The Ascension Seguir história

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Sin explicacipon alguna, las personas empiezan a ser atraídas por una fuerza invisible hacia el espacio, el fin del mundo parece haber llegado...


Paranormal Lúcido Todo o público.

#suspenso #misterio #paranoia #terror
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La ascensión

I


Arath ordenó algunas cosas en su mochila. La caminata en esta ocasión sería la más extensa de todas las que había realizado. Guardó todo lo necesario para el viaje, entre artículos de primera necesidad y de supervivencia ya que, a pesar de las indicaciones de su camarada Juan —quien lo encaminó en el mundillo del senderismo— de no ir solo, haría justamente eso, partir sin acompañante a una ruta de casi cien kilómetros. Casi dos días hasta llegar a la costa sur del país.

Sus ojos expectantes revisaron una y otra vez que todo estuviera en su lugar, los víveres y el agua, las cuerdas y un par extra de zapatos y una botella oscura. Todo debía estar en su sitio. Aunque salir de la ruta y encontrar señales de vida no le costaría más de cuarenta minutos, su idea era realizar el recorrido entero sin ayuda. Una especie de reto auto inducido.


—Supongo que todo está en su sitio. Si salgo ahora, llegaré al medio día a la primera estación... De acuerdo, ¡vamos!


Antes de llegar a la ruta, debía cruzar buena parte de la ciudad. Tarea fácil para alguien de su nivel, pero que no dejaba de ser molesto atravesar el corazón de la capital siempre era un incordio para él, desde antes de practicar deporte. «Es parte del trayecto así que mejor ni me quejo», pensó al empezar a cerrar la puerta; antes de cerrarla por completo observó una fotografía en la pared, esbozó una leve sonrisa a modo de "volveré luego" y emprendió su camino.

Sus pasos eran firmes y mantenían una buena velocidad, mientras más rápido llegara a la ruta, más pronto iniciaría la verdadera aventura. Después de dos horas a una misma marcha, era momento de detenerse un momento, una mano alzada lo saludaba desde un kiosko en medio de la plaza central.


—Pensé que al final no irías.

—Yo igual, de hecho por eso voy una hora tarde. Estaba dudando. Pero me decidí al final.

—Me hubiera gustado acompañarte, pero llevo demasiado alejada de las sendas, no podría terminar la ruta.

—Raquel, eres una holgazana.

—No todos pueden abandonar su trabajo y dedicarse a lo que quieren. Algunos debemos sacrificarnos a cambio de algo más estable. Mi kioskito es todo un logro para mí.

—Lo sé, lo sé. Pero deberías retomarlo, aunque sea de a poco, ¿vale?

—Vale, planea una ruta sencilla para la próxima semana.

—Ok, llevaré algunas cosas. Dame unas galletas energéticas y el periódico, por favor.

—A la orden —expresó Raquel mientras buscaba las galletas en el estante a la derecha, el periódico estaba hasta atrás, aun estaban en el paquete de entrega— aquí tienes.

—Gracias. Vamos a ver... "Tormenta solar llegará hoy a la tierra..." No había escuchado nada de eso, ¿y tú?

—No, ni siquiera había leído el periódico, eres el primero en comprar uno el día de hoy.

—Bueno, lo terminaré de leer luego. Voy de camino.

—Te hablaré más tarde para saber como estás, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, aunque estaré bien... ¿qué sucede con esa persona? —dijo Arath, señalando a una persona a unos metros del kiosko.

—Ah, ese es don Carlos, suele venir todos los días, ¿le pasará algo?


Un hombre en medio de la plaza levantaba las manos hacia el sol, sus ojos estaban muy abiertos y murmuraba cosas ininteligibles. Algunas personas se acercaron a ver lo que sucedía, pero antes de llegar a él. Una fuerza invisible y sobrehumana lo arrancó del suelo donde estaba parado, haciéndolo elevar a una velocidad considerable hacia el cielo, hasta perderse de vista entre las nubes. El silencio de los testigos fue interrumpido por gritos de angustia y desconcierto.


—¿Qué carajos acaba de suceder?

—Él solo salió disparado...

—Es como si cayera... hacia arriba —añadió Arath.

—Eso es imposible, es una locura... Arath, mira...


