Puertas abiertas Seguir história

khbaker K.H Baker

No dejes que la oscuridad de la noche te envuelva, no hagas caso a nada de lo que escuches fuera, no te descuides... Y puede que consigas sobrevivir una noche más.


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#sobrenatural #noche #bestia
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Puertas abiertas

1

Lo repasé todo una vez más, volví sobre mis pasos, comprobé que la puerta estaba cerrada con llave, que las cadenas estaban bien puestas y aseguradas, que los muebles de la entrada cubrían la puerta y que las cadenas que rodeaban los muebles estaban bien ancladas a la puerta. Había atornillado puntos de anclaje para que la puerta no se pudiera abrir, a menos que fuese yo quien lo haciese.

Pasé a la primera habitación para hacer las mismas comprobaciones, los barrotes en las ventanas eran seguros, pero eso no era todo, la persiana estaba bajada y reforzada con una placa de acero, y las ventanas bien cerradas. Después salí y cerré la puerta con llave, antes de ponerle una cadena y engancharla al punto de anclaje correspondiente.

Cada puerta de la casa estaba dotada con una cerradura, tanto por dentro como por fuera, y un punto de anclaje para poder contener lo que hubiese dentro de la habitación, si conseguía forzar la cerradura. Nadie sabía que era lo que asolaba la ciudad, pero todos sin excepción habíamos escuchado los ruidos, y había muchos que habían visto cientos de cuerpos sin vida apilados en callejones.

Estaba anocheciendo, no quedaba mucho tiempo, pero las comprobaciones estaban hechas y eso me quitaba una tarea de encima. Llevaba haciendo la misma rutina cerca de doscientos días, y cada día era más rápida.

Cogí el sándwich que había dejado tostando antes de hacer las comprobaciones, una botella de agua, unas servilletas, y me fui a mi habitación, realizando después el mismo procedimiento: llave echada, y cadena aferrada a su punto de anclaje. Por suerte, mi habitación contaba con un baño propio, así que no tendría que salir en mitad de la noche si tenía alguna urgencia. La ventana de mi habitación –aunque también cumplía las mismas normas que las demás de la casa– daba a la cocina y no al exterior como las demás, y el baño tenía una pequeña rendija de ventilación por la que no cabía ni media persona, por lo que no era un peligro, a pesar de ello, la puerta del baño, también estaba cerrada con llave.

Cené viendo una reposición de series antiguas, y después me acomodé en la cama esperando que la noche fuese distinta, aún a sabiendas de que no sería así.

Cerré los ojos, respiré profundamente e intenté dormir, pero justo cuando el reloj marcó la media noche, aquellos ruidos infernales comenzaron a escucharse… Igual que todas las noches.

Unos aullidos desgarradoramente aterradores se escucharon en diferentes puntos de la ciudad, parecían comunicarse los unos con los otros, pero ni yo, ni nadie en aquel sitio, sabíamos qué decían. Después, se hizo el silencio, pero como cada noche, sabía que la paz no duraría mucho, y esperaba poder dormirme antes de que la segunda fase comenzase.

Una parte de mí, deseaba tomar pastillas para dormir y no escuchar nada, ni sentir todo aquel miedo que, una vez más, me recorría desde los pies a la cabeza, pero sabía que no podía hacerlo, porque significaría arriesgar mi vida si alguien… o algo, intentaba entrar.

Los aullidos se escuchaban cada vez más cerca, si me concentraba, incluso era capaz de escuchar sus pesados y a la vez ágiles pasos, correteando por las calles. Desconocía si querían matarnos sin más, o si querían jugar con nosotros, aterrorizarnos para después proceder con nuestra aniquilación.

Pude escuchar con más claridad los latidos de mi corazón, cuando aquellos chillidos agudos cesaron. Debería haberme calmado, pero no podía, mi corazón seguía bombeando con fuerza porque sabía qué era lo que venía.

Me puse los auriculares y subí un poco el sonido de la televisión, no quería seguir escuchando como los pesados pasos se arrastraban por el tejado de mi casa. Sabía que eso no auguraba nada bueno porque durante todo aquel tiempo, ni una sola vez lo habían hecho antes de las seis de la mañana, cuando comenzaba a amanecer y huían despavoridos hacia algún lugar. Solo entonces me despertaban sus pasos sobre todo el largo del tejado, hasta que sus últimos alaridos daban por fin, paso a la calma del día.

Necesitaba distraerme con cualquier cosa, entretener mi mente, y comencé a hacer zapping hasta que encontré un programa que parecía divertido, si iba a morir, quería hacerlo entre risas.

Las pisadas dieron paso a los arañazos, a pesar de los auriculares podía escuchar aquel singular sonido; era idéntico al ruido que solía hacer mi profesora cuando quería que nos calláramos. Posaba las uñas en la parte más alta de la pizarra y las arrastraba hacia abajo haciendo que todos callásemos de inmediato. Y exactamente así era como sonaban los arañazos sobre las persianas. Cada vez se escuchaban más cerca, y lo único que pude hacer era aferrarme a la almohada y fingir que le prestaba atención a la pantalla de la televisión.

