Una carta antes de partir Seguir história

elbardo Brandon Lee Avila

¿Qué hacer si todo lo que representas está por desaparecer? ¿Si tus memorias y por lo tanto quien eres tiene fecha de caducidad? B vive una vida sumamente tranquila. Recibe una noticia que lo obliga a desenmarañar memorias que guardaba muy dentro. Decide escribir una carta a su ex pareja para que esos recuerdos puedan sobrevivir.


Conto Todo o público.

#surreal #memoria #gato #romance #amor #realismo-mágico #desamor #carta
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    El día que cumplí 28 años en secreto, fue el día en que todo se apagó. Llegué a casa desde el trabajo, subí un par de pisos del edificio de apartamentos en el que vivía. Era tan anciano el edificio que su ascensor, antiguo, con reja y todo, constituía un apartado casi turístico del lugar y, aún con la edad funcionaba bien; la razón por la que no lo tomaba es que daba la impresión de que en cualquier momento se iba a desmontar, de hecho, todos los inquilinos hacían lo mismo: veían con cariño al ascensor y terminaban por usar las gradas, como diciéndole <<Tranquilo, tu descansa>>

    El departamento no era feo, siempre fui un hombre de costumbres y gustos extraños, por tanto, mantenía casi siempre el lugar con el mismo orden. Tres sillones rojos mirándose entre sí, una mesa central de madera que servía como tablero de ajedrez gigante. Sin televisores, cuatro libreros continuos en la sala, un juego de comedor metálico y cuadros de varios paisajes, la mayoría bosques o cascadas. La cocina tenía simplemente lo necesario, un microondas, el refrigerador, un horno eléctrico y una cocina de inducción, todo de color negro. Entre la cocina y el comedor existía un pasillo corto que llevaba al baño social. Después del comedor te encontrabas con una pequeñísima sala de ocio, la cual se llenaba con un librero color rojo, un sofá personal sumamente cómodo y una lámpara de cerámica gris. Después de la salita, a su derecha, estaba mi habitación y, a la izquierda un cuarto vacío. Mi habitación era lo suficientemente grande como para abarcar todo lo que deseaba: mi escritorio, una televisión colgada de la pared y, por supuesto, mi cama de una plaza.

    Mi vida era tranquila, no hay mucho que contar al respecto, mis días pasaban sin apuro y sin lentitud, simplemente pasaban de corrido, no los sentía pesados. Trabajaba como un editor de productos publicitarios, pasaba horas sentado frente al computador editando imágenes y vídeos para que cumplieran con el estándar o concepto de publicidad deseado. Era un trabajo divertido si sabes apreciar la creatividad en pequeños detalles. No me iba mal, ganaba bien, lo suficiente como para mantenerme tranquilo sin necesidad de nadie más. No era agotador, aunque en algunas temporadas el trabajo se ponía intenso, al final del día no llevaba nunca trabajo a casa.

    El camino que llevaba desde la oficina hasta mi casa era de aproximadamente veinte minutos a pie, veinte minutos que disfrutaba a tope cada día. Mi ciudad era sin duda hermosa, tenía gente extraña pero hermosa ciudad al final. Su arquitectura diversa y sus calles llenas de verdura me encantaban. La mayoría del tiempo regresaba acompañado por mi amiga y compañera, G, ella era sin duda un espécimen raro de humano que por alguna extraña razón se conectaba conmigo de formas nunca antes vistas, era como si su existencia y la mía disfrutaran de poder lanzarse un balón lleno de opiniones sobre la vida en un juego sin ganadores fijos, un ciclo de ida y de vuelta. Hablábamos de cualquier cosa y esa práctica siempre terminaba siendo una interesante y fructífera conversación. Ambos leíamos mucho, eso nos daba mucho de qué platicar y compartir. Siempre tomábamos el camino largo a casa, ella vivía a unas cuadras más al norte de mi lugar. Bajábamos unas escalinatas famosas de la ciudad, lugar donde descansaban y vendían un montón de chucherías hippies una gran cantidad de viajeros o mejor conocidos como "Mochileros". Vendiendo esas chucherías y cantando era como podían mantener su estilo de vida nómada. Yo disfrutaba de hablar con ellos, escucharles y luego al despedirnos discutir sobre eso con G. Era sin duda un gran modo de pasar el regreso a casa.

