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klimprez Nadia Loto

La silla. Los pinceles esparcidos por el estudio. Sus cabellos negros, caídos por su espalda, contraída. Ojos en blanco. Piernas abiertas. El cuchillo, amenaza. La sangre.


Erótico Para maiores de 18 apenas.

#calles #arte #roma #burdel #proyectarte #lienzos
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La calle

La gitana miraba al muchacho con una sonrisa pícara mientras leía su mano en una callejuela sin salida de Roma. Sus dedos se movían por la palma con una soltura jamás vista. Experta en su oficio, Anníbal sintió estremecer al recordar la noche anterior con aquella mujerzuela con la que compartió sus pinceles a la par que ella, hacía de lienzo galopante. De pronto, una mala vibración pasó cual relámpago por su cabeza y supo entonces que su destino acababa de ser leído.

Un destino que había desaparecido con la gitana y que jamás supo de él hasta que llegó su hora. Estupefacto, retomó sus pasos. Unos pasos pesados, abrumadores. Unos pasos que no eran llevados por él, sino por sus propios pasos. Sus propios pasos que, de nuevo, de manera inconsciente para él, pero consciente por sus pasos, lo devolvieron al lecho clandestino. Sin embargo, el rostro de la joven prostituta lo dejó aún más paranoico de lo que estaba desde su encuentro con la gitana. Artemisia había cambiado irremediablemente.

En lugar de esperarlo con lujuria y deseo, la joven prostituta se encontraba totalmente demacrada, de tez aceitunada, enferma, como un fruto podrido, y prohibido. Sintió de alguna manera u otra, que, si volvía a probarla, acabaría envenenado. Perdiendo sus costillas en el ínfimo mar de las hojas de parra que decoraban su cabellera rota, seca, árida cual desierto sin oasis. Sus ojos, se habían vuelto rojos, rojos de sangre, como si un cuchillo se hubiera hundido haciendo grietas a través de ellos. Podía ver incluso a las ratas chupando sus pupilas negras.

Del blanco, había pasado al negro en cuestión de espeluznantes segundos.

Pero pronto, se dio cuenta de que no estaban solos en la pequeña habitación.

Al lado de la ventana que iluminaba la escena, había un muchacho pelando frutas (1593).

Frutas de las que el jugo, resbalaban por sus manos hasta caer al suelo impregnado de joyas.

Un muchacho que su mente tergiversó a San Pedro crucificado (1600), con las astas a la inversa.

Por respeto a Cristo, o eso cuentan.

No obstante, sintió que lo levantaban del suelo.

Unos verdugos lo sacaban de allí.

Sin darle tiempo a decir nada, a intentar zafarse del agarre.

La calle los recibió dormida. Unos pasos lejanos de un carruaje de caballos se perdían en la letanía. Anníbal, sintió de pronto un golpe seco y se vio acorralado contra la pared. Un repentino mareo hizo que todo diera vueltas hasta el punto de sentir que en cualquier momento iba a desfallecer. Rezando, de hecho, para que ocurriera semejante desfachatez. Sintió un objeto punzante en su estómago y supo que ese había sido el destino que la gitana había leído en su mano unos cuantos años antes.

28 de Abril de 2019 às 15:24 0 Denunciar Insira 0
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