LA MARCA DE SCRATSSO Seguir história

eberjrc

En una aldea olvidada, en un tiempo anterior, ella será liberada... ¿El precio? su alma.


Fantasia Épico Todo o público.

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LA MARCA DE SCRATSSO: El Principio del Fin.

Todavía recuerdo cuando llegó a la aldea, era una tarde fresca de vientos cavernosos repicando en cada hueco y ventana, lamentándose tal vez por su llegada, nadie sabía de el, nadie jamás lo había visto, tal belleza me dejó limerente a pesar su aura perversa, solo recuerdo esos inusitados ojos grisáceos y su cabellera iridiscente, desprendía el aroma de alguna flor desconocida, abriendo sus pétalos para mí, su piel igual a un ópalo blanco y tersa como el plumaje de un ave inmaculada ejercía un místico magnetismo hacia mi, esa mirada embriagante atravesó mi alma virgen y la hizo suya sin más contacto que el de sus ojos sobre mí, jamás había conocido tal espécimen, jamás había visto tanta magnificencia en un ser mortal, creí haber visto a Dios, una creación de la naturaleza dotada de una sublime divinidad, su cuerpo delgado parecía estar al borde de la perfección, sus manos finas y alargadas, sus pies igualmente finos pero con la agilidad y fuerza de una gacela, era un ser cautivador con un poder de perversión y destrucción que jamás creí que pudiese existir, mucho menos dentro suyo, ese día el pecado había tomado un cuerpo.

Estaba en el bosque cuando lo vi por vez primera, lejos estaba de saber que ese seria el momento en que dejaría la pureza y empezaría a vivir, caminó despacio hacia mí, su desnudes reflejaba la naturalidad de nuestro génesis, aquel ser tenia sexo, el hombre que veía hacía que olvidara mi realidad, comenzó a rodearme lentamente, sin alejar la mirada tocó mi cuello y el suelo bajo mis pies perdió firmeza, flotaba mientras un poder oculto se me era otorgado, en aquellos instantes conocí la verdadera libertad, una muy distinta a la misma palabra con que se le conocía, se inclinó sobre mi cuello y lo besó después, con una voz que solo un ángel podría emitir me susurró al oído: “la mujer es el acto más soberbio de los dioses, el mismo que nos dividió en dos”, mi cuerpo se adormeció ante su cercanía y en un instante de celestial placer se esfumó entre la vaporosa niebla, los árboles también le obedecían, protegiendo sus pasos con cada raíz y cubriendo su partida entre las ramas.

Casi olvide quien era, perdí la noción del tiempo y del lugar, aquella alucinación había sido tan real que me rehusaba a creer que la fuera, caminé por instinto mientras recordaba, avivando cada segundo de lo que había visto, cuando al fin regresé ya estaba en casa, de pie ante el umbral de la puerta, y así como el efímero ser se esfumó, salí yo de mi fantasía y entré a la realidad, tuve frío, al abrir la puerta y verme, mi madre corrió y me cubrió con una frazada.

—¿Pero qué ha pasado con esta niña? — Quiso saber mi padre al verme en tales condiciones.

— ¿Qué es lo que ha ocurrido?, estas pálida como la cera- le sucedió mi madre con un mar de preguntas que no sabia si debía contestar.

—Por Dios Mujer, ¡mírala!, está desnuda— Poco tardé en darme cuenta, lo que mi padre decía era cierto, tan solo la frazada cubría mi cuerpo.

—Algo debió haberle pasado, debe haber otra explicación distinta a lo que estás pensando— Fue lo último que escuché decir a mi madre mientras los dos seguían discutiendo, que entre palabras no dejaban de cuestionarme, pero ya no los escuchaba, mi mente se nubló de nuevo, en ella solo habitaban un par de ojos grises, mientras caminaba a mi habitación sentí un extraño cosquilleo recorrer mi espalda; me descubrí ante el espejo, un signo que jamás había visto, tan simple como abstracto a la vez, había quedado tatuado en mi espalda, la piel ennegrecida por aquel signo parecía estar de cierta forma quemada, cauterizada.

El encuentro con aquel ser de ojos grises, piel blanca y cabello de plata no solo trajo esa marca a mi cuerpo, era el inicio de algo mucho peor, algo de lo que tal vez la humanidad ya formaba parte, solo que no sabía de su existencia.

¿Qué como continuó todo?, ¿Qué como empezó?, comenzó esa tarde en el bosque y continuó al día siguiente. La mañana era gris, el viento había dejado de soplar, pero el alba fresca se alzaba sobre la aldea. Salí muy temprano cubierta de pies a cabeza tan solo por un abrigo, ¿mi dirección?, al menos yo no la sabía, algo me impulsaba, una fuerza externa hacía que caminara hacía el mismo sitio en el bosque, pero antes de siquiera llegar, una fuerza caótica se retorcía, los hombres hablaban asustados de un mismo acontecimiento, había carteles pegados en las pequeñas tiendas de frutas y cereales, no solo en ellas, habían invadido los faroles y paredes de toda la aldea también, todos con el mismo afiche: alertaban a toda la población de una criatura desconocida, un acontecimiento extraño para un lugar donde nunca pasa nada.

Corrí directo hacia el bosque en busca de respuestas, quería saber lo que ocurría, aun cuando muy en el fondo, ya conocía la razón.

—¿Ves la marca?— Irrumpió una dulce voz en el enervante silencio.

—Ahora ya eres mía— Continuó, no era un sueño ni una alucinación, ahí estaba, parado frente a mí, vestido con una túnica que arrastraba entre la hojarasca, los arboles de nuevo parecían abrir el camino ante sus pasos.

—Entrégate a mí, hija del Dios que nunca te mostró el mundo, podría mostrarte tanto, podría darte tanto.

—¿Quién eres?, ¿Qué buscas aquí?

—Llegué para traerte la verdad, llegué para profesar mi realidad y mi naturaleza, en busca de vida, para convertirla en eternidad.

—¿De dónde vienes?, ¿Cuál es tu nombre?

—En alguna era solían decirme Scratsso, de donde vengo no importa, pero ya dormía dentro de ti antes de venir, ahora solo queda llevarme lo que me pertenece, hay más como tu, con un mismo destino en común.

—En esta aldea todos poseemos el mismo destino, nadie hace la diferencia.

—Pero tú si la harás, tengo algo mejor para ti.

—¿Desde cuándo?

—Desde ahora.

Se acercó a mi espalda y tocó la marca que la invadía, todo desapareció, nunca supe que pasó en realidad, lo último que logré ver fueron los ojos de un depredador, un rostro marcado con la maldición de alguien que roba la vida para transmutarla. Lo que si recuerdo es haber visto a todos decaer en un abismo, la aldea que vivía tranquilamente se había enfrentado a demonios ancestrales, esperando dentro de cada persona, los jóvenes habían envejecido, su belleza se había ido, los hombres habían perdido su camino y con ello todo el pueblo había perecido, ellas con un signo en su espalda, ellos con una marca en su alma.

Yo aún permanezco a su lado y al igual que él, tomo un poco de los demás, un destino de condena, de eternidad y belleza, aun recuerdo la tarde en que llegó por que fue entonces que mi viaje comenzó.


FIN

30 de Agosto de 2019 às 11:22 0 Denunciar Insira 0
Fim

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