Sin querer, mi mente comenzó a pensar en todos las oportunidades que había perdido, todas las veces que había podido volver a reunirme con mi familia, y todas las veces había preferido quedarme sola, solo por no poder tragarme el orgullo y pedir perdón y, también sin querer, las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas. Siendo positiva, al menos, podría reunirme con ellos y pedirles el perdón que merecían.

Y de pronto, pasó lo que siempre pasaba…

Me desperté. Me desperté con el ruido de aquellas pisadas sobre mi tejado, me desperté cansada y con el cuerpo entumecido, con un dolor similar al que sentiría si me hubiesen dado una paliza, el dolor que se sentía al no haber descansado bien. Me desperté con dolor de cabeza, como los últimos doscientos días, y con más preguntas de las que podía responder. Y me desperté con la puerta de la habitación entreabierta….

No era sonámbula, nunca lo he sido. No recordaba dormirme, eso era cierto, pero cada noche guardaba la llave de los candados en una caja, la llave de esa caja debajo de mi colchón, y después guardaba la caja en lo alto del armario. No era sonámbula, no… Pero en el caso de que existiese una pequeña posibilidad, no podría haber hecho todo aquel procedimiento sin caerme y despertarme.

Recorrí la casa como cada mañana, en busca de alguna ventana o puerta abierta, alguna rendija fuera de su lugar o algo mal colocado, pero no había nada. Todo estaba exactamente en su sitio…

 

2

 Y de nuevo comenzó a ponerse el sol, y con él, mi rutina diaria. Un exhaustivo enclaustramiento que anunciaba otra noche sin descanso. Cerré puertas y ventanas, recorrí cada centímetro de la casa, asegurándome de todo mientras lo hacía, pero algo anómalo llamó mi atención al llegar al salón.

¿Qué coño hacía allí? ¿Por qué estaba en la calle? Tenía la esperanza de que pasara de largo, aquello no era de mi incumbencia, pero entonces me miró y la sangre se me heló.

—Carly… —Vi como sus labios se movían pronunciando mi nombre—. ¡Tienes que ayudarme! —gritó.

Yo solo di un paso hacia atrás, alejándome de la ventana. Henry se acercó poco a poco mientras yo negaba con la cabeza, tenía que irse de allí, no podía quedarse.

—Vamos, Carly, ábreme la puerta —alzó la voz de nuevo—. ¡Moriré si no lo haces! Mi familia… Mi familia ya no existe, se los llevaron a todos cerca del alba. Yo solo corrí sin mirar atrás… Les abandoné Carly… No me hagas tú lo mismo… —comenzó a sollozar y entonces posó la palma de su mano sobre el cristal mientras bajaba la mirada.

No podía arriesgarme a abrir a aquellas alturas, pero tampoco quería el peso de su muerte sobre mi conciencia, porque sabía que nadie más le abriría la puerta, y moriría cuando todos ellos llegaran. Posé la mano sobre la de él, al otro lado del cristal y entonces asentí una sola vez, asentí con miedo, pero prefería aquello, al peso de su muerte sobre mis hombros.

—¡Corre! —le grité mientras señalaba la puerta del balcón.

Reuniendo una gran cantidad de esfuerzo, moví los muebles que bloqueaban la puerta, después cogí la llave que abría los candados, quité el de la puerta del balcón, solté la cadena de su anclaje, subí la persiana, abrí las puertas dobles de cristal, y después las rejas que había tras esta. Cuando le vi, solo los buenos momentos vinieron a mi mente y me alegré de haber tomado la decisión correcta. Le cogí de la mano para que entrase, porque parecía tan parado como lo estaba yo, y una vez dentro, volví a hacer el mismo procedimiento a la inversa.

Cuando los últimos rayos de sol se escondieron, estábamos todo lo a salvo que se podía estar en una situación como aquella.

Volví hacia las ventanas para bajar las persianas, había perdido un poco de tiempo por dejarle entrar, así que debía ahorrar ese tiempo de algún lado, y la cena era lo más fácil a lo que podía renunciar.

Estaba sudando a causa de los nervios, y las manos me temblaban tanto que no podía siquiera echar la llave de la puerta de la habitación.

—Deja que te ayude —dijo Henry, cogiendo la llave de mi mano con suavidad—. Te aseguro que esta noche, nadie abrirá la puerta.

Tomé aire cuando la puerta estuvo cerrada a cal y canto, y entonces, en mitad de unos latidos que amenazaban con atravesarme el pecho, me hice una única pregunta:

¿Cómo sabía Henry que alguien abría la puerta de mi habitación?

27 de Novembro de 2018 às 16:08 0 Denunciar Insira 4
Fim

Conheça o autor

K.H Baker Escritora, melómana, amante del terror y de los retos en general. Hago lo que esté en mi mano para cumplir mis objetivos y si es con una buena historia y un buen café, mucho mejor ^^ Instagram: @kh.ankathi

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