La Paradoja de Erebus Seguir história

mjjofre97 Mauricio Jofré

Supongamos que eres un desgraciado llamado Max Blanxart; vives en el culo del universo en un asentamiento de mala muerte; despiertas con un resacón; para colmo, tus piernas fueron amputadas, pero eso no es lo peor de todo; algo o alguien transformó a la colonia en un infierno biomecanico. Así es como arranca La Paradoja de Erebus. Max y el puñado de sobrevivientes no pueden comprender que es lo que pasa. Están aislados, la colonia humana mas cercana está a poco mas de dos parsecs. No son mas que simples humanos sobrellevando una surrealista pesadilla hecha por Erebus, una IA megalomana de origen desconocido cuyos propositos escapan de su comprensión. Solo tienen una opción; sumergirse en un infierno de maquinas y carne para poder escapar, su cordura podría ser prescindible.


Ficção científica Para maiores de 18 apenas.

#cyberpunk #381 #hardscifi #bodyhorror #scifi #space #horror #action
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001

Cuando despiertas en una cama de hospital sin recordar cómo es que llegaste ahí sabes que algo anda mal. Todo vino por capas, primero desperté. Siento la incomodidad de una cama dura y estrecha; casi estoy haciendo equilibrio por no caerme. La boca seca, mi lengua resquebrajada; siento un sabor rancio y el aire rasca mis mucosas como si fuese maldita arena. La cabeza duele como taladro en la mollera. Entumecido, mareado. Escucho sonidos intermitentes y agudos. Los ojos duelen, no quiero abrirlos, aun no.

Bip, bip, bip…veo la típica pantalla a un lado de mi nicho; una línea subiendo y bajando con la tradicional precisión de mierda de un hospital.

Mi sentido común me dice que debería de estar en un hospital; poniendo la obviedad por encima. Después de tal martillazo en el cerebro hasta yo lo dudaría. Pestañeo. La imagen es cada vez menos borrosa, todo parece una pintura impresionista con demasiado brillo. Puedo distinguir las paredes prístinas de color verde agua. Percibo un olor antiséptico de excesiva limpieza, tengo ganas de sacar por la boca las pocas vísceras que me quedan por los putos antibióticos. La luz emana desde el techo, todo parece ordenado; predomina un minimalismo exagerado.

No hay ventanas, solo una pared. Miro a mi izquierda; hay un velador cubico de color plomo. Sobre este hay un vaso vacío. Veo una puerta blanca en una esquina de la sala; después de todo no estoy encerrado. Eso me pone un poco más tranquilo.

-. ¿Hola?- grité tan alto como mis cuerdas vocales me lo permitieron. Mi voz suena digna de un catarro por un abrazo de suegra -. ¿Hay alguien ahí?- nadie respondió.

Suspiro. Intento hacer un esfuerzo mental por recordar algo. Recuerdo mi nombre, Maks Blankar, eso es bueno. Recordé mi trabajo, era fiscal de alguna colonia de mierda. Lavoisier es la colonia donde vivo. Es un asentamiento alejado de la mano de dios. Estamos aquí por las betas de cobalto. Intento decidir que fue un accidente. Es imposible, yo no bajo a las minas, nadie lo hace en realidad.

-. ¿Hola? ¿Alguien me escucha?- Como lo esperaba; nadie respondió. Debería de haber al menos una enfermera conmigo.

Cierro los ojos. Intento recapitular. Recuerdo haber salido de Tau Ceti. Llegué aquí luego de un viaje de ocho años. Me dieron un trabajo como parte del aparato de seguridad de la colonia; Policía de Investigaciones, me dan el rango de prefecto. Hay pocos polis en Lavoisier, es una colonia minera. Todos son ingenieros, geólogos, mineros o técnicos de algún tipo. No es tan tranquilo como hubiera esperado, casi siempre alguien se suicida, de vez en cuando hay algún homicidio violento, no hablo de simples puñaladas o resultados de algún un tiroteo, hablo de personas descuartizadas por cierras de hiperdiamante o cortadoras de plasma; crímenes tan viscerales que es poco llamar psicópatas a sus ejecutores. Los suicidios no eran tan rebuscados, casi siempre era la misma modalidad. La idea de que un pueblucho polvoriento sea el único emplazamiento humano en una roca cuya atmosfera es toxica, dentro de todo un sistema solar que apenas ha sido explorado y en el que apenas pasan naves te agobia, así que decides ir a tomar aire fresco y te arrojas a una exclusa de aire. Ver toda esta mierda en un punto de cabrea, tratas de ahogar toda esa basura junto con tus demonios internos con alcohol, así que intento atribuir este episodio a un resacón que se me fue de las manos. Tal vez me intoxiqué.

Luego de un rato comienzo a sentir dolor; agujas por todo mi cuerpo. Soy consciente de estar atiborrado de mangueras y parches en mis muñecas, tronco, abdomen y mi uretra. Era incomodo como la mierda. Quería arrancármelas pero podría hacerme daño y no quería terminar orinando sangre por el pene. El pensar en ello hizo que la incomodidad aumentase.

-. Mierda.-

Me daba calor. Siento un hormigueo por todo mi cuerpo. Hago lentos movimientos con mis manos. La sangre comienza a fluir otra vez. Intenté mover mis pies pero aún estaban adormecidos. No puedo sentirlos, eso me puso nervioso.

Comencé a moverme. Era extraño, me sentía mucho más liviano de lo habitual. No debería de ser una novedad para un Astrano como yo. Cuerpos más grandes pero más livianos producto de la baja gravedad. La gravedad de los mundos como la tierra puede aplastarnos. Ahora no era eso.

