MARY SHELLEY: INTUICIONES Seguir história

lihuen Paola Stessens

Mary Shelley se prepara para pasar una velada con su viejo amigo Lord Byron. Es una velada tranquila a la luz las velas, que parece desarrollarse bien ante los ojos de los observadores, incluso ante el ingenuo Byron. Pero Mary no esta tranquila, su subconsciente le irá revelando más de lo esperado, extendiéndose incluso más allá de lo limites de la ciencia.


Ficção científica Todo o público.

#misterio #suspenso #pesadillas #experimentos #premoniciones #contenidohistorico
7
946 VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

Las señales

Mary agregó rápidamente algunas especias a las patatas horneadas y luego le gritó a Rose, su mucama y fiel compañera, que le diera de comer al pequeño Percy presintiendo que Byron, o Lord Byron como él se hacía llamar, estaría por llegar. El aroma de la comida ya impregnaba la sala, y pronto apareció el pequeño Percy con expresión de hambre en los ojos, por lo que Mary le pidió a Rose que le diera de comer en la cocina y lo preparara para dormir.

Era una suerte tener a Byron en la ausencia de su esposo, pues no había en toda Europa un poeta más divertido y perspicaz que este joven controvertido. El vínculo se había originado cuando quiso el destino caprichoso unirlos en Suiza en 1816, poco después que ella y su amado abandonaran la madre Inglaterra para salvar su amor prohibido, mientras que Byron huía de una sociedad que no le perdonaba haber tenido un hijo incestuoso.

Todavía recordaba aquel episodio de su vida. Mientras ella y Percy no tenían un centavo, Byron, por otro lado, siendo un alma generosa, propuso alquilar la mansión de la Villa Diodati para disfrutar de aquellos meses en grupo; y fue allí, en medio del frío glacial y la oscuridad envolvente causada por el volcán Tambora, donde, gracias al ingenio y desafíos de Byron, pudieron entretenerse escuchando las famosas historias de Phantasmagoriana y creando las propias a base de imaginación y pesadillas.

Quien diría, pensó Mary sonriendo, que su improvisado Frankenstein y el Vampiro de Polidori , habrían de conquistar al público. poco después de que Byron la desafiara a convertirla en novela.

No habían pasado muchos años desde aquel encuentro, ¿tal vez cinco o seis? y así y todo la vida les daba otra oportunidad para empezar otro ambicioso proyecto, del cual estaba segura, tendría más éxito que los engendros nacidos de aquellas reuniones intelectuales.

La campana de la entrada sonó de pronto y Mary supo de inmediato de quien se trataba; miró las ollas con indecisión, y cuando estuvo a punto de dejarlas, y a medio camino hacia la entrada, decidió regresar y sacarlas de fuego, no fuera que Byron la distrajera más de la cuenta y entonces aquel manjar se echara a perder.

Se encaminó, luego, presurosa hacia la entrada, pero algo la hizo detenerse frente al espejo, en donde en pocos segundos, evaluó su imagen. Y lo bien que había hecho, pensó espantada, mientras sus dedos, largos y finos, volaban hacia los arremolinados rizos humedecidos, producto del vapor de la cocina obviamente, y luego, hacia sus mejillas que pellizcó para traerles color. Una estúpida costumbre, supuso fastidiada, pero la práctica ya estaba hecha.

El vestido, sin embargo, lucia impecable lo que la sorprendió un poco, y la tela era tan sedosa que le parecía mentira poseer semejante atuendo. ¿Adónde lo había adquirido?, ¿y por qué no podía recordarlo?

La campana volvió a sonar insistente y Mary maldijo por lo bajo las distracciones de su mente.

─ ¡Ya voy!─ gritó con todas sus fuerzas aunque sabía que él no podría escucharla.

Cuando abrió la puerta, se complació al sentir la briza nocturna que le refrescó el cuerpo acalorado. Del otro lado del portón Byron la saludaba y ella adivinó que prontamente le mostraría una botella de vino, tal lo cual hizo segundos después, justo antes de entrar en la casa.

