Las Guerras Boreales: Lucha de Hermanos Seguir história

andres-wegner1555524306 Andres Wegner

En esta novela se entremezclan la política, las ansias de poder, los sueños, las pugnas raciales, y por sobre todo trata de como algunas decisiones personales pueden cambiar el curso de las cosas. En ella se despliega una serie de relatos que sirven para moldear el conflictos venideros, que no respetarán ni vínculos de sangre ni credos ni la prudencia, lo que finalmente dará forma a una historia en que las culturas que coexisten en un delicado equilibrio, terminarán por desatar una desenfrenada lucha en diversos frentes. Un novela de corte épico, pero donde el bien y el mal no existen realmente o se diluyen en personajes cuyos valores pueden trastocarse con facilidad, y donde la dualidad "protagonistas y antagonistas" se pierde en un bosque de pasiones y anhelos que logran eliminar la delgada línea que divide el bien y el mal.


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Prólogo

El viejo hechicero cabalgaba velozmente con el cadáver de su protegido, desangrándose sobre el lomo del caballo que se alejaba de Kaibel, el teatro de la última batalla, donde el gran ejército que había arrasado Mardala encontraba ahora su fin. Tras él muchos huían salvando sus vidas, despojados de todo honor y derrotados por el terror que los enemigos sembraban sobre el campo de batalla, atropellando y barriendo con los pocos guerreros veideos que aún cegados por el odio mantenían vivo el combate, sin convencerse que todo había terminado.

Urbal, sosteniendo el llanto se detuvo sobre una colina y miró por última vez hacia el valle, cubierto por armaduras azules que se confundían con los charcos de sangre, reflejando la carnicería que terminó con el sueño de él y su aprendiz. Allá abajo, los hombres remataban a los invasores que se resistían, pero cada vez eran menos, muchos de ellos resignados entregaban sus armas a los defensores de Minfal, los que contra todo pronóstico lograron doblegar la maquinaria de Karel, las hordas veideas que habían llenado de terror las Tierras Boreales del este. La guerra que llegaba a su fin y el maestro del joven general cuyo cuerpo yacía inerte contempló por última vez el infame escenario y girando sobre sí, retomó la marcha hacia el sur.

Casi cien años después de aquel día, en que vencedores y derrotados lloraron a sus caídos, la guerra era sólo un recuerdo, tinta en los libros de historia, todos los reyes que habían desterrado de los reinos a las razas beligerantes estaban muertos, pero el odio y los recuerdos de la revolución seguían presentes en la memoria de muchos ancianos, quienes además heredaron esta animadversión a sus hijos y nietos. En su mayoría, estos hombres de avanzada edad habían estado en los campos de batalla que vieron correr la sangre de miles de guerreros en los valles oscuros de Kaibel.

Aquella fue una era que llena de dolor y muerte para las aldeas y ciudadelas de los países de Mardala, que en ese entonces se dividía en cuatro grandes territorios. El primero era conocido como Saester. Sus habitantes se destacaban por poseer una altura promedio superior a un metro 90, de cabellos enmarañados y en su mayoría morenos, excepto por los de más al sur, de tez más bien blanca y pelo ceniciento. Se decía que sus antepasados habían llegado desde el sur, más allá de las montañas, cuando aquel territorio dejó de ser el fértil y productivo hacía ya milenos. A pesar de no dar mayor importancia a su apariencia, se decía que sus mujeres eran las más hermosas del continente y más allá, en su mayoría de ojos negros y penetrantes, cabelleras largas color azabache y piel bronceada, eran requeridas sobre todo por burdeles de las cuatro esquinas del mundo conocido.