Con torpeza pude reclinarme en la camilla. Esperaba ver dos bultos justo debajo de mis rodillas. Las sabanas estaban planas, como la pampa marciana. Tenía un mal presentimiento. No quería levantar la sabana, aun cuando el escenario era obvio. Lo hice de todas formas, nunca había estado tan arrepentido.

Algo parecido a un grito junto con un llanto escaparon de mi garganta. Solo me cubrí la boca con desconcierto mientras que un par de lágrimas brotaban de mis ojos. Debajo de mis rodillas hay dos perfectos muñones. Mis piernas amputadas con una precisión casi artística. La herida había sido cubierta con gazas; podía distinguir un par de manchones de sangre seca bajo el vendaje poco prolijo. En un momento me encontré llorando como un crio, recostado en posición fetal. Impotencia, miedo, asco.

Recuerdo que lloré hasta que se me secaron las lágrimas y me ardieron los ojos. Algún enfermero debería de haber acudido por todo el escándalo que armé. Pasó bastante rato, nadie vino.

Armándome de valor me recosté en el camastro. Comencé a quitar una por una las agujas clavadas a mi cuerpo. Con torpe pulcritud traté de removerlas, procurando no hacerme daño en el proceso. Una por una las desenterraba de entre mi piel y mi carne, dejando rastros similares a piquetes de descomunales insectos. Con premura traté de remover la delgada manguera de mi uretra, me sorprendía como es se alojaba tan profundo. Reprimí un quejido cuando estuvo fuera, la arrojé lejos. Un espasmo de nervios me sacudió al darme cuenta de lo áspero que podía llegar a sentirse la goma.

Me di un respiro. Tenía que pensar como bajar de la cama. Hubiese sido más fácil si tuviese mis piernas. Es increíble cómo es que la percepción se altera cuando falta algo de ti. Sentía vértigo por el solo hecho de pensar en bajar de un salto. Debería hacerlo con cuidado. Tal vez, si intentaba rodar apenas caiga podría amortiguar el golpe.

No salió tal cual como esperaba. Rodé por el suelo con la agilidad de un saco de papas. Prorrumpí un ahogado quejido. Logré amortiguar el impacto, aunque creo que me lesioné de todas formas. Insuficiente para producir una fractura, suficiente para ganarme un moretón. No dolía…aún. Mi cerebro debía estar embriagado por un tsunami de endorfinas desde hace rato.

Hice un rápido análisis de la sala. Había una silla de ruedas plegada en una esquina. Bingo. Solo debo de acercarme lo suficiente a ella. Será un esfuerzo titánico. Tal vez, si intento avanzar a punta y codo…es un suplicio. La gravedad oprime. Puedo sentir mi propio cuerpo aplastando mis huesos de tiza. Podía imaginar cómo es que la gravedad aquí en Lohengrin podía ser incómoda para un Terrano. Los Astranos debíamos ocupar exoesqueleto sobre la ropa para caminar con normalidad, además de consumir anabólicos y comprimidos de Hidroxiapatita y medicamentos con nombre de trabalenguas a diario, con tal de fortalecer los huesos.

Luego de una soporífera travesía de tres metros llego a la silla. Luego de montarme sobre ella esperé a que se desplegara. Las ruedas se ponen en posición vertical con un brusco movimiento. Del salto casi caigo de la silla. Me permití otro respiro antes de volver a moverme.

Había tenido algo de práctica cuando llegamos a Lohengrin; ninguno de los pasajeros estábamos adaptados por completo a la gravedad del planeta. Para todos nosotros fue más bien aplastante; y eso que ya nos habían aplastado con el solo despegue; la Sigfrido nos expuso a unos 5 G´s mientras su aceleración aumentaba hasta alcanzar velocidad relativista, en las cercanías de Lacaille 9352 dio media vuelta para comenzar frenar a la misma aceleración; las camas criogénicas nos mantuvieron a salvo. Cuando llegamos fue traumante para todos, sin excepción; la primera semana la pasamos flotando en estanques de agua, la segunda en sillas de ruedas, la tercera con muletas y la cuarta con exoesqueletos. Los temblores nos acompañarían por el resto de nuestras vidas; era nuestro organismo rechazando los inhibidores y la alta gravedad. No era difícil distinguir a los criollos de los foráneos; nosotros éramos altos y delgados; ellos eran más bien pequeños y robustos; como enanos de cuento de fantasía; primera o segunda generación nacida en alta gravedad embriagada por encimas y hormas de crecimiento.

Cerré los ojos y resoplé. Probé balancearme en la silla, luego empujé las ruedas con ambas manos. Fue un ejercicio costoso, debí hacer poco menos del doble del esfuerzo que debería de hacer en casa. Enfilé hacia el velador, esperaba encontrar implementos médicos; dobutamina, vasopresina o algo. Encontré una jeringuilla de Alfevac; un tubo plateado del tamaño de una pluma con tres agujas cortas, pero de aspecto amenazante. Debía clavarla en triangulo femoral, eso decían las instrucciones. Una mirilla laser de color rojo se encendió apenas la empuñé. Debería ponerse de color azul cuando me indicara la posición correcta. No me gustaban las jeringas, para ser sincero las odiaba, pero bajo la situación actual ya no me podía dar el lujo. Tan pronto como cambió a azul, la clavé con un movimiento certero, apreté un botoncillo con mi dedo pulgar, todo el contenido se vació en una milésima de segundo. Una oleada de relajo sobrevino de golpe; otro tsunami de endorfinas; mi corazón se sintió menos acelerado.

Suspiré.

