CARA O CRUZ: PREMONICIONES Seguir história

lihuen Paola Stessens

Ela vive entre pesadillas y premoniciones que dejan entrever un pasado cruento, que podría ser ficticio o real. Ela a elegido mudarse y escapar pero su destino la persigue dándole muerte a su única amiga y pariente. Afortunadamente un detective se interesa en su caso y la ayudará a dar el paso que tanto teme: investigar la verdad de su pasado, ese que le ha sido negado.


Suspense/Mistério Todo o público.

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LA TRAMPA

Ela entró al bar o su refugio, como le gustaba llamarlo. Le agradaba el humo de chimenea que respiraban lo adictos al cigarrillo, y a pesar de que ella no compartía el vicio, le sentaba bien intoxicarse de vez en cuando; le daba cierta esperanza, cierto consuelo, y no del que promete la restauración del alma o del cuerpo, estaba claro que no; ella deseaba la cercanía de lo oscuro, lo doloroso, lo amargo y venenoso, el toque de la decadencia, de la podredumbre, de la vileza, ese contacto que nacía de lo más profundo de su alma y la sacudía desde su inconsciente; si al menos podría olvidar o recordar estaría viva otra vez, volvería ser ella misma ─un solo ser─ para bien o para mal, pero sería libre. Libre. Pensar en ello la hizo desear sonreír, pero antes que pudiera siquiera curvar los labios, la hiel supuró nuevamente como un volcán y ya no le quedaron más ganas que beber unos cuantos sorbos de whisky; el mejor remedio para mantenerse cuerda.

El chico del bar se le aproximó poniéndole su trago enfrente.

─¿Un mal día?─le preguntó enarcando una ceja.

─No es asunto tuyo, Dan─ renegó ella tomando el vaso con mano temblorosa.

El joven hizo un gesto de desaprobación.

─Como sigas bebiendo, terminarás inconsciente.

─Ya estoy acostumbrada. ─El tono entre amargo le brotó sin esfuerzo.

Media hora después, alguien le quitó el vaso de las manos antes que bebiera por quinta vez. Al voltear se encontró de frente con su prima Lucía que lo sonrió meneando la cabeza. Llevaba el cabello recogido, lo cual resaltaba sus grandes ojos oscuros y sus pendientes plateados. Cuando se quitó el tapado dejo al descubierto un largo vestido rojo que resaltaba sus curvas.

─Dan tiene razón ─la regañó con cariño─. Quiero aprovechar este rato para charlar, y para eso necesito que estés medianamente sobria.

Poco después, el contenido del vaso se perdió en sus labios carnosos, hasta la última gota.

─Pues es tu culpa por tardarte tanto─ se quejó Ela.─Estaba aburrida.

─¿Aburrida?, no lo creo. Seguro estabas maquinado cosas en tu cabecita.

─Me conoces demasiado bien. ─Sonrío a medias

─Así es, primita. Demasiado bien ─repitió Lucía mientras prendía un cigarrillo para luego exhalar un bocana de humo que se expandió en tres perfectos anillos.

Ela disfrutó pinchándolos con el dedo.

─Me gustaría saber cómo haces esto.

─Experiencia en el vicio. ─Hizo un pausa para examinar a su amiga─. Luces muy pálida y ojerosa. Y además no te has arreglado, vistes como si vinieras de una de tus caminatas por el bosque.

─El trabajo me está matando. No tengo tiempo para arreglarme, además de que no tengo ganas.

─Ya veo. ─La observó a través del humo─. Apuesto que sigues con los insomnios.

─Ahá. Y las migrañas.

─Sumado a tus pesadillas, supongo─ agregó Lucía lanzándole una mirada de confidencia.

Ela le devolvió la mirada con un leve asentimiento de la cabeza, en respuesta, Lucia sacudió la cabeza en señal de incomprensión.

─No te comprendo Ela. Viniste aquí para hacer un cambio de vida, en cambio te vez peor. ¿Por qué te niegas a tratarte con un especialista?

─La última vez que me traté con uno me hizo peor, ¿lo recuerdas?─sus ojos relampaguearon al recordar aquellas experiencias. El dinero peor gastado de su vida se lo quedó aquel charlatán que la había tratado.

─Pero era un psicólogo común y corriente. Yo hablo de un psiquiatra especializado en traumas, es lo que necesitas.

Antes que Ela pidiera otro whisky, su prima se interpuso.

─Deja de beber o vomitarás mi camioneta como la última vez.─ Puso unos billetes en la mesa y le hizo señas al barman para que lo recogiera─. Será mejor que nos vayamos.