Este pueblo, se dedicaba principalmente al cultivo de la tierra y la ganadería, y eran reconocidos por cultivar la mejor cebada y producir la cerveza más apetecida de Mardala. No mostraban gran entusiasmo por la guerra, excepto cuando se veían seriamente amenazados. Su cultura en esa época era más bien básica, con construcciones funcionales y poco elaboradas. Incluso la fortaleza ubicada en la capital, conocida como Minfal, no mostraba gran magnificencia. Era una ciudad de calles empedradas de manera tosca, con casas construidas principalmente con madera y adobe. El castillo, hogar del Señor de Saester, Galbed Lorden —quien ejercía el poder absoluto— era en realidad un caserón de piedra plomiza de 7 pisos de alto, cuadrado. La construcción estaba rodeada por una muralla de considerable altura, con una entrada ojival en dos de sus caras opuestas y con solo una torre, en la esquina izquierda de la entrada principal. Los soldados que vigilaban el edificio llevaban armaduras de acero sin pulir, y bastante poco uniformes. Lo único que guardaba un poco de armonía eran los cascos, todos iguales, sin visera, muy apegados a las formas del cráneo y de redondeados contornos. Todos estos cascos tenían tallados en su parte superior un centauro que blandía una larga lanza rematada en una punta triangular y que también adornaba sus estandartes.

El segundo reino era el de los davars o davarianos, conocido como Mospel, cuya costa miraba al mar de Everión. Su Capital era Desta—garbel. Se trataba de hombres corpulentos pero que raramente pasaban del metro 60 de estatura. Su piel era más bien gris, de ojos expresivos, cejas muy arqueadas, facciones finas y cabello oscuro y lacio. Maduraban muy temprano y generalmente formaban sus propias familias antes de los 20 años y eran feroces guerreros, expertos en la lucha cuerpo a cuerpo, y poseían hermosas ciudades de cuidada arquitectura. Las mujeres se caracterizaban por ser grandes artesanas y en general eran las responsables de la estética de su cultura. Daban gran importancia a la armonía en todo lo que se relacionaba con su diario vivir. La dieta, sus ropas, su sistema de gobierno, y en fin, todo lo que se desprendía de su existencia era ordenado y armonioso. Tenían vidas muy prolíficas en todo sentido. En aquella época eran gobernados por un parlamento elegido por los ciudadanos mayores de 15 años, edad en que los davars ya estaban en plena madurez mental y física.

Este parlamento estaba con formado por un representante de cada uno de los condados que conformaban el reino y que eran seis. Los parlamentarios debían ser mayores de 25 años y eran asignados a diferentes tareas específicas, aunque en las grandes decisiones todos tomaban parte. A finales del tercer ciclo, el líder de este parlamento era Tyubel, un davar de 38 años, de aguda inteligencia y muy prudente en su accionar.

Por otro lado estaba Thergonal, una región de límites difusos excepto por la accidentada costa que miraba al océano occidental, sin un gobierno central, organización clara o ciudades importantes, tierra de nadie. Estaba conformado por varias tribus que vivían en aldeas, cuando no actuaban como nómades, entre los que estaban los humanos venidos de las islas exteriores del norte en tiempos olvidados llamados hócalos, de estatura media, barbudos, de cabellos rojos y poseedores de una gran tradición militar, heredada de tiempos en que fueron una nación más civilizada y prospera. Junto con ellos, en Thergonal se mezclaban los anégodos, salvajes llegados de los mares del este de piel morena, brazos cortos y robustos, nariz chata y diminuta. Eran principalmente cazadores, y de costumbres bastante primitivas. Vivian por y para la guerra y en épocas de paz, se dedicaban a saquear granjas y atacar pequeños caseríos rurales. Muchos de ellos eran mercenarios o caza recompensas. Dentro de su sociedad los más valorados eran los herreros, de gran tradición, sin duda los mejores de las Tierras Boreales. Hechas de una aleación que habían conseguido mantener en secreto por decenas de miles de años, las espadas anégodas eran las más codiciadas y costosas, generalmente eran reyes y grandes señores los que lograban pagar para poseer una de ellas.

Con estas dos culturas coexistía también la sigrear, guerreros de aspecto desprolijo con un tamaño formidable que superaba en general los 3 metros de estatura y que muchos llamaban gigantes, eran los últimos de los llamados seres elementales que aun vivían en los territorios continentales. De manos desproporcionadas, piel cobriza y cabello negro, vestían con pieles de animales pobremente cosidas, y eran principalmente nómades, siguiendo las praderas más verdes para su ganado, asunto de gran importancia y donde residía su economía. Los sigrear eran temibles en batalla y arrasaban con lo que se les ponía en el camino y al igual que los anégodos se sometían a los caudillos hócalos en tiempos de guerra, quienes los consideraban su artillería pesada. Según los historiadores, sólo su aspecto antropomorfo y semejanza con los humanos les permitió quedarse en el continente y no ser expulsados junto a los seres que, según se decía, aun deambulaban en el norte más allá de Everión.