Me balanceé en la silla otra vez, la más mínima actividad física se transformaba en un desafío extenuante, milimétricamente calculado para no romper algún hueso, cartílago o musculo.

Giré hacia la puerta y me empujé. Ya me había hecho la idea acerca de que nadie vendría. Si ese era el caso, algo feo estaba ocurriendo, o bien ocurrió, hace tiempo. El hecho de saber que nadie movería una nalga por mí era el único factor motivador para humillarme de esta forma. Tal vez llegué tarde para la fiesta.

La puerta se abrió por si sola tan pronto estoy cerca. Se desliza haciendo un sonido de mudo…woosh. En frente mío, las paredes de un pasillo oscuro. Avanzo con cautela. El entorno es desolador, demasiado minimalista. La atmosfera es dominada por una sensación de opresión industrial que cala los huesos. Desde que las maquinas comenzaron a hacer casi todo por nosotros todo se había vuelto demasiado solitario. No lo cuestionas hasta que eres consciente de ello.

Una camilla parecía flotar a mi derecha. En realidad estaba enganchada a un brazo de enfermero colgando desde el techo. Todo era transportado por mecanismos similares que se desplazaban por rieles. En algún momento todo se habría movido con la precisión de un reloj suizo, ahora todo parece estar muerto.

El pasillo era extenso, demasiado recto. Tenía una precisión geométrica que me mareaba con solo mirarla. Todo delataba una automatización excesiva. Lo detesto.

Contuve mis ganas de llamar por ayuda. No solía haber más personas que los mismos pacientes en los hospitales. Debería de haber habido al menos un doctor, si es que merecía ser llamado así. Su única función consistía en supervisar el funcionamiento de los enfermeros y de las demás máquinas de asistencia médica. Era lo mismo con los ingenieros; mineros; agricultores, etc. Sirvientes de máquinas sobrevalorados. Que trabajo más de mierda; no sé cómo es que tenían moral para vilipendiarnos a nosotros.

Escuché un murmullo a la distancia. El sistema de ventilación debe de haberse reiniciado, eso creo. Intento ignorar el hecho de que parecen voces, voces humanas. Suspiro. El cuerpo no deja de pesarme. Me sentí como un jodido pez fuera del agua. Me agarré el puente de la nariz y negué con la cabeza. Estoy sudando; es mi organismo expulsando la fiebre.

-. Oye.- eso si fue una voz, la voz de una mujer -. ¿Qué haces fuera de la cama?- no venía de muy lejos, pero la reverberación de mierda del pasillo hacía que sonase como una psicofonía.

-. ¿Qué…?- fue la única palabra que conseguí articular. Mi boca se había secado como un jodido desierto. Una ola de frío me golpeó como un latigazo de capataz, recorriéndome de pies a cabeza.

-. Debes de volver a la cama.- terció esta vez la voz de un hombre -. El procedimiento aún no ha sido terminado.- finalizó con una risita de porquería que castañeó por todo el pasillo. Era demasiado gangosa, repugnante solo de escucharla.

-. No creo que te gusten las cosas sin terminar, ¿O sí?- añadió otra voz distinta, también la de un hombre, pero esta era profunda y demasiado afable, como relator de corte.

Seguido a eso, escuché un murmullo, como si hubiese una conversación desde el otro extremo del pasillo. Sonaban humanas, eso sí, en ellas había algo que me ponía intranquilo. No sería bueno si me quedaba ahí. Una parte de mí quería cagarse en los pantalones mientras que la otra quería salir pitando de ahí como si tuviese cohetes en el culo.

-. Intenta ser bueno.- dice la primera voz con un tono maternal. Algo me hace suponer que lo que hay atrás de ese pasillo no es humano…ni máquina. Quiero pensar que estoy alucinando. Puta madre. Intentaré no mezclar drogas con alcohol para la próxima.

Entonces, escucho un par de pasos; pies desnudos. Diviso una mano posarse en la intersección, es delicada; luego otra mano, robusta y tosca. Luego puedo ver un rostro,…no, no es un rostro, más bien son tres fusionados en uno; tres voces, tres malditos rostros.

-. Porfavor.- ordenan las voces al unísono. Suena como un coro infernal. Si esto es una pesadilla quiero despertar ahora. Se abalanzó, acechante. Es demasiado real. No voy a despertar. No es un sueño. Mierda.

Giré en la dirección contraria, empujando las ruedas con tanta fuerza como es que mis debilitados músculos lo permitían. Podía escuchar esos pasos acercándose; firmes pero lentos, como si quisiera reírse de mis patéticos intentos por conservar mi vida. No quiero morir, así no, aquí no. Mierda, mierda, mierda.

Hay una puerta al final del pasillo. La hubiese podido alcanzar de tres o cuatro putas zancadas, si tan solo tuviese mis piernas. Mierda.

Veo un botón de emergencia, espero que sea eso. Atravieso el marco de la puerta y lo golpeo. Una pesada puerta se cierra a mis espaldas con un estruendo sordo. Es de color amarillo y negro. Hay letras rojas latinas en Cetáceo; sello de presión. Gracias a dios.

Jadeo, estoy agotado. Intento tomarme un descanso pero escucho algo. Carne contra metal, son manos tanteando la puerta. Siento una respiración a través del metal.

-. ¿Sabes que somos capaces de abrir esta puerta?- dijeron en coro -. No intentes esconderte, esto lo hacemos por tu bien.- escucho un golpe metálico; han quitado una chapa, luego, sonidos de electricidad, chispas, micro-transistores siendo manipulados.

