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Algo de Camus y un poquito de Kundera

Si algo define la vida de Albert Camus es su búsqueda constante de la felicidad. Pero para poder comenzar esa tarea tiene que pasar por el desasosegante reconocimiento de que la vida del ser humano es absurda. Absurda porque el hombre, arrojado a este mundo, intenta dialogar con el Mundo (Dios) sin que obtenga respuesta alguna.


Una vez que descubre que ni hay respuestas ni las habrá, comienza la tarea de construir su propia vida (no resulta apropiado utilizar el término destino en el caso de Camus, dadas las circunstancias de su muerte)


Amar la vida para él significaba disfrutar con todo lo embriagador que este mundo pone al alcance: el sol, la brisa y los baños en el mar de su Argel natal, la amistad con aquellos pocos seres humanos con lo que una vez que entran en la vida del otro no quiere que salgan nunca de ella, el desarrollo de la pasión que cada uno tenga, en su caso el teatro, y todo el universo que lo rodea. Y, por supuesto, las mujeres, de las que fue sujeto activo y pasivo de disfrute máximo, para desesperación de su esposa (que casi la lleva al suicidio), a la que amaba, pero a la que no podía ser fiel y a la que dedicó, muy merecidamente, su presencia en el acto de entrega del premio Nobel de Literatura, que dedicó, con una emotiva carta, a la persona más importante de su vida: su viejo profesor, Louis Germain.


A simple vista, el mito de Sísifo, con su interminable proceso que lleva a su protagonista y a la piedra que lo acompaña (en la subida a la montaña) a un literal eterno retorno, puede producir la mayor de las desesperaciones, pero en una genial vuelta de tuerca, de giro de guión, Camus, nos da la clave de la felicidad: asumir que nuestro destino es el de Sísifo. Apretemos los dientes cuando haya que llevar la piedra arriba, sin desfallecer, y disfrutar del paisaje, de la naturaleza y de todo lo que nos encontremos cuando regresemos a por ella a la ladera de la montaña.

No es el libro más conocido ni reconocido de Camus, pero ya en su primera novela La muerte feliz (precursora de la mejor de las suyas, El extranjero, hasta el punto de que el protagonista se llama Mersault) nos ofrece una magnifica expresión literaria de esa temática que iba a desarrollar repetidamente en su obra. Eso sí, lo hace de una forma abstracta y evitando y prescindiendo de cualquier regla moral respecto del comportamiento de su protagonista. Así, Patrice Mersault toma conciencia de que para ser feliz necesita dinero (que no tiene) y tiempo (del que dispondrá con el dinero) para ser feliz. De esta forma, mata a un anciano inválido al que conoce a través de su novia, el cual no deseaba seguir viviendo hasta el punto de que tenía preparada una carta que guardaba junto con su pistola para cuando llegase el día en el que decidiese suicidarse. Mersault suple y adelanta esa voluntad (sin planteárselo), tras lo cual le roba su fortuna. Una vez con el botín en su poder, se dirige a su casa donde duerme una placentera siesta. A continuación, con dinero y con tiempo, empieza a vivir, comienza la búsqueda de la felicidad: se marcha de viaje por Europa, donde alterna episodios de melancolía con otros de gran excitación, para regresar a Argel, en donde pasa los últimos días de su vida, en inestable armonía con el mar, el paisaje, el clima y su círculo social, antes de morir, todavía joven, de tuberculosis: en paz y satisfecho.


Es inevitable relacionar esta idea con la que desarrolla Milan Kundera en La insoportable levedad del ser, en la que sus personajes son víctimas de una doble asfixia: la existencial y la que provoca el rígido y despiadado ogro soviético sobre los habitantes de la Checoslovaquia de la Primavera de Praga, con sus ansias de libertad y felicidad. El camino que encuentran para la salvación los protagonistas es recurrir a Eros en todas sus expresiones. Y ello mientras bajan a por la piedra.

9 de Junho de 2019 às 06:08 4 Denunciar Insira 0
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JUAN PABLO SUERO INTERESADO POR CASI TODO

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JC José Antonio Chozas
Está bien la entrada con Camus, pero el análisis de La Insoportable Levedad del Ser sabe a poco. Como sugerencia, intenta desarrollarlo un poco
11 de Junho de 2019 às 04:08

  • J S JUAN PABLO SUERO
    La insoportable levedad del ser merece un texto independiente. En este, solamente pretendía mencionar "un poquito" a su autor. Muchas gracias por el aporte. 11 de Junho de 2019 às 13:19
JC José Antonio Chozas
Más, más, más
11 de Junho de 2019 às 04:05

~