Sin el trago, Ela necesito otro estimulo por lo que manoteó el cigarrillo de la boca de su prima y dio varias pitadas. La aspiración sin experiencia la ahogó y la hizo toser hasta que lágrimas calientes rodaron por sus mejillas. Fueron unos segundos, pero el espectáculo fue suficiente para que unos cuantos expertos enviciados voltearon burlones; al final, cuando se recuperó, algunos vitorearon su osadía haciéndola sonreír, y esta vez genuinamente.

Lu la agarró del brazo y la arrastró fuera del bar en dirección a la camioneta. Una gélida ventisca les dio una bofetada en plena cara haciéndolas retroceder. Ela tuvo que agarrarse de su prima para no caer, era evidente que el aire le estaba haciendo un mal efecto.

─Espero que te aguantes el vómito hasta que lleguemos─refuñó Lucia tirado de ella.

─¿Qué pasa primita? ─se burló Ela─¿Estas de mal humor?

─No para nada, solo que me harta verte auto destruirte así.

La carretera se extendía como un gusano retorcido que se dejaba a ver en pequeñas partes según le daba la luz. La velocidad a la que iban era la permitida para las noches heladas como esa; helada y sin luna, un verdadero desafío para conductores sin experiencia.

Ela se cubrió con una de las mantas que encontró en el asiento de atrás y luego se hizo un ovillo, la pose perfecta para dormir. El silencio abrumador obligó a Lucía a poner música.

─Tienes radio pero no tienes calefacción ─ gruñó Ela apretujando la manta contra sí misma.

─No te preocupes, ya tengo candidato para arreglarla.

El tono confidencial y el coloreo de las mejillas olían a romance; Ela supo de inmediato que su prima se traía algo entre manos y ella era toda oídos.

─Quiero saberlo todo y con lujo de detalles ─pidió Ela sin rodeos, no obstante las palabras resbalaban por su boca anestesiada, aunque ella no era consciente de ello.

─Estas borracha y no me voy a gastar para que entiendas la mitad─ declaró Lucía mirándola de reojo.

No se equivocaba. Ela ya dormitaba abrazada a su abrigo, y cuando los ronquidos remplazaron su placida respiración, Lucía levantó el volumen de la música y trató de enfocarse en la ruta.

Dicen que muchas veces los sueños tienen la peculiaridad de mezclarse con la realidad exterior, y si ese estado se cuela en el inconsciente, y se entremezcla con los componentes correctos, se vuelve mucho más filoso y más retorcido.

Hacía mucho frío y estaba oscuro; muy oscuro y húmedo. Ela se sentía empequeñecida, como si su cuerpo estuviera comprimido en un envase demasiado estrecho. Los alrededores no le eran desconocidos, ya había estado allí antes, muchas veces desde que tuviera memoria; el mismo suelo desnivelado, los mismos arbustos esparcidos aquí y allá, y más allá el extenso bosque, el lugar donde se suponía no debían ir sin la compañía de un adulto. Pero las reglas se crearon para ser traspasadas, decía su hermana mayor mientras la arrastraba ladera abajo ignorando sus protestas.

─Deja de quejarte, Ela. Ya eres una niña grande para andar lloriqueando.

─No quiero ir, siempre me dejan sola ─ se lamentó la pequeña haciendo peso con el cuerpo para frenar el andar.

Pero era imposible. La fuerza de Berta y los empujones de sus otras hermanas pudieron más. En poco tiempo ya estaban en el corazón del sombreado pinar.

Ela se abrazó así misma buscando espantar los brazos gélidos del aire invernal. Al verla tan rígida, su hermana mayor le pegó un violento sacudón que la hicieron dar contra el suelo.

─Ponte en sintonía hermanita, y prepárate para contar.

Ela quiso rehusarse pero sus cinco hermanas no le dieron oportunidad; cada una salió disparada en una dirección diferente, y como no podía perseguirlas, Ela las siguió con la mirada en las cinco direcciones que cada una escogió. Evaluó por unos segundos a cual buscar primero. Berta, Cora y Natalia era demasiado rápidas para ella por lo que le quedaban dos opciones: Juana la regordeta o Stella la lenta. Meditó y decidió ir por Stella.