    Ese día fue perfectamente normal, el patrón se cumplió como siempre y yo estaba feliz, tranquilo, pensativo y conforme. Era mi cumpleaños y había conseguido mantenerlo en secreto, nadie lo sabía y eso era para mí lo mejor, no deseaba incómodos abrazos ni deseos vacíos como esos que siempre recibes en tus cumpleaños, es casi inevitable. Cuando abrí la puerta del apartamento, el momento que observé los rojos sillones y las piezas de ajedrez regadas por la mesa, algo pasó. Mi visión se nubló y mi estómago dio una vuelta completa en mis adentros, un dolor agudo en mi sien me llevo a un estado de inconsciencia rápidamente. Desmayé y cuando desperté ya había pasado aproximadamente tres horas. Asustado fui al médico sin dudar, los exámenes demoraron unos días. En esos días todo pasó con normalidad con la diferencia de que ahora yo llevaba encima un dolor de cabeza infernal cada par de horas.

    Cuando recurrí al médico para saber cuál era mi diagnóstico la situación se tornó incómoda y oscura, al parecer alguna situación había generado pérdidas considerables en los procesos neuronales que cumplía mi cerebro, de ese modo había obtenido una patología neurodegenerativa que por alguna extraña razón afectaba a la zona del cerebro que retiene las memorias de largo plazo, o sea, esas que componen quien soy. Algo extremadamente extraño: <<Sin duda es un caso increíble y muy singular, demasiado extraño>> dijo el doctor mientras trataba de mostrarse preocupado, aunque no fue bueno actuando, la verdad es que no le interesaba, tenía curiosidad si, pero yo no le interesaba en lo más mínimo; sin embargo, con o sin interés de parte del doctor ahora padecía una enfermedad terrible. 

    Mi alma tembló. Un relámpago atravesó mi cuerpo y, sin darme cuenta, sentía como un viento fuerte me arrastraba de un lado al otro, y en cada sacudida perdía cosas importantes de mi vida. Y es que cuando te detienes un momento a pensar, a recordar, todo viene, preguntas, respuestas y más incógnitas, de repente los sentimientos golpean como si fuesen un boxeador con guantes pesados llenos de recuerdos nostálgicos ¿Y si no seré capaz de recordar cual es mi comida favorita? ¿Qué pasará con mi infancia? ¿Olvidaré lo bueno o solo lo malo? ¿Mi familia quedará intacta o se lo llevará también? ¿Y si ya olvidé algo y no lo he notado? Preguntas de ese estilo empezaron a bombardear mi pobre cabeza; en un punto, después de tantas preguntas y recuerdos, ella llegó. La nostalgia de haberla perdido me puso en un estado extraño, triste, melancólico, un fuerte dolor en el pecho, cómo si presionaran de derecha y de izquierda en pleno corazón formando una burbuja de aire gris y deprimente dentro... ese dolor que solo lo logra el desamor. Aunque suene gracioso o desquiciado, estaba agradecido por sentir aquello, yo la recordaba todavía.

    Decidí entonces escribir una carta, a ella y a nadie más ,y es que, no tenía a nadie más, mi padre nunca existió, jamás estuvo presente en mi vida, mis abuelos y mi madre descansaban en la otra vida, contentos y tranquilos. Solo me quedaba mis amigos, pero... Ellos entenderían, al no contar con muchos los podía ver casi a diario y eso era bueno, no tenía nada guardado que decirles. Me conocían y eso era suficiente, memorias mías ya las tenían guardadas en su cabeza. Pero a ella todavía tenía muchas cosas por contar, quería expresarle tantas cosas que nunca tuve la oportunidad de decir, especialmente porque nuestra relación fue extraña, irregular y compleja; hermosa sin duda, aunque terminó mal, fue y estoy seguro de ello, el mejor romance de mi vida, pienso todavía que de haber vivido en otras circunstancias nosotros pudimos hacer toda una vida juntos. No obstante, no quita la realidad, la relación terminó muy mal.

    Perder la memoria, para mi corazón era algo similar a morir ¿qué es de un hombre sin sus recuerdos, si son estos los que componen su vida, sus días e ideales? No es nada, un ser que respira nada más. Un ocupante de espacio, materia viva en el sentido biológico o científico de la palabra "vivir". La simple idea me aterraba, iba a morir, simbólicamente, pero al final era casi lo mismo. Ese miedo profundo me llevo a reflexionar. Sentado en el rojo sillón, jugueteando con el rey negro de la mesa de ajedrez, pensando en qué debería decir en la carta. Fui hasta la mesa del comedor, saqué mi portátil y puse a volumen moderado la flauta mágica de Mozart, solo en piano. Tomé un poco de hojas en blanco, un esferográfico negro, empecé a escribir. Mientras formulaba las primeras oraciones la voz de un joven se escuchó.

