El chico que se perdió en una canción Seguir história

borja-freire Borja Freire

Una serie de infortunios azotan la vida de Benrir, la muerte de su madre por el abuso de las drogas, los maltratos junto con el abandono de su padre. Estos elementos gestaron una infancia de lo más plañidera. Benrir cuando crece es un sujeto marginado, que busca fuentes de las que broten la evasión de este mundo. Sus sueños frustrados por triunfar en la música y literatura, y la posterior depresión que golpearan su vida sin interrupción le harán verse en vuelto en extraños sucesos. Acontecimientos que dejaré al albedrio si son o no ficticios.


Fantasia Viagem no tempo Todo o público.

#mundos #magía #aventuras
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capitulo 1

CAPITULO I

Era una tarde como otra tarde aburrida, en la que el amplio abanico de planes te hacen descartar todo y quedarte en cama, mirando las manchas de humedad del techo sin pensar en nada, y dejando que cada minuto te carcoma el aburrimiento. Así estaba siendo la tarde de Benrir, el joven siempre estaba sumergido en los libros por la carencia de amistades que sufría. Benrir, era apenas un crío que frisaba la última etapa de la adolescencia. Su semblante denotaba que comía de más algunas veces, por lo que solía ser motivo de irrisión entre sus compañeros de instituto. Por otro lado, su carácter era de lo más apacible, intentaba mostrar que no le dolían las adversidades con las que tropezaba desde que nació –Y no han sido precisamente pocas-, pues sus padres eran dados al libertinaje y acabaron siendo esclavos de ciertas drogas, lo que hizo que fuera a vivir con diez años de edad con su abuela. No solía mencionar esta etapa tan cruda de su vida, y, si por un casual alguien se la mencionaba, Benrir fingía no recordar nada el respeto, pero dado el aislamiento que sufría no se le solían preguntar nada. Pero sólo él conocía lo que son las esquirlas del dolor, que un corazón va pisando durante el transito de su sino, esquirlas que desgarraban poco a poco, y que el tiempo eslo único que consigue es hacerle un torniquete a estos dures cortes.

Hay algo que marcaría más que nada a Benrir, y fue la paulatina demacración que veía sufrir a sus progenitores por la adicción que sufrían. Su padre había sido un destacado atleta en sus tiempos mozos, pues había ganado bastantes combates como boxeador amateur, y venía de buena prosapia , tenía un futuro prometedor por delante.En cuanto a su madre, había destacado en la literatura, pues había publicado dos poemarios con la edad de dieciséis años, y habían sido aclamados por la crítica local. Pero en las fiestas patronales, al son de una guitarra que lloraba e anegaba el silencio de la absorción del público. El padre de Benrir, sonrió a su madre que estaba con un grupo de amigas, ésta la devolvió una sonrisa tímida. Durante la fiesta ambos se estuvieron buscando con los ojo, encontrándose en múltiples ocasiones; al hacerlo eludían el gentío que allí se concentraban, el fragor de la música, eran ellos dos solos en un desierto bañado por el fulgor de la luna. Hasta que uno de los dos se tuvo la valentía de acercarse al otro -Benrir no tenía muy claro quién había sido-. Conversaron, se rieron, todo era perfecto entre ellos dos. El tiempo pasaba lentamente al ritmo de los suspiros de alguien que sabe que está en la antesala de la muerte y busca sus últimas bocanadas de aire, para llevárselas con el al otro mundo que nos es ignoto. Él se convirtió en el tema de sus sonetos, y ella en la motivación para esquivar el dolor en el camino a la victoria. Tenían, en potencia, una prometedora vida por delante que aparentaba rebosar felicidad. Pero en una de sus pasioanales entregas de amor, surgió la gestación de la semilla que sería su único retoño. Tanto el padre como la madre pensaban que Benrir nació a causa de una noche donde hicieron una escapada, ambos iban ebrios tras una larga juerga, se escaparon del pueblo adentrándose en el bosque que circunda el pueblo, hasta encontrar un claro, donde había un estanque refulgente, en el que nadaban los rayos de una luna gibosa creciente. La torridez de esa noche estival, les hizo desnudarse y meterse en el estanque, y allí permanecieron hasta que la luz matutina deslizara sus trémulos dedos sobre el firmamento.

Puede parecer un preludio idílico, de hecho posiblemente lo fuese. Pero a Annabel, la madre de Benrir, tras quedar embarazada, y guardar el secreto el máximo tiempo que le fue posible, la echaron de su casa. Y se vio sin trabajo, con tres prendas de ropa metidas en una maleta de cartón, caminando bajo los opacos nubarrones de octubre, sintiéndose vacía, aun teniendo vida que abrigaba su interior. Decidió contarle su preñez a Mysson, padre de Benrir. La sorpresa fue, dentro de lo que se esperaba, bien acogida. Pues entre ellos, había un amor que derretía cualquier infortunio que se les pusiera por delante. Mysson, dijo que un tio suyo buscaba gente en una fabrica, que tenía algo ahorrado de sus combates al menos para pagar un alquiler durante unos meses. En una semana cogieron un piso, pese que fuese bien pequeño, estaban muy contentos. Mysson habló con su tio, y fue contratado en la fabrica. Al principio, el nidito de amor les complacía gratamente. Mysson trabaja una jornada completa, y de forma esporádica hacía horas extras para ahorrar para el nacimiento de Benrir, y así, estar bien pertrechados. Mientras Annabel quedaba en casa, trabaja en su primera novela, con la tierna esperanza de lucrarse para pagar los enseres básicos y muebles para su hogar.