Raquel levantó su mano de forma temblorosa, a unos pasos de donde había sido succionado por el cielo don Carlos, otra persona mostraba signos parecidos. Sus labios se movían de forma errática mientras sus manos se unían como realizando una oración. Unos segundos después, también fue raptado por el aire. El caos fue general. Algunas personas cayeron al suelo orando y rezando a Dios, otras en cambio, decían improperios al cielo. De las casi cien personas reunidas por diferentes razones en la plaza central, dos estaban a varios metros de altura. Una vez más, el grito de muchos de ellos llenaban el ambiente de angustia. Eran unos cuantos que intentaban mantener la calma, razonar lo que acababa de suceder frente a sus ojos, otros cuantos habían abandonado el lugar corriendo o como podían hacerlo. Arath yacía en el suelo, la impresión del segundo arrebatamiento hizo que sus piernas flaquearan. Intentaba decir algo, quizás para tranquilizarse a si mismo, pero era imposible, el nudo incrustado en su garganta incluso lo dejaba sin aliento. Antes de entrar en un ataque de pánico, la suave mano de Raquel acarició su hombro, era una mano pequeña y cálida. Al levantar su rostro y verla, las lágrimas cubrían el rostro de la joven, pero intentaba sonreír, ella también estaba aterrada, pero intentaba mantener la calma. Arath recobró fuerzas y se levantó.


—¿Ya te sientes mejor?

—Sí, gracias. Estaba aterrorizado, pero me hiciste reaccionar. Lo que acaba de pasar no tiene explicación, y si nos detenemos a pensar más en ello quizás seamos los siguientes. Cierra y larguémonos de aquí, tengo una idea.


Sin esperar la respuesta de su amiga, Arath empezó a cerrar el pequeño kiosko de comestibles de Raquel, ella después de interiorizar las palabras del muchacho ayudó en la labor. En menos de dos minutos todo estaba bajo llave y, tomados de la mano, partieron hacia el norte.


—Escucha, sé que tienes mucho de no caminar a esta marcha, pero debemos avanzar rápido. A varias cuadras de aquí está la estación Montserrat...

—El subterráneo...

—Si, el subterráneo, sea lo que sea lo que esté pasando, dudo mucho que nos suceda si estamos bajo tierra —Arath frenó sus pasos de golpe. Frente a ellos dos personas empezaban a levantarse del suelo—, Raquel, cierra los ojos.


Una de las personas en emprender el vuelo golpeó de lleno el alero de un edificio de oficinas, el imparto fue duro, seco, no hubo queja alguna. Una gota de sangre cayó sobre la mejilla de Arath, quien la limpió antes de que Raquel abriera los ojos. La mano de Arath estaba siendo apretada con todas las fuerzas por la mano de Raquel, pero no dijo nada. Siguieron caminando.


—Si seguimos deteniéndonos cada vez que alguien sale volando nunca llegaremos y seremos nosotros quienes seremos arrastrados hacia las nubes... —dijo en un exabrupto, el cual notó de inmediato— Por favor, no te detengas —añadió, esta vez más calmo.


Cada ciertos pasos, Arath aceleraba la marcha, estaba tanteando la capacidad de Raquel para seguirle, ella, por su parte, ponía en práctica las técnicas que Juan le había enseñado. Al pensar en ello, recordó a quien era amigo de ambos.


—¡Juan!

—Yo también pensaba en él, espero que esté bien.

—Le hablaré, mantén este ritmo, ¿vale? —Sacando el teléfono de su bolso, notó que alguien estuvo llamando todo ese tiempo— Mierda, es Juan, me marcó pero lo tenía en vibrador.

—Pues contesta...

—¿Juan? Si, estoy con Arath... Lo vivimos en carne viva... cuatro personas... ¿igual? Dice que donde labora también pasó, viene en coche para acá.

—¡Perfecto!

—Dale... perfecto, hacia ahí nos dirigimos, yo le digo. Se dirige hacia la estación Montserrat, estará ahí en veinte minutos.

—Si apuramos los pasos un poco llegaremos casi al mismo tiempo. ¿Aguantas?

—No tengo ningún problema.


