlando y, luego de lavarlo, se dirigió a por las dichosas prendas.

Prendió la luz y entró a la habitación, el taller de su hermana Sol, que solía dedicarse a pintar grandes cuadros en distintos tipos de lienzo, dibujar y hacer alguna que otra artesanía. Ese lugarcito tenía de todo. Por alguna razón, Santino no estaba muy fascinado con el lugar, se le hacía de lo más desordenado y caótico, y no eran de sus preferencias esas ramas artísticas, pero siempre recalcaba que lo que hacía su hermana, o sea, sus trabajos finales, eran impresionantes.

Con mucho cuidado de no tocar o pisar nada entre ese montón —ya que no estaba consciente de qué valor tendría cada cosa—, caminó hasta la mesada grande donde había una bolsa transparente y, dentro de ella, doblados los dos monos.

Al tomar la bolsa, salió de ese lugar y se adentró en su propia habitación. Se puso a mirar los monos, eran del mismo talle. No le gustó mucho el estilo, eran simplones, obviamente eran de esos que usaban los pintores, no saldría a la calle con eso. De todas maneras quiso probar cómo le quedaba. Según él se le veía bien.

—Listo, me pongo una bolsa en la cabeza, salgo y alta facha —Rio. A veces tenía la costumbre de hablar solo en voz alta cuando estaba en su cuarto—. El otro se lo puedo dar a Joaquín... Nah, no creo que le guste.

Y entonces, una idea relámpago se cruzó por su cabeza. Sonrió. Se lo quedó meditando para entrar en detalle con su propia cabeza y explicarse los pros y los contras posibles que habrían si hacía eso que estaba pensando. Pro: Podrían ir a la Marcha del Orgullo; Contra: Sol se enojaría por tocarle los acrílicos.

...

El viernes pasó manteniendo ansioso a Santino. Nuevamente Joaquín había faltado a la escuela. Pero estaba contento, cuando saliera de clases le contaría, si es que llegaba a cruzarlas otra vez en la plaza repartiendo folletos, a Ruth y Azul que sí podrían ir a su reunión al aire libre y luego a la marcha.

Después de saludarlas y quedarse contándoles las buenas nuevas, Santino volvió a la casa de Joaquín con su típico saludo fofo, pero con su mochila repleta de colores.

—¡Tengo una re sorpresa, boludo! —exclamó Santino sacando de su mochila del colegio la bolsa con los monos y otra bolsa aparte que se la entregó directamente a su amigo—. Ahora ya no tenés excusas.

Dicho eso, Joaquín, algo desorientado, sacó lo que había en el interior de la bolsa, mientras que Santino ya tenía desplegados los monos sobre la cama.

—¿Bolsas? —rio—. ¿Es una bolsa rusa? —hizo referencia a las muñecas matrioshkas.

—Mirálas bien.

Solo eran dos, una era una simple bolsa de papel, y la otra tenía dos correas de soga a sus costados, como si se tratara de una de esas bolsas que se dan cuando van a comprar ropa a un local grande. Sin embargo, estas dos bolsas no eran tan simplonas después de todo, porque Santino se había tomado la molestia de convertirlas en mascaras perforándoles óvalos por donde mirarían y en sus exteriores se encontraban pintadas de los colores del arcoíris.

—Si en la plaza vamos vestidos iguales con esta bolsa nadie nos va a reconocer, y después podemos ir tranquilamente a la marcha —aclaró el muchacho pelinegro sonriente y entusiasmado.

—Santi, esto es re tonto —Le dijo riéndose.

—Dale, copáte, la vas a pasar bien. En serio.

Joaquín se lo quedó mirando sonriendo. Suspiró volviendo a mirar las bolsas, estaba muy agraciado al mismo tiempo que agradecido por tener un amigo que lo apoyaba tanto, porque sí, él de verdad quería ir a esa marcha.

—Te sigo el juego nada más porque siempre quise usar un disfraz en la calle.

...

El sábado llegó. A la una de la tarde se habían juntado, como ya decía el folleto, los miembros de la agrupación y gente interesada en la charla. No eran más de veinticinco, pero para Joaquín ya parecía mucho. Por otra parte, el par de amigos fueron dejados en la plaza por el padre del castaño y, antes de bajar del auto, comenzaron a reírse al momento de colocarse las máscaras.

Al acercarse a la ronda, fueron el centro de atención cuando saludaron a las demás personas y estas elogiaron aplaudiendo de manera divertida la ocurrencia de los chicos. Obviamente luego se presentaron por sus nombres, advirtiendo que por ciertos asuntos preferían ocultar sus rostros, pero no su posición.

La charla fue de lo más interesante. Contaron sobre qué hacían en la agrupación, los murales conceptuales que a veces el municipio les pedía hacer, cómo trabajaban con talleres de ayuda a personas que sufrían alguna clase de abuso o discriminación, cómo daban contención a distintos individuos de la comunidad o personas que sufrían algún tipo de violencia. Se manejaban mucho a través de talleres de arte también, entre eso, todo lo que tenía que ver con dibujar y pintar, y también música.