Debo salir de aquí. Analizo la sala, hay filas de sillas y una pantalla que cuelga desde el techo, está apagada. Desde una ventana entra la deprimente luz carmesí de Merlín que se refleja sobre las monótonas estructuras rectangulares de color grafito de Lavoisier. A la izquierda, dos puertas de color cromo; son ascensores.

Con un tremendo desgaste me abalanzo sobre ellas; golpeo los botones, no hay reacción. Carajo. Vuelvo a golpear con impotencia, tampoco hay reacción. Escucho los chasquidos eléctricos desde afuera. Mierda. Golpeo los botones.

-. ¡¡Ábrete pedazo de mierda!!- bramo exasperado.

Se abre…el sello de presión.

No sé cómo describir que es lo que veo. Reconozco un cuerpo, femenino,…más bien hermafrodita. Hay un rostro con labios delicados, hay una nariz, hay una boca, pero no hay ojos; desde ambos lados sobresalen dos perfiles, ambos masculinos. Veo dos piernas, y tres pares de brazos. Su piel es rosada, pero se ve enfermiza, veo suturas y cicatrices de lo que pienso fueron incisiones. Pesadillesco, surrealista, vomitivo.

-. Ven.- ordenan los tres rostros. Sus bocas se mueven con increíble sincronía. El coro de voces suena poco armónico, desafinado y estridente. Extiende

-. No.- intento huir -. ¡¡NO!!- empujo las ruedas. Mi voz es quebrada y temblorosa. Me doy cuenta de lo lento y patético que son mis torpes movimientos, no tengo donde huir -. ¡¡¡ALEJATE DE MÍ!!!- está encima, antes de poder advertirlo me arroja contra la pared; la silla se hace trizas, el impacto me arrastra contra el suelo como a un perro indefenso al que acaban de patear sin compasión.

Quiero seguir pensando que es una pesadilla, que voy a despertar… pero no, ahora se siente más real que nunca. Hay algo escurriendo por mi cabeza, está caliente, es sangre. Escucho los pasos desnudos de esa cosa acercándose.

-. Vamos a repararte.- afirmó el infernal coro de voces -. Eso es lo que queríamos hacer desde un principio, por eso debes de volver a la cama; no debías despertar tan pronto.- no sé porque pensaba que me deparaba un destino terrible, peor que la muerte.

-. Mátenme.- supliqué con un hilo de voz. Dudo que hayan podido escucharme -. Mátenme porfavor.- me tomaron desde un brazo; siento que me arrastran.

-. No.- sentenciaron -. No vamos a matarte, venimos a ayudar…- escuché un estruendo metálico; una barra de acerco con forma de tubo y afilada como una lanza había atravesado su cabeza de lado a lado; un chorro de sangre espesa comenzó a caer como una puta cascada -…te.- su cuerpo se desplomó y cayó como un jodido lastre contra el suelo, un charco de color rojo profundo se esparcía con rapidez.

Todo se veía borroso. Los sonidos son confusos, demasiado eco. Escucho pisadas, suelas de goma, creo que son personas. Distingo una silueta humana. Lleva un EVA de color blanco con franjas horizontales negras y azules. En las manos porta un armatoste rectangular con un gatillo, asumo que es una especie de arma. Otro estruendo metálico, otra lanza se clava con violencia en la carne blanda de aquel esperpento.

-. Creo que ese era el único.- dijo una mujer. Las voces sonaban distorsionadas por los comunicadores de sus cascos.

-. Por ahora, pero tampoco estaría muy confiado.- respondió otro de los trajeados. Era un hombre. Su voz era ronca y nasal, raspaba las erres de una manera molesta, como si sobreactuase de pésima manera un acento rusiano. Logré reconocer que había tres seres humanos. Estaba demasiado aturdido para saber quién era quien -. ¿De dónde carajos salió este fiambre?-

-. No tengo ni puta idea.- respondió otra voz. También era un hombre. Tenía caja amplia, su voz sonaba como de tenor; relajado y algo jovial -. Pero está vivo, eso es lo que importa.-

El que portaba aquella letal arma se me acercó a paso relajado. Tomándome de los hombros me hizo recostarme contra la pared y luego se agachó, asumí que me miraba a los ojos. Levantó la víscera de su casco, dejando ver el rostro pálido y lechoso de un mujer joven (entre unos 25 a 30 años), era blanca como la nieve, con mejillas teñidas de sangre manteniendo un contrastante rubor que no dejaba de ser llamativo, junto con dos orbes color esmeralda intenso que se me clavaban intimidantes, manteniendo una expresión ausente y endurecida, aunque ciertamente castigada; cargando una tonelada de estrés de manera evidente. Su sedoso cabello marrón había sido anudado en un moño para permitir ponerse el gorro snoopy sobre su cabeza, aunque dejaba escapar un largo mechón que descansaba en la derecha de su rostro, permitiéndole a rozar una de sus mejillas.

-. Bueno, estás vivo.- afirmó, su voz era tranquila -. Incompleto, pero está vivo, eso es bueno, mejor de lo que esperaba.- se permitió una sonrisa -. ¿Cómo te llamas? ¿Me podrías decir tu nombre? ¿Te encuentras bien?-

-.Max Blanxart.- respondí jadeando -. Soy fiscal adjunto de Lavoisier sur, y sí, creo que estoy bien.- levanté el pulgar.

