Miguel de Cervantes, el manco de Lepanto Seguir história

u15519752281551975228 Ibán José García Castillo

Este escrito muestra las hazañas de uno de los grandes de la literatura española, Miguel de Cervantes. Un gran escritor que con su gran obra ha traspasado fronteras y ha sido y será conocido fuera de las fronteras españolas por siempre por su famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha, aparte de haber introducido en la literatura la novela corta con sus novelas ejemplares.


Histórias da vida Todo o público.

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Biografía

Miguel de Cervantes fue bautizado en la torre de la parroquia Santa María La Mayor de Alcalá de Henares, la cual no ha llegado hasta nuestros días. Durante la guerra Civil Española un incendio hizo que resultara destruida hasta sus cimientos. Este famoso escritor que ha extendido su fama por el mundo entero con su famosa obra el Quijote nació supuestamente en Alcalá de Henares, el veintinueve de septiembre de mil quinientos cuarenta y siete. Sus padres, Rodrigo Cervantes y Leonor de Cortinas estaban muy enamorados y acogieron en sus brazos como si fuera el mayor de los milagros al pequeño Miguel.

Sus abuelos paternos, Juan de Cervantes y Doña Leonor Torreblanca, también celebraron con euforia la noticia, a pesar de no ser Leonor, la mejor elección para su hijo Rodrigo, habrían preferido que se casase con Eulalia, proveniente de una familia rica y noble con muchos contactos con la corona. Pero así era él. Lo educaron para ser cirujano, que fue el oficio más parecido al antiguo título de practicante que era la idea generalizada de ser médico en aquella época. La sordera también fue un problema para continuar sus estudios, además del niño y del carácter inquieto e itinerante de la familia, que no era capaz de mantenerse mucho tiempo quieta en una sola ciudad. Eso siempre trajo de cabeza a los abuelos de Rodrigo, el padre de Miguel de Cervantes.

Su abuelo Juan, graduado en leyes por Salamanca y juez de la Santa Inquisición, abandonó el hogar y comenzó una errática y disipada vida, dejando a su mujer y al resto de sus hijos en la indigencia, por lo que el padre de Cervantes se vio obligado a ejercer su oficio de cirujano barbero, lo cual convirtió la infancia del pequeño Miguel en una incansable peregrinación por las más populosas ciudades castellanas. Por parte materna, Miguel de Cervantes tenía un abuelo magistrado que llegó a ser un efímero propietario de tierras en Castilla.

Rodrigo siempre fue una persona preocupada por la educación de sus hijos, a pesar de no ser él mismo alguien muy ilustrado. Después de huir de sus deudas de Alcalá y acaba en Valladolid, fue apresado durante siete meses por impagos. En mil quinientos cincuenta y tres, un año después de sus penurias anteriores, la familia acabó en Córdoba, donde Miguel ingresó en un ampuloso colegio de jesuitas. El futuro escritor fue un lector muy precoz, en gran medida gracias a sus dos hermanas, que sabían leer. Eso era muy inusual en aquella época, aún perteneciendo a la clase alta.

En mil quinientos cincuenta y seis su madre vendió el único sirviente que les quedaba y partieron hacia Sevilla para poder mejorar su economía. Esta ciudad era la puerta de España a las riquezas de las Indias y la tercera ciudad de Europa (tras París y Nápoles), al menos en la segunda mitad del siglo dieciséis.

Miguel era un adolescente tímido y tartamudo a sus diecisiete años. Asistía al colegio de los jesuitas y se distraía como asiduo espectador de las representaciones del popular Lope de Rueda, cosa que no dudó en recordar años más tarde, en el prólogo a la edición de sus propias comedias.

En mil quinientos cincuenta y uno la hasta entonces pequeña y tranquila villa de Madrid había sido convertida en capital por Felipe II. Esto hizo que la ciudad aumentara su población de forma desmedida en unos pocos años. La carrera por volver a despegar económicamente les llevó esta vez a trasladarse en mil quinientos sesenta y seis a la nueva capital.

