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Desperté con un ligero agotamiento de un largo sueño que no logro recordar. Pérdida de memoria ocasionada por la intromisión de palabras incomprensibles que irrumpían en la historia de mis sueños, como ladrones con medias en la cara susurrándose uno al otro lo que debían de hurtar. Un olor a carne fresca se introdujo en mis orificios circulares que me invitaba a pasar con un salto pequeño del plano onírico al plano "real". Sus dedos invisibles tocaron a mi ventana de cortinas rizadas, y de pronto mis oídos junto con la comadre chismosa: la comprensión verbal, abrieron sus puertas y en mi ventana entró el amanecer.

Escuché la voz de mi padre clavándose en mis oídos como un alfiler y de pronto aparecieron una torta y un jugo ante mis ojos. Mis manos sostuvieron la comida y mis ojos tenían un signo de interrogación respondiendo al extraño gesto que mi padre tenía en su rostro.

—Murió tu tía. —Dijo mi padre. Y aquella torta cambió su olor y su sabor desde ese momento.

La tía Magaly era una buena persona, me compraba muñecas cuando era pequeña y también me regaló mi primer disco de The Beatles. No la recuerdo mucho, pero era una anciana amable que tenía un toque exquisito para la comida. Hacía de los platillos más simples una gran cena. Jamás olvidaré el sabor de sus comidas, aún recuerdo los olores y la textura de aquellos panes abrazados de un dorado perfecto. Yo tenía once años cuando probé la última quesadilla hecha por sus manos de hechicera. Desde ese entonces, yo veía en sus ojos un reflejo de vida y una sombra de muerte. Yo era pequeña, pero siempre tuve aquellos presentimientos que extrañamente se hacían realidad con el paso del tiempo.

24 de Maio de 2019 às 18:12 0 Denunciar Insira 0
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