-. Por cierto, yo soy Naomi; ellos son Biagio y Yakiv.- Los dos personajes hicieron el gesto de saludar. Ambos parecen salidos de una caricatura; uno es pequeñito, pero definido cuidadosamente en sus proporciones, formidable, y a la vez corpulento, como aquellos enanos de cuentos de fantasía medieval; primera o segunda generación nacida en alta gravedad; su apariencia contrasta con sus facciones pues su rostro es redondeado, de labios carnosos que no hacían más que resaltar su rostro de diamante, sus mejillas habían sido acribilladas por puntos oscuros en forma de pecas; sus cejas se acentúan abultadas como trazos de una gruesa brocha, y sus ojos de color azafranado revelan una expresión relajada pero a la vez algo indolente. El otro al menos lo dobla en tamaño, aunque calculo que es por lo bajo una cabeza más pequeño que yo; de ancha complexión, parece halterofilista, de hombros y brazos imponentes como los de un oso y de bastos pectorales tan anchos como un planeta, lleva un rostro pétreo, de barbas densas y tupidas de color cobrizo que hacen que se asemejen a un atado de gruesos alambres oxidados más que a barba; tiene cavernas en lugar de cuencas, de marrones ojos pequeños y cejas casi inexistentes que observan con dureza y guardando una constante expresión de desprecio. Las entradas de su cabello revelan una forma de M, lo que deja ver una frente noble que no pasa desapercibida.

Biagio se acercó, poniéndose a un lado de Naomi, no le hizo falta agacharse. Me miró a la cara y me dio un golpecito en la mejilla. Creo que esperaba que fuese un gesto de camaradería. Lo detestaba. -. Bueno amigo, te tengo dos noticias; la buena es que te sacaremos de aquí; la mala es…-

-. Que te vamos a cargar.- interrumpió Yakiv para completar. Se cruzó de brazos, volvió a resoplar, sin molestarse en alterar esa cara de pocos amigos que tenía todo el jodido tiempo, como si se esforzara por parecer más eslavo.

-. No me malinterpretes….- tercié con un patético intento de arrogancia que fue aplacado con poética ironía por un fulminante ataque de tos seca -. No me voy a subir a cuestas de nadie, prefiero caminar.- continué tosiendo.

-. Genial.- replicó Naomi -. Quiero ver cómo te va con eso.- dijo tensa al observar ambos muñones de mis rodillas sin poder disimular un ácido sarcasmo.

-. Prefiero hacerme cargo de mí mismo, en la silla.- indiqué con seguridad -. No voy a permitirme ser un jodido bulto al que cargar.- ella negó con la cabeza.

-. Serás peor que eso.- Yakiv agregó mientras dejaba caer una especie de arnés delante de donde estarían mis pies -. Serás mi mochila.-

-. Además, la silla está hecha mierda.- observó Biagio con resignación.

-. Te voy a acomodar en ella, anda.- dijo Naomi mientras me agarraba de los hombros para arrastrarme a un sillín de mierda -. No tenemos mucho tiempo, así que intenta cooperar, o no será bueno para ti…-

-. Ah! Jódete.- intenté quitarme sus manos de encima, pero antes de darme cuenta sus nudillos se habían clavado en mi pómulo derecho. Lo sentí con una fuerza implacable, los huesos en baja gravedad se hacen más porosos, más blandos, más frágiles. Es como que un boxeador profesional golpease a un niño de cristal. Caí desplomado como un trapo al suelo, jadeando y viendo estrellitas. Debía de venir de algún lugar con más gravedad que mi planeta, de eso no había duda alguna, tal vez Terrana. Durante toda mi vida, solo un terrano me había golpeado, y se asemejó mucho al golpe de Naomi. No recuerdo el porqué de la pelea, pero éramos dos adolescentes de mierda, estoy seguro de que fuese lo que fuese, yo tenía la razón. Me asestó un gancho con tal fuerza que casi me rompió el cuello. Debieron re-armar mi mandíbula por un simple golpe de puño. Naomi no me dio tan fuerte, pero sentía un cráter en mi jodido pómulo.

-. ¡Malagradecido de mierda!- refunfuñaba Naomi con tono de madre emputada mientras me amarraba al sillín, estando yo ahí, semi aturdido -. ¡Te salvamos el culo jodido arrogante! ¡¿No puedes solo darnos las gracias?!- Estoy choqueado, me sorprende como es que perdió la paciencia tan rápido. Las luces comienzan a encenderse, creo que comienzo a entender por qué -. Yakiv ¿Qué es esto?-

-. Fallas de cálculo.- respondió con estoicismo. Luego de que Naomi me abrochara por completo, Yakiv me puso en su espalda cual mochila; estamos espalda con espalda -. No pongas esa cara Maks, esto me desagrada tanto como a ti.-

-. Que te den.- repliqué con jadeos intentando conservar mi dignidad, aunque ya lo veía poco probable, pues mi estatus de persona había sido reducido al de una quejumbrosa mochila humana. Mi ego del tamaño de una montaña me impedía reconocer el hecho de que esos tres me habían salvado el culo; hace solo unos minutos estaba arrastrándome y lloriqueando por no morir.

-. Llegas a ser simpático.- terció entre dientes -. A ver si me agradeces cuando saque tu flaco trasero de este hoyo de mierda.- tal vez lo hiciera, tal vez, pero ahora no.

Las fluctuaciones de energía alcanzaron un pico. Las luces brillaban demasiado.

-. Reinicio de sistemas.- anunció una omnipotente voz andrógina.

-. Mierda.- Naomi refunfuñó.

De pronto todo se vuelve rojo. La luz parpadea con un incómodo efecto estroboscópico como si fuese un antro de porquería. Una sirena estridente y aguda comienza a sonar, me retumba la cabeza.

-. Iniciando protocolo de contención.- escuché golpes sordos; fum, fum, fum… compuertas cerrándose una tras otra. Algo o alguien intentan encerrarnos.