Miguel asistió a la universidad, cosa que aunque más tarde no pudo constatarse, se mostró en la familiaridad que tenía con los usos y costumbres estudiantiles. Su nombre apareció en mil quinientos sesenta y ocho en cuatro composiciones de una antología de poemas a la tercera esposa de Felipe II, Isabel de Valois.

El humanista Juan López de Hoyos, introdujo desde temprana edad a Miguel en la lectura de clásicos como Virgilio, Horacio, Séneca o Catulo. También le hizo leer a Erasmo de Rótterdam. Lecturas que ayudaron mucho al futuro escritor en su trayecto como escritor. En la escuela de hoyos, Miguel hizo de profesor.

Tres años después de trasladarse toda la familia a Madrid, Miguel fue condenado a arresto y amputación de su mano derecha por herir a Antonio de Segura en combate singular. Este tipo de penas se aplicaba a quien se atreviera a hacer uso de las armas en las proximidades de la residencia real, cosa que por lo visto no evitó nuestro protagonista. Ese mismo año Cervantes huyó de España para evitar esta sanción. En diciembre ya había viajado a Italia, provisto de un certificado de cristiano viejo, lo cual confirmaba que no tenía ningún ascendiente ni judío ni moro. Meses después se enroló como soldado en la compañía de Diego de Urbina.

En aquella época España había perdido en Trípoli cuarenta y algo barcos y más de siete mil hombres, era algo urgente reforzar el ejército contra el imperio Turco y así lo creyó Miguel o al menos lo vio como una manera de escapar a su castigo.

En mil quinientos setenta y uno España obtuvo el refuerzo de Venecia y Roma, lo que pasó a llamarse la Santa Alianza. Un hermanastro bastardo del rey de España, Juan de Austria comando a las huestes españolas el siete de Octubre, llevándolas a la victoria. Ese día los turcos cayeron.

Esa gloria marcó a Miguel, tanto que esa batalla, la de Lepanto fue relatada en la primera parte de su gran obra, El Quijote. En la batalla el autor había recibido tres heridas, una de las cuales inutilizaba para siempre su mano izquierda dijo, aunque la realidad es que Miguel fue perro viejo, si quería salvar su mano, no le bastaba con la gloria de esa batalla. Había gente influyente que quería verlo sin mano, así que que mejor manera de darles algo de lo que ellos pedían a la justicia, que ya ver que el destino lo había castigado por ellos.


A partir de entonces, sin poder evitarlo, Miguel fue nombrado con connotaciones de gloria y honor incluso como el “el manco de Lepanto”.

Miguel no satisfecho con esta gloria, entró nuevamente a la batalla, aunque esta vez acompañado de su hermano menor, Rodrigo. El hermanastro bastardo del rey volvió a comandarlos hacia la batalla.

En mil quinientos setenta y tres y cuatro Miguel estaba entre Sicilia y Nápoles. Allí conoció a una joven sirena que cautivó su corazón. Su nombre era Silena, al menos en sus poemas. Tuvo un hijo con ella al que castigaron con el nombre de Promontorio.

Del mando de Juan de Austria pasó a las órdenes de Lope de Figueroa. Esto ayudó a un escrito suyo llamado El licenciado Vidriera, donde describe la ciudad de Ligur. Allí trabó amistad al cardenal Acquaviva, el cuál no se libró de dedicatoria. Miguel de dedicó un escrito suyo llamado La Galatea.

Fue ésta la época en que Cervantes se propuso conseguir una situación social y económica más elevada dentro de la milicia mediante su promoción al grado de capitán, para lo cual obtuvo dos cartas de recomendación ante Felipe II, firmadas por Juan de Austria y por el virrey de Nápoles, en las que se certificaba su valiente actuación en la batalla de Lepanto. Con esta intención, Rodrigo y Miguel de Cervantes se embarcaron en la goleta Sol, que partió de Nápoles en septiembre de mil quinientos setenta y cinco. Lo que debía ser un rápido regreso a la patria se transformó en el principio de una infortunada y larga aventura.