Raquel si tenía un problema, los gemelos de ambas pantorrillas le causaban bastante dolor desde algunos metros atrás. Sin embargo no deseaba detenerse, sabía que Arath se quedaría con ella si no era capaz de continuar. Al otro lado de la calle, una mujer que corría despavorida, fue elevada seguida de otro caballero. Ambos se tomaron de las manos en pleno rapto. Al menos no se irían solos. Una a una, personas al azar eran succionadas por el cielo, una a una las calles empezaban a parecer deshabitadas. Arath observaba muy bien cada suceso, esperaba encontrar un patrón, un código oculto, una especie de mensaje que le ayudara a predecir la siguiente ascensión. Hasta que por fin notó algo, por alguna razón, los niños no eran separados de sus padres, lo que si sucedía al contrario. Cosa que le causaba cierto alivio y desesperanza al mismo tiempo. En uno de los análisis que realizaba, observó que una persona buscaba resguardo dentro de un hotel. Solo para salir segundos después, juntar sus manos y elevarse junto a los demás. Cosa que le heló la sangre.


—¿Viste eso?

—No, estoy concentrada en respirar y caminar a prisa.

—Esa señora entro al hotel, pero volvió a salir... juntó sus manos antes de salir disparada...

—¿Como segundo señor de la plaza?

—Si.

—No quiero pensar en ello... ¿Falta mucho?

—Diez minutos más, al final de este bulevar y luego a mano derecha.


La ciudad estaba sumergida en una interminable sinfonía de gritos y lamentos. Las sirenas de los servicios de emergencia sonaban tanto a lo lejos como en la siguiente calle. Arath había perdido ya la cuenta de cuantas personas había visto "caer hacia arriba" como solía describirlo. Raquel estaba al borde de sus capacidades, no obstante, el mismo Arath detuvo la caminata halando a su amiga hacia un callejón. Un dedo sobre sus labios le indicaban que aguardara silencio. Se asomó un poco a la calle por donde caminaban y acto seguido regreso junto a ella.


—¿Qué sucede? —preguntó susurrando.

—Unos tipos armados, supongo que era cuestión de tiempo para que la gente enloqueciera.


Unos disparos alertaron de que la situación era cada vez peor. Un cuerpo cayó si vida al suelo, mientras los vándalos reían al unísono. Arath no podía hacer más que apretar los dientes, pensaba que sería algo que se repetiría a lo largo del día, lo cual le retorcía el estomago, «quizás merecemos esto», pensó. Raquel aprovechó el momento para hacerse masajes en las piernas, imaginaba que de esa manera podría seguir lo poco que hacía falta.


—Por aquí es peligroso, sigamos por la otra calle.

—Aunque podría estar igual o peor...

—No tenemos opción, andando —dijo, extendiendo su mano para ayudarla a ponerse en pie—. Sé que te duelen las piernas, hemos hecho un buen tiempo hasta acá, así que podemos bajarle al ritmo.

—¿Notaste que me era difícil seguirte el paso?

—Desde que salimos de la plaza central, pero no quería ser un obstáculo, ¿verdad?

—Cállate, sabes que no te interrumpí.

—Te llevaría conmigo aunque tuviera que cargarte.


Ambos reanudaron el viaje hasta la estación Montserrat, pero al salir a la siguiente calle, recibieron un duro golpe a la poca esperanza que tenían. A lo lejos se divisaba la estación, envuelta en llamas y una espesa nube de humo negro.


—Los trenes, algún operario debió ser ascendido o algo así...

—Todo el lugar está quemándose —masculló Raquel, y su teléfono empezó a sonar al mismo tiempo—, creo que es Juan. Dime... estamos en la calle circunvalación, estamos viendo a la estación arder... entiendo, vamos en seguida.

—¿Qué dijo?

—Dice que nos dirijamos recto hasta salir a la avenida Minerva, el nos espera ahí. No puede acercarse más, unos autos abandonados cierran el paso.

Al avanzar, ahora con menos prisa, observaron que el éxodo involuntario del planeta tierra continuaba, en el cielo se podía observar miles de puntos que eran en realidad personas que abandonaban el suelo. Raquel no podía verlo por mucho tiempo, el terror invadía su corazón de inmediato. Arath por en contrario, observaba muy bien cada vez que una persona era llevada hacia las nubes. Después de unos minutos, encontraron a Juan. No se saludaron, un abrazo triple lo dijo todo.


—Esto es una putada, una locura, nada tiene sentido.

—He tratado de observar un patrón, un indicio que nos diga que hacer para evitarlo, pero lo único que he notado es que los niños no se ven afectados, ni uno solo ha sido robado...

—Esto es el fin del mundo —interrumpió Raquel.

—Quizás lo sea —agregó Juan—, pero no por eso nos quedaremos sentados a esperar nuestro turno, ¿o si?