-. ¡¡Muévanse!!- ordenó Naomi con un grito -. Nos descubrieron.-

Sin dudarlo un segundo todos echan a correr; de haber podido también lo habría hecho pero en ese momento no era más que un inútil espectador. Solo escucho esa sirena y los golpes de las puertas cerrándose. Hubiese sido mucho más eficiente cerrar cada puerta de golpe, sea lo que fuese, estaba jugando con nosotros de alguna manera, bloqueando accesos específicos para ver cómo es que reaccionábamos, llevándonos a un laberinto de mierda donde estuviésemos a su merced. Puedo sentir el golpeteo de los pies de mi portador, se gritan órdenes, hay confusión entre ellos. Entre todo aquel desenfreno confuso de barullo distingo algo más, una voz.

-. ¡Papá!- es un niño. Está gritando. Siento el gélido latigazo de un escalofrío. Todos parecen escucharlo pero hacen un desvergonzado esfuerzo por ignorarlo, fingen que no escuchan nada,…excepto Biagio, se detiene, algo le llama la atención y lo perturba por completo -. ¡¡Papá!! ¡¡Ayúdame!!-

-. ¿Ivo?- pregunta con la voz quebrada -. ¿¡Ivo, eres tú!? -

-. Biagio.- masculla Yakiv. Le toma un hombro con fuerza, Biagio aparta su mano con fuerza, se aparta hacia una intersección, por alguna oscura razón las puertas en ese lugar aún no se han cerrado -. ¡Biagio! ¡Ese no es tu hijo!-

-. ¡¡Cállate!!- se le ve desorbitado, enajenado por completo -. Es el, estoy seguro, voy a traerlo conmigo.-

-. ¡¡¡PAPÁ!!!- la voz era desgarradora -. ¡¡¡PAPAAA!!!-

-. ¡Biagio, no vayas por favor…- Naomi interpela, pero es inútil -. ¡¡Biagio!!- no puede evitarlo, echó a correr y ya va a la mitad del pasillo, nadie hace nada por detenerlo. Está demasiado lejos, la puerta puede cerrarse en cualquier momento. Corre estupefacto hacia el origen de la voz.

-. ¡¡Ivo!! ¡¡Espérame, soy papá...- su voz se corta con un sonido gutural. Está cabizbajo, toce y luego vomita sangre a borbotones. Una silueta lo levantó por los aires. Naomi extiende su mano, reprime un grito, luego, Biagio es desgarrado por la mitad. Fue un sonido horrible; su sangre y vísceras se desparramaron cual si fuesen cabellos de ángel. El efecto de la luz hacía que se viese como una perversa y cruda película de stop-motion.

-. ¡Papá, papá, papá!...- su voz se tornaba cada vez menos humana -. ¡Papá, papá, papá, papá, ppssad, hnasd, nnmi, Naomi.- fue ahí cuando lo vimos por completo, y en todo su esplendor. Era como un centauro,…un jodido centauro hecho de torsos; torsos de personas cortadas y pegadas entre sí con precisión quirúrgica. Se veía como una pérfida escultura surrealista de algún artista desquiciado. El torso superior era el de un hombre, pero no tenía rostro ni boca. La voz emanaba de otro torso, el de una mujer, dispuesto como un mascarón de proa de un navío infernal. Todo el resto del cuerpo era un fractal orgánico de otros torsos que pretendían asemejar el cuerpo de un caballo. Un perfecto jinete del apocalipsis -. Naomi.- esta vez era la voz de un hombre adulto -. Naomi, soy yo, Fazil.- Ella estaba llorando, Yakiv sostenía su arma y dispuesto a dispararla, por alguna razón no se atrevía. Yo, por mi parte, solo estaba ahí, con ganas de salir corriendo o de que de desaparecer por completo -. Por favor, ven conmigo.- comenzó a acercase con una lentitud desconcertante, el torso superior extendió ambos brazos.

-. No.- sollozó ella.

-. Porfavor.- expresó con pesar, la voz sonaba demasiado humana -. Te echo de menos, estaremos juntos de nuevo.- estaba demasiado cerca. Comenzó a acelerar el paso -. Por favor Naomi, ven conmigo, vamos a estar juntos...- todas las puertas a nuestro alrededor se cerraron de golpe.

Naomi está al borde del llanto. No puedo contener el vómito. Yakiv no parece afectarlo nada de aquello, salvo que sigue mirando la puerta que se interponía entre nosotros y aquel centauro; está demasiado cerca de ella.

-. ¿Viste lo que hicieron Maks?- insistía en pronunciarlo de esa forma, como intentando darle un toque de camaradería -. Siempre lo hacen, no sé cómo, pero siempre es igual.- no puedo quitarme la imagen de Biagio siendo desgarrado por los aires -. Son despiadados, pero son inteligentes, demasiado, diría yo. Conocen cada uno de nuestros recuerdos, nuestras debilidades, nuestros demonios.- negó con la cabeza -. Y luego los traen de vuelta.-

-. ¿Pero Biagio está muerto?- mi voz suena jadeante. Acabo de casi vomitar todas mis tripas por el suelo. No puedo evitar preocuparte. Fue partido en dos frente a todos nosotros, nadie sobrevive a una muerte tan violenta.

-. No.- responde con sequedad -. Por desgracia no. Ellos pueden traerlo de regreso. Es inminente que volverá, pero ya no será el mismo que conocíamos.-

-. ¿Cómo…?-

-. Su cerebro sobrevivió.- concluye con frialdad -. Mientras que tu sinapsis integra no sufra daños está bien para ellos; intentarán inutilizarte de cualquier manera sin dañar tu cerebro, que en el fondo es lo único que buscan.- suspira -. No se desharán del cuerpo, lo abrirán, cortarán y los unirán a otros para hacer un todo. Así es como lo hacen.- me sorprende la indolencia de su tono. Habla con una naturalidad enfermante.