<<Tengo que dejar de tener estas premoniciones, pensó, pues la habían torturado desde que despertara de su larga siesta, tan larga que todavía le dolían los ojos>>.

─Como está mi bella amiga ─la saludó Lord Byron galantemente, mientras le besaba la mano.

Mary apenas pudo corresponder a aquel gesto caballeroso y no porque no le agradara, pues adoraba a Byron y ansiaba su compañía, sin embargo el corte y el color del traje de su amigo la dejó absorta por un instante. Algo había en él que estaba terriblemente mal. ¿Pero qué? Arrugó la nariz al percibir el aroma de su perfume, un aroma que le resultó un poco extraño .

Byron chasqueó los dedos sacándola de su ensimismamiento.

─ ¿Ocurre algo? ─ le preguntó mientras le ofrecía el brazo.

─No lo sé. Me siento algo extraña, quizá dormí demasiado─ confesó ella sintiendo aun la somnolencia en sus parpados.

Byron dejó escapar una estrepitosa carcajada mientras le respondía con tono despreocupado.

─Pues me pasa lo mismo. Yo creo haber dormitado en el carruaje hasta llegar aquí, y no me preguntes como o por qué, pero me siento como un recién nacido.

A Mary la inquietó aquella declaración más de lo que deseaba admitir, pero decidió guardar silencio. Había cosas que deseaba discutir con su amigo y solo podría hacerlo si mantenía la cordura. Comenzó entonces por contarle sobre lo que recordaba de su día, o medio día, pues solo se le venía a la cabeza las últimas tareas domésticas.

─De modo que te luciste con la comida─ observó Byron mientras aspiraba el apetitoso aroma que provenía de la cocina.

─ Ya sabes que no soy una gran cocinera─ comentó ella mientras se dirigían al comedor─ pero con la ayuda de Rose, he mejorado bastante.

Byron enarcó una ceja, y Mary adivinó sus pensamientos, que seguramente incluían las polleras de Rose, o mejor dicho, en lo que éstas ocultaban.

─Bueno no te hagas problema, sabes que estoy en permanente dieta─ dijo su amigo con aires de una celebridad, lo cual era por cierto, aunque su fama se debía más a sus controvertidas relaciones amorosas e inclinaciones políticas, que a sus habilidades como escritor.

Cuando él hizo un giro con su cuerpo, Mary observó su extrema delgadez y adivinó el esfuerzo que se escondía por detrás. Era sabido que cuando se obsesionaba podía ser muy cruel con su cuerpo sometiéndolo a té verde, gran cantidad de cloruro de magnesio y por último un ayuno que duraba días enteros.

─Pues si sigues así terminarás puro hueso─ manifestó ella ofuscada.

Las palabras de Mary quedaron resonando en los oídos Byron, que dudó entre tomarlas como una reprimenda o como un halago. Por la expresión seria de ella, se inclinó hacia la primera, aunque secretamente, ser calificado como “todo huesos” era justo lo que deseaba.

Mientras Mary servía los platos, Byron comenzó a mirar a su alrededor, como buscando a alguien.

─ ¿Y dónde está la bella Rose? Me agrada su compañía─ dijo con interés. Los ojos adquirieron un brillo especial que Mary supo interpretar de inmediato.

Mary conocía bien a su joven amigo. A los 35 años se le atribuían miles de conquistas y su fama de mujeriego era escandalosa. Mujeres de noble cuna o de la más extrema pobreza suspiraban cuando lo veían pasar. Altanero y carismático, sabía bien cómo hacer o que decir para no pasar desapercibido. Hasta ella misma había caído en el encantamiento que producía su voz cuando recitaba sus versos a quien quisiera escucharlo o prorrumpía en carcajadas cuando lo divertía contagiando a su audiencia a seguir su ejemplo. De esto y mucho más era capaz, y obviamente Rose no sería la excepción. Por eso decidió levantar la guardia antes de que él saltara sobre la víctima.