Una tormenta sorprendió a la goleta de Miguel y Rodrigo en el regreso. Eso los separó del resto de la pequeña flota y sin poder evitarlo fueron abordados a la altura de Marsella. Tres corsarios berberiscos tuvieron la culpa. Arnaute Mamí y todos sus hombres entablaron un encarnizado combate contra ellos, saliendo victoriosos. Los dos hermanos cayeron prisioneros.

Gracias a su ambición y las dos cartas de recomendación le salvó la vida a Miguel, aunque hizo que viviera un autentico calvario preso de estos de Berberiscos.

Arnaute Mamí estaba convencido de tener ante sí a una persona importante y de recursos, eso hizo que Miguel pasara a convertirse en su esclavo y apartado del habitual canje de prisioneros y del tráfico de cautivos corriente entre turcos y cristianos. Esta circunstancia y su mano lisiada lo eximieron de ir a las galeras. El gran teatro de Cervantes con su mano le había salvado la vida ya en dos ocasiones.


Argel era uno de los centros de comercio más ricos del Mediterráneo. Muchos cristianos pasaban de la esclavitud a la riqueza renunciando a su fe, era una forma de salvar sus vidas.

El tráfico de personas era intenso. Por desgracia la familia de Miguel estaba demasiado lejos de poder reunir la cantidad necesaria para el rescate que pedían por, si quiera, uno de los hermanos.

Miguel, no era un hombre de quedarse quieto. En todo ese tiempo intentó escapar de su cautiverio al menos en cuatro ocasiones. El primero fue una tentativa frustrada de llegar por tierra a Orán, que era el punto más cercano de la dominación española. Muy a pesar de sus esfuerzos, no funcionó, fue capturado y apaleado, siempre con cuidado de no matarlo, ya que seguían considerándolo alguien importante.

El segundo, coincidió con los preparativos de la liberación de Rodrigo, al menos uno de los dos iba a tener suerte pensó Miguel.

Andrea y Magdalena, las dos hermanas de Miguel, mantuvieron un pleito con un madrileño rico llamado Alonso Pacheco Pastor, durante el cual demostraron que debido al matrimonio de éste sus ingresos como barraganas se verían mermados, y, según costumbre, obtuvieron dotes que fueron destinadas al rescate de Rodrigo, el cuál saldría de Argel en Agosto del setenta y siete. Los hermanos apenas tuvieron ocasión de despedirse. El intento fallido de fuga casi lo lleva definitivamente a su ejecución a Miguel, pero gracias a su fama de hombre con recursos, volvió a salvarse.

El tercer intento si tuvo consecuencias: Cervantes contrató un mensajero que debía llevar una carta al gobernador español de Orán. Interceptado, el mensajero fue condenado a muerte y empalado, mientras que al escritor se le suspendieron los dos mil azotes a los que se le había condenado y que equivalían a la muerte. Una vez más, la presunción de riqueza le permitió conservar la vida y alargó su cautiverio. Esto ocurrió justo un año después. La paciencia de sus captores estaba acabándose.

Pasó un año y medio antes de que Cervantes planeara su siguiente fuga con la ayuda de el licencia Girón, un renegado de Granada. Aún así, ese día Miguel recordaría que un plan de escape debería guardarse más en secreto. Un tal Blanco de Paz los delató.

Cinco meses de encierro en la prisión de moros convictos de Argel, encadenado, fue su nueva pena. Pasó a ser esclavo de un nuevo dueño, esta vez un rey, el rey Hassán, que pidió por él seiscientos ducados. Lo peor de esa situación es que estaba a un aliento de ser trasladado a Constantinopla, donde ya no habría esperanza ni de huida ni de rescate.

Su madre inició los trámites para su rescate. Su hijo heredó sus cualidades artísticas de su madre, la cual fingió ser viuda. Reunió el dinero, obteniendo préstamos y garantías, se puso bajo la advocación de dos frailes que no sabemos que llegaron a pedirle en privado y por fin, en septiembre de mil quinientos setenta y nueve, Leonor entregó al consejo de las cruzadas cuatrocientos setenta y cinco ducados.