—Claro que no —respondió Arath, mientras sostenía fuertemente la mano de Raquel, a lo que ella respondió con el mismo gesto— ¿Tienes algún plan?

—El paso de montaña de la carretera longitudinal.

—Conozco ese paso, atraviesa buena parte de la montaña, es casi un nivel subterráneo.

—En coche llegamos en unos minutos, ¡salgamos de una vez!


Al grupo subió de inmediato y Juan encendió el motor al hacerlo. Raquel y Arath se sentaron atrás, el muchacho había llevado en sus espaldas su equipo de senderismo todo el tiempo sin apenas notarlo, pero no se deshizo de él, podría necesitarlo. Al cruzar por la ciudad observaron que los levantamientos no se detenían, las personas seguían siendo llevadas hacia el cielo azul. Juan estaba concentrado en conducir de manera adecuada, pero sin despegar el pie del acelerador. A esas alturas era casi mediodía.

Al salir por fin a la carretera contemplaron múltiples accidentes. Imaginaron que algunas personas fueron raptadas mientras conducían. Cuando esa idea cruzó por la mente de Juan, se aferró con fuerza al volante. A la vuelta de la siguiente curva, tuvo que frenar en seco. Un autobús levitaba en el aire.


—¡¿Qué carajos?!


Fueron las palabras de Juan. Cuatro personas dentro del autobús estaban siendo ascendidas, mientras las otras veinte no. Los gritos hacían que la escena fuera más dantesca de lo que una persona puede soportar. Era tal la presión de los cuerpos que eran succionados hacia arriba, que luego de unos instantes rompieron el techo del automotor, retomando vuelo al mismo tiempo que los demás caían. El autobús terminó cayendo de forma pesada por un acantilado, explotando al llegar al fondo.


—¡Ya no lo soporto! ¡Esto es una locura!

—Raquel, tranquila. Encontraremos la forma de salir de esto. Sobreviviremos.

—Arath tiene razón, mocosa, estaremos bien.


El motor del coche arrancó una vez más. El paso de la montaña estaba a unos cuantos kilómetros. Arath sacó las galletas energéticas que antes había pedido a Raquel, repartiéndolas entre todos. Hasta entonces no habían notado que sentían hambre.


—¿Recuerdan cuando nos perdimos en la sierra?

—¡Oh, vamos! Siempre que sacas el tema de la sierra es para molestarme.

—Es que es divertido, casi haces que nos comiera un oso.

—Nunca estuve tan asustada como cuando Arath grito: ¡Un oso, es un puto oso!

—Ja ja ja, corrimos sin parar como por una hora, con el principiante guiándonos por una sierra que no conocía.

—Yo solo quería alejarme del oso, no recuerdo haberles dicho que me siguieran...

—Arath, ¿por qué llevas tu equipo? ¿Pensabas hacer el recorrido solo?

—Juan... Si, iba de camino cuando todo empezó.

—Te dije que no fueras solo. ¿Es por Violeta?

—Es cierto, lo había olvidado. Hoy es su aniversario de bodas.

—Sería nuestro sexto año juntos —Arath abrió su mochila y saco la botella oscura que había guardado temprano—, vino de la mejor cosecha, planeaba beber un poco con ella cuando llegara a la costa. Por eso deseaba ir solo, era algo intimo de alguna manera.

—Aún piensas en mi prima, ¿verdad? —preguntó Raquel con unas lágrimas apenas asomándose por sus ojos, a la vez que sostenía la mano del joven.

—Siempre pienso en ella —respondió, apretándole la mano de nuevo.

—Chicos, estamos en problemas.


Una larga fila de autos bloqueaban el camino hacia el paso de montaña. No fueron los únicos en pensar que sería buena idea esconderse en dicho lugar.


—De acuerdo, seguiremos a pie. No se separen.


El trío empezó a avanzar entre los coches, más adelante encontraron a otras personas, pero antes de poder acercarse, varias de estas también se elevaron por los aires. Arath no había soltado la mano de Raquel desde que salieron del coche, caminaban al mismo paso, hasta que ella se detuvo.


—¿Raquel?

—Él me está llamando...

—¿Llamando? ¿De qué hablas?

—El sol, dice que vaya hacia él...