─Como podrá ver, mi estimado amigo ─ le dijo tajante ─, Rose es una compañera que no dese perder, tan buena que deseo conservarla por mucho tiempo. Y ya sabes cómo terminaría esto si tú das rienda suelta a la bestia que tienes ahí─ añadió, señalando su entrepierna.

─ Mí estimada señora, ¡cómo puedes pensar algo así de mí!─ exclamó él con fingida inocencia─. Al ver que ella no aflojaba, terminó por resignarse─. De acuerdo, de acuerdo. No insistiré, palabra de honor.

A Mary, el enojo le duró menos de un segundo. Ese rostro de ángel de rizos castaños y ojos oscuros que amanecían en la blancura de su semblante, podía con ella, y si hubiera insistido, hasta quizá hubiera cedido. Así de poderoso era su carismática personalidad, y así de débil era su voluntad para con él.

─Se ve a la legua que no has tomado sol, mi querido. ¿Has estado escribiendo? ─observó ella tratando de cambiar el tema.

El trató de verse en el reflejo de una cuchara de plata.

─¡Como siempre tienes razón!, hasta parezco enfermo ─replicó él cambiando de ángulo para analizar sus dientes. ─ De todas formas, no sería raro que me quedara varios días puertas adentro aunque no podría asegurarlo.

─ ¿Qué quieres decir con eso?

El desconcierto de ella lo obligó a tratar de explicarse, aunque él mismo se sintiera algo perdido.

─No te burles, querida, pero no recuerdo bien lo que he estado haciendo esta semana. Y no me mal intérpretes ─ agregó rápidamente antes de que ella lo interrumpiera. ─ Soy consciente de que he estado sumergido en las demandas del diario “The Liberal” y seguramente he estado muy ocupado seleccionando notas. Sin embargo hoy me levanté algo desmemoriado…

A Mary, la última palabra le hizo eco en la mente. Desde la siesta que se sentía algo desorientada y eso la inquietaba. Miles de preguntas sin respuestas le revoloteaban como una bandada de cuervos queriendo picotearla. Algunas inquietudes podrían ser consideradas irrelevantes pero no por eso dejaban de ser molestas. El hecho de no recordar lo que había desayunado o almorzado o incluso conversado con Rose le ponía los pelos de punta; y ni hablar de cómo explicar la existencia de ciertos objetos como por ejemplo ese mantel caro que lucía inmaculado, como si nunca hubiera sido usado: sin manchas ni pelusas ni una veta de desgaste. ¿Cómo era posible?

Por fortuna Byron estaba demasiado ocupado saboreando cada bocado como para percatarse de su paranoia. No obstante, era preciso decir algo, cualquier cosa que la mantuviera lejos de los latidos de su subconsciente.

─ ¿Y cómo va tu relación con Hunt? ¿Es tan prometedor como lo describe Percy?─ preguntó a sabiendas que a Byron no le agradaba, pero fue lo único que se le ocurrió decir.

─Ni lo menciones, por favor─ exclamó alterado, y Mary tuvo que esforzarse para no sonreír. ─La verdad no sé en qué pensaba Percy cuando lo unió a nuestro grupo. Pero no desperdiciemos nuestro tiempo hablando de un don nadie ¿quieres? Mejor cuéntame cómo va tu nueva novela.

─Pues diría que va bien ─ respondió titubeante.

A grandes rasgos, sabía que estaba escribiendo sobre el príncipe Castruccio Castracan pues había visto el segundo volumen del manuscrito en la biblioteca, también tenía una leve idea de la trama, pero le fastidiaba solo llegar hasta ahí, como si estuviera ante un manzano, sin posibilidad de saborear su fruta. No poder visualizar ni una línea, o si quiera una frase de su escrito la angustiaba en sobremanera ¿Acaso estaba perdiendo la memoria? No era posible. Sufrir de ese mal a su edad y más cuando su vida profesional dependía de ella, era el peor castigo que podía imaginar. Sacudió la cabeza con rechazo y frustración, sin percatarse que su amigo la estaba estudiando.