-. Este es el infierno.- estoy al borde de un colapso nervioso. Se me viene una imagen de mi antiguo hogar. Tau Ceti. Tangram. La majestuosidad de Zeitgeist en el cielo morado junto con el brillo de sus otras diecisiete lunas en el atardecer. ¿Por qué estoy recordando esto justo ahora? ¿Acaso es una forma de amortajarme? Recuerdo los árboles. Un agradable sonido de un riachuelo. Teníamos ecosistemas complejos en las cúpulas sobre los cráteres. Una mujer pelirroja me sonreía. Una bandada de gorriones emprende el vuelo. Me sentía feliz. Lo tenía todo. ¿Cómo terminé en este agujero de mierda? Las lágrimas amenazan con brotar de mis ojos, intento contenerme.

-. Toma.- Yakiv me extiende algo. Es un objeto de metal brillante y pesado. Es un revolver, lo tomo con miedo.

-. No creo que sirva de mucho.-

-. No lo usarás contra ellos.- añade con su habitual tono frío -. Es para que te suicides, en caso de que lo necesites.- me siento enfermo como solo escucharlo ¿acaso así es como va terminar todo? ¿Esa es la única jodida opción que tenemos? -. Ninguno de nosotros quiere que nos atrapen con vida, créeme que es mejor la muerte.- tengo ganas de vomitar otra vez -. Debes apuntar al cerebelo, bastará para acabar con todo, será muy rápido.-

-. Cállate.- le intento ordenar bastante fatigado -. Cállate, no quiero escuchar nada.- Siento esa cosa tanteando la puerta metálica desde el otro lado. Hay una respiración, y un murmullo silencioso, como si estuviese conversando con alguien. De un momento a otro me siento tentado a poner el cañón en mi boca, jalar el gatillo y dejar que el balazo mordiese y destrozara todo el tejido intrincado de neuronas de mi cerebro.

Algo me impide hacerlo, tal vez es la patética voluntad de vivir a la que me seguía aferrando. Pienso en guardar el revolver bajo mi pantalón pero prefiero sostenerlo en mis manos, ya perdí mis piernas y no sería bueno volarme la testa por no saber manejar una jodida arma.

-. ¿Naomi?- una voz suena desde su radio -. ¡Naomi! ¡Por favor, responde! ¿Estáis bien? ¿Hola?-

-. Estamos aquí.- dice luego de tragarse las lágrimas -. Estamos aquí, Gavin ¿y ustedes?-

-. Aquí, debe ser aquí, así mismo.- me parece escuchar desde el otro lado de la puerta, estoy seguro que es ese centauro de mierda. No es una voz, es un coro susurrante -. Falta poco, falta poco...-

-. Pues esperándolos ¿Por qué no han llegado al punto de extracción?- interpela un hombre molesto -. ¿Hay problemas?-

-. Si.- responde Yakiv -. El fiambre despertó antes de tiempo, tu barrera de mierda se cayó y Biagio está muerto.- puedo escuchar las manos del centauro removiendo algo atrás de la puerta, está manipulando paneles, tornillos, transistores -. Y estamos encerrados, para variar.-

Primero solo hubo silencio e interferencia, luego, un rosario de groserías en una lengua que pude identificar como inglés con un acento “texano”. Debía de ser de Marte, todos los que venían del cuarto planeta de Sol tenían pegado ese acento, y lo habían exagerado hasta mas no poder.

-. Carajo.- terminó de rematar aquel glorioso rezo cargado de rabia -. ¡Puta madre!- recalcó como si se esforzara en que los otros dos entendiesen que estaba molesto -. Intentaré algo, estoy lejos de la terminal, así que no aseguro nada; solo que espero que funcione, y si no, pues que dios los ampare.-

Los otros dos solo asienten con la mirada perdida. Concluyo que se refería a que si no lograba sacarnos de aquí estaríamos por nuestra cuenta, es decir, deberíamos considerar el reunirnos con el todopoderoso antes de que el centauro abriese su puerta. Pasan los segundos, los minutos. Gavin maldice, Yakiv mira a Naomi por el rabillo, tiene su mano dispuesta a sacar su arma, ella hace lo mismo, ambos tiemblan. Se ha demorado demasiado, espero lo peor.

-. ¡Bingo!- grita Gavin desde el comunicador -. ¡Naomi! Accedí a la red, voy a abriros todas las puertas hasta nuestra posición; es un camino de cien metros, pero no podré mantenerlas abiertas por mucho tiempo, tarde o temprano me descubrirán y el sistema se bloqueará de nuevo, así que apenas abra la puerta deberán correr como si tuviesen petardos en el culo; desde que lo haga solo tendrán diez...-

Todos nos miramos estupefactos. Yakiv se encogió de hombros.