Fue cuando Arath recordó la noticia de la tormenta solar, pero era demasiado tarde. Raquel empezó a elevarse del suelo; Juan observó a Arath sosteniéndose del cuerpo de la joven, haciendo lo mismo de inmediato, ambos colgaban de ella intentando mantenerla en el suelo.


—¡No la sueltes Arath!

—Eso intento, pero es muy fuerte...

—¡Hey! ¡Ayuda! —gritó Juan a unas personas que huían, ni una sola deseaba ayudar.

—¡Nos arrastrará a los tres!


Arath observó a su amiga un momento, después a Juan quien se aferraba a ellos con todas sus fuerzas. Recordó a su esposa y cuando sostuvo su mano hasta morir. Sabía que él no la soltaría y sabía que Juan tampoco los iba a soltar.


—Juan, no la dejaré sola.

—Mierda, Arath... No te rindas, por favor...

—Hazme un favor —Arath metió su mano a la mochila y arrojó la botella de vino a un lado de la carretera evitando romperla—, si sobrevives, ve a beber un trago con Violeta por nosotros... si no, nos vemos allá arriba.


Arath pateó a Juan para obligarlo a soltarse, él quedó en tierra extendiendo sus brazos para intentar alcanzarlos, pero era imposible. Arath estaba abrazándola con todas sus fuerzas para no soltarla. Llegando a los trecientos metros de altura, Raquel reaccionó.


—¡Arath!

—Tranquila, no podía dejarte sola...

—Eres un idiota.

—Si, lo sé.

—Arath, mira...


Al azar la mirada, miles de personas en el aire, al igual que ellos, emprendían un viaje sin retorno. Arath logró sacar una cuerda de su mochila y con ella se ató a Raquel.


—Cuando me desmaye por la falta de oxígeno, podré seguir a tu lado.

—¿Como es piensas en esas cosas?

—No tengo idea...


Antes de continuar, Raquel le entregó un beso. Ya no dijeron nada más. Continuaron ese beso hasta quedar primero dormidos, después de llegar a la mesosfera y luego la termosfera, no fueron capaces de sentir lo que sería la muerte. Siguieron en un abrazo silencioso hasta llegar a el sol.


Al final de ese día, un tercio de la población humana fue reclamada por el astro rey.

A una semana de lo ocurrido, Juan bebió del vino que Arath le había dejado.

13 de Dezembro de 2018 às 07:47 6 Denunciar Insira 9
Fim

Conheça o autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Tenebrae Tenebrae
¡Maravilloso! Me encantaría saber la razón de las abducciones, si son al azar o es por acciones del pasado de los personajes o algo por el estilo. De igual forma quedé con ganas de más jaja, esto tiene mucho potencial para una continuación, ¡me ha encantado! Saludos y un fuerte abrazo
24 de Fevereiro de 2019 às 16:52

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Muchísimas gracias por leer y comentar... Solo puedo decir que el azar tuvo mucho que ver! 24 de Fevereiro de 2019 às 17:23
Jorge Balderas Jorge Balderas
Qué final amigo, qué final! Yo pensé todo el rato que ellos iban a ser de los sobrevivientes, pero hacerlos que se unan al tercio que es desaparecido, es simplemente una vuelta de tuerca genial. Eso sí, me hace quedarme con ganas de más, saber la razón de las abducciones, saber cómo la gente, los que se quedan, conlleva estos hechos, y saber si habrá guerra! jaja, perdona, a veces me pongo a especular y dejo volar mi imaginación.
18 de Dezembro de 2018 às 09:41
Fausto Contero Fausto Contero
Excepcional, mi amigo! Increíble como logras trasmitir esas emociones aún en un escenario apocalíptico como el que creaste. Y solo pensarlo, me hace temblar. Qué buena fortuna que tuviste ese sueño.
13 de Dezembro de 2018 às 14:22
Rose Days Rose Days
Me encantó!! A medida que avanzas en la lectura queres que continúe y el malvado autor lo termina. Mal, mal, mal. ¡¡Exijo más relatos en compensación!! Querido amigo, tus historias nunca decepcionan, siempre traen al lector una nueva aventura a la que se sumerge sin saber qué esperar de esa genial mente!! Seguí así, porque te espera mucho éxito.
13 de Dezembro de 2018 às 04:13

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Comentarios como estos son los que animan a cualquiera a seguir escribiendo, pero también es un compromiso a no defraudar a quienes te apoyan con tanta vehemencia... Mil gracias, en serio 13 de Dezembro de 2018 às 04:29
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