A todo esto, Joaquín ya estaba admirando mucho más todo lo que hacían Ruth y Azul, que eran las coordinadoras. Mirando a su alrededor de vez en cuando notaba chicos que no conocía, pero que identificaba que iban a su escuela. No le importaba llamar la atención con esa bolsa colorida, siempre y cuando su cara no se viera. Luego de la charla de una hora, un colectivo escolar alquilado llegó, sería momento de ir a presenciar la marcha por primera vez.

Una vez dentro del vehículo, y con todos sentados a punto de arrancar, Santino se sacó la bolsa. Estaba un poco acalorado y su cara toda roja. Joaquín lo imitó. Ambos rieron cuando el colectivo comenzó a andar.

—Sobrevivimos, Joako —comentó Santino secándose el leve sudor debajo de su nariz con la manga.

—Somos unos grosos —alegó gallardo volviendo a reír junto al pelinegro.

El viaje fue entretenido. Charlaron con todos los que presenciaron su verdadera identidad. Comieron unos sanguchitos de milanesa que invitaron las coordinadoras. La pasaron espectacular, rodeados de un ambiente divertido, reconfortante y agradable... Al fin Joaquín estaba cómodo alrededor de ese tipo de gente, hasta se había animado a contarles a algunas de las personas con las que habló cuál era su orientación sexual, y no tuvo pudor al hacerlo.

El vehículo llegó a su parada final. Desde allí, con cientos y cientos de personas más, caminarían hasta la Plaza de Mayo, para, luego de algunas charlas y presentaciones, comenzar a marchar por la avenida.

Ellos estaban siendo los últimos en bajar. Santino se había vuelto a poner la bolsa en la cabeza cuando bajó a la vereda. Joaquín por detrás observó la suya, después miró sonriendo con las labios sellados a su amigo, quien se dio la vuelta también para mirarlo.

—¿Qué pasó, Joako? ¿No te vas a poner la bolsa? —preguntó sereno.

—Ah... —La miró otra vez—. No..., creo que nunca más —Santino se mantuvo desentendido hasta que algo tímido, Joaquín continuó—. Digo, ya estoy acá y no creo que haga falta... Además, me gusta interactuar con este tipo de gente, me gustaría empezar a ir a la agrupación, aprender a defenderme, y defender a otros, ¿por qué no? Quiero cambiar un poquito eso de mí.

Santino se sacó la bolsa de la cabeza mientras comenzaba a caminar junto a Joaquín detrás del grupo. Estaba de más contento, nunca le había escuchado decir tal cosa al castaño, era algo que ansiaba mucho, y que gracias a ese empujoncito que Santino le dio, gracias a que alguien en el mundo pensó un poco más en Joaquín, al fin él pudo proponerse una pequeña meta..., pero era una meta grande para sus jóvenes quince años.

—Wow, me pone re contento que digas eso. Qué bueno, che —festejó abrazando a su amigo por sobre los hombros alrededor del cuello con un brazo mientras seguían caminando.

—Sí, bueno, sé que no soy alguien intimidante, tengo mis miedos, como todos, pero no soy así por mi orientación sexual, soy así porque así es mi personalidad.

—Además no tiene nada que ver, vos no estás mal en ser como sos.

—Me gusta ser como soy, me gusta tener en claro lo que quiero, nada más me gustaría ser un poco más... ¿expresivo?

—¡Me parece muy bueno! ¡Vamos todavía! —Santino levantó uno de sus brazos con la bolsa en mano haciéndola ondear como una pequeña bandera.

A solo una cuadra de la plaza, ya podían ver la enorme concentración de gente, de mundos. ¡Todo era tan colorido, llamativo y alegre! Realmente la convocatoria sobrepasó por mucho las expectativa de los dos chicos.

«Sé que con voluntad y el apoyo adecuado, voy a poder amarme a mí mismo definitivamente.», pensó Joaquín muy seguro de sí a pocos metros de llegar, aunque no lo diría en voz alta porque todavía le daba pena.


GLOSARIO:

Matear= Tomar mate (bebida tradicional en Argentina, Paraguay, Uruguay, y parte de Brasil y Chile).

Pibe: Chico, muchacho.

Pelotudo: Idiota, estúpido.

Boludeces: Tonterías.

Boludo: Tonto. En confianza se usa como muletilla para dirigirse a un amigo.

Cerrar el orto: Dejar o quedar callado (Expresión vulgar).

Cagar a trompadas: Golpear (Expresión vulgar).

Ni a palos: De ninguna manera.

Alta facha: Buen estilo estético o físico (Expresión).

Re: De "muy", "mucho" o "extravagante" .

Copáte: Animáte.

Copado: Genial, cool.

Groso: Referido a una persona buena, simpática y/o talentosa.

Sanguche: Sándwich.

...

Se me dio por dibujarlos xd






14 de Julho de 2019 às 07:47 0 Denunciar Insira 0
Leia o próximo capítulo 2. No me olvides (L)

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