Mi desorden literario Seguir história

carlavgonzalez Carla González

Quizás una idea para entender mis desorden mental y literarios


Histórias da vida Para maiores de 18 apenas.

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Mi atracción desordenada

Yo leo en desorden. Lo llamo ser lectora nómada, por no decir desordenada e incapaz de terminar un libro.

A veces me quedo con un solo libro, pero no duro mucho. Lo que me atrajo al principio ya no está, y ya hay otro libro que me está enamorando. Yo que me enamoro tan fácilmente.

Está un libro, el que es más fácil llevar a todos lados. El flaquito que entra en mi bolso café que me lo cruzo en el hombro izquierdo y resguardo con mi mano derecha cuando entro al metro de Caracas. El que leo cuando espero un vagón semi-vacío. A veces se me pasan dos o tres carros llenos y sigo leyendo. Por ahora llevo uno de breves relatos de un chileno comiquísimo y a la vez fatalista.

Hay unos que quisiera leer solo para ver la reacción de las personas a mi alrededor: La historia sucia de Guayaquil, o El Encuentro que tiene en la portada a Fidel abrazando a Chavez.

Tengo el que me acompaña en las noches, gordo y pesado. Que juro que leeré, pero casi nunca llego a leer más de un párrafo.

Está el afortunado, ese libro que he llevado a varios viajes. Que empecé a leer en La Habana y terminé en Montevideo.

Como en Rayuela, vuelvo a algunos libros, saltando también. Escojo capítulos que no voy a leer, otros que solo los hojeo, y los termino en menos de 5 segundos. Solo para decir que sé de que va el libro. Me frustro y lo dejo, pero sé donde está. Al menos así no me siento tan mal de haberlo dejado.

Con otros, no paso de una misma página porque me detengo en una palabra nueva, en su significado, en las explicaciones alternativas que me llevan a otras conceptos y no sé como paso de piratas en Somalia a una foto del World Press Photo que hasta hoy me parece la mejor que he visto, recuerdo que la vi en Macao, era de un hombre muerto sobre una baldosa turquesa luego de un tiroteo en un centro comercial en Nairobi. Y así, me pierdo.

Cuando voy a trabajar tengo en mi mochila uno de tamaño medio, ni tan alto ni tan bajo. Uno no sabe dónde encuentra espacio y tiempo para leer.

Hay uno que sé que despierta envidia de otros. Me divierte mostrarlo y ver la reacción de la gente.

Cada vez que voy a casa veo los libros que tengo en mi antiguo cuarto, me intrigan y pienso que algún día los leeré. Me los quiero llevar a Quito, pero luego pienso que no tendría con qué fantasear cuando regrese. Así que los dejo.

Aún pienso en ese libro, el que no debí dejar ir. Ese que cambié por un póster que ya no me sirve.

Tengo uno, el que mis padres estarían felices que yo lea. No me despierta nada, absolutamente nada.

Pero no me arrepiento de haber leído los que ya tengo guardados en mi casa, de verlos llenos de rallas, stickers, hojas dobladas en la puntas, manchas de maquillaje transferidas de mi cara a mi mano y de esta a la hoja, restos de chocolate, gotas de agua, y de hojas arrugadas después de secarse.

Y al final siempre está ese, el que nunca me atreví a tener, que ahora sigo buscando en cada rincón, en cada ciudad que voy. No sé si quiera encontrarlo, quizás la fantasía de tenerlo sea mejor que la realidad. Prefiero seguirlo viendo así.

9 de Abril de 2019 às 21:56 0 Denunciar Insira 2
Fim

Conheça o autor

Carla González Periodista ecuatoriana con alma latinoamericana

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