El cuarto territorio era Faistand. Allí convivían hombres de variado origen y veideos, estos últimos similares a los humanos, pero de ojos violeta, tez clara y generalmente de pelo castaño, llegados a Mardala desde Dárdalos, después de la Guerra de Expulsión que concluyó con el último Sol Negro al inicio del primer ciclo, y que los obligó a abandonar su continente de origen, generando en ellos una sensación de desarraigo. Tenían la particularidad de poseer vidas bastante longevas y gozaban de una inteligencia admirable. Eran en general espigados y de contextura delgada, lo que les otorgaba una agilidad que sobrepasaba por mucho a la de los hombres comunes. Gustaban de la naturaleza, eran grandes cazadores y excelentes jinetes. Este país estaba dividido políticamente en dos estados gobernados por Señores Condestables—un estado humano y un estado veideo—, que rendían cuentas a un Rey elegido por ambos representantes en concilio con sus respectivos consejos. Su organización política no reconocía dinastías ni líneas hereditarias, sino que a la muerte de cada rey se proponían dos nombres, uno de cada raza. De esta mancuerna era elegido el nuevo gobernante, que por aquella época, el año 493 del séptimo ciclo, era un humano, Gwevald Bordin, que completaba ya 13 otoños en el trono del reino de Faistand, siendo el tercer humano consecutivo en el poder.

La capital era Vesladar, donde se asentaba el Rey y se tomaban las grandes decisiones. Allí se realizaban los cónclaves entre el Jefe de estado y los dos Señores Condestables venidos desde el Puerto Acantilado Dolmen, donde residían principalmente veideos, y desde Grabel.

Dárdalos, el continente de más allá del mar occidental era ajeno a los conflictos y devenires de Mardala, tenía su propia historia, y se relacionaba esporádicamente con Faistand por temas comerciales. Esta tierra, que en geografía y recursos era muy similar a Mardala estaba constituida por 3 reinos, todos humanos, aunque cada uno con sus particularidades. Los hombres de Basconia por ejemplo, eran morenos, de estatura media, gustaban de los placeres de la vida y poco se interesaban en sus vecinos. Fueron, según las crónicas antiguas, los artífices de la expulsión de los veideos. Tenían una gran tradición académica, con centros de estudio al que llegaban personas de las cuatro esquinas de Dárdalos y de las Islas Bastión al sur del continente, una tierra que albergaba a los denominados Señores del Mar. En Astacia, al noroeste de Dárdalos vivía un pueblo de características arias, dedicados principalmente a la pesca y el comercio. Eran los que tenían más contacto con Mardala debido a las exportaciones de metales como paladio — o hierro azul — plata y cobre, además de especias, y ricas telas traídas desde Vanion, el tercer reino de Dárdalos, de características similares pero donde la mayoría de sus habitantes eran de color. Poseían grandes palacios y eran de costumbres relajadas, sobre todo en cuanto a lo relacionado con "las buenas costumbres". Allí pululaban prostitutas, esclavistas y forajidos a sus anchas sin ser molestados.

Mientras en occidente todo se desarrollaba sin mayores conflictos tras la gran Guerra de expulsión de fines del Primer Ciclo, que marca el comienzo del calendario boreal, en Mardala sucedió que un veideo joven de nombre Karel Jaesel, de 30 años, miembro del consejo y conocido entre sus pares por su soberbia y vehemencia, comenzó un movimiento al interior del reino que promovía la independencia de su raza, separándose de los humanos y disolviendo Faistand tanto política como físicamente. Según Karel, los veideos eran una civilización demasiado evolucionada para estar entregada a los caprichos de un gobernante humano. Creía necesario recuperar la antigua Gloria que alguna vez tuvo su pueblo como el principal reino de Dárdalos y que ahora no era más que un recuerdo, que junto con su idioma nativo se iba diluyendo con el paso de las estaciones. Para ello consideraba fundamental conquistar Faistand, y después toda Mardala. Su sueño era expulsar a los humanos del continente tal como lo habían hecho con ellos hacía más de 3 mil años al otro lado del mundo.