Al ver correr una lágrima, Byron le extendió un pañuelo.

─¿Qué pasa, mi señora? Si su tristeza se debe a la ausencia de Percy, la entiendo perfectamente ─Se acercó para calmarla─. Lo considero un desalmado que nos ha dejado aquí solos como dos huérfanos.

─No debes preocuparte, estoy bien─ afirmó ella borrando con el pañuelo los rastros humedecidos.

Repentinamente, supo que si se quedaba allí, el poco control que tenía obre si misma se resquebrajaría. Era tanta su ansiedad, tanto su desconcierto que necesitaba una vía de escape que la pusiera a salvo de esos ojos oscuros inquisidores.

─ ¿Deseas un té?─ dijo incorporándose.

Antes que él contestara, sus pasos las llevaron a la cocina donde logró sofocar sus gemidos en el pañuelo de su amigo. Se quedó allí unos instantes hasta que las riendas del auto control volvieron a tensarse.

Después del té, la velada prosiguió en sala contigua que funcionaba de living y biblioteca al mismo tiempo. Una vez allí, dejaron que el tiempo pasara entre el recitado de algunos poemas y el inicio de algunos debates que se extinguieron cuando el fuego de la discordia moría y la paz tomaba su lugar amenazando transformar la velada en algo tedioso. Pero Byron supo maniobrar a tiempo lanzando un nuevo disparador.

─Aún no me contaste nada sobre lo que escribes, Mary─ la reprendió mientras prendía un cigarro─ Dime ¿quiénes son los héroes esta vez? supongo que no será el monstruo y su novia, ¿o si?

─¡Valla que ideas tienes, Byron!─exclamó ella con fingida sorpresa─. ¿Te parezco una mujer capaz de crear monstruosidades?. Aunque no estaría mal. Podría continuar la obra con una Frankenstein, madre de pequeños monstruos, una nueva especie...

─ ¡Puro horror! ─ celebró él levantando una copa que rebasaba de vino.

─Pues imagina el escándalo. ¿Recuerdas la reacción de los puritanos cuando se publicó la novela?, Imagina si supieran que su autora es una mujer.

─Al diablo con ellos, Mary, ya sabes lo que pienso; debes identificarte y desafiar a esas bestias religiosas que solo vienen a este mundo a fastidiar y entorpecer el poco progreso que logramos hacer─determinó él con firmeza.

─ Pienso lo mismo, aunque tú lo expresas mejor─ adhirió ella, luego hizo una pausa meditativa.

<<Byron quería saber de su novela, su nueva novela, esa de la que no podía recordar ni media palabra...>>.

Inquieta, se acercó a los borradores de sus escritos y releyó con voz temblorosa alguna de sus notas. Notas que hablaban de la trama, una trama que sonaba interesante, y por lo que podía leer, ella había estado investigando bastante. De soslayó captó el interés de él cosa que la animó a continuar con la lectura, hasta que las letras comenzaron a desdibujarse cuando la voz de su interior se volvió demasiado fuerte.

<<¿Desde cuándo mi letra es tan redondeada, y el papel tan blanco y tan ligero?>>.

Tuvo que dejar de leer para reprimir lo que pujaba desde adentro. Tuvo que esforzarse para no estallar y darle la espalda a su amigo para no desmayar

La voz de su amigo la trajo de regreso una vez más.

─Estoy encantado con lo que he escuchado, Mary. Una novela histórica, con protagonistas enigmáticos. El déspota Castruccio Castracani y la condesa Euthanasia y en el medio guerras, discordias, traiciones y como postre un romance prohibido. Todo los ingredientes, y con ese magnífico talento que tienes, no dudo que será un éxito.