-. ¿Diez?- preguntó Naomi -. ¿Diez minutos?-

-. No.- respondió con sequedad -. Diez segundos.- la puerta delante de nosotros se abrió de golpe -. Desde ahora.-

No tuve tiempo para pensarlo. Se largaron a correr mientras el tiempo parecía pasar con extrema lentitud. Nueve. Solo escucho los pasos de las largas zancadas martillando contra el suelo. Ocho. Nuestras agitadas respiraciones. Siete. Nos alejamos de aquel mamparo de mierda, por alguna razón todo adquiere una nitidez surrealista ¿Qué clase de mecanismo de defensa es ese? No quiero estar consiente cuando eso nos alcance. Seis. Todo parece ocurrir demasiado lento, demasiado. Inhalo. Silencio. Se me vienen imágenes que pasan como un torrente de diapositivas…camino por un bosque. Veo una mujer. Sonríe. Pasa el tiempo. Hay un matrimonio. Esperamos un hijo. Veo el pasillo de un tren, hay una explosión. Ella muere. Veo su cadáver; una belleza post-mortem estremecedora. Un funeral. Vuelan hojas secas por el aire. Un aguilucho atrapa un ratón. Frío. Veo un cadáver deformado, moscas lo devoran. En una fracción de segundo veo un rostro biomecánico; susurra algo, no logro entender que dice. Exhalo. Cinco. La mampara se abre, el centauro emerge desde ella. Ahora lo entiendo. Voy a morir. Cuatro. Todo se vuelve cada vez menos fluido, más borroso, como manchones de pintura, pasando por fotogramas cada vez más entrecortados. Confusas como imágenes de pesadilla. Carga contra nosotros. Tres. Escucho las voces de Yakiv y Naomi como delirios febriles, ecos lejanos y cercanos a la vez. Dos. Nos alcanzará sin problemas. Parecía un demonio. Un siniestro ángel de la muerte cabalgando para llevarnos consigo hacia el infierno. Uno.

-. ¡A un lado!- Una mujer bramó de improviso. Un chorro de fuego se dejó caer sobre su cuerpo. Una segunda ráfaga le arremetió desde la derecha. El centauro fue envuelto en llamas brillantes de color amarillo brillante mientras chillaba y se paraba en dos patas antes de caer.

Dos figuras humanas aparecieron de inmediato, vestidos tal cual como Yakiv y Naomi. Sus rostros estaban cubiertos por cascos con vísceras de color dorado conformadas por celdillas triangulares. Uno de ellos se acercó y arrojó dos llamaradas más. Por alguna razón me perturbaba. Era un coro de alaridos bramando por un dolor inconmensurable. Sonaba demasiado humano. No podía evitar el pensar que eran personas. Almas castigadas ardiendo para la eternidad.

-. ¡Debemos irnos ahora!- ordenó una voz que me pareció conocida. Era Gavin sin duda. No hubo momento para agradecerles, obedecieron continuaron huyendo mientras que se escuchaban los gritos y la puerta se cerraba justo atrás de nosotros. Todo se hacía cada vez más difuso; sonidos, colores, todo el entorno, excepto los gritos.

Comienzo a ver un túnel, todo se torna cada vez más surreal. Los gritos,…los sigo escuchando. De una maraña de gritos ininteligibles pasan a ser balbuceos, frases, suplicas, llantos…reconozco una voz. Es ella,…su fantasma me sigue atormentando. Comprendo que no puedo escapar de ella ni de mi culpa. Dolor, brama de dolor. Me pide que vaya hacia ella,…no, me lo ordena. Una sola oración se me clava como una puñalada, una sola oración me hace supurar todo ese dolor que había enterrado dentro de mí. Deseé haberme desmayado. Deseé no haberla escuchado nunca.

-. Max, porfavor ayúdame.- no puedo hacerlo. Ya es tarde. Luego, todo se va negro.





23 de Abril de 2019 às 03:17 7 Denunciar Insira 4
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Ivan Gonzalez Ivan Gonzalez
Induces al lector en una situación muy cruda y violenta, en ciertos aspectos, que hace reflexionar. A mi parecer, el insulto mierda se ha quedado algo obsoleto, apodrías utilizar algunos similares, pero esa es la parte menos importante. Lo que más me ha gustado es que has creado un escenario fuera del Sistema Solar, y aunque hay gente que lo ve como algo raro o inexperimentado, yo lo veo como un arte, crear algo de la nada a partir de algo existente de lo que no se obtienen datos suficientes para crear hipótesis sobre ello. Así lo llamo. En cuanto pueda, leeré lo demás. Espero que describas mejor el entorno que rodea al protagonista, aunque imagino que tus letras darán más fuerza a los personajes junto con sus propios ''movimientos''. Un saludo y a ver si nos ponemos en contacto para hablar de cyberpunk y sus géneros.
14 de Maio de 2019 às 03:12

  • Mauricio Jofré Mauricio Jofré
    Muchas gracias por comentar! Respecto a lo primero, si, tal vez debería ocupar otras expresiones además de "mierda", la verdad es que me quedé corto; de todas formas siento que utilizar insultos de forma directa en la narración hacen que todo se sienta mas crudo. Respecto a lo segundo, muchas gracias, realmente me he esforzado en crear un universo fuera del sistema solar que se sienta autentico. Reitero, muchas gracias por tu tiempo, y espero que pronto podamos hablar de cyberpunk, saludos! 14 de Maio de 2019 às 18:52
Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Me gusta la portada. Despertarse sin piernas que molesto.
11 de Maio de 2019 às 03:56
Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Me gusta la portada.
11 de Maio de 2019 às 03:54
Kai Proyects Kai Proyects
29 de Abril de 2019 às 13:05
Kai Proyects Kai Proyects
Como me explico. Si uno puede levantarse una mañana de resaca y sentir que su suerte es una mierda, debería pedir disculpas a este tipo. La segunda apreciación es que ante tal infierno de sitio, te has quedado corto con los insultos brutal.
29 de Abril de 2019 às 13:04

  • Mauricio Jofré Mauricio Jofré
    Oye muchas gracias por leer y comentar! Y si, se que me quedé corto con los insultos, pero tranquilo, todavía queda mucha historia por delante, estate atento todos los domingos (y una recomendación, no te encariñes mucho con ningún personaje xD) Saludos! 30 de Abril de 2019 às 11:45
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