Esta idea comenzó a conquistar los corazones de muchos veideos, en especial jóvenes, que terminaron por formar un movimiento de oposición al rey y sus condestables. El movimiento independentista fue ganado fuerzas, y en el año 494 del séptimo ciclo ya reunía las simpatías de la gran mayoría veidea, que apelaba a una separación de Faistand, pero a través de un proceso político pacífico. Sin embargo los planes de Karel apuntaban a una conquista de la nación completa y la expulsión de los humanos. En esta empresa, el caudillo se entregó a la instrucción de Urbal, un maestro y sacerdote veideo que conocía las artes de la magia antigua y que despreciaba la simpleza de la cultura humana. Urbal vio entonces en Karel el discípulo perfecto para llevar adelante el ideal de la pureza de su raza, y lo inició en las artes heredadas y guardadas por sus antecesores. Karel aprendía de su tutor con rapidez, logrando en poco tiempo un conocimiento que le permitiría llevar a cabo sus planes de conquista.

Pero esa es otra historia, una que está recogida en el libro que hoy se encuentra en la biblioteca de Vesladar, denominado "El compendio de la guerra violeta" describe muchos de los acontecimientos ocurridos, pero fueron terribles e innumerables, es fácil perderse en sus recovecos, y aunque es algo trabajoso, puede resumirse a través de algunos de sus más importantes pasajes, los que finalmente derivaron en la gran Batalla de los Valles de Kaibel.

Desde aquel día mucha agua ha corrido por los ríos de Mardala, la lluvia, el calor de la cuarta estación y el olvido han borrado muchas de las cicatrices de aquel conflicto, pero sólo de manera superficial, porque el rencor como un cáncer, puede estar oculto esperando para volver y extenderse sin miramientos infectando a quienes aun llevan en sus venas la sangre derramada en la gran revolución.

2 de Maio de 2019 às 15:35 6 Denunciar Insira 5
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F. Ciamar F. Ciamar
Buena narración, pero esto parece mas un libro de historia que otra cosa... creo que es un poco inútil describir tantos detalles aquí, porque al menos yo (y estoy segura de que también muchos otros lectores) voy a olvidarme de la mayoría de los detalles de aquí a cinco minutos. Creo que es mejor presentar esta información paulatinamente a medida que es relevante...
27 de Maio de 2019 às 12:01

  • Andres Wegner Andres Wegner
    Gracias por tu comentario. La verdad lo hice así porque es un prólogo, y es información necesaria desde mi punto de vista para desarrollar la historia que inicia en el capítulo 1, pero todas las críticas son bien recibidas 27 de Maio de 2019 às 13:27
  • Briggith Z�rate Briggith Z�rate
    Hola, permíteme discrepar con tu comentario, pienso que las descripciones expustas en este prólogo son muy necesarias, para la introducción a la historia . Como lectora, necesito de este recurso para poder meterme en la historia y sentirme parte de esta, los escenarios, los ambientes, los personajes; todas estas descripciones ayudan a que el lector sea un participante más de la trama y son muy importantes más aún en el prólogo ya que es la primera vez en que nos adentramos al mundo creado por el autor. Y como escritora, el utilizar estos elementos retóricos para poder enriquecer el texto es una manera muy válida para darle vida a la obra per se. Cabe recalcar que si los detalles están bien descritos -como es el caso de esta obra- no se olvidarán fácilmente y si el escritor lo ve necesario volverá a mencionar dichas descripciones más adelante conforme avance la trama. 27 de Maio de 2019 às 15:05
Paola Stessens Paola Stessens
Me agrada el mundo complejo que describes en el que conviven distintos pueblos y con un pasado conflictivo
5 de Maio de 2019 às 10:24

  • Andres Wegner Andres Wegner
    Gracias Paola, espero que disfrutes lo que viene, te aseguro que irá mejorando. Saludos! 7 de Maio de 2019 às 07:45
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