Si no se tiene el cuidado ni la experiencia suficiente, los senderos del bosque pueden ser muy engañosos. Dar vueltas en un mismo sitio y errar para errarle más es algo normal, y más si está oscuro y barroso. Y eso le ocurrió a Ela, después de correr desesperada por casi media hora, entró en pánico y ya no pensó que dirección tomar; en pocos metros entró en terreno prohibido y un poco más adelante, pisó en el lugar equivocado. Cuando quiso acordarse estaba con los pies en alto y la cabeza a medio metro del suelo. El gritó de sorpresa se volvió aullido cuando nadie acudía ayudarla, en especial cuando el balanceo de aquella hamaca macabra la puso de cara a Stella que la miraba desde abajo con ojos sin vida y el cuello cortado.

Ela se ahogó de dolor y espanto ante la cruenta visión. Luchó por soltarse, pero el balanceo la acercaba más a su hermana muerta. Ya no gritó, el terror de convertirse en la próxima victima la silenció por completo; Tenía tanto miedo, que necesito de todas sus fuerzas para suprimir los quejidos involuntarios que pujaban por salir, como chorros de una manguera atascada. Hizo mil intentos para safarse del agarre, y en uno de esos, la rama cedió, dejándola caer justo al lado del cadáver. Solo que ahora no era Stella, era alguien más. Al examinarla mejor pudo reconocerla, era Lucía. ¿¡Lucia!? No era posible. Cerró los ojos y volvió a gritar a pesar de la consecuencias. No obstante, tuvo suerte, mucha en verdad; la oscuridad era la misma pero la conciencia la había regresado a la realidad exterior, y en esta ocasión, era el lado más aceptable.

Ela parpadeó. Era consiente que las mejillas empapadas y el corazón palpitante eran el resultado de su malditas pesadillas habituales.

La oscuridad absoluta la obligó a tantear a cada lado hasta que dio con el interruptor del velador. Una luz muy tenue le reveló los contornos de su cuarto. Se dio una rápida mirada y se vio vestida, tendida en su cama ¿Cómo había llegado hasta allí? Checkeó el celular y vio que tenía varias llamadas perdidas y dos audios. Todos de Lucia. Presionó y escuchó.

3:20 am

<<Ela despierta y ayúdame que se me ha roto el auto en un callejón alejado de la ruta, y creo que he tomado el equivocado. A los que llamo no me contestan, y aquí no pasa nadie>>

3:45 am

<<Me quedo sin batería. Aquí te mando la ubicación. Llama a quien pueda darme una mano>>

Tres llamadas más con minutos de diferencia. Presionó el número varias veces pero le daba el contestador. Maldición, su prima iba a matarla. Chequeó la ubicación y le dio en la zona rural, a media hora de la cuidad. ¿Qué hacia llendo a esos lados a la tres de la madrugada? Debió ser después de dejarla a ella. Si hacia cálculos habían salido a las dos y media del bar, debió dejarla 2:45 y luego se mandó hacia las afueras de la cuidad. Chequeó la hora y se percató que eran las seis. Se preguntó si ya habría recibido ayuda. Seguramente, pero debía averiguarlo.

Después de abrigarse, Ela se encontró en plena helada buscando un taxi. El frió la hizo rehinchar los dientes y temblar como una hoja a merced del viento. El abrigo hasta los pies a penas si la mantenía con calor mientras los minutos pasaban. Resignada tomó el celular y llamó al número de emergencias.

Las voz le salía entrecortada, pero la mujer que la atendía parecía entenderle.

─He chequeado en el sistema y en efecto se ha encontrado la camioneta que me describe varada en el camino, justo en esa ubicación.

─¿Y la dueña estaba allí?

─No había nadie, señora. La camioneta ha sido levantada por a grúa pues se hallaba en medio del camino obstruyendo el paso. Le sugiero que trate de ubicar a la dueña antes que le suba la multa.

─Créame que la multa es lo menos importante ahora. Mi prima no me contesta el teléfono y estoy preocupada.

─Déjeme sus datos y los de su pariente.

Dos horas después, Ela se encontraba frente al detective Rodríguez que la observaba fijamente a través de unos gruesos lentes. Ante la actitud seria del detective, Ela tuvo un mal presentimiento.

─Es usted Ela Dimetri?

─La misma─ contestó ella alcanzándole si ID.

─Tengo entendido que usted reportó la desaparición de su prima Lucia Dimetri.

─Asi es, detective. Y aun no la he encontrado aunque lo he intentado.

─Un cazador ha encontrado el cuerpo de una joven en el bosque cerca de donde se halló la camioneta de su prima.

─¿Un cuerpo?─. A Ela la traspasó un latigazo de visiones oscuras y sangrientas.

El detective la instó a seguirlo, pero ella apenas si podía caminar.

