Una maldita telenovela rosa Seguir história

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Jaqueline es una silueta en el fondo de su universidad, pasa casi desapercibida, excepto por sus coloridos cabellos que cambian cada cierto tiempo. Solo ha amado a una persona en su vida, su amor es como un cuento de hadas, pero cuando el color rosa se torna gris y controlador decide terminar la relación. Aun así, eso no la detiene a querer entregar su corazón por completo al chico indicado. Mario es el chico popular de la facultad, divertido, sociable, con un gran sentido del humor, pero que esconde dolor y sufrimiento en su interior por relaciones tormentosas que en el pasado le rompieron el corazón. Él cree que el amor está muerto. Cuando juntas a una romántica empedernida y un corazón roto, la vida se convierte en una maldita telenovela rosa. *Basada en hechos reales* *Todos los derechos reservados*


Romance Romance adulto jovem Para maiores de 18 apenas.

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El principio


A los 16 años lo conocí, era un chico tímido de ojos verdes y brazos fuertes enamorado de una amiga mía, Daniela. Ella nos había hablado de este chico de bonitos ojos que la iría a buscar después de clases, pero nos comentó que no le gustaba, que era feo.

Cuando lo vi, esperando junto a ella el bus que los llevaría a su casa, no entendí que clase de gustos tenía Daniela. Era un chico lindo de mirada penetrante que se escondía dentro de polerones anchos.

Recuerdo el día que hablé con él, me pagó la micro para irme a casa, con la mirada un poco molesta de Daniela puesta en nosotros. 

Se presentó como Rubén, nos compró chocolates y me quedé con la sensación de que ese chico sería importante en mi vida.

Al día siguiente le hablé por Facebook, nos hicimos buenos amigos. Confiaba en él como solo una vez había confiado, sentía una conexión con él que había sentido por una sola persona hasta ese momento, mi mejor amiga. 

Siempre fui una chica más o menos introvertida, poco sociable, me daba vergüenza hablarle a gente de mi edad. Pero con ellos dos no fue así. Lo sentí como una señal.

Salíamos a caminar, a conversar, hablábamos de mil cosas, nos comenzamos a acercar mucho. Y por esa razón, Daniela comenzó a tener celos. Le mandaba mensajes diciéndole que ella era su mejor amiga, no yo. Pero él jamás la quiso como una amiga, yo sabía eso. Dejó de ir a buscarla a ella para ir a buscarme a mí al colegio. Sus celos fueron tantos que esparció el rumor de que yo solo me aprovechaba de él porque tenía dinero. Lo que no sabía Daniela era que Rubén solo se gastaba su dinero en ella, comprándole regalos caros, chocolates, invitándola a salir. Su familia no era de dinero, pero él ocupaba todos sus ahorros en ella. Hasta que Daniela lo botó. Y, obviamente, yo dejé de juntarme con ella. 

— Te dije que jugaba contigo -recuerdo haberle dicho. — Se aprovechaba de ti y nos lo decía, no puedes arrastrarte así por una persona. — Lo regañé.

— Lo sé, pero, me gustaba, ¿sabes? 

— Tienes que tener un poco de dignidad, no hagas cosas como esa por gente que realmente no lo vale. Solo sufrirás.

No hablamos más del tema. Estuvo triste un buen tiempo, así que empezamos a salir más. Pasábamos nuestro tiempo tomando Coca-Cola en alguna plaza cercana mientras conversábamos de la vida, de los amores, de la familia, contándonos cada secreto y cada estupidez. 

Un día le presente a una amiga, Marcela, era pequeña, bonita, chistosa y muy risueña. Se gustaron y él volvió a sonreír. Me contaba lo que hacían, lo que ella le decía, lo mucho que a él le gustaba. Todo. Me alegraba por él, tanto tiempo detrás de alguien que jamás valió la pena. Y volvió a ocurrir.

Marcela era un poco esquiva en temas del corazón, había sufrido y le tenía miedo al amor, a ser feliz, a depender de alguien. Tenía miedo de salir herida y no dejaba que nadie entrara a su corazón. Comenzó a alejarlo, a separarse de él cuando se dio cuenta que Rubén estaba muy prendado de ella. Y comenzó a arrastrarse de nuevo. Rubén le hablaba todo el tiempo y ella no contestaba, la llamaba, la iba a ver a su casa, pero ella no le abría la puerta. 

— Te dije que no hicieras eso, que terco que eres — Allí estaba regañándolo de nuevo— ¿Dónde está tu dignidad? No puedes seguir así.

— Pero la quiero, quiero verla, quiero hacerla sonreír, quiero quedarme con ella, quiero salvarla de la mierda en la que está viviendo. 

A veces, Marcela lo buscaba, lo llamaba y él iba corriendo a verla, lo enredaba, le hacía creer que lo quería, para luego alejarse nuevamente, esconderse en su propio mundo.

Cuando terminé con mi novio, nos apoyamos el uno al otro, como los amigos suelen hacer cuando sufren por amor. 
Tuvo pequeños romances, al igual que yo, luego de eso.

Un día conversábamos por mensaje, Rubén estaba molesto, no recuerdo por qué. Me dijo algo realmente feo y me enojé con él. Le respondí que lo único que estaba haciendo bien ahora era hacerle daño a su mejor amiga. Me pidió perdón inmediatamente. Me prometió no hacerlo nunca más, me dijo que yo era importante para él y no quería perderme. En ese momento me di cuenta que me gustaba, fue como si algo me abofeteara la cara. Siempre fue tierno, servicial y compasivo, le gustaba ayudar a los demás, entregado al 100% a las personas que lo necesitaban.

Salimos y coqueteamos mucho luego de esa primera discusión que tuvimos. Un día fue a dejarme a mi casa y caminamos por horas, ese día decidí que quería besarlo, y que lo haría allí mismo. Para mí, fue como estar levitando, no sabía lo que estaba haciendo, supongo que él tampoco, pero decidimos salir luego de eso.

Y, así fue, como conocí y comenzó mi relación con mi primer amor.

18 de Dezembro de 2018 às 04:25 0 Denunciar Insira 0
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