Pero poco a poco, a Mysson se le exigían más y más horas. Sus aspiraciones en convertirse en una estrella del arte del pugilato se desvanecían, como las huellas que dejan los pies descalzos y que cubren las rizadas olas en un paseo solitario. La frustración se apoderó de él, comenzó a ganar kilos y dejar el entrenamiento de lado, empezó a fumar con un compañero de trabajo. Estos hechos afectaron a su pareja, pues la preocupación en la que se veía sumergida le crearon un bloqueo que la mantuvo preocupada largo tiempo, aún cuando ya había dado a luz a Benrir. Las discusiones empezaron, pues Mysson salía muchas veces del trabajo y no pasaba ni siquiera por casa, Su carácter fue mudándose. Su expresión, que antaño denotaba que llevaba un estilo de vida salubre, había tornado, sus facciones estaban más demarcadas y sus ojeras terriblemente violáceas. Su comportamiento era más ordinario, solía estar de resaca los sábados y domingos, y si la pobre Annabel interrumpía su sueño, él no dudaba en insultarle, tirarle de los pelos, arrojar el primer objeto que encontrara. Mysson, ya no era el chico dulce, que sonreía que había conocido aquella noche de verano. Su sonrisa ya no radiaba esperanza, era ahora un rictus nervioso. Eran todo palizas y oprobios. Lo más duro era que cuando estaba encinta de Benrir, Mysson solía llegar ebrio hasta las trancas y la forzaba a mantener relaciones sexuales.

Fue así, como Annabel cogió una profunda depresión, y comenzó a ahogarse en vasos de whisky cuando Mysson no estaba.

Cuando Benrir llegó las cosas no mejoraron en absoluto. Pues Annabel, le encontraba sustancias estupefacientes en la ropa tras sus estrepitosa noches sin fin. Sí, era un adicto. Annabel lo intentó frenar pero sólo recibía gritos y puñetazos por todo su grácil cuerpo. La llama poética que ardía en su interior fue mermando, no le importaba ni la literatura, ni su hijo, ni Mysson, ni su vida. Esa indiferencia que comenzó a gestar ante la vida fue la detonante que cogiera las drogas que Mysson escondía en su ropa tras llegar de sus aventuras nocturnas, y comenzara ella a drogarse también. Seguía intentado escribir, pero no salía nada coherente de su cabeza. Algún poema antes de alumbrar a su retoño, poemas que a Benrir le ayudaron a entender bastantes cosas. La niñez de Benrir no fue fácil, diversos altercados entre sus progenitores, cristales de botellas rotas diseminados por el pasillo de su morada, amigos del padre que venían con él y se drogaban en el salón, la madre llorando sin cesar en su habitación sobre jeringuillas usadas y ceniza; son algunos de los recuerdos que Benrir resguarda.

Cuando Benrir comenzó a ir a la escuela, era el hazmerreír de sus compañeros de clase. Pues casi siempre iba con la misma ropa. Su padre había dejado el trabajo, se dedicaba a pasar los días mendigando una dosis entre ese círculo vicioso que acabó por atraparlo, como las redes de un barco pesquero atrapan y elevan a la superficie todo con lo que se topan. Annabel, no cesaba de intentar suicidarse, era su más profundo secreto, pero temía dejar solo a su vástago con su desalmado procreador. Lo poco que lograba recoger en el papel del bloc en el que solía escribir eran lágrimas, con frecuencia dejaba que la tinta se corriera sobre las gotas, y reflexionaba.<< De esta manera es como los vicios en los que estoy inmiscuida vierten su ponzoña sobre mi razón, privándome de sentir dolor, apretujando mi corazón>>,ésto lo oyó Benrir, mientras la madre lo musitaba. Es de los últimos recuerdos que conserva de Annabel. El rigor del invierno en el que Benrir cumplía sus nueve años, la arrastró al valle del silencio. Mysson ni siquiera fue al entierro, y Benrir fue acogido por su abuela materna, que tras la muerte de su hija se arrepintió profundamente de haberla echado de casa encinta. Para desquitarse de esa culpa, se prometió a sí misma que intentaría brindarle la mejor educación a su nieto allende a la que podían haberle dado sus padres en ese deleznable estado.

4 de Junho de 2019 às 08:05 3 Denunciar Insira 1
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Yllen Osuna Yllen Osuna
ES UNA HISTORIA MUY TRISTE.... ES REAL O FICTICIA??
19 de Junho de 2019 às 18:22

  • Borja Freire Borja Freire
    Bueno... Se puede decir que dará un giro inesperado. 19 de Junho de 2019 às 18:24
~

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