─La m-mu..la m-mujer─balbuceó antes de entrar a la morgue.

─¿Si?─el detective la miró expectante.

─¿Iba vestida de rojo?─consiguió preguntar. Necesitaba saber antes de verla.

─No lo sabemos─le respondió el detective ─ su cuerpo estaba desnudo.

Dicen que las verdaderas pesadillas son la suma de todos nuestros miedos. Y también dicen que el verdadero infierno está en la misma tierra, en la cara de la vida, en la esencia de la realidad cotidiana; ese suelo seguro en el que tanto confías es más frágil de lo que imaginas, más engañoso y traicionero que un pantano bien cubierto. Y cuando das un paso en falso, la trampa se activa. Así es la vida, y así es la muerte. Dos caras de una misma moneda, dos caras dependientes del azar y el tiempo, dos estados que inclinan para arrancarte una sonrisa o romperte el corazón.

Y en esa hora, a Ela le tocó llorar. De rodillas, cruzada por un flechazo tortuoso, la joven gritó por milésima vez; todas las veces, todas se sufrían igual. Como debió sufrir Prometeo cada vez que el águila le arrancaba el corazón. Así de tortuoso lo sentía ella cada vez que un ser querido le era arrebatado. Y así le afectaría siempre, aunque se le negara la verdad. ¡Aunque se le negara miles de veces!

El detective le alcanzó una pila de pañuelos mientras la estudiaba con ojos de búho.

─Señorita Dimetri, sé que está muy angustiada pero siendo que fue usted la última en ver a su prima debo hacerle unas preguntas. ─Hizo una pausa mientras ella se sonaba la nariz─. Si lo desea podremos hacerlo en otro momento, pero ha de saber saber que quién hizo esto …

─Responderé lo que quiera─ determinó Ela. Ella más que nadie deseaba que agarraran al asesino de Lucia.

─He leído la declaración que había hecho anteriormente cuando llamó a emergencias. En ella usted dice que usted estaba en su departamento cuando su prima la llamó.

─Así es, estaba fuera de mi departamento tratando de buscar un taxi. Planeaba ir a la casa de mi prima para averiguar si se encontraba allí.

─ ¿Cuando la había visto por última vez?

─ Estábamos en un bar. El bar El Lienzo Rojo que está a los suburbios de la cuidad en el extremo sur.

─Si lo conozco. Es un bar muy conocido.

─Nos encontramos allí a la 1.30 de la madrugada y nos habremos quedado hasta las dos y veinte más o menos. Luego subimos a la camioneta. Recuerdo que hacía mucho frío y que yo me envolví en una manta. Había bebido mucho por lo que no tarde en dormirme. De hecho dormí todo el viaje ─reprimió un sollozo y sus fuerzas flaquearon, pero la presencia del detective expectante la obligó a continuar con voz temblorosa─. D-desperté en m-mi departamento. E-estaba vestida, incluso con los zapatos puestos ... mi prima debió bajarme.

─¿Dice que despertó en su departamento? A qué hora.

─A las seis. Después de eso llamé a emergencias y busque a mi prima sin demasiada suerte pues sus padres y su hermano no me atendieron.

─ ¿Y porque no la atendieron?

─ Ellos creen que estoy maldita, ellos y toda mi familia.

─Interesante, pero continuemos. Dice que la buscó en la ciudad y por lo que puedo apreciar debió ir al bosque también.

─N-no, no anduve en el bosque, solo en la cuidad. Fui a su casa, a la de sus padres, que si molestaron en abrir la puerta, por cierto, y luego a la casa de dos de sus intimas amigas.

El detective le dio una larga mirada que la incomodó bastante. Luego se acercó a ella para extraer unas ramillas y hojas de sus cabellos.

─¿Se ha mirado usted al espejo, señorita Dimetri?

Ela negó con la cabeza. El detective le hizo un gesto para que lo siguiera hasta el baño de su oficina donde un gran espejo le devolvió el reflejo. Ela ahogó una exclamación. Tenía la cara manchada de barro así como las rodillas y pies cubiertos de lodo. Su rizos despeinados era un nido de ramillas y pequeñas hojas como si se hubiera estado revolcando en los arbustos. Y la peor parte, la remera estaba rasgada y los tobillos tenían la marca de una cuerda.

Ela retrocedió por el terror y calló desvanecida.

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20 de Junho de 2019 às 01:15 1 Denunciar Insira 6
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Dama de Hierro Dama de Hierro
(◕‿-)
15 de Julho de 2019 às 19:17
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