Hassán aun así retuvo a Miguel hasta el último momento. Mientras los frailes negociaron y pidieron limosna para completar la cantidad pedida, por lo visto Leonor supo ser muy convincente con ellos.


El diecinueve de septiembre de mil quinientos ochenta, Miguel fue liberado. Después de eso pasó un mes entero limpiando su nombre y pleiteando contra Blanco de Paz. Se embarcó para España en octubre.

El viaje solo le ocupó cinco días, en los cuales no hubo ningún otro problema. Miguel llegó a Denia y regresó a Madrid. Tenía ya treinta y tres años, habiendo pasado sus últimos diez entre la guerra y la prisión. La situación de su familia además no era buena, diez años de lucha, deudas con el consejo de cruzadas hizo que no fuese una situación fácil. El imperio en general estaba en crisis, eso se notaba en el ambiente. Este estado se agravaría luego de la derrota de la Armada Invencible en el ochenta y ocho. Al regresar, Miguel ya estaba cansado de aventuras militares, así que renunció a su carrera militar.

Fijó sus ojos en la prosperidad de los funcionarios de las Indias, tratando de obtener un puesto en América. No lo consiguió para su desdicha.

Durante estos días, tuvo relaciones con Ana de Rojas, de cuyos encuentros clandestinos nació Isabel, una niña que crió la madre con otra pareja.

A los treinta y siente, Miguel se casó con Catalina de Salazar y Palacios. Ella era de una familia de Esquivias. Tenía tan solo dieciocho años, no obstante, no parece haber sido una unión signada por el amor. Meses antes, el escritor había acabado su primera obra importante, La Galatea, una novela pastoril escrita en el estilo que estaba de moda en aquella época. El editor Blas de Robles le pagó generosamente a Cervantes por este manuscrito.

El hecho de que tuvo muy buena acogida esta obra, decidió a Cervantes a dedicarse a escribir comedias. No podía competir con el nuevo modo de escribir de Lope de Vega, él aun estaba atado a las normas más clásicas de este género. A continuación escribió La comedia de la confusión y el Tratado de Constantinopla y la Muerte de Selim que tuvieron un relativo éxito. Aún así no aguantaron la competencia de Lope, por lo que dejó de escribir comedias, tarea que retomó al final de sus días.

Años después, hasta el cambio de siglo la residencia de nuestro protagonista estuvo en Esquivias, aunque solía visitar Madrid para alternar con los escritores de su tiempo. Solía leer obras y mantenía un constante enfrentamiento con Lope de Vega. En el ochenta y siete ingresó en la Academia Imitatoria, primer círculo literario madrileño del que se tiene constancia. Ese año fue designado comisario real de abastos (recaudador de especies) para la Armada Invencible. Tampoco tuvo mucha suerte con este destino: en Écija se enfrentó con la Iglesia por su excesivo celo recaudatorio y fue excomulgado sin más; en Castro del Río fue encarcelado (1592), acusado de vender parte del trigo requisado. Al morir su madre en 1594, abandonó Andalucía y volvió a Madrid.

Tiempo después fue nombrado recaudador de impuestos y para su desgracia quebró el banquero a quien había entregado importantes sumas y Cervantes dio volvió a prisión como chivo expiatorio, esta vez en la de Sevilla, donde estuvo cautivo cinco meses. En esta época comenzó a escribir Don Quijote de la Mancha, su obra magna.

Entre 1604 y 1606, la familia de Cervantes, su esposa, sus hermanas y su aguerrida hija natural, así como sus sobrinas, siguieron a la corte a Valladolid, hasta que el rey Felipe III ordenó el retorno a Madrid.

