Conto
0
3283 VISUALIZAÇÕES
Em progresso
tempo de leitura
AA Compartilhar

I

Qué cruel debe ser y saber lo que son, aunque estoy seguro que no todas las veces lo recuerdan.

Los he visto amarse de mil maneras, desde las formas más puras hasta las más viles y cínicas, pero es inevitable para ellos encontrarse porque así debe ser, ¿no? Ellos lo empezaron y ustedes no dejan que termine. Yo no estaba ahí para verlo, para saber porqué los torturan así, porque los manipulan de esa forma, pero finalmente los observo al igual que ustedes lo hacen conmigo. Creo que ellos ya sabrán o tendrán una idea de quien soy y de porqué no puedo hacer nada al respecto. Por más que me gustaría.

Uno de mis encuentros favoritos fue cuando estaban marcados por rosas: ella en la muñeca y él en el pecho. 
Cada uno simbolizaba lo que los había separado anteriormente: un asesinato y un suicidio. Insistían en mancharse de sangre.

Una bala y una navaja, y así eran ellos; ella tan fina, bella y letal como la hoja con la que se mató. Él, duro, contundente, explosivo, como la bala que lo mató.

Ambos eran desconfiados y pasionales, pero como la noche cae, también fue inevitable el despertar de la chispa que comparten cuando sus caminos se cruzaron. Los había visto ser paralelos, parabólicos, encontrarse e irse, morir con el lejano recuerdo de esa desconocida de la juventud cuya mirada le intrigó hasta el amargo y claro final de la senda. Pero esa vez fue diferente.

Se atraían y se alejaban, pero nunca se abandonaban, como tristes adictos a cualquier otra droga, ellos sabían que podían destruirse pero cada vez intentaban armarse. Amarse, armarse o matarse, eso eran los amantes rotos.

Su pecho duro temblaba con el suave toque de sus delgadas manos, cuando se acercaron más su muñeca quedó a la altura de la rosa, tocándose ambas y el brillo de ambos creció en sus miradas, fue un primer beso como no muchos a lo largo de toda mi existencia. Con tanto amor y con tanta fuerza que pudo haber creado un universo o hacer explotar otro. 

Sus pieles cálidas se fundían en deseo, habían practicado durante muchas generaciones, se conocían tan bien en el fondo de sus corazones que no importaba que este re-encuentro fuera otra primera vez, sus ritmos se alineaban como las estrellas que les daban vida y ese sentido-sinsentido que los definía como eternos. 

¿Podrían haberme visto? ¿Podrían haber sabido que yo estaba presente en cada uno de sus encuentros? Conocí sus miradas, me adentré en sus tristezas, en sus sonrisas y sus sollozos.

La mujer de mis sueños le decía él, mi excepción respondía ella. Y a pesar de todas las heridas, de los tropezones y los rumbos distintos que les separaban cada uno de los caprichos que les han dado–porque bien sabe cada uno de ustedes que eso son–, volverse a ver, volver a ser el uno del otro, todo hacía que valiera la pena el camino. Todo el dolor dejaba de importarles cuando se besaban, porque para él sus labios eran el paraíso y para ella sus labios eran hermosos como ningunos otros.

¿Por qué los separan así?
¿Por qué no pudieron dejarlos esa vez?

No importan los nombres que les pongan, no importa el tiempo que pase, los retos que les pongan enfrente. Destino y Tiempo siempre los guían como sus marionetas favoritas, haciendo que Amor y Muerte trabajen a toda prisa sobre ellos. Yo soy Duda, la carta anclada en este mazo enfermizo de eternas repeticiones. Y, a pesar de serlo, cuando ambos duermen les beso la frente y me alejo de ellos para recordarles de alguna manera que se tienen el uno al otro, que son el uno del otro y que se encontrarán inevitablemente.

Esperanza es lo único que puedo dejarles. La rosa los persiguió y los hizo encontrarse en muchas otras ocasiones, bajo otros muchos nombres, pero tras la bala y la navaja tuvieron una historia que me conmovió, una historia que se contó de muchas maneras en muchos lugares, que se grabó en las estrellas, donde incluso ellos podrán verla y saber que se trata de ellos, que verán al mismo cielo.

Siempre verán el mismo cielo, con los mismos corazones enamorados.

26 de Janeiro de 2019 às 00:26 4 Denunciar Insira 1
Continua…

Conheça o autor

Sergio Saavedra Escritor amateur. Discípulo de Poe, Lovecraft y King.

Comentar algo

Publique!
ES Eduardo Saeta
Felicitaciones! Me gusto mucho la historia! El final es genial!
5 de Fevereiro de 2019 às 08:03

  • Sergio Saavedra Sergio Saavedra
    ¡Muchas gracias Eduardo! Me complace sumamente que haya sido de tu agrado. :D ¡Un abrazo! 5 de Fevereiro de 2019 às 14:21
Milagros Borro Milagros Borro
¡W-o-w! Cuando leí la premisa no me imaginé nunca lo que en verdad contenía la historia. Su lectura es fluida, tiene un armonía que para el lector es sumamente atraparte y los últimos dos párrafos...me dejaron sin palabras. Gran historia, gran ejecución de la escritura, ¡Felicitaciones!
1 de Fevereiro de 2019 às 09:53

  • Sergio Saavedra Sergio Saavedra
    ¡Muchas gracias Milagros! Es muy halagador de tu parte y me hace feliz que lo hayas disfrutado tanto. :D Nos seguimos leyendo, ¡un abrazo! 1 de Fevereiro de 2019 às 13:02
~