Al ver que ella no respondía, Byron se acercó a la mesa de trabajo, para inspeccionar las pilas de notas y libros que parecían haber sido utilizados recientemente.

─Libros de historia sobre el conflicto entre los güelfos y gibelinos, la crianza del príncipe y sociedad del siglo XV, muy interesante. Se ve que has estado muy ocupada investigando.

Ella sonrió a medias ante el brillo de admiración que desprendían los ojos de su amigo. Deseaba poder saciar su curiosidad dándole mil detalles sobre su presunto trabajo pero no podía ¡Simplemente no podía! Y no porque no lo deseara, sino porque estaba en blanco. Eso era, un papel con borrones, una lámina sin detalles, un libro incompleto. ¿Dónde estaban sus memorias? Se frotó la frente, presionado su piel muy fuerte, como un pequeño masaje que milagrosamente la fue relajando.

<<Tal vez es el día, conjeturó, tal vez durmió demasiado, tal vez había estado trabajando demasiado…>>

Byron perdió rápidamente el interés en los textos, pero no por la obra de su amiga.

─Y qué hay de especial en la bella Euthanasia. ¿Logrará torcer el destino del príncipe villano?

─Pues no te contaré el final. Sólo te diré que mi heroína tiene más carácter de lo que piensas, el suficiente como para rebelarse contra cualquiera que se le interponga, incluyendo a su amante─ agregó ella de forma espontanea.

─Y no lo dudo, si la condesa se parece a ti ─ repuso él mientras la observaba─. Es más estoy seguro que portará la bandera feminista tu madre y la liberal de tu padre, y hasta posea algo de la rebeldía y terquedad de su creadora, ¿o me equivoco?

Mary torció la boca, cosa que hacía cuando se sentía disgustada.

─Mi padre vendió esa bandera cuando demostró que podía ser tan autoritario como los progenitores a quienes tanto criticaba. ¿No es paradójico? Siempre decía que el niño debía ser liberado de control, y bla bla, una teoría que no pudo poner en práctica cuando tuvo ocasión.

─Deberías ser más comprensiva ─ la reprendió Byron con tono compasivo. ─No olvides que tú eras su única hija y tu comportamiento no es algo fácil de digerir. Te pasará a ti con tus hijos ya lo verás. Aunque si vamos al caso, tuviste más suerte que cualquiera en tu crianza, incluso más que yo, que fui criado por una autentica fiera que me llamaba deforme. Y mira lo que salió, ─ expresó divertido auto señalándose─ una mente brillante y un cuerpo atlético, ¿no lo crees?

Ella asintió con la mirada pero sin convencerse del todo.

─El punto es─ prosiguió su interlocutor, ─que gracias al constante rechazo materno al que me vi sometido, me puse más rudo, o más insensible si prefieres, cosa que me permitió hacer lo que se me venga en gana. Después de las flechas venenosas de mi dulce madre, ya nadie pudo hacerme daño, como bien lo sabes.

─Y doy fe que has podido sobrellevar tu carga maravillosamente, mi querido amigo─ declaró ella─. Eres un diamante de corte único. Duro, afilado y cristalino.

─Gracias. También tú, mí querida, has nacido como una gema rara y preciosa que se impones a las demás.

Por un momento ambos permanecieron silenciosos bebiendo lentamente de sus copas. Luego Mary caminó hasta la ventana con el objetivo de espiar a la luna esplendorosa.

─Byron, amigo querido, me gustaría contarte sobre otro proyecto que tengo en mente. Algo un poco más íntimo.

+

+

+

+

27 de Junho de 2019 às 03:47 4 Denunciar Insira 4
Leia o próximo capítulo La fantasía final

Comentar algo

Publique!
Josy Gracy Josy Gracy
Excelente texto
8 de Julho de 2019 às 11:04

~

Você está gostando da leitura?

Ei! Ainda faltam 1 capítulos restantes nesta história.
Para continuar lendo, por favor, faça login ou cadastre-se. É grátis!