En 1605, a principios de año, El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha entró en escena. Miguel era por entonces un hombre enjuto, delgado, de cincuenta y ocho años, tolerante con su familia, poco hábil para ganar dinero. La fama fue inmediata, pero los efectos económicos apenas se notaron. Cuando en junio de 1605 toda la familia Cervantes, con el escritor a la cabeza, fue a la cárcel de nuevo, aunque solo por unas, don Quijote y Sancho ya eran famosos.

Miguel seguió pasando apuros económicos. Animado por el éxito del Quijote, ingresó en 1609 en la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento, a la que también pertenecían Lope de Vega y Quevedo. Era ésta costumbre de la época, que ofrecía a Cervantes la oportunidad de obtener algún protectorado.

En aquel mismo año se firmó el decreto de expulsión de los moriscos y se acentuó el endurecimiento de la vida social española, sometida al rigor de la inquisición.

Su hermana Magdalena ingresó en una orden religiosa. Se pasó años redactando testamentos y contiendas sórdidas: Magdalena había excluido del suyo a Isabel en favor de otra sobrina. Miguel renunció a su parte de la finca de su hermano en favor de aquélla, dejando fuera a su propia hija, enzarzada en un pleito interminable con el propietario de la casa en la que vivió. Cervantes se vio obligado a declarar a favor de su hija.

A pesar de no conseguir como mecenas al conde de Lemos, recién nombrado virrey de Nápoles. Miguel escribió con rapidez las Novelas ejemplares, en mil seiscientos trece vieron la luz. Al igual que el Viaje al Parnaso, escrita en verso un año después. En Tarragona apareció en ese mismo año una segunda parte pirata del Quijote escrita por otro hombre, proclamándose la auténtica continuación de las aventuras del hidalgo. Así, enfermo y con estrés, al mismo tiempo que preparaba otra publicación terminó la segunda parte del Quijote, que se imprimiría en ese mismo año.

A principios de 1616 estaba terminando una novela de aventuras llamada Los trabajos de Persiles y Sigismunda. El 19 de abril recibió la extremaunción y al día siguiente redactó la dedicatoria al conde de Lemos.

Unos meses antes de su muerte, Cervantes había tenido una recompensa moral por sus penurias e infortunios económicos: uno de los censores, le envió una recomendación en la que relataba una conversación mantenida en febrero de mil seiscientos quince con notables caballeros del séquito del embajador francés. En efecto, ya circulaban traducciones al inglés y al francés desde mil seiscientos doce, y puede decirse que Cervantes supo que con el Quijote creaba una forma literaria nueva. Supo también que introducía el género de la novela corta en castellano con sus Novelas ejemplares y sin duda adivinaba los ilimitados alcances de la pareja de personajes que había concebido. Sus contemporáneos, si bien reconocieron la viveza de su ingenio, no vislumbraron la profundidad del descubrimiento del Quijote.


A día de hoy el famoso Hidalgo y su compañero Sancho han sido traducidos a prácticamente todos los idiomas del mundo y son un referente de la literatura española. El Quijote ha sido y será el mejor embajador que hemos tenido nunca para representar a este hermoso país, España.


30 de Junho de 2019 às 10:32 3 Denunciar Insira 2
Fim

Conheça o autor

Ibán José García Castillo Soy un pequeño alma errante devoradora de historias que quiera aportar su pequeño granito de arena a las cientos de palabras escritas para el deleite de las personas. La historia que traigo lleva muchos años en mi cabeza y algunos otros en el papel. Ya tenía cerca de 60 páginas escritas a máquina hasta que pasó lo impensable, me atasqué, la di de leer a más gente y decidí reestructurarla toda y dar más profundidad y un enfoque de tiempos a mi novela diferente.

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Abianny Cuevas Abianny Cuevas
Me encanta como escribes me gustaria que cuando yo termine mi historia la leas para que me des tu opinión para mi seria un honor escucharla de un magnífico escritor
25 de Julho de 2019 às 11:43

  • Ibán José García Castillo Ibán José García Castillo
    Eso está hecho, y gracia spot el cumplido. Has leído el resurgir de los titanes entera? 25 de Julho de 2019 às 13:24
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