    - ¿En verdad piensas escribirle algo, tú sabes, después de todo lo que pasó? - dijo

    - Ariel ¿otra vez acá? - respondí - cuantas veces debo decir que deberías volver a tu lugar.

    - Si, lo sé, este mundo es para los vivos.

    - Bueno sí, pero no me refería a eso, mi departamento no es lugar para los muertos.

    - Eres demasiado interesante o tal vez mi vida en el otro lado es demasiado aburrida... No creo que debería llamarle vida a eso, es algo irónico.

    - Mmmm, tienes razón, no deberías llamarla así, no puede ser vida si ya no cuentas con eso, pues algo será, pero la vida es para los vivos... Además, hay millones de personas más interesantes ahí afuera y yo no soy una de ellas.

    - El otro día el diablo dijo que estaba aburrido y prepararía algo para divertirse, Dios por supuesto que se lo permitió... <<Ya tienes todo un planeta lleno de humanos para entretenerte>> dijo él. Todos hablan de eso.

    - La verdad no sé y no lo entiendo del todo, debería morir para entenderlo, eso creo.

    - ¿No estás acaso a punto de morir?

    - Algo así, pero lamentablemente esto es peor.

    La muerte pesa, pesa cuando vivimos y por eso ésta no es más que un reflejo disperso de la vida, llegué a entender eso después de mucho vivir, mucho sentir. Y es que el miedo a la muerte existe porque se vive, por tanto el peso de la muerte es la vida misma, simple. Es por eso que mi temor a la muerte era nulo, yo al final del día, no tenía un aprecio completo por la vida, aferrarme a ella no era parte de mi plan, y es que no temía morir porque no lo veía como algo horrible o doloroso, sino, como algo más que es parte de este mundo, algo natural y necesario. No obstante, vivir sin memorias es algo que sí me aterraba, pues es desaparecer y mantenerte aferrado a la vida sin vivir realmente ¿Cómo lidias con eso? ¿Cómo soportas el no recordar lo lindo y lo feo para contrastar? Imposible, no soportaría aquello.


    Ese día no pude escribir, no salió ni una sola palabra, simplemente no podía hacerlo. Decidí esperar, dejé que pasara un día más antes de intentarlo nuevamente. Fui al trabajo al día siguiente como de costumbre y no comente nada sobre mi estado a ningún compañero, me excusaba diciendo que estos días por dormir tarde he tenido migrañas y dolores de cabeza por el cansancio, que todo estaba bien. Al terminar la jornada regresé a casa solo, a paso veloz y sin preocuparme en otra cosa que no sea en la carta. Llevaba ya horas pensando en que debería decir ¿Cómo empezar? ¿Cómo expresar todo lo que siento y, a su vez, guardar en letras recuerdos que en algún momento se irán?

    Una vez llegué a casa me decidí a escribir sin excusas, me obligué a sentarme frente a las hojas en blanco. En un principio dudaba entre palabras, incluso repetí varias veces la primera oración, sin embargo, en un momento algo en mí se destapó y todo fluyó. Como cuando el semáforo se pone en verde en medio del pesado tráfico de la ciudad, y los autos empiezan a moverse, sientes un alivio enorme al saber que por fin está más cerca el final de ese infierno. Las palabras llegaban como si fuesen una fuente y yo solo bebía de ellas, una y otra vez, sin cansancio, solo escribí, escribí y escribí. 

19 de Fevereiro de 2019 às 02:29 2 Denunciar Insira 4
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S Bertaud S Bertaud
Leí esta primera parte en voz alta con una fluidez natural, como si ya lo hubiera leído antes, me gusto mucho.
24 de Fevereiro de 2019 às 21:19

  • Brandon Lee Avila Brandon Lee Avila
    S Bertaud: Muchas gracias por tu amable comentario, me encanta saber que te ha gustado, me hace mucha ilusión. Un abrazo y gracias nuevamente. :) 25 de Fevereiro de 2019 às 09:33
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